{"id":40362,"date":"2016-10-05T23:42:33","date_gmt":"2016-10-06T04:42:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-septiembre-de-2000-beatificacion-de-pio-ix-juan-xxiii-tomas-reggio-guillermo-jose-chaminade-columba-marmion\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:33","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:33","slug":"3-de-septiembre-de-2000-beatificacion-de-pio-ix-juan-xxiii-tomas-reggio-guillermo-jose-chaminade-columba-marmion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-septiembre-de-2000-beatificacion-de-pio-ix-juan-xxiii-tomas-reggio-guillermo-jose-chaminade-columba-marmion\/","title":{"rendered":"3 de septiembre de 2000, Beatificaci\u00f3n de P\u00edo IX, Juan XXIII, Tom\u00e1s Reggio, Guillermo Jos\u00e9 Chaminade, Columba Marmion"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> &nbsp; <\/font><b><font color=\"#663300\">BEATIFICACI&Oacute;N DE CINCO SIERVOS DE DIOS<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b><font face=\"Times\" size=\"3\">&nbsp;<br \/>Domingo 3 de septiembre de 2000&nbsp; <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.&nbsp;En el marco del A&ntilde;o jubilar, con &iacute;ntima alegr&iacute;a he declarado beatos a dos Pont&iacute;fices, P&iacute;o IX y Juan XXIII, y otros tres servidores del Evangelio en el ministerio y en la vida consagrada:&nbsp; el arzobispo de G&eacute;nova Tom&aacute;s Reggio, el sacerdote diocesano Guillermo Jos&eacute; Chaminade y el monje benedictino Columba Marmion.<\/p>\n<p> Cinco personalidades diversas, cada una con su fisonom&iacute;a y su misi&oacute;n, pero todas unidas por la aspiraci&oacute;n a la santidad. Es precisamente su santidad lo que reconocemos hoy:&nbsp; santidad que es relaci&oacute;n profunda y transformadora con Dios, construida y vivida en el compromiso diario de adhesi&oacute;n a su voluntad. <i>La santidad se vive en la historia<\/i>, y ning&uacute;n santo est&aacute; exento de las limitaciones y los condicionamientos propios de nuestra humanidad. Al beatificar a un hijo suyo, la Iglesia <i>no celebra opciones hist&oacute;ricas particulares realizadas por &eacute;l;<\/i> m&aacute;s bien, lo propone como modelo a la imitaci&oacute;n y veneraci&oacute;n <i>por sus virtudes<\/i>, para alabanza de la gracia divina que resplandece en ellas.<\/p>\n<p> Dirijo mi saludo deferente a las delegaciones oficiales de Italia, Francia, Irlanda, B&eacute;lgica, Turqu&iacute;a y Bulgaria, que han venido aqu&iacute; para esta solemne circunstancia. Saludo asimismo a los familiares de los nuevos beatos, as&iacute; como a los cardenales, los obispos y las personalidades civiles y religiosas que han querido participar en esta celebraci&oacute;n. Por &uacute;ltimo, os saludo a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, que hab&eacute;is acudido en gran n&uacute;mero para rendir homenaje a los siervos de Dios que la Iglesia inscribe hoy en el cat&aacute;logo de los beatos.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Al escuchar las palabras de la aclamaci&oacute;n del Evangelio:&nbsp; &quot;Se&ntilde;or, gu&iacute;anos por el recto camino&quot;, nuestro pensamiento ha ido espont&aacute;neamente a la historia humana&nbsp;y&nbsp;religiosa del Papa<i>&nbsp;P&iacute;o&nbsp;IX, <\/i>Giovanni Maria Mastai Ferretti<i>. <\/i>En medio de los acontecimientos turbulentos de su tiempo, fue ejemplo de adhesi&oacute;n incondicional al dep&oacute;sito inmutable de las verdades reveladas. Fiel a los compromisos de su ministerio en todas las circunstancias, <i>supo atribuir siempre el primado absoluto a Dios y a los valores espirituales<\/i>. Su largu&iacute;simo pontificado no fue f&aacute;cil, y tuvo que sufrir mucho para cumplir su misi&oacute;n al servicio del Evangelio. Fue muy amado, pero tambi&eacute;n odiado y calumniado.<\/p>\n<p> Sin embargo, precisamente en medio de esos contrastes <i>resplandeci&oacute; con mayor intensidad la luz de sus virtudes<\/i>:&nbsp; las prolongadas tribulaciones templaron su confianza en la divina Providencia, de cuyo soberano dominio sobre los acontecimientos humanos jam&aacute;s dud&oacute;. De ella nac&iacute;a la profunda serenidad de P&iacute;o IX, aun en medio de las incomprensiones y los ataques de muchas personas hostiles. A &nbsp;quienes &nbsp;lo rodeaban, sol&iacute;a decirles:&nbsp; &quot;En las cosas humanas es necesario contentarse &nbsp;con actuar lo mejor posible; en todo lo dem&aacute;s hay que abandonarse a &nbsp;la Providencia, la cual suplir&aacute; los defectos y las insuficiencias del hombre&quot;.<\/p>\n<p> Sostenido por esa convicci&oacute;n interior, convoc&oacute; el <i>concilio ecum&eacute;nico Vaticano I<\/i>, que aclar&oacute; con autoridad magistral algunas cuestiones entonces debatidas, confirmando la armon&iacute;a entre fe y raz&oacute;n. En&nbsp;los momentos de prueba, P&iacute;o&nbsp;IX encontr&oacute; apoyo en Mar&iacute;a, de la que era muy devoto. Al proclamar el <i>dogma de la Inmaculada Concepci&oacute;n<\/i>, record&oacute; a todos que en las tempestades de la existencia humana resplandece en la Virgen la luz de Cristo, m&aacute;s fuerte que el pecado y la muerte.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;T&uacute; eres bueno y dispuesto al perd&oacute;n&quot; (<i>Ant&iacute;fona de entrada<\/i>). Contemplamos hoy en la gloria del Se&ntilde;or a otro Pont&iacute;fice, <i>Juan XXIII<\/i>, el Papa que conmovi&oacute; al &nbsp;mundo &nbsp;por &nbsp;la afabilidad de su trato, que reflejaba la singular bondad de su coraz&oacute;n. Los designios divinos han querido que esta beatificaci&oacute;n uniera a dos Papas que vivieron en &eacute;pocas hist&oacute;ricas muy diferentes, pero que est&aacute;n unidos, m&aacute;s all&aacute; de las apariencias, por &nbsp;muchas semejanzas en el plano humano y espiritual. Es muy conocida <i>la profunda veneraci&oacute;n que el Papa Juan XXIII sent&iacute;a por P&iacute;o IX<\/i>, cuya beatificaci&oacute;n deseaba. Durante un retiro espiritual, en 1959, escribi&oacute; en su Diario:&nbsp; &quot;Pienso siempre en P&iacute;o IX, de santa y gloriosa memoria, e, imit&aacute;ndolo en sus sacrificios, quisiera ser digno de celebrar su canonizaci&oacute;n&quot; (<i>Diario del alma, <\/i>p. 560).<\/p>\n<p> Ha quedado en el recuerdo de todos la imagen del rostro sonriente del Papa Juan y de sus brazos abiertos para abrazar al mundo entero. &iexcl;Cu&aacute;ntas personas han sido conquistadas <i>por la sencillez de su coraz&oacute;n, unida a una amplia experiencia de hombres y cosas<\/i>! Ciertamente la <i>r&aacute;faga de novedad<\/i> que aport&oacute; no se refer&iacute;a a la doctrina, sino m&aacute;s bien al modo de exponerla; era nuevo su modo de hablar y actuar, y era nueva la simpat&iacute;a con que se acercaba a las personas comunes y a los poderosos de la tierra. Con ese esp&iacute;ritu convoc&oacute; el <i>concilio ecum&eacute;nico Vaticano II<\/i>, con el que inici&oacute; una nueva p&aacute;gina en la historia de la Iglesia:&nbsp; los cristianos se sintieron llamados a anunciar el Evangelio con renovada valent&iacute;a y con mayor atenci&oacute;n a los &quot;signos&quot; de los tiempos.<br \/>Realmente, el Concilio fue una intuici&oacute;n prof&eacute;tica de este anciano Pont&iacute;fice, que inaugur&oacute;, entre muchas dificultades, un tiempo de esperanza para los cristianos y para la humanidad.<br \/> En los &uacute;ltimos momentos de su existencia terrena, confi&oacute; a la Iglesia su testamento:&nbsp; &quot;Lo que m&aacute;s vale en la vida es Jesucristo bendito, su santa Iglesia, su Evangelio, la verdad y la bondad&quot;. Tambi&eacute;n nosotros queremos recoger hoy este testamento, a la vez que damos gracias a Dios por hab&eacute;rnoslo dado como Pastor.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;&quot;Llevad a la pr&aacute;ctica la Palabra y no os limit&eacute;is a escucharla&quot; (<i>St<\/i> 1, 22). Estas palabras del ap&oacute;stol Santiago nos hacen pensar en la existencia y en el apostolado de <i>Tom&aacute;s Reggio<\/i>, sacerdote y periodista, que fue obispo de Ventimiglia y, luego, arzobispo de G&eacute;nova. Fue hombre de fe y cultura y, como pastor, supo convertirse en <i>gu&iacute;a atento de los fieles en todas las circunstancias<\/i>. Sensible a los m&uacute;ltiples sufrimientos y a la pobreza de su pueblo, organiz&oacute; <i>una ayuda tempestiva en todas las situaciones de necesidad<\/i>. Precisamente para este fin fund&oacute; la familia religiosa de las <i>Religiosas de Santa Marta<\/i>, encomend&aacute;ndoles la tarea de ayudar a los pastores de la Iglesia, sobre todo en el campo de la caridad y la educaci&oacute;n.<\/p>\n<p> Su mensaje puede resumirse en dos palabras:&nbsp; <i>verdad y caridad<\/i>. Ante todo la <i>verdad<\/i>, que significa escucha atenta de la palabra de Dios e impulso valiente en la defensa y en la difusi&oacute;n de las ense&ntilde;anzas del Evangelio. Y luego, la <i>caridad<\/i>, que estimula a amar a Dios y, por amor a &eacute;l, a abrazar a todos, por ser hermanos en Cristo. Si hubo alguna preferencia en las opciones de Tom&aacute;s Reggio, fue por los que atravesaban dificultades y los que sufr&iacute;an. Por eso hoy es propuesto como modelo no s&oacute;lo a los miembros de su familia espiritual, sino tambi&eacute;n a obispos, sacerdotes y laicos.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;La beatificaci&oacute;n, durante el A&ntilde;o jubilar, de <i>Guillermo Jos&eacute; Chaminade<\/i>, fundador de los marianistas, recuerda a los fieles que deben inventar sin cesar <i>modos nuevos de ser testigos de la fe<\/i>, sobre todo para llegar a quienes se hallan alejados de la Iglesia y carecen de los medios habituales para conocer a Cristo. Guillermo Jos&eacute; Chaminade invita a cada cristiano a <i>arraigarse en su bautismo<\/i>, que lo conforma al Se&ntilde;or Jes&uacute;s y le comunica el Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p> El amor del padre Chaminade a Cristo, que se inscribe en la espiritualidad de la escuela francesa, lo impuls&oacute; a proseguir incansablemente su obra mediante la fundaci&oacute;n de familias espirituales, en un per&iacute;odo agitado de la historia religiosa de Francia. <i>Su devoci&oacute;n filial a Mar&iacute;a<\/i> le ayud&oacute; a mantener la paz interior en todas las circunstancias y a cumplir la voluntad de Cristo. Su solicitud por la educaci&oacute;n humana, moral y religiosa es una invitaci&oacute;n a toda la Iglesia a prestar <i>una atenci&oacute;n renovada a la juventud<\/i>, que necesita a la vez educadores y testigos para volverse al Se&ntilde;or y participar en la misi&oacute;n de la Iglesia.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;Hoy, la orden benedictina se alegra por la beatificaci&oacute;n de uno de sus hijos m&aacute;s ilustres, <i>dom Columba Marmion<\/i>, monje y abad de Maredsous. Dom Marmion nos leg&oacute; un aut&eacute;ntico tesoro de doctrina espiritual para la Iglesia de nuestro tiempo. En sus escritos ense&ntilde;a <i>un camino de santidad, sencillo pero exigente,<\/i> para todos los fieles, a quienes Dios ha destinado por amor a ser sus hijos adoptivos en Cristo Jes&uacute;s (cf. <i>Ef<\/i> 1, 5). Jesucristo, nuestro Redentor y fuente de toda gracia, es el centro de nuestra vida espiritual, nuestro modelo de santidad.<\/p>\n<p> Antes de entrar en la orden benedictina, Columba Marmion se dedic&oacute; durante algunos a&ntilde;os al cuidado pastoral de las almas como sacerdote de su archidi&oacute;cesis natal, Dubl&iacute;n. A lo largo de toda su vida el beato Columba fue <i>un excepcional director espiritual<\/i>, que prest&oacute; atenci&oacute;n especial a la vida interior de los sacerdotes y los religiosos. A un joven que se preparaba para la ordenaci&oacute;n le escribi&oacute;:&nbsp; &quot;La mejor preparaci&oacute;n para el sacerdocio es <i>vivir a diario con amor donde la obediencia y la Providencia nos ponen<\/i>&quot; (<i>Carta<\/i> del 27 de diciembre de 1915). Ojal&aacute; que un amplio redescubrimiento de los escritos espirituales del beato Columba Marmion ayude a los sacerdotes, a los religiosos y a los laicos a crecer en su uni&oacute;n con Cristo y a dar testimonio fiel de &eacute;l con amor ardiente a Dios y un servicio generoso a sus hermanos y hermanas.<\/p>\n<p> 7.&nbsp;A los nuevos beatos P&iacute;o IX, Juan XXIII, Tom&aacute;s Reggio, Guillermo Jos&eacute; Chaminade y Columba Marmion les pedimos con confianza que nos ayuden a vivir de modo cada vez m&aacute;s conforme al Esp&iacute;ritu de Cristo. Que su amor a Dios y a sus hermanos ilumine nuestros pasos en esta alba del tercer milenio. <\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp; <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; BEATIFICACI&Oacute;N DE CINCO SIERVOS DE DIOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II&nbsp;Domingo 3 de septiembre de 2000&nbsp; &nbsp; 1.&nbsp;En el marco del A&ntilde;o jubilar, con &iacute;ntima alegr&iacute;a he declarado beatos a dos Pont&iacute;fices, P&iacute;o IX y Juan XXIII, y otros tres servidores del Evangelio en el ministerio y en la vida consagrada:&nbsp; el &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-septiembre-de-2000-beatificacion-de-pio-ix-juan-xxiii-tomas-reggio-guillermo-jose-chaminade-columba-marmion\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab3 de septiembre de 2000, Beatificaci\u00f3n de P\u00edo IX, Juan XXIII, Tom\u00e1s Reggio, Guillermo Jos\u00e9 Chaminade, Columba Marmion\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40362","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40362","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40362"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40362\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40362"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40362"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40362"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}