{"id":40367,"date":"2016-10-05T23:42:40","date_gmt":"2016-10-06T04:42:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-julio-de-2000-peregrinacion-jubilar-polaca\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:40","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:40","slug":"6-de-julio-de-2000-peregrinacion-jubilar-polaca","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-julio-de-2000-peregrinacion-jubilar-polaca\/","title":{"rendered":"6 de julio de 2000, Peregrinaci\u00f3n jubilar polaca"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <b><font color=\"#663300\">PEREGRINACI&Oacute;N NACIONAL DE POLONIA<\/font><\/b> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <i><span lang=\"IT\" style=\"mso-ansi-language:IT\"><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/p>\n<p><\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> Jueves 6 de julio de 2000<\/font><\/span><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">1.&nbsp;&quot;Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben&quot; (<i>Sal<\/i> 67, 4).<br \/> Esta invocaci&oacute;n resuena desde aqu&iacute;, desde este lugar, desde la puerta abierta del a&ntilde;o del gran jubileo. Y a ella responden no s&oacute;lo las personas de forma individual, sino tambi&eacute;n pueblos enteros, enteras naciones. Llegan las peregrinaciones nacionales de diversas partes de Europa y del mundo para dar aqu&iacute;, en el coraz&oacute;n de la Iglesia, gloria y honor a Dios. Hoy se encuentra en Roma la peregrinaci&oacute;n de Polonia.<\/p>\n<p> Os doy a todos mi cordial bienvenida. Saludo al cardenal primado, a los cardenales de Cracovia y Wroclaw, a los arzobispos, a los obispos, a los sacerdotes, a las religiosas y a los fieles de tantas parroquias y comunidades. Saludo a los representantes de las autoridades estatales y regionales, encabezadas por el presidente de la Rep&uacute;blica, el primer ministri y los presidentes del Parlamento y del Senado. Que la abundancia de las gracias jubilares se derrame sobre todos los peregrinos aqu&iacute; presentes. Que la obtengan tambi&eacute;n vuestras familias y vuestros seres queridos, en la patria y en el mundo.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre&quot; (<i>Hb<\/i> 13, 8). A &eacute;l queremos unir nuestro futuro. S&oacute;lo &eacute;l es la Puerta y s&oacute;lo &eacute;l tiene palabras de vida eterna. Este es el sentido m&aacute;s profundo del gran jubileo:&nbsp; es el tiempo de la vuelta a las ra&iacute;ces de la fe y, a la vez, de la entrada en el futuro a trav&eacute;s de la Puerta, que es Cristo. En &eacute;l, Hijo de Dios encarnado, <i>se realiza el misterio eterno de la elecci&oacute;n del hombre por parte de Dios, <\/i>el misterio que hoy nos desvela el ap&oacute;stol san Pablo, que escribe:&nbsp; &quot;Bendito sea Dios, Padre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. &Eacute;l nos eligi&oacute; en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fu&eacute;semos santos e irreprochables ante &eacute;l por el amor&quot; (<i>Ef<\/i> 1, 3-4).<\/p>\n<p> Siguiendo el pensamiento del Ap&oacute;stol, conozcamos cu&aacute;l es el plan eterno de Dios con respecto al hombre, que hizo a su imagen y semejanza. Dios, al crearlo de este modo, desde el inicio hizo al hombre semejante a su Hijo y lo uni&oacute; a &eacute;l. Si en este A&ntilde;o jubilar recordamos de modo especial el nacimiento del Hijo de Dios, que tuvo lugar hace dos mil a&ntilde;os, mediante este acontecimiento, el m&aacute;s grande de la historia de la humanidad, nos encontramos en el umbral del misterio que nos envuelve a todos y cada uno:&nbsp; el Hijo de Dios se hizo hombre, <i>para que nosotros, en &eacute;l y por &eacute;l, nos convirti&eacute;ramos en hijos adoptivos de Dios.<\/i> En efecto, &quot;al llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibi&eacute;ramos la filiaci&oacute;n adoptiva&quot; (<i>Ga<\/i> 4, 4-5). Son palabras de san Pablo en la carta a los G&aacute;latas. Si hoy hacemos la peregrinaci&oacute;n a la Puerta santa del gran jubileo, lo hacemos ante todo para <i>dar gracias por el gran don de la filiaci&oacute;n adoptiva de Dios<\/i>, que mediante el nacimiento de Cristo lleg&oacute; a ser la herencia del hombre.<\/p>\n<p> Como escribe san Pablo, hemos recibido esta gracia de Dios para ser &quot;santos &nbsp;e &nbsp;irreprochables &nbsp;ante &nbsp;&eacute;l&quot; (<i>Ef<\/i> 1, 4) y &quot;para &nbsp;ser &nbsp;alabanza &nbsp;de &nbsp;su &nbsp;gloria&quot; (<i>Ef<\/i>&nbsp;1, 12). No se puede alcanzar la santidad, no es posible existir para la gloria de Dios si no es por Cristo, con Cristo y en Cristo. En &eacute;l &quot;tenemos por medio de su sangre la redenci&oacute;n, el perd&oacute;n de los pecados, seg&uacute;n la riqueza de su gracia&quot; (<i>Ef<\/i> 1, 7). Por eso, en este A&ntilde;o jubilar <i>la Iglesia nos lleva<\/i> de modo particular <i>por el camino de la penitencia y de la reconciliaci&oacute;n<\/i>, para que nos acerquemos con confianza a Cristo y encontremos en &eacute;l &nbsp;las &nbsp;inagotables fuentes de su misericordia. &quot;&Eacute;l perdona todas nuestras culpas, y cura todas nuestras enfermedades; &eacute;l rescata nuestra vida de la fosa y nos colma de gracia y de ternura&quot; (cf.<i>&nbsp;Sal<\/i> 103, 3-4). Si hoy la Iglesia nos recomienda e impulsa a la antigua <i>pr&aacute;ctica de la indulgencia<\/i>, lo hace porque el tiempo del jubileo es particularmente propicio para que el hombre abra su coraz&oacute;n a la acci&oacute;n de esta gracia, que brota del Coraz&oacute;n abierto del Redentor.<br \/> San Pablo escribe:&nbsp; Cristo &quot;es prenda de nuestra herencia, para redenci&oacute;n del pueblo de su posesi&oacute;n, para alabanza de su gloria&quot; (<i>Ef<\/i> 1, 14). As&iacute; pues, debemos aprovechar la gracia de este tiempo, que nos acerca a Cristo y nos permite participar m&aacute;s plenamente en la herencia que Dios nos ha preparado en su gloria.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Una vez, en Nazaret, Cristo dijo de s&iacute; mismo, como hemos escuchado en el evangelio de hoy:&nbsp; &quot;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la buena nueva, me ha enviado a proclamar la liberaci&oacute;n a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un a&ntilde;o de gracia del Se&ntilde;or. (&#8230;) Esta Escritura, que acab&aacute;is de o&iacute;r, se ha cumplido hoy&quot; (<i>Lc <\/i>4, 18-19.&nbsp;21). Este &quot;hoy&quot; perdura incesantemente desde el d&iacute;a en que el Hijo de Dios vino a la tierra. Despu&eacute;s de su muerte y resurrecci&oacute;n, este &quot;hoy&quot; permanece en la Iglesia, en la que est&aacute; presente Cristo, hasta el fin del mundo. Este &quot;hoy&quot; se realiza en cada uno de nosotros, que mediante el bautismo hemos sido injertados en Cristo.<\/p>\n<p> Es necesario que en el a&ntilde;o del gran jubileo seamos particularmente conscientes de esta verdad. Debemos recordar que este &quot;hoy&quot; de Cristo debe continuar en los siglos futuros, hasta su segunda venida. Esa conciencia debe determinar <i>el programa de vida de la Iglesia y el de la vida de cada uno de nosotros en el nuevo milenio.<\/p>\n<p> <\/i>En los &uacute;ltimos a&ntilde;os las di&oacute;cesis han elaborado ese programa durante los s&iacute;nodos pastorales locales, y toda la Iglesia en Polonia lo hizo en el <i>S&iacute;nodo plenario<\/i>, tratando de definir cu&aacute;les eran los desaf&iacute;os que planteaban a los creyentes el presente y el futuro, y de qu&eacute; modo se deb&iacute;an afrontar. Los pastores y los fieles, pidiendo luz al Esp&iacute;ritu Santo, hicieron un an&aacute;lisis de los fen&oacute;menos presentes actualmente en la Iglesia en Polonia, trataron de discernir las tareas que deb&iacute;a llevar a cabo nuestra generaci&oacute;n en la perspectiva del nuevo milenio y trazaron los caminos, a lo largo de los cuales la Iglesia debe entrar en el nuevo siglo. Todo esto se redact&oacute; por escrito como <i>programa de evangelizaci&oacute;n para el tercer milenio<\/i>. La puerta abierta del gran jubileo nos recuerda de modo particular a nosotros y a toda la Iglesia en Polonia que este programa no puede quedar como letra muerta, sino que debe ser aceptado por todos y realizado con entrega y perseverancia.<\/p>\n<p> Afecta a numerosos sectores de la vida de la Iglesia. Sin embargo, hoy, poni&eacute;ndome a la escucha del Evangelio que acabamos de proclamar, quiero destacar dos dimensiones de la actividad pastoral del clero y del apostolado de los laicos en nuestro pa&iacute;s.<\/p>\n<p> Cristo dice:&nbsp; &quot;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque me ha ungido <i>para anunciar <\/i>a los pobres <i>la buena nueva<\/i>&quot; (<i>Lc<\/i> 4, 18). Por eso, la primera tarea para la que fue enviado era el anuncio del Evangelio. Esa fue la primera tarea de los Ap&oacute;stoles:&nbsp; &quot;Id por todo el mundo y predicad el Evangelio a todas las gentes&quot; (<i>Mc<\/i> 16, 15). Esta llamada es siempre actual y apremiante. Ata&ntilde;e a todos los fieles, tanto cl&eacute;rigos como laicos. Todos estamos llamados a <i>testimoniar cada d&iacute;a con nuestra vida el Evangelio de la salvaci&oacute;n<\/i>. Es preciso que, al entrar en el nuevo milenio, respondamos a esta llamada con todo fervor. Los padres han de ser testigos del Evangelio ante los ni&ntilde;os y los j&oacute;venes. Los j&oacute;venes deben llevar la buena nueva a sus coet&aacute;neos, que a menudo pierden el sentido de la vida, desconcertados entre lo que el mundo les propone. Los pastores no han de olvidar que el esp&iacute;ritu misionero, la solicitud por cada hombre que busca a Cristo y por todos los que se han alejado de &eacute;l, pertenece a la esencia de su misi&oacute;n pastoral.<\/p>\n<p> Con el mismo esp&iacute;ritu pido a todos los fieles de Polonia que oren por las intenciones de los misioneros y por las vocaciones misioneras. Hago esta petici&oacute;n de manera especial porque hoy se celebra la memoria lit&uacute;rgica de la beata Mar&iacute;a Teresa Led&ograve;chowska, llamada &quot;Madre de los africanos&quot;, patrona de la Cooperaci&oacute;n misionera de la Iglesia en Polonia y fundadora de las religiosas Claverianas, de cuya beatificaci&oacute;n este a&ntilde;o celebramos el vig&eacute;simo quinto aniversario. Es grande la riqueza espiritual y son grandes las posibilidades de la Iglesia que est&aacute; en Polonia. Es preciso aprovechar ese tesoro, para ayudar de forma eficaz a las Iglesias hermanas de &Aacute;frica, Am&eacute;rica, Asia e incluso Europa. Pido a Dios que inspire con el esp&iacute;ritu de este particular apostolado el coraz&oacute;n de los numerosos sacerdotes y religiosos de nuestra patria. <i>La Iglesia universal necesita servidores del Evangelio procedentes de Polonia.<br \/><\/i><br \/> Mientras estamos a la escucha de las palabras de Cristo:&nbsp; &quot;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la buena nueva, me ha enviado a proclamar la liberaci&oacute;n a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar la libertad a los oprimidos y proclamar un a&ntilde;o de gracia del Se&ntilde;or&quot; (cf. <i>Lc <\/i>4, 18-19), nos damos cuenta de que el jubileo, como per&iacute;odo en el que experimentamos de modo particular la misericordia de Dios, nos lleva hacia <i>los que tienen necesidad de nuestra misericordia<\/i>. El &quot;hoy&quot; de la Iglesia, vivido como un &quot;hoy&quot; en el que se cumple la misi&oacute;n mesi&aacute;nica de Cristo, debemos vivirlo como un &quot;hoy&quot; de los pobres, de los oprimidos, de los que est&aacute;n solos o enfermos, de todos los que Cristo eligi&oacute; como destinatarios especiales de la predicaci&oacute;n &quot;del a&ntilde;o de gracia del Se&ntilde;or&quot;. Ojal&aacute; que este &quot;a&ntilde;o de gracia&quot; se les proclame mediante obras de amor aut&eacute;ntico, tratando de formar una cultura de solidaridad y colaboraci&oacute;n. Ojal&aacute; que el fantasma de la p&eacute;rdida del trabajo, de la casa, de la salud o de la posibilidad de instrucci&oacute;n, no ensombrezca la alegr&iacute;a de vivir el A&ntilde;o jubilar, que abre la perspectiva del nuevo milenio. Es preciso que todos los responsables de la vida social en nuestro pa&iacute;s hagan todo lo que est&eacute; de su parte para que se lleven a cabo reformas econ&oacute;micas justas, pues as&iacute; todos saldr&iacute;an beneficiados, especialmente los m&aacute;s pobres. Pido esto de modo particular a todos los que basan en los valores cristianos el programa de su actividad.<\/p>\n<p> Sin embargo, el deber de salir al encuentro de las necesidades de los menos afortunados no corresponde s&oacute;lo a los pol&iacute;ticos, a los empresarios o a las organizaciones caritativas, sino a todos los que pueden remediar de alg&uacute;n modo la indigencia del pr&oacute;jimo. El A&ntilde;o jubilar es una ocasi&oacute;n especial para que todos los miembros de la comunidad de la Iglesia, tanto eclesi&aacute;sticos como laicos, <i>lleven a cabo obras de misericordia para bien de sus hermanos.<\/i> Al elaborar programas pastorales en el pa&iacute;s, en la di&oacute;cesis o en la parroquia, es preciso volver constantemente a la idea de <i>la opci&oacute;n preferencial por los pobres y los necesitados.<\/i> Pensando en las familias con muchos hijos, en los ancianos, en los enfermos, en los abandonados, os pido a vosotros, queridos hermanos y hermanas, y a todos los creyentes de Polonia, lo mismo que ped&iacute;a san Pablo:&nbsp; &quot;Que vuestra abundancia remedie su necesidad, para que la abundancia de ellos pueda remediar tambi&eacute;n vuestra necesidad y reine la igualdad, como dice la Escritura:&nbsp; el que mucho recogi&oacute;, no tuvo de m&aacute;s; y el que poco, no tuvo de menos&quot; (<i>2 Co<\/i> 8, 14-15).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;&quot;Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre&quot; (<i>Hb<\/i> 13, 8). Esta verdad nos habla con una fuerza particular, mientras nos acercamos al umbral de la puerta del gran jubileo, para entrar en el nuevo milenio con la fe, la esperanza y la caridad que hemos recibido junto con la gracia del santo bautismo. &quot;Pasar por esa puerta significa confesar que Cristo Jes&uacute;s es el Se&ntilde;or, fortaleciendo la fe en &eacute;l para vivir la vida nueva que nos ha dado&quot; (<i>Incarnationis mysterium,<\/i> 8). S&oacute;lo &eacute;l es la Puerta que permite entrar en la vida de comuni&oacute;n con Dios:&nbsp; &quot;Esta es la puerta del Se&ntilde;or, los vencedores entrar&aacute;n por ella&quot; (<i>Sal<\/i> 118, 20). Que esta &nbsp;peregrinaci&oacute;n &nbsp;nacional &nbsp;de los polacos con ocasi&oacute;n del gran jubileo nos acerque a todos a Cristo Redentor; &eacute;l es la fuente de la vida y de la esperanza para el tercer milenio, que se acerca. &quot;Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre&quot;. <\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp; <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>PEREGRINACI&Oacute;N NACIONAL DE POLONIA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Jueves 6 de julio de 2000 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Oh Dios, que te alaben los pueblos, que todos los pueblos te alaben&quot; (Sal 67, 4). Esta invocaci&oacute;n resuena desde aqu&iacute;, desde este lugar, desde la puerta abierta del a&ntilde;o del gran jubileo. 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