{"id":40373,"date":"2016-10-05T23:42:48","date_gmt":"2016-10-06T04:42:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-junio-de-2000-jubileo-de-los-emigrantes-e-itinerantes\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:48","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:48","slug":"2-de-junio-de-2000-jubileo-de-los-emigrantes-e-itinerantes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-junio-de-2000-jubileo-de-los-emigrantes-e-itinerantes\/","title":{"rendered":"2 de junio de 2000, Jubileo de los emigrantes e itinerantes"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><span lang=\"IT\" style=\"mso-ansi-language:IT\"><font face=\"Times\" size=\"3\" color=\"#663300\"> JUBILEO DE LOS EMIGRANTES E ITINERANTES <\/font> <\/span> <font face=\"Times\" size=\"3\"> &nbsp; <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <span lang=\"IT\" style=\"mso-ansi-language:IT\"><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b><\/i> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/><i>Viernes 2 de junio de 2000 <\/i><\/font><\/span><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"><i> <\/i><\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"><i> <\/i> <\/font> <\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\" style=\"text-align:center\"><b><span lang=\"IT\" style=\"mso-ansi-language:IT\"><\/span><\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"justify\"><span lang=\"IT\" style=\"mso-ansi-language:IT\">1.&nbsp;<i>&quot;Permaneced en el amor fraterno. No os olvid&eacute;is de la hospitalidad&quot; <\/i>(<i>Hb<\/i> 13, 1-2).<\/p>\n<p> El pasaje de la <i>carta a los Hebreos<\/i> que acabamos de escuchar relaciona la exhortaci&oacute;n a acoger al hu&eacute;sped, al peregrino y al forastero con el mandamiento del amor, s&iacute;ntesis de la nueva ley de Cristo. &quot;No os olvid&eacute;is de la hospitalidad&quot;. Este mensaje resuena de modo particular hoy, amad&iacute;simos emigrantes e itinerantes, mientras celebramos este jubileo especial.<\/p>\n<p> Os saludo con gran afecto, y os agradezco el haber respondido en gran n&uacute;mero a mi invitaci&oacute;n y a la del Consejo pontificio para la pastoral de los emigrantes e itinerantes. Saludo, de modo especial, a monse&ntilde;or Stephen Fumio Hamao, presidente de vuestro Consejo pontificio, y le agradezco las palabras que me ha dirigido en vuestro nombre al comienzo de la celebraci&oacute;n. Saludo, asimismo,&nbsp;al secretario, monse&ntilde;or Gioia, al subsecretario, a los colaboradores y a cuantos han contribuido a la realizaci&oacute;n de esta importante manifestaci&oacute;n espiritual.<\/p>\n<p> Entre vosotros se encuentran <i>emigrantes<\/i> de diversos pa&iacute;ses; <i>refugiados<\/i>, que han huido de situaciones de violencia y piden que se les reconozcan sus derechos fundamentales; <i>alumnos extranjeros<\/i> deseosos de perfeccionar su formaci&oacute;n cient&iacute;fica y tecnol&oacute;gica; <i>gente del mar y del aire<\/i>, que trabaja al servicio de los que viajan en barcos o en aviones; <i>turistas<\/i> interesados en conocer ambientes, costumbres y tradiciones diversos; <i>n&oacute;madas<\/i>, que desde hace siglos recorren los caminos del mundo; <i>artistas de circo<\/i>, que llevan a las plazas atracciones y sana diversi&oacute;n. A todos y a cada uno, mi abrazo m&aacute;s cordial.<\/p>\n<p> Vuestra presencia nos recuerda que el mismo Hijo de Dios, al venir a habitar en medio de nosotros (cf. <i>Jn<\/i> 1, 14), <i>se convirti&oacute; en emigrante:&nbsp; <\/i>se hizo peregrino en el mundo y en la historia.<br \/> 2.&nbsp;&quot;Venid, benditos de mi Padre. (&#8230;) Porque (&#8230;) era forastero, y me acogisteis&quot; (<i>Mt<\/i> 25, 34-35).<br \/> Jes&uacute;s afirma que s&oacute;lo se entra en el reino de Dios practicando el mandamiento del amor. Por tanto, no se entra en &eacute;l en virtud de privilegios raciales, culturales y ni siquiera religiosos, sino por haber cumplido la voluntad del Padre que est&aacute; en los cielos (cf. <i>Mt<\/i> 7, 21).<\/p>\n<p> Amad&iacute;simos emigrantes e itinerantes, vuestro jubileo expresa con singular elocuencia el lugar central que debe ocupar en la Iglesia la caridad de la acogida. Al asumir la condici&oacute;n humana e hist&oacute;rica, Cristo se ha unido, en cierto modo, a todo hombre. Nos ha acogido a cada uno de nosotros y, con el mandamiento del amor, nos ha pedido que imitemos su ejemplo, es decir, que <i>nos acojamos los unos a los otros como &eacute;l nos ha acogido <\/i>(cf. <i>Rm<\/i> 15, 7).<\/p>\n<p> Desde el momento en que el Hijo de Dios &quot;puso su morada entre nosotros&quot;, todo hombre, en cierta medida, se ha transformado en el &quot;lugar&quot; del encuentro con &eacute;l. Acoger a Cristo en el hermano y en la hermana que sufren necesidad es la condici&oacute;n para poder encontrarse con &eacute;l &quot;cara a cara&quot; y de modo perfecto al final de la peregrinaci&oacute;n terrena.<\/p>\n<p> Por consiguiente, es siempre actual la exhortaci&oacute;n del autor de la <i>carta a los Hebreos<\/i>:&nbsp; &quot;No os olvid&eacute;is de la hospitalidad; gracias a ella hospedaron algunos, sin saberlo, a &aacute;ngeles&quot; (<i>Hb<\/i> 13, 2).<br \/> 3.&nbsp;Hago m&iacute;as, hoy, las palabras de mi venerado predecesor el siervo de Dios Pablo VI, quien, en la homil&iacute;a de clausura del concilio ecum&eacute;nico Vaticano II, afirm&oacute;:&nbsp; &quot;Para &nbsp;la Iglesia cat&oacute;lica nadie es extra&ntilde;o, nadie est&aacute; excluido, nadie est&aacute; lejos&quot; (<i>AAS<\/i> 58 [1966] 51-59). En la Iglesia, como &nbsp;escribi&oacute; &nbsp;desde &nbsp;el &nbsp;inicio el Ap&oacute;stol de las gentes, no hay extranjeros &nbsp;ni &nbsp;hu&eacute;spedes, sino &nbsp;conciudadanos de los santos y familiares de Dios (cf. <i>Ef<\/i> 2, 19).<\/p>\n<p> Por desgracia, se dan a&uacute;n en el mundo actitudes de aislamiento, e incluso de rechazo, por miedos injustificados y por buscar &uacute;nicamente los propios intereses. Se trata de discriminaciones incompatibles con la pertenencia a Cristo y a la Iglesia. M&aacute;s a&uacute;n, la comunidad cristiana est&aacute; llamada a difundir en el mundo la levadura de la fraternidad, de la <i>convivencia entre personas diferentes,<\/i> que tambi&eacute;n hoy podemos experimentar durante este encuentro.<\/p>\n<p> Ciertamente, en una sociedad como la nuestra, compleja y marcada por m&uacute;ltiples tensiones, <i>la cultura de la acogida se debe conjugar con leyes y normas prudentes y clarividentes<\/i>, que permitan valorar los aspectos positivos de la movilidad humana, previniendo sus posibles manifestaciones negativas. Esto har&aacute; que efectivamente se respete y acoja a todas las personas.<br \/> Con mayor raz&oacute;n en la &eacute;poca de la globalizaci&oacute;n, la Iglesia tiene una propuesta precisa:&nbsp; trabajar para que nuestro mundo, del que se suele decir que es una &quot;aldea global&quot;, sea verdaderamente m&aacute;s unido, m&aacute;s solidario y m&aacute;s acogedor. Esta celebraci&oacute;n jubilar quiere difundir por doquier como mensaje que <i>el hombre y el respeto de sus derechos deben estar siempre en el centro de los fen&oacute;menos de movilidad<\/i>.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;La Iglesia, depositaria de un mensaje salv&iacute;fico universal, est&aacute; convencida de que su tarea primaria consiste en proclamar el Evangelio a todos los hombres y a todos los pueblos. Desde que Cristo resucitado envi&oacute; a los Ap&oacute;stoles a anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra, sus horizontes son los del mundo entero. Los primeros cristianos comenzaron a reconocerse y a vivir como hermanos, en cuanto hijos de Dios, en el escenario pluri&eacute;tnico, pluricultural y plurirreligioso del Mediterr&aacute;neo.<\/p>\n<p> Hoy no s&oacute;lo el Mediterr&aacute;neo, sino tambi&eacute;n todo el planeta se abre a las complejas din&aacute;micas de una fraternidad universal. Queridos hermanos, vuestra presencia aqu&iacute; en Roma subraya cu&aacute;n importante es que Cristo y su evangelio de esperanza iluminen constantemente este fen&oacute;meno de crecimiento humano. Desde esta perspectiva debemos seguir comprometi&eacute;ndonos, sostenidos por la gracia divina y la intercesi&oacute;n de los grandes <i>santos patronos de los emigrantes<\/i>:&nbsp; desde santa Francisca Javiera Cabrini hasta el beato Juan Bautista Scalabrini. Estos santos y beatos nos recuerdan cu&aacute;l es la vocaci&oacute;n del cristiano en medio de los hombres:&nbsp; caminar con ellos como hermano, compartiendo sus alegr&iacute;as y esperanzas, sus dificultades y sufrimientos. Como los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s, los creyentes, sostenidos por la presencia viva de Cristo resucitado, son, a su vez, compa&ntilde;eros de camino de sus hermanos que atraviesan dificultades, ofreci&eacute;ndoles la Palabra que reaviva la esperanza en los corazones y compartiendo con ellos el pan de la amistad, de la fraternidad y de la ayuda rec&iacute;proca. As&iacute; se construye la civilizaci&oacute;n del amor. As&iacute; se anuncia la esperada venida del cielo nuevo y la tierra nueva, hacia los que nos encaminamos.<\/p>\n<p> Invoquemos la intercesi&oacute;n de estos santos patronos en favor de todos los que forman parte de la gran familia de los emigrantes e itinerantes. Invoquemos, de modo particular, la protecci&oacute;n de Mar&iacute;a, que nos ha precedido en la peregrinaci&oacute;n de la fe, para que gu&iacute;e los pasos de todos los hombres y mujeres que buscan la libertad, la justicia y la paz. Que ella acompa&ntilde;e a las personas, a las familias y a las comunidades itinerantes. Que ella suscite cordialidad y acogida en el coraz&oacute;n de los residentes, y favorezca la creaci&oacute;n de relaciones de comprensi&oacute;n y solidaridad rec&iacute;procas entre cuantos est&aacute;n llamados a participar un d&iacute;a en la misma alegr&iacute;a en la casa del Padre celestial. <\/span>Am&eacute;n. <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUBILEO DE LOS EMIGRANTES E ITINERANTES &nbsp; HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Viernes 2 de junio de 2000 1.&nbsp;&quot;Permaneced en el amor fraterno. No os olvid&eacute;is de la hospitalidad&quot; (Hb 13, 1-2). El pasaje de la carta a los Hebreos que acabamos de escuchar relaciona la exhortaci&oacute;n a acoger al hu&eacute;sped, al peregrino &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-junio-de-2000-jubileo-de-los-emigrantes-e-itinerantes\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab2 de junio de 2000, Jubileo de los emigrantes e itinerantes\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40373","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40373","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40373"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40373\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40373"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40373"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40373"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}