{"id":40345,"date":"2016-10-05T23:42:11","date_gmt":"2016-10-06T04:42:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jubileo-de-las-familias-15-octubre-2000\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:11","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:11","slug":"jubileo-de-las-familias-15-octubre-2000","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/jubileo-de-las-familias-15-octubre-2000\/","title":{"rendered":"Jubileo de las familias, 15 -octubre-2000"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"><b>JUBILEO DE LAS FAMILIAS <\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b><font face=\"Times\" size=\"3\"><br \/>Domingo 15 de octubre de 2000 <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&quot;Nos bendiga el Se&ntilde;or, fuente de la vida&quot;. Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, esta invocaci&oacute;n, que hemos repetido en el Salmo responsorial, sintetiza muy bien la oraci&oacute;n diaria de toda familia cristiana, y hoy, en esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica jubilar, expresa eficazmente el sentido de nuestro encuentro.<\/p>\n<p> Hab&eacute;is venido aqu&iacute; no s&oacute;lo <i>como individuos<\/i>, sino tambi&eacute;n <i>como familias<\/i>. Hab&eacute;is llegado a Roma desde todas las partes del mundo, con la profunda convicci&oacute;n de que la familia es un gran don de Dios, un don originario, marcado por su bendici&oacute;n.<\/p>\n<p> En efecto, as&iacute; es. Desde los albores de la creaci&oacute;n, sobre &nbsp;la &nbsp;familia &nbsp;se &nbsp;pos&oacute; &nbsp;la &nbsp;mirada &nbsp;y &nbsp;la &nbsp;bendici&oacute;n &nbsp;de Dios. Dios cre&oacute; al hombre y a la mujer a su imagen, y les dio una tarea espec&iacute;fica para el desarrollo de la familia humana:&nbsp; &quot;Los bendijo y les dijo:&nbsp; Creced, multiplicaos y llenad la tierra&quot; (<i>Gn<\/i> 1, 28).<\/p>\n<p> Vuestro jubileo, amad&iacute;simas familias, es un canto de alabanza por esta bendici&oacute;n originaria. Descendi&oacute; sobre vosotros, esposos cristianos, cuando, al celebrar vuestro matrimonio, os prometisteis amor eterno delante de Dios. La recibir&aacute;n hoy las ocho parejas de diferentes partes del mundo, que han venido a celebrar su matrimonio en el solemne marco de este rito jubilar.<br \/> S&iacute;, <i>que os bendiga el Se&ntilde;or, fuente de la vida<\/i>. Abr&iacute;os al flujo siempre nuevo de esta bendici&oacute;n, que encierra una fuerza creadora, regeneradora, capaz de eliminar todo cansancio y asegurar lozan&iacute;a perenne a vuestro don.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Esta bendici&oacute;n originaria va unida a un designio preciso de Dios, que su palabra nos acaba de recordar:&nbsp; &quot;No est&aacute; bien que el hombre est&eacute; solo; voy a hacerle alguien como &eacute;l que le ayude&quot; (<i>Gn<\/i> 2, 18). As&iacute; es como el autor sagrado presenta en el libro del G&eacute;nesis <i>la exigencia fundamental <\/i>en la que se basa tanto la uni&oacute;n conyugal de un hombre y una mujer como la vida de la familia que nace de ella. Se trata de <i>una exigencia de comuni&oacute;n<\/i>. El ser humano no fue creado para la soledad; en su misma naturaleza espiritual lleva arraigada una vocaci&oacute;n relacional. En virtud de esta vocaci&oacute;n, crece en la medida en que entra en relaci&oacute;n con los dem&aacute;s, encontr&aacute;ndose plenamente &quot;en la entrega sincera de s&iacute; mismo&quot; (<i>Gaudium et spes<\/i>, 24).<\/p>\n<p> Al ser humano no le bastan <i>relaciones simplemente funcionales<\/i>. Necesita <i>relaciones interpersonales<\/i>, llenas de interioridad, gratuidad y esp&iacute;ritu de oblaci&oacute;n. Entre estas, es fundamental la que se realiza en la familia:&nbsp; no s&oacute;lo en las relaciones entre los esposos, sino tambi&eacute;n entre ellos y sus hijos. Toda la gran red de las relaciones humanas nace y se regenera continuamente a partir de la relaci&oacute;n con la cual un hombre y una mujer se reconocen hechos el uno para el otro, y deciden unir sus existencias en un &uacute;nico proyecto de vida:&nbsp; &quot;Por eso abandonar&aacute; el hombre a su padre y a su madre, y se unir&aacute; a su mujer y ser&aacute;n los dos una sola carne&quot; (<i>Gn<\/i> 2, 24).<\/p>\n<p> 3.<i>&nbsp;&iexcl;Una sola carne!<\/i> &iexcl;C&oacute;mo no captar la fuerza de esta expresi&oacute;n! El t&eacute;rmino b&iacute;blico &quot;carne&quot; no evoca s&oacute;lo el aspecto f&iacute;sico del hombre, sino tambi&eacute;n <i>su identidad global de esp&iacute;ritu y cuerpo<\/i>. Lo que los esposos realizan no es &uacute;nicamente un encuentro corporal; es, adem&aacute;s, una verdadera unidad de sus personas. Se trata de una unidad tan profunda que, de alguna manera, los convierte en <i>un reflejo del &quot;Nosotros&quot; de las tres Personas divinas<\/i> en la historia (cf. <i>Carta a las familias<\/i>, 8).<\/p>\n<p> As&iacute; se comprende el gran reto que plantea el debate de Jes&uacute;s con los fariseos en el evangelio de san Marcos, que acabamos de proclamar. Para los interlocutores de Jes&uacute;s, se trataba de un problema de interpretaci&oacute;n de la ley mosaica, que permit&iacute;a el repudio, provocando debates sobre las razones que pod&iacute;an legitimarlo. Jes&uacute;s supera totalmente esa visi&oacute;n legalista, yendo <i>al n&uacute;cleo del designio de Dios<\/i>. En la norma mosaica ve una concesi&oacute;n a la sklhrokard|a, a la &quot;dureza del coraz&oacute;n&quot;. Pero Jes&uacute;s no se resigna a esa dureza. &iquest;Y c&oacute;mo podr&iacute;a hacerlo &eacute;l, que vino precisamente para eliminarla y ofrecer al hombre, con la redenci&oacute;n, la fuerza necesaria para vencer las resistencias debidas al pecado? Jes&uacute;s no tiene miedo de volver a recordar el designio originario:&nbsp; &quot;Al principio de la creaci&oacute;n Dios los cre&oacute; hombre y mujer&quot; (<i>Mc<\/i> 10, 6).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;&iexcl;<i>Al principio<\/i>! S&oacute;lo &eacute;l, Jes&uacute;s, conoce al Padre &quot;desde el principio&quot;, y conoce tambi&eacute;n al hombre &quot;desde el principio&quot;. &Eacute;l es, a la vez, el revelador del Padre y el revelador del hombre al hombre (cf. <i>Gaudium et spes<\/i>, 22). Por eso, siguiendo sus huellas, la Iglesia tiene la tarea de testimoniar en la historia este designio originario, manifestando que es verdad y que es practicable.<\/p>\n<p> Al hacerlo, la Iglesia no desconoce las dificultades y los dramas que la experiencia hist&oacute;rica concreta registra en la vida de las familias. Pero tambi&eacute;n sabe que la voluntad de Dios, acogida y realizada con todo el coraz&oacute;n, no es una cadena que esclaviza, sino <i>la condici&oacute;n de una libertad verdadera que tiene su plenitud en el amor<\/i>. Asimismo, la Iglesia sabe -y la experiencia diaria se lo confirma- que cuando este designio originario se oscurece en las conciencias, la sociedad sufre un da&ntilde;o incalculable.<\/p>\n<p> Ciertamente, existen dificultades. Pero Jes&uacute;s ha proporcionado a los esposos los medios de gracia adecuados para superarlas. Por voluntad suya, el matrimonio ha adquirido, en los bautizados, <i>el valor y la fuerza de un signo sacramental<\/i>, que consolida sus caracter&iacute;sticas y sus prerrogativas. En efecto, en el matrimonio sacramental los esposos, como har&aacute;n dentro de poco las parejas j&oacute;venes cuya boda bendecir&eacute;, se comprometen a manifestarse mutuamente y a testimoniar al mundo <i>el amor fuerte e indisoluble con el que Cristo ama a la Iglesia<\/i>. Se trata del &quot;gran misterio&quot;, como lo llama el ap&oacute;stol san Pablo (cf. <i>Ef<\/i> 5, 32).<\/p>\n<p> 5.&nbsp;&quot;Os bendiga Dios, fuente de la vida&quot;. La bendici&oacute;n &nbsp;de &nbsp;Dios no s&oacute;lo es el origen de la comuni&oacute;n conyugal, sino tambi&eacute;n <i>de la apertura responsable y generosa a la vida<\/i>. Los hijos son en verdad la &quot;primavera de la familia y de la sociedad&quot;, como reza el lema de vuestro jubileo. El matrimonio florece en los hijos:&nbsp; ellos coronan la comuni&oacute;n total de vida (<i>&quot;totius vitae consortium&quot;<\/i>:&nbsp; <i>C&oacute;digo de derecho can&oacute;nico<\/i>, c. 1055, 1), que convierte a los esposos en &quot;una sola carne&quot;; y esto vale tanto para los hijos nacidos de la <i>relaci&oacute;n natural<\/i> entre los c&oacute;nyuges, como para los queridos mediante la <i>adopci&oacute;n<\/i>. Los hijos no son un &quot;accesorio&quot; en el proyecto de una vida conyugal. No son &quot;algo opcional&quot;, sino &quot;el don m&aacute;s excelente&quot; (<i>Gaudium et spes<\/i>, 50), inscrito en la estructura misma de la uni&oacute;n conyugal.<\/p>\n<p> La Iglesia, como se sabe, ense&ntilde;a <i>la &eacute;tica del respeto a esta instituci&oacute;n fundamental<\/i> en su significado al mismo tiempo unitivo y procreador. De este modo, expresa el acatamiento que debe dar al designio de Dios, delineando un cuadro de relaciones entre los esposos basadas en la aceptaci&oacute;n rec&iacute;proca sin reservas. De este modo se respeta, sobre todo, el derecho de los hijos a nacer y crecer en un ambiente de amor plenamente humano. Conform&aacute;ndose a la palabra de Dios, la familia se transforma as&iacute; en laboratorio de humanizaci&oacute;n y de verdadera solidaridad.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;A esta tarea est&aacute;n llamados los padres y los hijos, pero, como ya escrib&iacute; en 1994, con ocasi&oacute;n del A&ntilde;o de la familia, &quot;<i>el &quot;nosotros&quot; de los padres, <\/i>marido y mujer, se desarrolla, por medio de la generaci&oacute;n y de la educaci&oacute;n, en <i>el &quot;nosotros&quot; de la familia, <\/i>que deriva de las generaciones precedentes y se abre a una gradual expansi&oacute;n&quot; (<i>Carta a las familias<\/i>, 16). Cuando se respetan las funciones, logrando que la relaci&oacute;n entre los esposos y la relaci&oacute;n entre los padres y los hijos se desarrollen de manera armoniosa y serena, es natural que para la familia adquieran significado e importancia <i>tambi&eacute;n los dem&aacute;s parientes<\/i>, como los abuelos, los t&iacute;os y los primos. A menudo, en estas relaciones fundadas en el afecto sincero y en la ayuda mutua, la familia desempe&ntilde;a un papel realmente insustituible, para que las personas que se encuentran en dificultad, los solteros, las viudas y los viudos, y los hu&eacute;rfanos encuentren un ambiente agradable y acogedor. <i>La familia no puede encerrarse en s&iacute; misma<\/i>. La relaci&oacute;n afectuosa con los parientes es el primer &aacute;mbito de esta apertura necesaria, que proyecta a la familia hacia la sociedad entera.<\/p>\n<p> 7.&nbsp;As&iacute; pues, queridas familias cristianas, acoged con confianza <i>la gracia jubilar<\/i>, que Dios derrama abundantemente en esta Eucarist&iacute;a. Acogedla tomando como modelo a <i>la familia de Nazaret<\/i> que, aunque fue llamada a una misi&oacute;n incomparable, recorri&oacute; <i>vuestro mismo camino<\/i>, entre alegr&iacute;as y dolores, entre oraci&oacute;n y trabajo, entre esperanzas y pruebas angustiosas, siempre arraigada en la adhesi&oacute;n a la voluntad de Dios. Ojal&aacute; que vuestras familias sean cada vez m&aacute;s verdaderas &quot;iglesias dom&eacute;sticas&quot;, desde las cuales se eleve a diario la alabanza a Dios y se irradie a la sociedad un flujo de amor ben&eacute;fico y regenerador.<\/p>\n<p> &quot;&iexcl;Nos bendiga el Se&ntilde;or, fuente de vida!&quot;. Que este jubileo de las familias constituya para todos los que lo est&aacute;is viviendo un gran momento de gracia. Que sea tambi&eacute;n para la sociedad una invitaci&oacute;n a reflexionar en el significado y en el valor de este gran don que es la familia, formada seg&uacute;n el coraz&oacute;n de Dios.<\/p>\n<p> Que la Virgen Mar&iacute;a, &quot;Reina de la familia&quot;, os acompa&ntilde;e siempre con su mano materna. <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUBILEO DE LAS FAMILIAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIDomingo 15 de octubre de 2000 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Nos bendiga el Se&ntilde;or, fuente de la vida&quot;. 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