{"id":40374,"date":"2016-10-05T23:42:49","date_gmt":"2016-10-06T04:42:49","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-mayo-de-2000-jubileo-de-la-diocesis-de-roma\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:49","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:49","slug":"28-de-mayo-de-2000-jubileo-de-la-diocesis-de-roma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-mayo-de-2000-jubileo-de-la-diocesis-de-roma\/","title":{"rendered":"28 de mayo de 2000, Jubileo de la Di\u00f3cesis de Roma"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <b><font color=\"#663300\">JUBILEO DE LA DI&Oacute;CESIS DE ROMA<\/font><\/b>&nbsp;<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/><\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/><\/font><\/i><i>Domingo 28 de mayo de 2000 <\/i> <\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\" style=\"text-align:center\"><i><\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"justify\">1.&nbsp;&quot;Como el Padre me ha amado, as&iacute; os he amado yo; permaneced en mi amor&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 9). Cristo, la v&iacute;spera de su muerte, <i>abre su coraz&oacute;n a los disc&iacute;pulos<\/i> reunidos en el Cen&aacute;culo. Les deja su testamento espiritual. En el per&iacute;odo pascual, la Iglesia vuelve sin cesar espiritualmente al Cen&aacute;culo, a fin de escuchar de nuevo con reverencia las palabras del Se&ntilde;or y obtener luz y consuelo para avanzar por los caminos del mundo.<\/p>\n<p> <i>Nuestra Iglesia de Roma<\/i>, que celebra su jubileo, vuelve hoy al Cen&aacute;culo con el coraz&oacute;n conmovido. Vuelve para dejarse interpelar por el divino Maestro, para meditar en sus palabras y descubrir <i>la respuesta m&aacute;s adecuada<\/i> a las peticiones que &eacute;l le hace.<\/p>\n<p> Las palabras que nuestra Iglesia escucha hoy de los labios de su Se&ntilde;or son <i>fuertes y claras<\/i>:&nbsp; &quot;Permaneced en mi amor. (&#8230;) Este es mi mandamiento:&nbsp; que os am&eacute;is unos a otros como yo os he amado&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 9.&nbsp;12). &iexcl;C&oacute;mo no sentir particularmente &quot;nuestras&quot; estas palabras de Jes&uacute;s! &iquest;No tiene la Iglesia de Roma la tarea espec&iacute;fica de &quot;presidir en la caridad&quot; a toda la ec&uacute;mene cristiana? (cf. san Ignacio de Antioqu&iacute;a, <i>Ad Rom, inscr.<\/i>). S&iacute;, el mandamiento del amor compromete &nbsp;a &nbsp;nuestra &nbsp;Iglesia de Roma con &nbsp;una fuerza y una urgencia especiales.<\/p>\n<p> <i>El amor es exigente<\/i>. Cristo dice:&nbsp; &quot;Nadie tiene amor mayor que el que da la vida por sus amigos&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 13). El amor llevar&aacute; a Jes&uacute;s a la cruz. Todo disc&iacute;pulo debe recordarlo. El amor viene del Cen&aacute;culo y vuelve a &eacute;l. En efecto, despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n, precisamente en el Cen&aacute;culo los disc&iacute;pulos meditar&aacute;n en las palabras pronunciadas por Jes&uacute;s el Jueves santo y tomar&aacute;n conciencia del contenido salv&iacute;fico que encierran. En virtud del amor de Cristo, acogido y correspondido, ahora son sus amigos:&nbsp; &quot;Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su se&ntilde;or:&nbsp; a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he o&iacute;do a mi Padre os lo he dado a conocer&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 15).<\/p>\n<p> Reunidos en el Cen&aacute;culo despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n y la ascensi&oacute;n del divino Maestro al cielo, los Ap&oacute;stoles comprender&aacute;n &nbsp;plenamente el sentido de sus palabras:&nbsp; &quot;Os &nbsp;he destinado para que vay&aacute;is y deis fruto, y vuestro fruto dure&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 16). Bajo la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, estas palabras los convertir&aacute;n en la comunidad salv&iacute;fica que es la Iglesia. Los Ap&oacute;stoles comprender&aacute;n que han sido elegidos para una misi&oacute;n especial, es decir, testimoniar el amor:&nbsp; &quot;Como el Padre me ha amado, as&iacute; os he amado yo; permaneced en mi amor&quot;.<\/p>\n<p> Esta consigna pasa hoy a nosotros:&nbsp; en cuanto cristianos, estamos llamados a ser testigos del amor. Este es el &quot;fruto&quot; que estamos llamados a dar, y este fruto &quot;permanece&quot; en el tiempo y por toda la eternidad.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;La segunda lectura, tomada de los <i>Hechos de los Ap&oacute;stoles<\/i>, habla de la misi&oacute;n apost&oacute;lica que brota de este amor. Pedro, llamado por el centuri&oacute;n romano Cornelio, va a su casa, en Cesarea, y asiste a su conversi&oacute;n, la conversi&oacute;n de un pagano. El mismo Ap&oacute;stol comenta ese important&iacute;simo acontecimiento:&nbsp; &quot;Est&aacute; claro que Dios no hace distinciones:&nbsp; acepta al que lo teme y practica la justicia, sea de la naci&oacute;n que sea&quot; (<i>Hch<\/i> 10, 34-35). Del mismo modo, cuando el Esp&iacute;ritu Santo desciende sobre el grupo de creyentes provenientes del paganismo, Pedro comenta:&nbsp; &quot;&iquest;Se puede negar el agua del bautismo a los que han recibido el Esp&iacute;ritu Santo igual que nosotros?&quot; (<i>Hch<\/i> 10, 47). Iluminado desde lo alto, Pedro comprende y testimonia que <i>todos est&aacute;n &nbsp;llamados por el amor de Cristo<\/i>.<\/p>\n<p> Nos encontramos aqu&iacute; ante un viraje decisivo en la vida de la Iglesia:&nbsp; un viraje al que el <i>libro de los Hechos<\/i> atribuye gran importancia. En efecto, los Ap&oacute;stoles, y en particular Pedro, a&uacute;n no hab&iacute;an percibido claramente que su misi&oacute;n no se limitaba s&oacute;lo a los hijos de Israel. Lo que sucedi&oacute; en la casa de Cornelio los convenci&oacute; de que no era as&iacute;. A partir de entonces comenz&oacute; el desarrollo del cristianismo fuera de Israel, y se consolid&oacute; una conciencia cada vez m&aacute;s profunda de la universalidad de la Iglesia:&nbsp; <i>todo hombre y toda mujer<\/i>, sin distinci&oacute;n de raza y cultura,<i> est&aacute;n llamados<\/i> a acoger el Evangelio. El amor de Cristo es para todos, y el cristiano es testigo de este amor divino y universal.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Totalmente convencido de esta verdad, san Pedro se dirigi&oacute; primero a Antioqu&iacute;a y, despu&eacute;s, a Roma. <i>La Iglesia de Roma le debe su comienzo<\/i>. Este encuentro de la comunidad eclesial de Roma, en el coraz&oacute;n del gran jubileo del a&ntilde;o 2000, reaviva en todos nosotros el recuerdo de ese origen apost&oacute;lico, el recuerdo de san Pedro, primer pastor de nuestra ciudad. Durante estos meses numerosos peregrinos, de todas las partes del mundo, est&aacute;n acudiendo a su tumba para celebrar el jubileo de la encarnaci&oacute;n del Se&ntilde;or y profesar la misma fe de Pedro en Cristo, Hijo de Dios vivo.<br \/> Se manifiesta as&iacute;, una vez m&aacute;s, la particular vocaci&oacute;n que la divina Providencia ha reservado a Roma:&nbsp; ser el punto de referencia para la comuni&oacute;n y la unidad de toda la Iglesia y para la renovaci&oacute;n espiritual de toda la humanidad.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Queridos fieles de esta amada Iglesia de Roma, me alegra dirigiros mi afectuoso saludo en esta circunstancia, en que estamos reunidos para celebrar el <i>jubileo diocesano<\/i>. Saludo al cardenal vicario, al vicegerente y a los obispos auxiliares, a los sacerdotes y a los di&aacute;conos, a los religiosos y a las religiosas, y a todos vosotros, laicos comprometidos activamente en las parroquias, en los movimientos, en los grupos y en los diferentes ambientes de trabajo y de vida de la ciudad. Saludo asimismo al alcalde y a las autoridades presentes.<\/p>\n<p> Este d&iacute;a constituye <i>la cumbre ideal de un intenso camino preparatorio<\/i>. Desde el S&iacute;nodo diocesano hasta la misi&oacute;n ciudadana, nuestra Iglesia de Roma, en sus diversos componentes, ha mostrado durante estos a&ntilde;os gran vitalidad pastoral y ardiente impulso evangelizador. Por eso hoy queremos dar gracias al Se&ntilde;or. Con oportunas iniciativas pastorales, toda la ciudad ha podido escuchar de nuevo el anuncio del Evangelio en los hogares y en los lugares de trabajo. As&iacute;, se ha puesto de manifiesto cu&aacute;n enraizada est&aacute; la Iglesia entre la gente y cu&aacute;n cerca est&aacute; de las personas m&aacute;s pobres y marginadas.<\/p>\n<p> Al t&eacute;rmino de la misi&oacute;n ciudadana, la tarde de la vigilia de Pentecost&eacute;s del a&ntilde;o pasado, os dije que debemos aprovechar los frutos de esta estaci&oacute;n, rica en dones del Se&ntilde;or. Por esa raz&oacute;n, el encuentro de hoy, adem&aacute;s de ser <i>un punto de llegada<\/i>, es tambi&eacute;n <i>un punto indispensable de partida<\/i>. Es necesario que ya desde ahora se realice un esfuerzo general para hacer que penetre cada vez m&aacute;s el &quot;esp&iacute;ritu de la misi&oacute;n ciudadana&quot; en la pastoral ordinaria y diaria de las parroquias y de las realidades eclesiales. Es preciso que todos lo consideren un &quot;compromiso permanente&quot; y que implique a todo el pueblo de Dios, comenzando por los &quot;misioneros&quot;, sacerdotes, religiosos y laicos, que han experimentado personalmente la belleza y la alegr&iacute;a de la evangelizaci&oacute;n. Precisamente con vistas a este impulso necesario en las familias y en los diversos ambientes de la ciudad, es muy oportuno que durante el pr&oacute;ximo a&ntilde;o pastoral se realice un atento discernimiento de los frutos del camino recorrido hasta ahora.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Demos gracias a Dios por todo lo que est&aacute; viviendo la di&oacute;cesis; demos gracias, sobre todo, por los diversos acontecimientos que se est&aacute;n celebrando durante este A&ntilde;o jubilar. Ya nos hallamos en v&iacute;speras de grandes e importantes citas, que requieren la m&aacute;s amplia y generosa colaboraci&oacute;n. Pienso, en primer lugar, en el <i>Congreso eucar&iacute;stico internacional<\/i>, el &quot;coraz&oacute;n del jubileo&quot;, que celebra la presencia viva en medio de nosotros del Verbo hecho carne, &quot;pan de vida para el mundo&quot;.<\/p>\n<p> Despu&eacute;s, la <i>XV Jornada mundial de la juventud<\/i>, con ocasi&oacute;n de la cual en agosto se reunir&aacute; en Roma una multitud de j&oacute;venes procedentes de todo el mundo, que esperan ser acogidos con alegr&iacute;a y simpat&iacute;a por sus coet&aacute;neos romanos y ser alojados por las familias y toda la comunidad cristiana y ciudadana.<\/p>\n<p> En octubre, adem&aacute;s, celebraremos el <i>jubileo de las familias<\/i>, que exigir&aacute; un cuidado particular por parte de la di&oacute;cesis y de las familias cristianas. Prepar&eacute;monos para estos acontecimientos con profunda participaci&oacute;n.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;&iexcl;Iglesia de Roma, s&eacute; consciente de cu&aacute;n singular es tu misi&oacute;n tambi&eacute;n con respecto al jubileo! No te desalientes por las dificultades que encuentras en tu camino diario. Te sostiene el testimonio de los ap&oacute;stoles san Pedro y san Pablo, que consagraron tus comienzos con su sangre; te estimula el ejemplo de los santos y los m&aacute;rtires, que te entregaron la antorcha de una inquebrantable dedicaci&oacute;n al Evangelio. &iexcl;No temas! Que el amor de Cristo, gracias al compromiso de tus hijos, llegue a todos los habitantes de la ciudad y se difunda en todos los ambientes, para llevar por doquier alegr&iacute;a y esperanza.<\/p>\n<p> Y t&uacute;, Mar&iacute;a, <i>Salus populi romani<\/i>, Virgen del amor divino, ay&uacute;danos. Nos encomendamos a ti con confianza. Que por tu intercesi&oacute;n materna se renueve en la Iglesia de Roma la venida del Esp&iacute;ritu Santo, principio de su unidad y fuerza para su misi&oacute;n. &iexcl;Alabado sea Jesucristo! <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>JUBILEO DE LA DI&Oacute;CESIS DE ROMA&nbsp; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 28 de mayo de 2000 1.&nbsp;&quot;Como el Padre me ha amado, as&iacute; os he amado yo; permaneced en mi amor&quot; (Jn 15, 9). Cristo, la v&iacute;spera de su muerte, abre su coraz&oacute;n a los disc&iacute;pulos reunidos en el Cen&aacute;culo. Les deja &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-mayo-de-2000-jubileo-de-la-diocesis-de-roma\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab28 de mayo de 2000, Jubileo de la Di\u00f3cesis de Roma\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40374","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40374","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40374"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40374\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40374"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40374"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40374"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}