{"id":40368,"date":"2016-10-05T23:42:41","date_gmt":"2016-10-06T04:42:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2000-san-pedro-y-san-pablo\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:41","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:41","slug":"29-de-junio-de-2000-san-pedro-y-san-pablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2000-san-pedro-y-san-pablo\/","title":{"rendered":"29 de junio de 2000, San Pedro y San Pablo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <b><font color=\"#663300\">SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLO<br \/><\/font><\/b><br \/><\/font><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL PAPA JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b><font face=\"Times\" size=\"3\"><br \/>Jueves 29 de junio de 2000<\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">1.&nbsp;<i>&quot;Y vosotros, &iquest;qui&eacute;n dec&iacute;s que soy yo?&quot;<\/i> (<i>Mt<\/i> 16, 15).<\/p>\n<p> Jes&uacute;s formula esta pregunta sobre su identidad a los disc&iacute;pulos mientras se encuentra con ellos en la alta Galilea. Muchas veces ellos le hab&iacute;an hecho preguntas a Jes&uacute;s; ahora es &eacute;l quien los interpela. Su pregunta es precisa, y espera una &nbsp;respuesta. Sim&oacute;n Pedro toma la palabra en nombre de todos:&nbsp; &quot;T&uacute; eres el Mes&iacute;as, el Hijo de Dios vivo&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 16).<\/p>\n<p> Esta respuesta es extraordinariamente l&uacute;cida. Refleja de modo perfecto la fe de la Iglesia. En ella nos vemos reflejados tambi&eacute;n nosotros. De manera particular, en las palabras de Pedro se ve reflejado <i>el Obispo de Roma<\/i>, que, por voluntad divina, es su indigno sucesor. Y, en torno a &eacute;l y con &eacute;l, os veis reflejados en dichas palabras vosotros, queridos <i>arzobispos metropolitanos<\/i>, que hab&eacute;is venido aqu&iacute; de tantas partes del mundo para recibir el palio en la solemnidad de san Pedro y san Pablo.<\/p>\n<p> Os dirijo a cada uno mi m&aacute;s cordial saludo y de buen grado lo extiendo a cuantos os han acompa&ntilde;ado a Roma y a vuestras comunidades, unidas espiritualmente a nosotros en esta solemne circunstancia.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;T&uacute; eres el Mes&iacute;as&quot;. Jes&uacute;s responde a la confesi&oacute;n de Pedro:&nbsp; &quot;&iexcl;Dichoso t&uacute;, Sim&oacute;n, hijo de Jon&aacute;s!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que est&aacute; en el cielo&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 17).<\/p>\n<p> &iexcl;Dichoso t&uacute;, Pedro! Dichoso, porque esta verdad, que es central en la fe de la Iglesia, no pod&iacute;a ser fruto de tu conocimiento de hombre, sino obra de Dios. &quot;Nadie -dijo Jes&uacute;s- conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar&quot; (<i>Mt<\/i> 11, 27).<\/p>\n<p> Reflexionemos en esta p&aacute;gina singularmente densa del Evangelio:&nbsp; el Verbo encarnado hab&iacute;a revelado al Padre a sus disc&iacute;pulos; ahora llega el momento en que el mismo Padre les revela a su Hijo unig&eacute;nito. Pedro acoge la iluminaci&oacute;n interior y proclama con valent&iacute;a:&nbsp; &quot;T&uacute; eres el Mes&iacute;as, el Hijo de Dios vivo&quot;.<\/p>\n<p> Estas palabras en los labios de Pedro provienen de lo m&aacute;s profundo del misterio de Dios; revelan la verdad &iacute;ntima, la vida misma de Dios. Y Pedro, bajo la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu divino, se convierte en <i>testigo y confesor de esta verdad sobrehumana<\/i>. As&iacute;, su profesi&oacute;n de fe constituye la base s&oacute;lida de la fe de la Iglesia:&nbsp; &quot;Sobre ti edificar&eacute; mi Iglesia&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 18). La Iglesia de Cristo est&aacute; edificada sobre la fe y sobre la fidelidad de Pedro.<\/p>\n<p> La primera comunidad cristiana era muy consciente de ello y, como narran los <i>Hechos de los Ap&oacute;stoles<\/i>, cuando Pedro se encontraba en la c&aacute;rcel, se reuni&oacute; para elevar a Dios una oraci&oacute;n ferviente por &eacute;l (cf. <i>Hch<\/i> 12, 5). Fue escuchada, porque la presencia de Pedro era a&uacute;n necesaria para la comunidad que daba sus primeros pasos:&nbsp; el Se&ntilde;or envi&oacute; a su &aacute;ngel para liberarlo de las manos de sus perseguidores (cf. <i>Hch<\/i> 12, 7-11). Estaba escrito en los designios de Dios que Pedro, despu&eacute;s de confirmar por mucho tiempo en la fe a sus hermanos, sufrir&iacute;a el martirio aqu&iacute;, en Roma, juntamente con Pablo, el Ap&oacute;stol de las gentes, quien tambi&eacute;n hab&iacute;a escapado muchas veces de la muerte.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;El Se&ntilde;or me ayud&oacute; y me dio fuerzas para anunciar &iacute;ntegro el mensaje, de modo que lo oyeran todos los gentiles&quot; (<i>2 Tm<\/i> 4, 17). En la segunda lectura hemos escuchado estas palabras, que san Pablo dirigi&oacute; a su fiel disc&iacute;pulo Timoteo. Testimonian la obra que el Se&ntilde;or realiz&oacute; en &eacute;l, a quien hab&iacute;a elegido como ministro del Evangelio, &quot;alcanz&aacute;ndolo&quot; en el camino de Damasco (cf. <i>Flp<\/i> 3, 12).<\/p>\n<p> Envuelto en una luz deslumbrante, el Se&ntilde;or se le apareci&oacute; dici&eacute;ndole:&nbsp; &quot;Saulo, Saulo, &iquest;por qu&eacute; me persigues?&quot; (<i>Hch<\/i> 9,&nbsp;4), mientras una fuerza misteriosa lo arrojaba al suelo (cf. <i>Hch<\/i> 9, 5). &quot;&iquest;Qui&eacute;n eres, Se&ntilde;or?&quot;, hab&iacute;a preguntado Saulo. &quot;Yo soy Jes&uacute;s, a quien t&uacute; persigues&quot; (<i>Hch<\/i> 9, 5). Esta fue la respuesta de Cristo. Saulo persegu&iacute;a a los seguidores de Jes&uacute;s, y Jes&uacute;s le hac&iacute;a saber que, en ellos, lo persegu&iacute;a a &eacute;l mismo, a Jes&uacute;s de Nazaret, el Crucificado, de quien los cristianos afirmaban que hab&iacute;a resucitado. Si Saulo experimentaba en ese momento su poderosa presencia, era evidente que Dios lo hab&iacute;a resucitado realmente de entre los muertos. Era precisamente &eacute;l el Mes&iacute;as esperado por Israel, era &eacute;l el Cristo vivo y presente en la Iglesia y en el mundo.<\/p>\n<p> &iquest;Pod&iacute;a comprender Saulo &uacute;nicamente con su raz&oacute;n todo lo que implicaba ese acontecimiento? Ciertamente, no. En efecto, formaba parte de los designios misteriosos de Dios. El Padre dar&aacute; a Pablo la gracia de conocer el misterio de la redenci&oacute;n, realizada en Cristo. Dios le permitir&aacute; comprender la estupenda realidad de la Iglesia, que vive por Cristo, con Cristo y en Cristo. Y &eacute;l, part&iacute;cipe de esta verdad, no dejar&aacute; de proclamarla incansablemente hasta los &uacute;ltimos confines de la tierra.<\/p>\n<p> Pablo comenzar&aacute; en Damasco su itinerario apost&oacute;lico, que lo llevar&aacute; a difundir el Evangelio en muchas partes del mundo entonces conocido. As&iacute;, su impulso misionero contribuir&aacute; al cumplimiento del mandato que Cristo dio a los Ap&oacute;stoles:&nbsp; &quot;Id, pues, y haced disc&iacute;pulos a todas las gentes&#8230;&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 19).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos en el episcopado, que hab&eacute;is venido a recibir el palio, vuestra presencia muestra elocuentemente la dimensi&oacute;n universal de la Iglesia, que naci&oacute; con el mandato del Se&ntilde;or:&nbsp; &quot;Id, pues, y haced disc&iacute;pulos a todas las gentes&#8230;&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 19).<\/p>\n<p> En efecto, proced&eacute;is de <i>quince pa&iacute;ses de cuatro continentes<\/i>, y hab&eacute;is sido llamados por el Se&ntilde;or para ser pastores de Iglesias metropolitanas. La imposici&oacute;n del <i>palio<\/i> subraya bien el v&iacute;nculo particular de comuni&oacute;n que os une a la Sede de Pedro y manifiesta la &iacute;ndole cat&oacute;lica de la Iglesia.<\/p>\n<p> Cada vez que os revist&aacute;is con estos palios, recordad, hermanos queridos, que como pastores estamos llamados a salvaguardar la pureza del Evangelio y la unidad de la Iglesia de Cristo, fundada sobre la &quot;roca&quot; de la fe de Pedro. A esto nos llama el Se&ntilde;or; esta es nuestra misi&oacute;n irrenunciable de gu&iacute;as prudentes de la&nbsp;grey que el&nbsp;Se&ntilde;or nos ha&nbsp;confiado.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;&iexcl;La unidad plena de la Iglesia! Resuena en mi alma el eco de esta consigna de Cristo. Se trata de una consigna sumamente urgente en el comienzo de este nuevo milenio. Por esta intenci&oacute;n oremos y trabajemos sin cansarnos jam&aacute;s de esperar.<\/p>\n<p> Con estos sentimientos, abrazo y saludo con afecto a la delegaci&oacute;n del patriarcado ecum&eacute;nico de Constantinopla, que ha venido para celebrar con nosotros la memoria lit&uacute;rgica de san Pedro y san Pablo. Gracias, venerados hermanos, por vuestra presencia y vuestra cordial participaci&oacute;n en esta solemne celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica. Que el Se&ntilde;or nos conceda llegar cuanto antes a la unidad plena de todos los creyentes en Cristo.<\/p>\n<p> Que nos obtengan este don los ap&oacute;stoles san Pedro y san Pablo, a quienes la Iglesia de Roma recuerda en este d&iacute;a, en el que se hace memoria de su martirio y, por eso, de su nacimiento a la vida en Dios. Por el Evangelio aceptaron sufrir y morir, y llegaron a ser part&iacute;cipes de la resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or. Su fe, confirmada por el martirio, es la misma fe de Mar&iacute;a, la Madre de los creyentes, de los Ap&oacute;stoles, de los santos y de las santas de todos los siglos.<\/p>\n<p> Hoy la Iglesia proclama nuevamente <i>su fe<\/i>. Es <i>nuestra fe, la fe inmutable de la Iglesia<\/i> en Jes&uacute;s, &uacute;nico Salvador del mundo; en Cristo, el Hijo del Dios vivo, muerto y resucitado por nosotros y por la humanidad entera. <\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp;<\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE SAN PEDRO Y SAN PABLOHOMIL&Iacute;A DEL PAPA JUAN PABLO IIJueves 29 de junio de 2000 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Y vosotros, &iquest;qui&eacute;n dec&iacute;s que soy yo?&quot; (Mt 16, 15). Jes&uacute;s formula esta pregunta sobre su identidad a los disc&iacute;pulos mientras se encuentra con ellos en la alta Galilea. 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