{"id":40361,"date":"2016-10-05T23:42:31","date_gmt":"2016-10-06T04:42:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-septiembre-de-2000-jubileo-de-los-profesores-universitarios\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:31","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:31","slug":"10-de-septiembre-de-2000-jubileo-de-los-profesores-universitarios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-septiembre-de-2000-jubileo-de-los-profesores-universitarios\/","title":{"rendered":"10 de septiembre de 2000, Jubileo de los profesores universitarios\u00a0"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <b><font color=\"#663300\">JUBILEO DE LOS PROFESORES UNIVERSITARIOS <\/font><\/b> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/>Domingo 10 de septiembre de 2000<\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\" style=\"text-align:center\"><b><\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"> <span style=\"font-size:12.0pt;font-family:&quot;Times New Roman&quot;;mso-fareast-font-family:\n&quot;Times New Roman&quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US;\nmso-bidi-language:AR-SA\">1.&nbsp;&quot;Todo&nbsp;lo ha &nbsp;hecho &nbsp;bien:&nbsp; hace &nbsp;o&iacute;r a los sordos y hablar a los mudos&quot; (<i>Mc<\/i>&nbsp;7, 37).<\/p>\n<p> En el clima jubilar de esta celebraci&oacute;n estamos invitados, ante todo, a compartir el asombro y la alabanza de cuantos asistieron al milagro narrado en el texto evang&eacute;lico que acabamos de escuchar. Como tantos otros episodios de curaci&oacute;n, este testimonia la llegada, en la persona de Jes&uacute;s, del reino de Dios. En Cristo se cumplen las promesas mesi&aacute;nicas anunciadas por el profeta Isa&iacute;as:&nbsp; &quot;Los o&iacute;dos del sordo se abrir&aacute;n, (&#8230;) la lengua del mudo cantar&aacute;&quot; (<i>Is<\/i> 35, 5-6). En &eacute;l se ha abierto, para toda la humanidad, el a&ntilde;o de gracia del Se&ntilde;or (cf. <i>Lc<\/i> 4, 17-21).<\/p>\n<p> Este a&ntilde;o de gracia atraviesa los tiempos, marca ya toda la historia; es principio de resurrecci&oacute;n y de vida, que implica no s&oacute;lo a la humanidad, sino tambi&eacute;n a la creaci&oacute;n (cf. <i>Rm<\/i> 8, 19-22).<br \/> Estamos aqu&iacute; para renovar la experiencia de ese a&ntilde;o de gracia, en este jubileo de las universidades, que os re&uacute;ne a vosotros, ilustres rectores, profesores, administradores y capellanes, que hab&eacute;is acudido de varios pa&iacute;ses, y a vosotros, amad&iacute;simos estudiantes, procedentes de todo el mundo.<\/p>\n<p> A todos vosotros os dirijo mi cordial saludo. Agradezco la presencia de los se&ntilde;ores cardenales y obispos concelebrantes. Saludo tambi&eacute;n al se&ntilde;or ministro de Universidades y a las dem&aacute;s autoridades aqu&iacute; reunidas.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;&iexcl;Effet&aacute;!, &iexcl;&aacute;brete!&quot; (<i>Mc<\/i> 7, 34). Esta palabra, pronunciada por Jes&uacute;s en la curaci&oacute;n del sordomudo, resuena hoy para nosotros; es una palabra sugestiva, de gran intensidad simb&oacute;lica,&nbsp;que nos llama a abrirnos a la escucha y al testimonio.<\/p>\n<p> El sordomudo, del que habla el Evangelio, &iquest;no evoca acaso la situaci&oacute;n de quien no logra establecer una comunicaci&oacute;n que d&eacute; sentido verdadero a la existencia? En cierto modo, nos hace pensar en el hombre que se encierra en una supuesta autonom&iacute;a, en la que termina por encontrarse aislado con respecto a Dios y, a menudo, tambi&eacute;n con respecto a su pr&oacute;jimo. Jes&uacute;s se dirige a este hombre para restituirle la capacidad de abrirse al Otro y a los dem&aacute;s, con una actitud de confianza y de amor gratuito. Le ofrece la extraordinaria oportunidad de encontrar a Dios, que es amor y se deja conocer por quien ama. Le ofrece la salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p> S&iacute;, Cristo abre al hombre al conocimiento de Dios y de s&iacute; mismo. Lo abre a la verdad, porque &eacute;l es la verdad (cf. <i>Jn<\/i> 14, 6), toc&aacute;ndolo interiormente y curando as&iacute; &quot;desde dentro&quot; todas sus facultades.<br \/> Amad&iacute;simos hermanos y hermanas comprometidos en el &aacute;mbito de la investigaci&oacute;n y del estudio, esta palabra constituye para vosotros una exhortaci&oacute;n a abrir vuestro esp&iacute;ritu a la verdad que libera. Al mismo tiempo, la palabra de Cristo os llama a convertiros en intermediarios, ante muchedumbres de j&oacute;venes, de este &quot;effet&aacute;&quot;, que abre el esp&iacute;ritu a la acogida de uno u otro aspecto de la verdad en los diversos campos del saber. Visto desde esta perspectiva, vuestro compromiso diario se convierte en seguimiento de Cristo por el camino del servicio a los hermanos en la verdad del amor.<\/p>\n<p> Cristo es aquel que &quot;todo lo ha hecho bien&quot; (<i>Mc<\/i> 7, 37). Es el modelo que deb&eacute;is contemplar constantemente para que vuestra actividad acad&eacute;mica preste un servicio eficaz a la aspiraci&oacute;n humana a un conocimiento cada vez m&aacute;s pleno de la verdad.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;Decid a los cobardes de coraz&oacute;n:&nbsp; &quot;Sed fuertes, no tem&aacute;is. Mirad a vuestro Dios (&#8230;) que os salvar&aacute;&quot;&quot; (<i>Is<\/i> 35, 4).<\/p>\n<p> Amad&iacute;simos profesores y estudiantes, en estas palabras de Isa&iacute;as tambi&eacute;n se inscribe muy bien vuestra misi&oacute;n. Todos los d&iacute;as os compromet&eacute;is a anunciar, defender y difundir la verdad. A menudo se trata de verdades relacionadas con las m&aacute;s diversas realidades del cosmos y de la historia. No siempre, como en los &aacute;mbitos de la teolog&iacute;a y de la filosof&iacute;a, el discurso aborda directamente el problema del sentido &uacute;ltimo de la vida y la relaci&oacute;n con Dios. Sin embargo, este sigue siendo el horizonte m&aacute;s vasto de todo pensamiento. Tambi&eacute;n en las investigaciones sobre aspectos de la vida que parecen completamente alejados de la fe, se esconde un deseo de verdad y de sentido que va m&aacute;s all&aacute; de lo particular y de lo contingente.<\/p>\n<p> Cuando el hombre no es espiritualmente &quot;sordo y mudo&quot;, todo itinerario del pensamiento, de la ciencia y de la experiencia le hace ver tambi&eacute;n un reflejo del Creador y suscita un deseo de &eacute;l, con frecuencia escondido y quiz&aacute; incluso reprimido, pero indeleble. Esto lo hab&iacute;a comprendido muy bien san Agust&iacute;n, que exclamaba:&nbsp; &quot;Nos hiciste, Se&ntilde;or, para ti y nuestro coraz&oacute;n est&aacute; inquieto hasta &nbsp;que &nbsp;descanse &nbsp;en &nbsp;ti&quot; (<i>Confesiones<\/i> I, 1, 1).<\/p>\n<p> Vuestra vocaci&oacute;n de estudiosos y profesores que hab&eacute;is abierto el coraz&oacute;n a Cristo consiste en vivir y testimoniar eficazmente esta relaci&oacute;n entre cada uno de los saberes y el &quot;saber&quot; supremo que se refiere a Dios y que, en cierto sentido, coincide con &eacute;l, con su Verbo encarnado y con el Esp&iacute;ritu de verdad que &eacute;l nos ha dado. As&iacute;, con vuestra contribuci&oacute;n, la universidad se convierte en el lugar del <i>effet&aacute;<\/i>, donde Cristo, sirvi&eacute;ndose de vosotros, sigue realizando el milagro de abrir los o&iacute;dos y los labios, suscitando una nueva escucha y una aut&eacute;ntica comunicaci&oacute;n.<\/p>\n<p> La libertad de investigaci&oacute;n no debe temer este encuentro con Cristo. No perjudica el di&aacute;logo y el respeto a las personas, ya que la verdad cristiana, por su misma naturaleza, se propone y jam&aacute;s se impone, y su punto fundamental es el profundo respeto del &quot;sagrario de &nbsp;la &nbsp;conciencia&quot; &nbsp;(<i>Redemptoris missio<\/i>, 39; cf. <i>Redemptor hominis<\/i>, 12; <i>Dignitatis humanae<\/i>, 3).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Nuestro tiempo es una &eacute;poca de grandes transformaciones, que afectan tambi&eacute;n al mundo universitario. El car&aacute;cter human&iacute;stico de la cultura se manifiesta a veces de manera marginal, mientras que se acent&uacute;a la tendencia a reducir el horizonte del conocimiento a lo que es mensurable y a descuidar toda cuesti&oacute;n relativa al significado &uacute;ltimo de la realidad. Podr&iacute;amos preguntarnos qu&eacute; hombre prepara hoy la universidad.<\/p>\n<p> Frente a los desaf&iacute;os de un nuevo humanismo que sea aut&eacute;ntico e integral, la universidad necesita personas atentas a la palabra del &uacute;nico Maestro; necesita profesionales cualificados y testigos cre&iacute;bles de Cristo. Ciertamente, es una misi&oacute;n dif&iacute;cil, que exige empe&ntilde;o constante, se alimenta de la oraci&oacute;n y del estudio, y se expresa en la normalidad de la vida diaria.<\/p>\n<p> Esta misi&oacute;n se apoya en la pastoral universitaria, que es al mismo tiempo atenci&oacute;n espiritual a las personas y acci&oacute;n eficaz de animaci&oacute;n cultural, en la que la luz del Evangelio orienta y humaniza los itinerarios de la investigaci&oacute;n, del estudio y de la did&aacute;ctica.<\/p>\n<p> El centro de esa acci&oacute;n pastoral son las capillas universitarias, donde, profesores, alumnos y personal encuentran apoyo y ayuda para su vida cristiana. Situadas como lugares significativos en el marco de la universidad, sostienen el compromiso de cada uno en las formas y en los modos que el ambiente universitario sugiere:&nbsp; son lugares del esp&iacute;ritu, palestras de virtudes cristianas, casas acogedoras y abiertas, y centros vivos y propulsores de animaci&oacute;n cristiana de la cultura, mediante el di&aacute;logo respetuoso y sincero, la propuesta clara y motivada (cf. <i>1 P<\/i> 3, 15) y el testimonio que interroga y convence.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Queridos hermanos, es para m&iacute; una gran alegr&iacute;a celebrar hoy con vosotros el jubileo de las universidades. Vuestra multitudinaria y cualificada presencia constituye un signo elocuente de la fecundidad cultural de la fe.<\/p>\n<p> Al fijar su mirada en el misterio del Verbo encarnado (cf. <i>Incarnationis mysterium<\/i>, 1), el hombre se encuentra a s&iacute; mismo (cf. <i>Gaudium et spes<\/i>, 22). Experimenta, adem&aacute;s, una &iacute;ntima alegr&iacute;a, que se expresa con el mismo estilo interior del estudio y de la ense&ntilde;anza. La ciencia supera as&iacute; los l&iacute;mites que la reducen a mero proceso funcional y pragm&aacute;tico, para encontrar de nuevo su dignidad de investigaci&oacute;n al servicio del hombre en su verdad total, iluminada y orientada por el Evangelio.<\/p>\n<p> Amad&iacute;simos profesores y alumnos, esta es vuestra vocaci&oacute;n:&nbsp; hacer de la universidad el ambiente en el que se cultiva el saber, el lugar donde la persona encuentra perspectivas, sabidur&iacute;a y est&iacute;mulos para el servicio cualificado de la sociedad.<\/p>\n<p> Encomiendo vuestro camino a Mar&iacute;a, <i>Sedes sapientiae<\/i>, cuya imagen os entrego hoy, para que la acoj&aacute;is, como maestra y peregrina, en las ciudades universitarias del mundo. Ella, que sostuvo con su oraci&oacute;n a los Ap&oacute;stoles en los albores de la evangelizaci&oacute;n, os ayude tambi&eacute;n a vosotros a animar con esp&iacute;ritu cristiano el mundo universitario.<\/span> <\/p>\n<p align=\"justify\"><span style=\"font-size: 12.0pt; font-family: Times New Roman; mso-fareast-font-family: Times New Roman; mso-ansi-language: EN-US; mso-fareast-language: EN-US; mso-bidi-language: AR-SA\">&nbsp;<\/span> <span style=\"font-size:12.0pt;font-family:&quot;Times New Roman&quot;;mso-fareast-font-family:\n&quot;Times New Roman&quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US;\nmso-bidi-language:AR-SA\"><br \/><\/span> <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUBILEO DE LOS PROFESORES UNIVERSITARIOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 10 de septiembre de 2000 1.&nbsp;&quot;Todo&nbsp;lo ha &nbsp;hecho &nbsp;bien:&nbsp; hace &nbsp;o&iacute;r a los sordos y hablar a los mudos&quot; (Mc&nbsp;7, 37). 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