{"id":40366,"date":"2016-10-05T23:42:38","date_gmt":"2016-10-06T04:42:38","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-julio-de-2000-jubileo-en-las-carceles\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:38","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:38","slug":"9-de-julio-de-2000-jubileo-en-las-carceles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-julio-de-2000-jubileo-en-las-carceles\/","title":{"rendered":"9 de julio de 2000, Jubileo en las c\u00e1rceles"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> &nbsp; <b><font color=\"#663300\">JUBILEO EN LAS C&Aacute;RCELES<br \/><\/font><\/b><br \/> <\/font> <i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II<br \/>&nbsp;<br \/><\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> Domingo 9 de julio&nbsp;&nbsp; <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><i>&nbsp; <br \/><\/i><\/p>\n<p align=\"justify\">1.&nbsp;&quot;Estuve (&#8230;) en la c&aacute;rcel&#8230;&quot; (<i>Mt<\/i> 25, 35-36). Estas palabras de Cristo han resonado hoy para nosotros en el pasaje evang&eacute;lico que acabamos de proclamar. Nos traen a la mente la imagen de Cristo que estuvo <i>efectivamente en la c&aacute;rcel<\/i>. Nos parece volverlo a ver en la tarde del Jueves santo en Getseman&iacute;:&nbsp; &eacute;l, la inocencia personificada, escoltado como un malhechor por los esbirros del Sanedr&iacute;n, capturado y llevado ante el tribunal de An&aacute;s y Caif&aacute;s. Siguen las largas horas de la noche a la espera del juicio ante el tribunal romano de Pilato. El juicio tiene lugar la ma&ntilde;ana del Viernes santo en el pretorio:&nbsp; Jes&uacute;s est&aacute; de pie ante el procurador romano, que lo interroga. Sobre su cabeza pende la demanda de condena a muerte mediante el suplicio de la cruz. Lo vemos luego atado a un palo para la flagelaci&oacute;n. Sucesivamente es coronado de espinas&#8230; <i>&quot;Ecce homo&quot;<\/i>, &quot;He aqu&iacute; al hombre&quot;. Pilato pronunci&oacute; esas palabras, tal vez esperando que &nbsp;se &nbsp;produjera una reacci&oacute;n de humanidad en los presentes. La respuesta fue:&nbsp; &quot;&iexcl;Crucif&iacute;calo, crucif&iacute;calo!&quot; (<i>Lc<\/i> 23, 21). Y cuando, por fin, le quitaron las cuerdas de las manos, fue para clavarlas en la cruz.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, ante nosotros, aqu&iacute; reunidos, se presenta Jesucristo, el <i>detenido<\/i>. &quot;Estuve (&#8230;) en la c&aacute;rcel, y vinisteis a verme&quot; (<i>Mt<\/i> 25, 35-36). Pide que lo vean en vosotros, como &nbsp;en &nbsp;muchas &nbsp;otras personas afectadas &nbsp;por &nbsp;diversas &nbsp;formas de sufrimiento &nbsp;humano:&nbsp; &quot;Cuantas &nbsp;veces hicisteis eso &nbsp;a &nbsp;uno &nbsp;de &nbsp;estos &nbsp;mis hermanos menores, a m&iacute; me lo hicisteis&quot; (<i>Mt<\/i> 25, 40). Se puede decir que estas palabras contienen el &quot;programa&quot; del jubileo en las c&aacute;rceles, que hoy celebramos. Nos invitan a vivirlo como compromiso en favor de la dignidad de todos, la dignidad que brota del amor de Dios a toda persona humana.<\/p>\n<p> Doy las gracias a todos los que han querido participar en este evento jubilar. Dirijo un cordial saludo a las autoridades que han intervenido:&nbsp; al se&ntilde;or ministro de Justicia, al jefe del departamento de la Administraci&oacute;n penitenciaria, al director de esta c&aacute;rcel, al comandante de la polic&iacute;a, as&iacute; como a los agentes que colaboran con &eacute;l.<\/p>\n<p> Sobre todo os saludo a cada uno de vosotros, detenidos, con afecto fraterno. Me presento a vosotros como testigo del amor de Dios. Vengo a deciros que <i>Dios os ama<\/i> y desea que recorr&aacute;is un itinerario de rehabilitaci&oacute;n y de perd&oacute;n, de verdad y de justicia. Quisiera poder escuchar el relato de la historia personal de cada uno. Yo no puedo hacerlo, pero s&iacute; lo pueden hacer vuestros capellanes, que os acompa&ntilde;an en nombre de Cristo. A ellos va mi saludo cordial y mi aliento.<\/p>\n<p> Saludo tambi&eacute;n a todos los que desempe&ntilde;an esa tarea tan ardua en todas las c&aacute;rceles de Italia y del mundo. Adem&aacute;s, siento el deber de expresar mi aprecio a los voluntarios, que colaboran con los capellanes para estar cerca de vosotros con iniciativas oportunas. Tambi&eacute;n con su ayuda, la c&aacute;rcel puede adquirir un rasgo de humanidad y <i>enriquecerse con una dimensi&oacute;n espiritual<\/i>, que es important&iacute;sima para vuestra vida. Esta dimensi&oacute;n, propuesta a la libre aceptaci&oacute;n de cada uno, se ha de considerar un elemento determinante para un proyecto de reclusi&oacute;n m&aacute;s conforme a la dignidad humana.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Precisamente sobre ese proyecto arroja luz el pasaje de la primera lectura, en el que el profeta Isa&iacute;as traza el perfil del futuro Mes&iacute;as con algunos rasgos significativos:&nbsp; &quot;No gritar&aacute;, no hablar&aacute; recio ni har&aacute; o&iacute;r su voz en las plazas. No romper&aacute; la ca&ntilde;a quebrada ni apagar&aacute; la mecha que se extingue. Expondr&aacute; fielmente el derecho, sin cansarse ni desmayar, hasta que establezca el derecho en la tierra&quot; (<i>Is <\/i>42, 2-4). En el centro de este jubileo est&aacute; Cristo, el <i>detenido<\/i>; al mismo tiempo, est&aacute; Cristo, el <i>legislador<\/i>. &Eacute;l es el que establece la ley, la proclama y la consolida. Sin embargo, <i>no lo hace con prepotencia, sino con mansedumbre y con amor<\/i>. Cura lo que est&aacute; enfermo, fortalece lo que est&aacute; quebrado. Donde arde a&uacute;n una tenue llama de bondad, la reaviva con el soplo de su amor. Proclama con fuerza el derecho, pero cura las heridas con el b&aacute;lsamo de la misericordia.<\/p>\n<p> En el texto de Isa&iacute;as otra serie de im&aacute;genes abre la perspectiva de la vida, de la alegr&iacute;a y de la libertad:&nbsp; el Mes&iacute;as futuro vendr&aacute; a devolver la vista a los ciegos, a<i> &quot;sacar de las c&aacute;rceles a los presos<\/i>&quot; (<i>Is<\/i> 42, 7). Queridos hermanos y hermanas, me imagino que sobre todo estas &uacute;ltimas palabras del profeta encuentran en vuestro coraz&oacute;n un eco inmediato, lleno de esperanza.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Sin embargo, es preciso acoger el mensaje de la palabra de Dios en su significado integral. La &quot;c&aacute;rcel&quot; de la que el Se&ntilde;or viene a sacarnos es, en primer lugar, <i>aquella en la que se encuentra encadenado el esp&iacute;ritu<\/i>. La c&aacute;rcel del esp&iacute;ritu es el pecado. &iexcl;C&oacute;mo no recordar, a este respecto, aquellas profundas palabras de Jes&uacute;s:&nbsp; &quot;En verdad, en verdad os digo que todo el que comete pecado es esclavo del pecado&quot;! (<i>Jn<\/i> 8, 34). Esta es la esclavitud de la que &eacute;l vino en primer lugar a librarnos. En efecto, dijo:&nbsp; &quot;Si permanec&eacute;is en mi palabra, ser&eacute;is en verdad disc&iacute;pulos m&iacute;os y conocer&eacute;is la verdad, y la verdad os har&aacute; libres&quot; (<i>Jn<\/i>&nbsp;8, 31).<\/p>\n<p> Por consiguiente, las palabras de liberaci&oacute;n del profeta Isa&iacute;as se han de entender a la luz de toda la historia de la salvaci&oacute;n, que tiene su culmen en Cristo, el Redentor que carg&oacute; sobre s&iacute; el pecado del mundo (cf. <i>Jn <\/i>1, 29). Dios quiere la liberaci&oacute;n integral del hombre. Una liberaci&oacute;n que no s&oacute;lo ata&ntilde;e a las condiciones f&iacute;sicas y exteriores, sino que es sobre todo liberaci&oacute;n del coraz&oacute;n.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Como nos ha recordado el ap&oacute;stol san Pablo &nbsp;en la segunda lectura, la esperanza de esta liberaci&oacute;n se da en toda la creaci&oacute;n:&nbsp; &quot;La creaci&oacute;n entera hasta ahora gime y siente dolores de parto&quot; (<i>Rm<\/i> 8, 22). Nuestro pecado ha alterado el plan de Dios, y no s&oacute;lo la vida humana; la creaci&oacute;n misma se resiente. Esta <i>dimensi&oacute;n c&oacute;smica de los efectos del pecado<\/i> se percibe de forma casi palpable en los desastres ecol&oacute;gicos. No menos preocupantes son los da&ntilde;os provocados por el pecado en la psique humana, en la biolog&iacute;a misma del hombre. El pecado es devastador. Quita la paz al coraz&oacute;n y produce sufrimientos en cadena en las relaciones humanas. Me imagino que muchas veces, repasando vuestras historias personales o escuchando las de vuestros compa&ntilde;eros de celda, constat&aacute;is esta verdad.<\/p>\n<p> <i>De esta esclavitud viene a librarnos el Esp&iacute;ritu de Dios<\/i>. &Eacute;l, que es el Don por excelencia que nos obtuvo Cristo, &quot;viene en ayuda de nuestra flaqueza, (&#8230;) abogando por nosotros con gemidos inenarrables&quot; (<i>Rm<\/i> 8, 26). Si seguimos sus inspiraciones, produce nuestra salvaci&oacute;n integral, &quot;la adopci&oacute;n, la redenci&oacute;n de nuestro cuerpo&quot; (<i>Rm <\/i>8, 23).<\/p>\n<p> 6.&nbsp;As&iacute; pues, es preciso que sea &eacute;l, el Esp&iacute;ritu de Jesucristo, quien act&uacute;e en vuestro coraz&oacute;n, queridos hermanos y hermanas detenidos. Es necesario que <i>el Esp&iacute;ritu Santo penetre totalmente en esta c&aacute;rcel en la que nos encontramos<\/i> y en todas las prisiones del mundo. Cristo, el Hijo de Dios, quiso ser detenido, dej&oacute; que le ataran las manos y luego las clavaran en la cruz, precisamente para que el Esp&iacute;ritu pudiera llegar al coraz&oacute;n de todo hombre. Tambi&eacute;n donde los hombres est&aacute;n encerrados con los cerrojos de las c&aacute;rceles, seg&uacute;n la l&oacute;gica de una justicia humana, por lo dem&aacute;s necesaria, es preciso que sople el Esp&iacute;ritu de Cristo, Redentor del mundo. En efecto, la pena no puede reducirse a una simple din&aacute;mica retributiva; mucho menos puede transformarse en una retorsi&oacute;n social o en una especie de venganza institucional. La pena y la prisi&oacute;n tienen sentido si, a la vez que afirman las exigencias de la justicia y desalientan el crimen, <i>contribuyen a la renovaci&oacute;n del hombre<\/i>, ofreciendo a quien se ha equivocado una posibilidad de reflexionar y cambiar de vida, para reinsertarse plenamente en la sociedad.<\/p>\n<p> Por consiguiente, permitidme que os pida que tend&aacute;is con todas vuestras fuerzas a una vida nueva, en el encuentro con Cristo. De este vuestro camino no podr&aacute; por menos de alegrarse la sociedad entera. Las mismas personas a quienes hab&eacute;is causado dolor sentir&aacute;n, quiz&aacute;, que han obtenido justicia m&aacute;s mirando vuestro cambio interior que simplemente por haber cumplido la pena.<\/p>\n<p> A cada uno de vosotros deseo que haga la experiencia del amor liberador de Dios. Que descienda sobre vosotros y sobre los &nbsp;detenidos &nbsp;de todo el mundo el Esp&iacute;ritu de Jesucristo, que hace nuevas todas las cosas (cf. <i>Ap<\/i> 21, 5) e infunda en vuestro coraz&oacute;n confianza y esperanza.<\/p>\n<p> Que os acompa&ntilde;e la mirada de Mar&iacute;a, &quot;Regina coeli&quot;, la Reina del cielo, a cuya ternura materna os encomiendo a vosotros y a vuestras familias.<\/p>\n<hr \/>\n<p align=\"justify\"><i>Palabras del Santo Padre al terminar la misa:<\/i><\/p>\n<p align=\"justify\">Al despedirme de vosotros, queridos detenidos, deseo renovaros mi saludo, que extiendo tambi&eacute;n a vuestros familiares. S&eacute; muy bien que cada uno de vosotros vive esperando el d&iacute;a en que, expiada la pena, podr&aacute; recobrar la libertad y volver a su familia. Consciente de ello, en el Mensaje que envi&eacute; al mundo entero para esta jornada jubilar, siguiendo las huellas de mis predecesores y con el esp&iacute;ritu del A&ntilde;o santo, he pedido para vosotros un <i>signo de clemencia<\/i>, mediante una &quot;reducci&oacute;n de la pena&quot;. Lo he pedido con la profunda convicci&oacute;n de que esa opci&oacute;n constituye un signo de sensibilidad hacia vuestra condici&oacute;n, que puede impulsar el compromiso de arrepentimiento y estimular la conversi&oacute;n personal. Con esta perspectiva, dirijo a cada uno mi saludo m&aacute;s cordial.<\/p>\n<p> Quisiera a&ntilde;adir unas palabras m&aacute;s:&nbsp; no podemos olvidar que esta c&aacute;rcel romana se llama &quot;Regina Coeli&quot;. Este nombre suscita una esperanza muy grande. Os deseo a todos esta esperanza, que viene de la &quot;Regina Coeli&quot;. Gracias.<br \/>&nbsp; <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; JUBILEO EN LAS C&Aacute;RCELES HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II&nbsp; Domingo 9 de julio&nbsp;&nbsp; &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Estuve (&#8230;) en la c&aacute;rcel&#8230;&quot; (Mt 25, 35-36). Estas palabras de Cristo han resonado hoy para nosotros en el pasaje evang&eacute;lico que acabamos de proclamar. 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