{"id":40344,"date":"2016-10-05T23:42:10","date_gmt":"2016-10-06T04:42:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-octubre-de-2000-inauguracion-del-ano-academico-en-las-universidades-eclesiasticas-romanas\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:10","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:10","slug":"20-de-octubre-de-2000-inauguracion-del-ano-academico-en-las-universidades-eclesiasticas-romanas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-octubre-de-2000-inauguracion-del-ano-academico-en-las-universidades-eclesiasticas-romanas\/","title":{"rendered":"20 de octubre de 2000, Inauguraci\u00f3n del a\u00f1o acad\u00e9mico en las universidades eclesi\u00e1sticas romanas"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/>DURANTE LA MISA DE INAUGURACI&Oacute;N DEL CURSO<br \/>EN LAS UNIVERSIDADES ECLESI&Aacute;STICAS ROMANAS<\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p>&nbsp;Viernes 20 de octubre de 2000 <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;Para alabanza de su gloria&quot;<\/i> (<i>Ef<\/i> 1, 11.&nbsp;14).<\/p>\n<p> Esta expresi&oacute;n de san Pablo, que acaba de resonar, nos brinda la perspectiva y el sentido de esta celebraci&oacute;n, con la que inauguramos el a&ntilde;o acad&eacute;mico de las universidades eclesi&aacute;sticas romanas. Desde el comienzo, <i>queremos ofrecer todo a Dios y orientarlo para su gloria<\/i>:&nbsp; la ense&ntilde;anza, el estudio, la vida colegial, el tiempo de trabajo y de distracci&oacute;n, y, principalmente, la vida personal, la oraci&oacute;n, la ascesis y la amistad. Esta tarde queremos poner todo nuestro ser y nuestra actividad en el altar del Se&ntilde;or, a fin de ofrecerlo como sacrificio espiritual &quot;para alabanza de su gloria&quot;.<\/p>\n<p> Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, a todos vosotros que os hab&eacute;is reunido para esta tradicional cita, os dirijo mi cordial saludo, comenzando por monse&ntilde;or Zenon Grocholewski, prefecto de la Congregaci&oacute;n para la educaci&oacute;n cat&oacute;lica, que preside esta eucarist&iacute;a. Saludo, asimismo, a los rectores de las universidades, a los miembros del claustro de profesores y a los responsables de los seminarios y de los colegios, en los que vosotros, estudiantes, encontr&aacute;is hospitalidad y ayuda en vuestro itinerario de formaci&oacute;n.<\/p>\n<p> Doy una bienvenida especial a los alumnos que inician este a&ntilde;o sus estudios en las universidades y en los institutos pontificios de Roma. Quisiera que cada uno de vosotros tomara conciencia del don que representa la posibilidad de perfeccionar los estudios en Roma y, al mismo tiempo, se diera cuenta de la responsabilidad que implica este privilegio. En efecto, est&aacute;is llamados a profundizar la formaci&oacute;n <i>con vistas a un servicio&nbsp;eclesial cualificado<\/i>.&nbsp;Por&nbsp;esta&nbsp;raz&oacute;n, la Roma cristiana os acoge con sus instituciones culturales, muy consciente de su vocaci&oacute;n universal fundada en el testimonio de los Ap&oacute;stoles y los m&aacute;rtires.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;Dichosa la naci&oacute;n cuyo Dios es el Se&ntilde;or, el pueblo que &eacute;l se escogi&oacute; como heredad&quot; (<i>Sal<\/i> 32, 12). &iexcl;C&oacute;mo no ver a <i>la Iglesia en esta &quot;naci&oacute;n&quot; singular<\/i>, cuyo Dios es el Se&ntilde;or! Ella es el pueblo &quot;congregado por la unidad del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo&quot;, seg&uacute;n la c&eacute;lebre expresi&oacute;n de san Cipriano (cf. <i>De Orat. Dom.<\/i> 23:&nbsp; <i>PL<\/i> 4, 553).<\/p>\n<p> Vosotros, queridos hermanos, proced&eacute;is de diversas naciones de la tierra. Vuestros rostros forman en esta bas&iacute;lica un &quot;mosaico&quot; estupendo, en el que las diferencias est&aacute;n llamadas a armonizarse para delinear una comunidad, que <i>recibe su forma del &uacute;nico Esp&iacute;ritu de Cristo<\/i>. &quot;En &eacute;l tambi&eacute;n vosotros -nos ha dicho san Pablo-, que hab&eacute;is escuchado la verdad, la extraordinaria noticia de que hab&eacute;is sido salvados y hab&eacute;is cre&iacute;do, hab&eacute;is sido marcados con el Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>Ef<\/i> 1, 13).<br \/> Al comienzo de un nuevo a&ntilde;o de estudios, es importante que cada uno de vosotros vuelva a sus ra&iacute;ces y, a trav&eacute;s de ellas, se remonte a Cristo, en quien estas diferencias se funden <i>para que lleguemos a formar una sola comunidad.<\/i> Es hermoso reconocer y profesar que somos Iglesia, &quot;naci&oacute;n cuyo Dios es el Se&ntilde;or&quot;, pueblo que &eacute;l se escogi&oacute; de entre todas las naciones, para que sea en el mundo como un &quot;sacramento&quot; de la unidad del g&eacute;nero humano. <i>No perd&aacute;is jam&aacute;s este profundo sentido del misterio de la Iglesia a la que pertenec&eacute;is<\/i>. En efecto, ella constituye el ambiente vital de la aut&eacute;ntica formaci&oacute;n cristiana; en comuni&oacute;n con ella quer&eacute;is cumplir vuestro compromiso de estudio.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;&iexcl;Cuidado con la levadura de los fariseos!&quot; (<i>Lc<\/i> 12, 1). En la p&aacute;gina del evangelio que acabamos de proclamar Jes&uacute;s alerta a sus disc&iacute;pulos contra la actitud hip&oacute;crita de quien se enga&ntilde;a creyendo que puede presentar cosas malas con una apariencia honrada. El Se&ntilde;or nos recuerda que todo est&aacute; destinado a salir a la luz, incluso las cosas escondidas y secretas. Adem&aacute;s, exhorta a los suyos, a quienes llama &quot;amigos&quot;, a no temer nada ni a nadie, sino s&oacute;lo a Dios, en cuyas manos est&aacute; nuestra vida. Aunque la invitaci&oacute;n a temer &quot;al que tiene poder para matar y despu&eacute;s echar en el fuego&quot; (<i>Lc<\/i> 12, 4) infunde un saludable temor, inmediatamente despu&eacute;s conforta la descripci&oacute;n de Dios que cuida de todas las criaturas y, con mayor raz&oacute;n, de los hombres, que son valios&iacute;simos a sus ojos.<br \/> El tema de la absoluta transparencia de todo y de todos en presencia de Dios unifica las dos partes de la per&iacute;copa evang&eacute;lica de hoy. Se trata de un elemento esencial de la <i>relaci&oacute;n filial con Dios<\/i> que predic&oacute; Cristo, perfeccionando la revelaci&oacute;n de la antigua Alianza.<\/p>\n<p> Queridos profesores y estudiantes de las universidades eclesi&aacute;sticas, si se considera atentamente, vuestra tarea prioritaria es la misma que la de Jes&uacute;s:&nbsp; <i>conocer y dar a conocer la aut&eacute;ntica imagen de Dios<\/i>. &quot;Que te conozcan a ti, &uacute;nico Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 3):&nbsp; en esto consiste para los hombres &nbsp;la vida eterna, y por esto el Hijo de Dios vino al mundo, para que &quot;tengan &nbsp;vida &nbsp;y &nbsp;la tengan en abundancia&quot; (<i>Jn<\/i> 10, 10).<\/p>\n<p> Al comienzo de un nuevo a&ntilde;o de estudios teol&oacute;gicos o, en cualquier caso, eclesi&aacute;sticos, esta p&aacute;gina del evangelio de san Lucas nos ayuda a explicitar la referencia fundamental a la misi&oacute;n de Cristo y al sentido de su encarnaci&oacute;n:&nbsp; de ella recibe luz y fuerza tambi&eacute;n la misi&oacute;n de cada uno de vosotros, en la diversidad de los carismas y de los ministerios.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, hoy quisiera repetir las palabras del concilio ecum&eacute;nico Vaticano II en la declaraci&oacute;n <i>Gravissimum educationis<\/i>:&nbsp; &quot;La Iglesia espera mucho del trabajo intenso de las facultades de ciencias sagradas&quot; (n. 11). En verdad, cuenta mucho con la obra que se realiza diariamente en cada una de las universidades pontificias. En particular, como Obispo de Roma, deseo expresar <i>mi<\/i> <i>aprecio y mi gratitud<\/i> por el trabajo de los superiores, de los profesores y de los responsables de las instituciones eclesi&aacute;sticas de Roma. Vuestra iniciativa, queridos hermanos, unida al elevado nivel cient&iacute;fico y a la segura fidelidad al Magisterio, manifiesta vuestro amor a Cristo y a la Iglesia y, dir&iacute;a, el aut&eacute;ntico esp&iacute;ritu misionero con el que serv&iacute;s a la verdad.<\/p>\n<p> En v&iacute;speras de la Jornada mundial de las misiones, me complace subrayar que el trabajo de cuantos ense&ntilde;an y estudian en las facultades eclesi&aacute;sticas no est&aacute; separado ni mucho menos en contraste con el de quien trabaja, por decirlo as&iacute;, &quot;en la vanguardia&quot;. Todos estamos al servicio de la verdad, que es el Evangelio de Cristo Se&ntilde;or. El Evangelio, por su misma naturaleza, exige ser anunciado, pero <i>el anuncio supone un s&oacute;lido y profundo conocimiento del mensaje<\/i>, para que la evangelizaci&oacute;n sea servicio eficaz a Dios, a la verdad y al hombre.<\/p>\n<p> Queridos hermanos, que la Madre del Redentor, <i>Sede de la sabidur&iacute;a<\/i>, vele por vosotros y por los compromisos de este a&ntilde;o acad&eacute;mico que comienza. Mar&iacute;a es imagen y modelo de la Iglesia que acoge la Palabra divina, la custodia con amor, la pone en pr&aacute;ctica y la lleva al mundo. Que su asistencia materna sea para cada uno de vosotros fuente de renovada motivaci&oacute;n y de continuo apoyo en el empe&ntilde;o, para que todas vuestras actividades tengan siempre en Dios su origen y su coronaci&oacute;n, &quot;para alabanza de su gloria&quot;. Am&eacute;n. <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIDURANTE LA MISA DE INAUGURACI&Oacute;N DEL CURSOEN LAS UNIVERSIDADES ECLESI&Aacute;STICAS ROMANAS &nbsp;Viernes 20 de octubre de 2000 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Para alabanza de su gloria&quot; (Ef 1, 11.&nbsp;14). 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