{"id":40370,"date":"2016-10-05T23:42:44","date_gmt":"2016-10-06T04:42:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-junio-de-2000-corpus-christi\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:44","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:44","slug":"22-de-junio-de-2000-corpus-christi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-junio-de-2000-corpus-christi\/","title":{"rendered":"22 de junio de 2000, Corpus Christi"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\"><b>SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI<\/b><\/font><i><font color=\"#663300\"><b><br \/><\/b><\/font><br \/> <\/i><\/font> <b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/>Jueves 22 de junio <\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"justify\">\n<p>1.&nbsp;La <i>instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a<\/i>, el <i>sacrificio de Melquisedec<\/i> y la <i>multiplicaci&oacute;n de los panes<\/i> es el sugestivo tr&iacute;ptico que nos presenta la liturgia de la Palabra en esta solemnidad del <i>Corpus Christi<\/i>.<\/p>\n<p> En el centro, la <i>instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a<\/i>. San Pablo, en el pasaje de la primera carta a los Corintios, que acabamos de escuchar, ha recordado con palabras precisas ese acontecimiento, a&ntilde;adiendo:&nbsp; &quot;Cada vez que com&eacute;is de este pan y beb&eacute;is del c&aacute;liz, proclam&aacute;is la muerte del Se&ntilde;or, hasta que vuelva&quot; (<i>1&nbsp;Co<\/i> 11, 26). &quot;Cada vez&quot;, por tanto tambi&eacute;n esta tarde, en el coraz&oacute;n del Congreso eucar&iacute;stico internacional, al celebrar la Eucarist&iacute;a, anunciamos la muerte redentora de Cristo y reavivamos en nuestro coraz&oacute;n la esperanza de nuestro encuentro definitivo con &eacute;l.<br \/> Conscientes de ello, despu&eacute;s de la consagraci&oacute;n, respondiendo a la invitaci&oacute;n del Ap&oacute;stol, aclamaremos:&nbsp; &quot;Anunciamos tu muerte. Proclamamos tu resurrecci&oacute;n. &iexcl;Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&quot;.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Nuestra mirada se ensancha hacia los otros elementos del tr&iacute;ptico b&iacute;blico, que la liturgia presenta hoy a nuestra meditaci&oacute;n:&nbsp; el <i>sacrificio de Melquisedec<\/i> y la <i>multiplicaci&oacute;n de los panes<\/i>.<br \/> La primera narraci&oacute;n, muy breve pero de gran relieve, est&aacute; tomada del libro del <i>G&eacute;nesis<\/i>, y ha sido proclamada en la primera lectura. Nos habla de Melquisedec, &quot;rey de Salem&quot; y &quot;sacerdote del Dios alt&iacute;simo&quot;, que bendijo a Abraham y &quot;ofreci&oacute; pan y vino&quot; (<i>Gn<\/i> 14, 18). A este pasaje se refiere el <i>Salmo<\/i> 109, que atribuye al Rey Mes&iacute;as un car&aacute;cter sacerdotal singular, por consagraci&oacute;n directa de Dios:&nbsp; &quot;T&uacute; eres sacerdote eterno, seg&uacute;n el rito de Melquisedec&quot; (<i>Sal<\/i> 109, 4).<\/p>\n<p> La v&iacute;spera de su muerte en la cruz, Cristo instituy&oacute; en el Cen&aacute;culo la Eucarist&iacute;a. Tambi&eacute;n &eacute;l ofreci&oacute; pan y vino, que &quot;en sus santas y venerables manos&quot; (<i>Canon romano<\/i>) se convirtieron en su Cuerpo y su Sangre, ofrecidos en sacrificio. As&iacute; cumpl&iacute;a la profec&iacute;a de la antigua Alianza, vinculada a la ofrenda del sacrificio de Melquisedec. Precisamente por ello, -recuerda la <i>carta a los Hebreos<\/i>&#8211; &quot;&eacute;l (&#8230;) se convirti&oacute; en causa de salvaci&oacute;n eterna para todos los que le obedecen, proclamado por Dios sumo sacerdote <i>a semejanza de Melquisedec<\/i>&quot; (<i>Hb<\/i> 5, 7-10).<\/p>\n<p> En el Cen&aacute;culo se anticipa el sacrificio del G&oacute;lgota:&nbsp; la muerte en la cruz del Verbo encarnado, Cordero inmolado por nosotros, Cordero que quita el pecado del mundo. Con su dolor, Cristo redime el dolor de todo hombre; con su pasi&oacute;n, el sufrimiento humano adquiere nuevo valor; con su muerte, nuestra muerte queda derrotada para siempre.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Fijemos ahora la mirada en el relato evang&eacute;lico de la <i>multiplicaci&oacute;n de los panes<\/i>, que completa el tr&iacute;ptico eucar&iacute;stico propuesto hoy a nuestra atenci&oacute;n. En el contexto lit&uacute;rgico del <i>Corpus Christi, <\/i>esta per&iacute;copa del evangelista san Lucas nos ayuda a comprender mejor el don y el misterio de la Eucarist&iacute;a.<\/p>\n<p> Jes&uacute;s tom&oacute; cinco panes y dos peces, levant&oacute; los ojos al cielo, los bendijo, los parti&oacute;, y los dio a los Ap&oacute;stoles para que los fueran distribuyendo a la gente (cf. <i>Lc<\/i> 9, 16). Como observa san Lucas, todos comieron hasta saciarse e incluso se llenaron doce canastos con los trozos que hab&iacute;an sobrado (cf. <i>Lc<\/i> 9, 17).<\/p>\n<p> Se trata de un prodigio sorprendente, que constituye <i>el comienzo de un largo proceso hist&oacute;rico<\/i>:&nbsp; la multiplicaci&oacute;n incesante en la Iglesia del Pan de vida nueva para los hombres de todas las razas y culturas. Este ministerio sacramental se conf&iacute;a a los Ap&oacute;stoles y a sus sucesores. Y ellos, fieles a la consigna del divino Maestro, no dejan de partir y distribuir el Pan eucar&iacute;stico de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n.<\/p>\n<p> El pueblo de Dios lo recibe con devota participaci&oacute;n. Con este Pan de vida, medicina de inmortalidad, se han alimentado innumerables santos y m&aacute;rtires, obteniendo la fuerza para soportar incluso duras y prolongadas tribulaciones. Han cre&iacute;do en las palabras que Jes&uacute;s pronunci&oacute; un d&iacute;a en Cafarna&uacute;m:&nbsp; &quot;Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivir&aacute; para siempre&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 51).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;<i>&quot;Yo soy el &nbsp;pan &nbsp;vivo, bajado del cielo&quot;<\/i>.<br \/> Despu&eacute;s de haber contemplado el extraordinario &quot;tr&iacute;ptico&quot; eucar&iacute;stico, constituido por las lecturas de la liturgia de hoy, fijemos ahora la mirada del esp&iacute;ritu directamente en el misterio. Jes&uacute;s se define &quot;el Pan de vida&quot;, y a&ntilde;ade:&nbsp; &quot;El pan que yo dar&eacute;, es mi carne para la vida del mundo&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 51).<br \/> &iexcl;Misterio de nuestra salvaci&oacute;n! Cristo, <i>&uacute;nico Se&ntilde;or ayer, hoy y siempre, <\/i>quiso unir su presencia salv&iacute;fica en el mundo y en la historia al <i>sacramento de la Eucarist&iacute;a<\/i>. Quiso convertirse en pan partido, para que todos los hombres pudieran alimentarse con su misma vida, mediante la participaci&oacute;n en el sacramento de su Cuerpo y de su Sangre.<\/p>\n<p> Como los disc&iacute;pulos, que escucharon con asombro su discurso en Cafarna&uacute;m, tambi&eacute;n nosotros experimentamos que este lenguaje no es f&aacute;cil de entender (cf.<i>&nbsp;Jn<\/i> 6, 60). A veces podr&iacute;amos sentir la tentaci&oacute;n de darle una interpretaci&oacute;n restrictiva. Pero esto podr&iacute;a alejarnos de Cristo, como sucedi&oacute; con aquellos disc&iacute;pulos que &quot;desde entonces ya no andaban con &eacute;l&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 66).<\/p>\n<p> Nosotros queremos permanecer con Cristo, y por eso le decimos con Pedro:&nbsp; &quot;Se&ntilde;or, &iquest;a qui&eacute;n iremos? T&uacute; tienes palabras de vida eterna&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 68). Con la misma convicci&oacute;n de Pedro, nos arrodillamos hoy ante el Sacramento del altar y renovamos nuestra profesi&oacute;n de fe en la presencia real de Cristo.<\/p>\n<p> Este es el significado de la celebraci&oacute;n de hoy, que el Congreso eucar&iacute;stico internacional, en el a&ntilde;o del gran jubileo, subraya con fuerza particular. Y este es tambi&eacute;n el sentido de la solemne procesi&oacute;n que, como cada a&ntilde;o, dentro de poco se desarrollar&aacute; desde esta plaza hasta la bas&iacute;lica de Santa Mar&iacute;a la Mayor.<\/p>\n<p> Con leg&iacute;timo orgullo escoltaremos al Sacramento eucar&iacute;stico a lo largo de las calles de la ciudad, junto a los edificios donde la gente vive, goza y sufre; en medio de los negocios y las oficinas donde se realiza su actividad diaria. Lo llevaremos unido a nuestra vida asechada por un sinf&iacute;n de peligros, oprimida por las preocupaciones y las penas, y sujeta al lento pero inexorable desgaste del tiempo.<\/p>\n<p> Lo escoltaremos, elevando hacia &eacute;l el homenaje de nuestros cantos y de nuestras s&uacute;plicas:&nbsp; &quot;Bone Pastor, panis vere (&#8230;) Buen Pastor, verdadero pan -le diremos con confianza-. Oh Jes&uacute;s, ten piedad de nosotros, alim&eacute;ntanos y defi&eacute;ndenos, ll&eacute;vanos a los bienes eternos.<br \/> &quot;T&uacute; que todo lo sabes y todo lo puedes, que nos alimentas en la tierra, gu&iacute;a a tus hermanos a la mesa del cielo, en la gloria de tus santos&quot;. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp; <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DEL CORPUS CHRISTI HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II Jueves 22 de junio 1.&nbsp;La instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, el sacrificio de Melquisedec y la multiplicaci&oacute;n de los panes es el sugestivo tr&iacute;ptico que nos presenta la liturgia de la Palabra en esta solemnidad del Corpus Christi. En el centro, la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a. 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