{"id":40372,"date":"2016-10-05T23:42:46","date_gmt":"2016-10-06T04:42:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-junio-de-2000-vigilia-de-pentecostes\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:46","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:46","slug":"10-de-junio-de-2000-vigilia-de-pentecostes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-junio-de-2000-vigilia-de-pentecostes\/","title":{"rendered":"10 de junio de 2000, Vigilia de Pentecost\u00e9s"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <b><font color=\"#663300\">VIGILIA DE PENTECOST&Eacute;S<br \/><\/font><\/b><br \/> <\/font> <i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/>S&aacute;bado 10 de junio <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">1.&nbsp;<i>&quot;Cuando venga el Consolador, que os enviar&eacute; desde el Padre, el Esp&iacute;ritu de la verdad, que procede del Padre, &eacute;l dar&aacute; testimonio de m&iacute;&quot;<\/i> (<i>Jn<\/i> 15, 26).<\/p>\n<p> Estas son las palabras que el evangelista san Juan recogi&oacute; de los labios de Cristo en el Cen&aacute;culo, durante la &uacute;ltima Cena, en la v&iacute;spera de la pasi&oacute;n. Resuenan con singular intensidad para nosotros hoy, solemnidad de Pentecost&eacute;s de este A&ntilde;o jubilar, cuyo contenido m&aacute;s profundo nos revelan.<br \/> Para captar este mensaje esencial es preciso <i>permanecer en el Cen&aacute;culo<\/i>, como los disc&iacute;pulos.<br \/>Por eso la Iglesia, tambi&eacute;n gracias a una oportuna selecci&oacute;n de los textos lit&uacute;rgicos, <i>ha permanecido en el Cen&aacute;culo<\/i> durante el tiempo de Pascua. Y esta tarde, la plaza de San Pedro se ha transformado en un gran Cen&aacute;culo, en el que nuestra comunidad se ha reunido para invocar y acoger el don del Esp&iacute;ritu Santo<br \/>.<br \/> La primera lectura, tomada del libro de los <i>Hechos de los Ap&oacute;stoles<\/i>, nos ha recordado lo que sucedi&oacute; en Jerusal&eacute;n cincuenta d&iacute;as despu&eacute;s de la Pascua. Antes de subir al cielo, Cristo hab&iacute;a encomendado a los Ap&oacute;stoles una gran tarea:&nbsp; &quot;Id (&#8230;) y haced disc&iacute;pulos a todas las gentes, bautiz&aacute;ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, y ense&ntilde;&aacute;ndoles a guardar todo lo que yo os he mandado&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 19-20). Tambi&eacute;n les hab&iacute;a prometido que, despu&eacute;s de su marcha, recibir&iacute;an &quot;otro Consolador&quot;, que les ense&ntilde;ar&iacute;a todo (cf.<i>&nbsp;Jn<\/i> 14, 16.&nbsp;26).<\/p>\n<p> Esta promesa se cumpli&oacute; precisamente el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s:&nbsp; el Esp&iacute;ritu, bajando sobre los Ap&oacute;stoles, les dio la luz y la fuerza necesarias para hacer disc&iacute;pulos a todas las gentes, anunci&aacute;ndoles el evangelio de Cristo. De este modo, <i>en la fecunda tensi&oacute;n entre Cen&aacute;culo y mundo<\/i>, entre oraci&oacute;n y anuncio, naci&oacute; y vive la Iglesia.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Cuando el Se&ntilde;or Jes&uacute;s prometi&oacute; el Esp&iacute;ritu Santo, habl&oacute; de &eacute;l como el <i>Consolador<\/i>, el <i>Par&aacute;clito<\/i>, que enviar&iacute;a desde el Padre (cf. <i>Jn<\/i> 15, 26). Se refiri&oacute; a &eacute;l como el &quot;Esp&iacute;ritu de la verdad&quot;, que guiar&iacute;a a la Iglesia hacia la verdad completa (cf. <i>Jn<\/i> 16, 13). Y precis&oacute; que el Esp&iacute;ritu Santo dar&iacute;a testimonio de &eacute;l (cf. <i>Jn<\/i> 15, 26). Pero en seguida a&ntilde;adi&oacute;:&nbsp; &quot;Y tambi&eacute;n vosotros dar&eacute;is testimonio, porque desde el principio est&aacute;is conmigo&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 27). En el momento en que el Esp&iacute;ritu desciende en Pentecost&eacute;s sobre la comunidad reunida en el Cen&aacute;culo, comienza este <i>doble testimonio<\/i>:&nbsp; el del Esp&iacute;ritu Santo y el de los Ap&oacute;stoles.<\/p>\n<p> El testimonio del Esp&iacute;ritu es <i>divino<\/i> en s&iacute; mismo:&nbsp; proviene <i>de la profundidad del misterio trinitario<\/i>. El testimonio de los Ap&oacute;stoles es <i>humano<\/i>:&nbsp; transmite, a la luz de la revelaci&oacute;n, su <i>experiencia de vida junto a Jes&uacute;s<\/i>. Poniendo los fundamentos de la Iglesia, <i>Cristo atribuye gran importancia al testimonio humano de los Ap&oacute;stoles<\/i>. Quiere que la Iglesia viva de la <i>verdad hist&oacute;rica de su Encarnaci&oacute;n<\/i>, para que, por obra de los testigos, en ella est&eacute; siempre viva y operante la memoria de su muerte en la cruz y de su resurrecci&oacute;n.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;Tambi&eacute;n vosotros dar&eacute;is testimonio&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 27). La Iglesia, animada por el don del Esp&iacute;ritu, siempre ha sentido vivamente este compromiso y ha proclamado fielmente el mensaje evang&eacute;lico en todo tiempo y en todos los lugares. Lo ha hecho respetando la dignidad de los pueblos, su cultura y sus tradiciones, pues sabe bien que el mensaje divino que se le ha confiado no se opone a las aspiraciones m&aacute;s profundas del hombre; antes bien, ha sido revelado por Dios para colmar, por encima de cualquier expectativa, el hambre y la sed del coraz&oacute;n humano. Precisamente por eso, el Evangelio no debe ser <i>impuesto<\/i>, sino <i>propuesto<\/i>, porque s&oacute;lo puede desarrollar su eficacia si es aceptado libremente y abrazado con amor.<\/p>\n<p> Lo mismo que sucedi&oacute; en Jerusal&eacute;n con ocasi&oacute;n del primer Pentecost&eacute;s, acontece en todas las &eacute;pocas:&nbsp; los testigos de Cristo, llenos del Esp&iacute;ritu Santo, se han sentido impulsados a ir al encuentro de los dem&aacute;s para expresarles en las diversas lenguas las maravillas realizadas por Dios. Eso sigue sucediendo tambi&eacute;n en nuestra &eacute;poca. Quiere subrayarlo la <i>actual jornada jubilar<\/i>, dedicada a la &quot;reflexi&oacute;n sobre los deberes de los cat&oacute;licos hacia los dem&aacute;s hombres:&nbsp; anuncio de Cristo, testimonio y di&aacute;logo&quot;.<\/p>\n<p> La reflexi&oacute;n que se nos invita a hacer no puede menos de considerar, ante todo, <i>la obra que el Esp&iacute;ritu Santo realiza en las personas y en las comunidades<\/i>. El Esp&iacute;ritu Santo esparce las &quot;semillas del Verbo&quot; en las diferentes tradiciones y culturas, disponiendo a las poblaciones de las regiones m&aacute;s diversas a acoger el anuncio evang&eacute;lico. Esta certeza debe suscitar en los disc&iacute;pulos de Cristo una actitud de apertura y de di&aacute;logo con quienes tienen convicciones religiosas diversas. En efecto, es necesario ponerse a la escucha de cuanto el Esp&iacute;ritu puede sugerir tambi&eacute;n a los &quot;dem&aacute;s&quot;. Son capaces de ofrecer sugerencias &uacute;tiles para llegar a una comprensi&oacute;n m&aacute;s profunda de lo que el cristiano ya posee en el &quot;dep&oacute;sito revelado&quot;. As&iacute;, el di&aacute;logo podr&aacute; abrirle el camino para un anuncio m&aacute;s adecuado a las condiciones personales del oyente.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;De todas formas, lo que sigue siendo decisivo para la eficacia del anuncio es <i>el testimonio vivido<\/i>. S&oacute;lo el creyente que vive lo que profesa con los labios, tiene esperanzas de ser escuchado. Adem&aacute;s, hay que tener en cuenta que, a veces, las circunstancias no permiten el anuncio expl&iacute;cito de Jesucristo como Se&ntilde;or y Salvador de todos. En este caso, el testimonio de una vida respetuosa, casta, desprendida de las riquezas y libre frente a los poderes de este mundo, en una palabra, el testimonio de la santidad, aunque se d&eacute; en silencio, puede manifestar toda su fuerza de convicci&oacute;n.<br \/> Es evidente, asimismo, que la firmeza en ser testigos de Cristo con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo no impide colaborar <i>en el servicio al hombre<\/i> con los seguidores de las dem&aacute;s religiones. Al contrario, nos impulsa a trabajar junto con ellos por el bien de la sociedad y la paz del mundo.<br \/> En el alba del tercer milenio, los disc&iacute;pulos de Cristo son plenamente conscientes de que este mundo se presenta como &quot;un mapa de varias religiones&quot; (<i>Redemptor hominis<\/i>, 11). Si los hijos de la Iglesia permanecen abiertos a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, &eacute;l les ayudar&aacute; a comunicar, respetando las convicciones religiosas de los dem&aacute;s, <i>el mensaje salv&iacute;fico &uacute;nico y universal de Cristo<\/i>.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;&quot;&Eacute;l dar&aacute; testimonio de m&iacute;; y tambi&eacute;n &nbsp;vosotros &nbsp;dar&eacute;is &nbsp;testimonio, porque desde el principio est&aacute;is conmigo&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 26-27). Estas palabras encierran toda la l&oacute;gica de la Revelaci&oacute;n y de la fe, de la que vive la Iglesia:&nbsp; el testimonio del Esp&iacute;ritu Santo, que brota de la profundidad del misterio trinitario de Dios, y el testimonio humano de los Ap&oacute;stoles, vinculado a su experiencia hist&oacute;rica de Cristo. <i>Uno y otro son necesarios.<\/i> M&aacute;s a&uacute;n, si lo analizamos bien, se trata de <i>un &uacute;nico testimonio<\/i>:&nbsp; el Esp&iacute;ritu sigue hablando a los hombres de hoy con la lengua y con la vida de los actuales disc&iacute;pulos de Cristo.<\/p>\n<p> En el d&iacute;a en que celebramos el memorial del nacimiento de la Iglesia, queremos elevar una <i>ferviente acci&oacute;n de gracias a Dios<\/i> por este testimonio <i>doble<\/i> y, en definitiva, <i>&uacute;nico<\/i>, que abraza a la gran familia de la Iglesia desde el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s. Queremos darle gracias por el testimonio de la primera comunidad de Jerusal&eacute;n, que, a trav&eacute;s de las generaciones de los m&aacute;rtires y de los confesores, ha llegado a ser a lo largo de los siglos la herencia de innumerables hombres y mujeres de todo el mundo.<\/p>\n<p> La Iglesia, animada por la memoria del primer Pentecost&eacute;s, reaviva hoy la esperanza de una renovada efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu &nbsp;Santo. Asidua &nbsp;y concorde en la oraci&oacute;n con Mar&iacute;a, la Madre de Jes&uacute;s, no deja de invocar:&nbsp; &quot;Env&iacute;a tu Esp&iacute;ritu, Se&ntilde;or, y renueva la faz de la tierra&quot; (<i>Sal<\/i> 103, 30).<\/p>\n<p> <i>Veni, Sancte Spiritus<\/i>:&nbsp; Ven, Esp&iacute;ritu Santo, enciende en los corazones de tus fieles la llama de tu amor.<\/p>\n<p> <i>Sancte Spiritus, veni!<br \/><\/i> <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIGILIA DE PENTECOST&Eacute;S HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II S&aacute;bado 10 de junio &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Cuando venga el Consolador, que os enviar&eacute; desde el Padre, el Esp&iacute;ritu de la verdad, que procede del Padre, &eacute;l dar&aacute; testimonio de m&iacute;&quot; (Jn 15, 26). 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