{"id":40369,"date":"2016-10-05T23:42:42","date_gmt":"2016-10-06T04:42:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-junio-de-2000-statio-orbis-clausura-del-xlvii-congreso-eucaristico-internacional\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:42","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:42","slug":"25-de-junio-de-2000-statio-orbis-clausura-del-xlvii-congreso-eucaristico-internacional","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-junio-de-2000-statio-orbis-clausura-del-xlvii-congreso-eucaristico-internacional\/","title":{"rendered":"25 de junio de 2000, Statio Orbis, Clausura del XLVII Congreso Eucar\u00edstico Internacional"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <b> &quot;<\/b><\/font><b>STATIO ORBIS&quot;. CLAUSURA<br \/>DEL XLVII CONGRESO EUCAR&Iacute;STICO INTERNACIONAL<\/b><br \/> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/> <\/font> <i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/>Domingo 25 de junio <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p>1.&nbsp;<i>&quot;Tomad, esto es mi cuerpo (&#8230;); esta es mi sangre&quot;<\/i> (<i>Mc<\/i> 14, 22-23).<\/p>\n<p> Las palabras que pronunci&oacute; Jes&uacute;s durante la &uacute;ltima Cena resuenan hoy en nuestra asamblea, mientras nos disponemos a clausurar el Congreso eucar&iacute;stico internacional. Resuenan con singular intensidad, <i>como una renovada consigna<\/i>:&nbsp; &quot;&iexcl;Tomad!&quot;.<\/p>\n<p> Cristo nos conf&iacute;a su Cuerpo entregado y su Sangre derramada. Nos los conf&iacute;a como hizo con los Ap&oacute;stoles en el Cen&aacute;culo, antes de su supremo sacrificio en el G&oacute;lgota. Pedro y los dem&aacute;s comensales acogieron estas palabras con asombro y profunda emoci&oacute;n. Pero &iquest;pod&iacute;an comprender entonces cu&aacute;n lejos los llevar&iacute;an?<\/p>\n<p> Se cumpl&iacute;a &nbsp;en &nbsp;aquel momento la promesa que &nbsp;Jes&uacute;s hab&iacute;a hecho en la sinagoga &nbsp;de Cafarna&uacute;m:&nbsp; &quot;Yo &nbsp;soy el pan de vida, (&#8230;) el pan que yo dar&eacute;, es mi carne, para la vida del mundo&quot; (<i>Jn<\/i>&nbsp;6, 48.&nbsp;51). La promesa se cumpl&iacute;a <i>en la v&iacute;spera de la pasi&oacute;n<\/i>, en la que Cristo se entregar&iacute;a a s&iacute; mismo por la salvaci&oacute;n de la humanidad.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;Esta es mi sangre, sangre de la alianza, derramada por muchos&quot; (<i>Mc<\/i> 14, 24).<br \/> En el Cen&aacute;culo Jes&uacute;s habla de <i>alianza<\/i>. Es un t&eacute;rmino que los Ap&oacute;stoles comprenden f&aacute;cilmente, porque pertenecen al pueblo con el que Yahveh, como nos narra la primera lectura, hab&iacute;a sellado la antigua alianza, durante el &eacute;xodo de Egipto (cf. <i>Ex<\/i> 19-24). Tienen muy presentes en su memoria el monte Sina&iacute; y Mois&eacute;s, que hab&iacute;a bajado de ese monte llevando la Ley divina grabada en dos tablas de piedra.<\/p>\n<p> No han olvidado que Mois&eacute;s, despu&eacute;s de haber tomado el &quot;libro de la alianza&quot;, lo hab&iacute;a le&iacute;do en voz alta y el pueblo hab&iacute;a aceptado, respondiendo:&nbsp; &quot;Obedeceremos y haremos todo cuanto ha dicho el Se&ntilde;or&quot; (<i>Ex<\/i> 24, 7). As&iacute;, se hab&iacute;a establecido un pacto entre Dios y su pueblo, sellado con la sangre de animales inmolados en sacrificio. Por eso Mois&eacute;s hab&iacute;a rociado al pueblo diciendo:&nbsp; &quot;Esta es la sangre de la alianza que el Se&ntilde;or ha hecho con vosotros, seg&uacute;n todas estas palabras&quot; (<i>Ex<\/i> 24, 8).<\/p>\n<p> As&iacute; pues, los Ap&oacute;stoles comprendieron bien la referencia a la antigua alianza. Pero <i>&iquest;qu&eacute; comprendieron de la nueva?<\/i> Seguramente muy poco. Deber&aacute; bajar el Esp&iacute;ritu Santo a abrirles la mente. S&oacute;lo entonces comprender&aacute;n el sentido pleno de las palabras de Jes&uacute;s. Comprender&aacute;n y se alegrar&aacute;n.<\/p>\n<p> Se percibe claramente un eco de esa alegr&iacute;a en las palabras de la carta a los Hebreos que acabamos de proclamar:&nbsp; &quot;Si la sangre de machos cabr&iacute;os y de toros y la ceniza de vaca santifica con su aspersi&oacute;n a los contaminados, en orden a la purificaci&oacute;n de la carne, &iexcl;cu&aacute;nto m&aacute;s la sangre de Cristo!&quot; (<i>Hb<\/i> 9, 13-14). Y el autor de la carta concluye:&nbsp; &quot;Por eso Cristo es mediador de una nueva alianza; para que (&#8230;) los que han sido llamados reciban la herencia eterna prometida&quot; (<i>Hb<\/i> 9, 15).<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;Este es el c&aacute;liz de mi sangre&quot;. La tarde del Jueves santo, los Ap&oacute;stoles llegaron hasta <i>el umbral del gran misterio<\/i>. Cuando, terminada la cena, salieron con &eacute;l hacia el huerto de los Olivos, no pod&iacute;an saber a&uacute;n que las palabras que hab&iacute;a pronunciado sobre el pan y el c&aacute;liz se cumplir&iacute;an dram&aacute;ticamente al d&iacute;a siguiente, en la hora de la cruz. Quiz&aacute; ni siquiera en el d&iacute;a tremendo y glorioso que la Iglesia llama <i>feria sexta in parasceve<\/i> -el Viernes santo-, se dieron cuenta de que lo que Jes&uacute;s les hab&iacute;a transmitido bajo las especies del pan y del vino <i>conten&iacute;a la realidad pascual<\/i>.<\/p>\n<p> En el evangelio de san Lucas hay un pasaje iluminador. Hablando de los dos disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s, el evangelista describe su desilusi&oacute;n:&nbsp; &quot;Nosotros esper&aacute;bamos que ser&iacute;a &eacute;l el que iba a librar a Israel&quot; (<i>Lc<\/i> 24, 21). Este debi&oacute; de ser tambi&eacute;n el sentimiento de los dem&aacute;s disc&iacute;pulos, antes de su encuentro con Cristo resucitado. S&oacute;lo despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n comenzaron a comprender que <i>en la pascua de Cristo se hab&iacute;a realizado la redenci&oacute;n del hombre<\/i>. El Esp&iacute;ritu Santo los guiar&iacute;a luego a la verdad completa, revel&aacute;ndoles que el Crucificado hab&iacute;a entregado su cuerpo y hab&iacute;a derramado su sangre como sacrificio de expiaci&oacute;n por los pecados de los hombres, por los pecados de todo el mundo (cf. <i>1 Jn<\/i> 2, 2).<\/p>\n<p> Tambi&eacute;n el autor de la <i>carta a los Hebreos<\/i> nos ofrece una <i>clara s&iacute;ntesis del misterio<\/i>:&nbsp; &quot;Cristo (&#8230;) penetr&oacute; en el santuario una vez para siempre, no con sangre de machos cabr&iacute;os ni de novillos, sino con su propia sangre, <i>consiguiendo una redenci&oacute;n eterna<\/i>&quot; (<i>Hb<\/i> 9, 11-12).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Hoy reafirmamos esta verdad en la <i>Statio orbis<\/i> de este Congreso eucar&iacute;stico internacional, mientras, obedeciendo al mandato de Cristo, volvemos a hacer &quot;en conmemoraci&oacute;n suya&quot; cuanto &eacute;l realiz&oacute; en el Cen&aacute;culo la v&iacute;spera de su pasi&oacute;n.<\/p>\n<p> &quot;Tomad, esto es mi cuerpo. (&#8230;) Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos&quot; (<i>Mc<\/i> 14, 22.&nbsp;24). Desde esta plaza queremos <i>repetir a los hombres y a las mujeres del tercer milenio este anuncio extraordinario:&nbsp; <\/i>el Hijo de Dios se hizo hombre por nosotros y se entreg&oacute; en sacrificio por nuestra salvaci&oacute;n. Nos da su cuerpo y su sangre como alimento para una vida nueva, una vida divina, ya no sometida a la muerte.<\/p>\n<p> Con emoci&oacute;n recibamos nuevamente este don de manos de Cristo, para que, por medio de nosotros, llegue a todas las familias y a todas las ciudades, a los lugares del dolor y a los centros de la esperanza de nuestro tiempo. La Eucarist&iacute;a es don infinito de amor:&nbsp; bajo los signos del pan y del vino reconocemos y adoramos el sacrificio &uacute;nico y perfecto de Cristo, ofrecido por nuestra salvaci&oacute;n y por la de toda la humanidad. La Eucarist&iacute;a es realmente &quot;el misterio que resume todas las maravillas que Dios realiz&oacute; por nuestra salvaci&oacute;n&quot; (cf. santo Tom&aacute;s de Aquino, <i>De&nbsp;sacr. Euch.<\/i>, cap. I).<\/p>\n<p> En el Cen&aacute;culo <i>&nbsp;naci&oacute; &nbsp;y &nbsp;renace continuamente la fe eucar&iacute;stica de la Iglesia<\/i>. Al &nbsp;terminar el Congreso eucar&iacute;stico, queremos <i>volver<\/i> <i>espiritualmente a los or&iacute;genes, a la hora &nbsp;del Cen&aacute;culo y del G&oacute;lgota<\/i>, para dar gracias por el don de la Eucarist&iacute;a, don inestimable que Cristo nos ha dejado, don del que vive la Iglesia.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Dentro de poco concluir&aacute; nuestra asamblea lit&uacute;rgica, enriquecida con la presencia de fieles procedentes de todo el mundo, y que es m&aacute;s sugestiva a&uacute;n gracias a este extraordinario adorno floral. A todos os saludo con afecto y os doy las gracias de coraz&oacute;n.<\/p>\n<p> Salgamos de este encuentro fortalecidos en nuestro compromiso apost&oacute;lico y misionero. Que la participaci&oacute;n en la Eucarist&iacute;a os lleve a ser pacientes en la prueba a vosotros, <i>enfermos<\/i>; fieles en el amor a vosotros, <i>esposos<\/i>; perseverantes en los santos prop&oacute;sitos a vosotros, <i>consagrados<\/i>; fuertes y generosos a vosotros, queridos <i>ni&ntilde;os<\/i> de primera comuni&oacute;n, y, sobre todo, a vosotros, queridos <i>j&oacute;venes<\/i>, que os dispon&eacute;is a asumir personalmente la responsabilidad del futuro. Desde esta <i>Statio orbis <\/i>mi pensamiento va ahora a la solemne celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica con la que se concluir&aacute; la <i>Jornada mundial de la juventud<\/i>. A vosotros, j&oacute;venes de Roma, de Italia y del mundo, os digo:&nbsp; preparaos esmeradamente para ese encuentro internacional de la juventud, en el que se os llamar&aacute; a confrontaros con los desaf&iacute;os del nuevo milenio.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;Y t&uacute;, Cristo, nuestro Se&ntilde;or, que &quot;con este sacramento alimentas y santificas a tus fieles, para que una misma fe ilumine y un mismo amor congregue a todos los hombres que habitan un mismo mundo&quot; (<i>Prefacio II de la Sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a<\/i>), haz que tu Iglesia, que celebra el &nbsp;misterio de tu presencia salvadora, sea cada vez m&aacute;s firme y compacta.<\/p>\n<p> Infunde tu Esp&iacute;ritu en cuantos se acercan a la sagrada mesa, y dales mayor audacia para testimoniar el mandamiento de tu amor, a fin de que el mundo crea en ti, que un d&iacute;a dijiste:&nbsp; &quot;Yo soy el pan &nbsp;vivo, bajado &nbsp;del &nbsp;cielo. Si uno come de este pan, vivir&aacute; para siempre&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 51).<br \/> T&uacute;, Se&ntilde;or Jesucristo, Hijo de la Virgen Mar&iacute;a, eres el &uacute;nico Salvador del hombre, &quot;ayer, hoy y siempre&quot;. <\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp; <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&quot;STATIO ORBIS&quot;. CLAUSURADEL XLVII CONGRESO EUCAR&Iacute;STICO INTERNACIONAL HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II Domingo 25 de junio 1.&nbsp;&quot;Tomad, esto es mi cuerpo (&#8230;); esta es mi sangre&quot; (Mc 14, 22-23). Las palabras que pronunci&oacute; Jes&uacute;s durante la &uacute;ltima Cena resuenan hoy en nuestra asamblea, mientras nos disponemos a clausurar el Congreso eucar&iacute;stico internacional. 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