{"id":40375,"date":"2016-10-05T23:42:51","date_gmt":"2016-10-06T04:42:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-mayo-de-2000-canonizacion-de-27-beatos-mexicanos\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:51","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:51","slug":"21-de-mayo-de-2000-canonizacion-de-27-beatos-mexicanos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-mayo-de-2000-canonizacion-de-27-beatos-mexicanos\/","title":{"rendered":"21 de mayo de 2000, Canonizaci\u00f3n de 27 beatos mexicanos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <b>CAPILLA PAPAL PARA LA CANONIZACI&Oacute;N&nbsp;<\/b> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE<\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p> Domingo 21 de mayo de 2000 <\/font> <\/i><\/p>\n<p align=\"justify\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/p>\n<p align=\"justify\">1. &quot;No amemos de palabra ni de boca, sino con obras y seg&uacute;n la verdad&quot; (1 <i>Jn<\/i> 3, 18). Esta exhortaci&oacute;n, tomada del ap&oacute;stol Juan en el texto de la segunda lectura de esta celebraci&oacute;n, nos invita a imitar a Cristo, viviendo a la vez en estrecha uni&oacute;n con &Eacute;l. Jes&uacute;s mismo nos lo ha dicho tambi&eacute;n en el Evangelio reci&eacute;n proclamado: &quot;Como el sarmiento no puede dar fruto por s&iacute;, si no permanece en la vid, as&iacute; tampoco vosotros, si no permanec&eacute;is en m&iacute;&quot; (<i>Jn<\/i> 15,4).<\/p>\n<p align=\"justify\">A trav&eacute;s de la uni&oacute;n profunda con Cristo, iniciada en el bautismo y alimentada por la oraci&oacute;n, los sacramentos y la pr&aacute;ctica de las virtudes evang&eacute;licas, hombres y mujeres de todos los tiempos, como hijos de la Iglesia, han alcanzado la meta de la santidad. Son santos porque pusieron a Dios en el centro de su vida e hicieron de la b&uacute;squeda y extensi&oacute;n de su Reino el m&oacute;vil de su propia existencia; santos porque sus obras siguen hablando de su amor total al Se&ntilde;or y a los hermanos dando copiosos frutos, gracias a su fe viva en Jesucristo, y a su compromiso de amar como &Eacute;l nos ha amado, incluso a los enemigos.<\/p>\n<p align=\"justify\">2. Dentro de la peregrinaci&oacute;n jubilar de los mexicanos, la Iglesia se alegra al proclamar santos a estos hijos de M&eacute;xico: Crist&oacute;bal Magallanes y 24 compa&ntilde;eros m&aacute;rtires, sacerdotes y laicos; Jos&eacute; Mar&iacute;a de Yermo y Parres, sacerdote fundador de las Religiosas Siervas del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, y Mar&iacute;a de Jes&uacute;s Sacramentado Venegas, fundadora de las Hijas del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s.<\/p>\n<p align=\"justify\">Para participar en esta solemne celebraci&oacute;n, honrando as&iacute; la memoria de estos ilustres hijos de la Iglesia y de vuestra Patria, hab&eacute;is venido numerosos peregrinos mexicanos, acompa&ntilde;ados por un nutrido grupo de Obispos. A todos os saludo con gran afecto. La Iglesia en M&eacute;xico se regocija al contar con estos intercesores en el cielo, modelos de caridad suprema siguiendo las huellas de Jesucristo. Todos ellos entregaron su vida a Dios y a los hermanos, por la v&iacute;a del martirio o por el camino de la ofrenda generosa al servicio de los necesitados. La firmeza de su fe y esperanza les sostuvo en las diversas pruebas a las que fueron sometidos. Son un precioso legado, fruto de la fe arraigada en tierras mexicanas, la cual, en los albores del Tercer milenio del cristianismo, ha de ser mantenida y revitalizada para que sig&aacute;is siendo fieles a Cristo y a su Iglesia como lo hab&eacute;is sido en el pasado.<\/p>\n<p align=\"justify\">3. En la primera lectura hemos escuchado c&oacute;mo Pablo se mov&iacute;a en Jerusal&eacute;n &quot;predicando p&uacute;blicamente el nombre del Se&ntilde;or. Hablaba y discut&iacute;a tambi&eacute;n con los jud&iacute;os de lengua griega, que se propusieron suprimirlo&quot; (<i>Hch<\/i> 9, 28-29). Con la misi&oacute;n de Pablo se prepara la propagaci&oacute;n de la Iglesia, llevando el mensaje evang&eacute;lico a todas las partes. Y en esta expansi&oacute;n, no han faltado nunca las persecuciones y violencias contra los anunciadores de la Buena Nueva. Pero, por encima de las adversidades humanas, la Iglesia cuenta con la promesa de la asistencia divina. Por eso, hemos o&iacute;do que &quot;la Iglesia gozaba de paz [&#8230;] Se iba construyendo y progresaba en la fidelidad al Se&ntilde;or y se multiplicaba animada por el Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>Hch<\/i> 9,31).<\/p>\n<p align=\"justify\">Bien podemos aplicar este fragmento de los Hechos de los Ap&oacute;stoles a la situaci&oacute;n que tuvieron que vivir Crist&oacute;bal Magallanes y sus 24 compa&ntilde;eros, m&aacute;rtires en el primer tercio del siglo XX. La mayor&iacute;a pertenec&iacute;a al clero secular y tres de ellos eran laicos seriamente comprometidos en la ayuda a los sacerdotes. No abandonaron el valiente ejercicio de su ministerio cuando la persecuci&oacute;n religiosa arreci&oacute; en la amada tierra mexicana, desatando un odio a la religi&oacute;n cat&oacute;lica. Todos aceptaron libre y serenamente el martirio como testimonio de su fe, perdonando expl&iacute;citamente a sus perseguidores. Fieles a Dios y a la fe cat&oacute;lica tan arraigada en sus comunidades eclesiales a las cuales sirvieron promoviendo tambi&eacute;n su bienestar material, son hoy ejemplo para toda la Iglesia y para la sociedad mexicana en particular.<\/p>\n<p align=\"justify\">Tras las duras pruebas que la Iglesia pas&oacute; en M&eacute;xico en aquellos convulsos a&ntilde;os, hoy los cristianos mexicanos, alentados por el testimonio de estos testigos de la fe, pueden vivir en paz y armon&iacute;a, aportando a la sociedad la riqueza de los valores evang&eacute;licos. La Iglesia crece y progresa, siendo crisol donde nacen abundantes vocaciones sacerdotales y religiosas, donde se forman familias seg&uacute;n el plan de Dios y donde los j&oacute;venes, parte notable del pueblo mexicano, pueden crecer con esperanza en un futuro mejor. Que el luminoso ejemplo de Crist&oacute;bal Magallanes y compa&ntilde;eros m&aacute;rtires os ayude a un renovado empe&ntilde;o de fidelidad a Dios, capaz de seguir transformando la sociedad mexicana para que en ella reine la justicia, la fraternidad y la armon&iacute;a entre todos.<\/p>\n<p align=\"justify\">4. &quot;&Eacute;ste es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y que nos amemos unos a otros tal como nos lo mand&oacute;&quot; (1 <i>Jn<\/i> 3, 23). El mandato por excelencia que Jes&uacute;s dio a los suyos es amarse fraternalmente como &eacute;l nos ha amado (cf. <i>Jn<\/i> 15,12). En la segunda lectura que hemos escuchado, el mandamiento tiene un doble aspecto: creer en la persona de Jesucristo, Hijo de Dios, confes&aacute;ndolo en todo momento, y amarnos unos a otros porque Cristo mismo nos lo ha mandado. Este mandamiento es tan fundamental para la vida del creyente que se convierte como en el presupuesto necesario para que tenga lugar la inhabitaci&oacute;n divina. La fe, la esperanza, el amor llevan a acoger existencialmente a Dios como camino seguro hacia la santidad.<\/p>\n<p align=\"justify\">Este se puede decir que fue el camino emprendido por Jos&eacute; Mar&iacute;a de Yermo y Parres, que vivi&oacute; su entrega sacerdotal a Cristo adhiri&eacute;ndose a &Eacute;l con todas sus fuerzas, a la vez que se destacaba por una actitud primordialmente orante y contemplativa. En el Coraz&oacute;n de Cristo encontr&oacute; la gu&iacute;a para su espiritualidad, y considerando su amor infinito a los hombres, quiso imitarlo haciendo la regla de su vida la caridad.<\/p>\n<p align=\"justify\">El nuevo Santo fund&oacute; las Religiosas Siervas del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s y de los Pobres, denominaci&oacute;n que recoge sus dos grandes amores, que expresan en la Iglesia el esp&iacute;ritu y el carisma del nuevo santo. Queridas hijas de San Jos&eacute; Mar&iacute;a de Yermo y Parres: vivid con generosidad la rica herencia de vuestro fundador, empezando por la comuni&oacute;n fraterna en comunidad y prolong&aacute;ndoda despu&eacute;s en el amor misericordioso al hermano, con humildad, sencillez y eficacia, y, por encima de todo, en perfecta uni&oacute;n con Dios.<\/p>\n<p align=\"justify\">5. &quot;Permaneced en m&iacute; y yo en vosotros [&#8230;] El que permanece en m&iacute; y yo en &eacute;l, &eacute;se da fruto abundante; porque sin m&iacute; no pod&eacute;is hacer nada&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 4.5). En el evangelio que hemos escuchado, Jes&uacute;s nos ha exhortado a permanecer en &Eacute;l, para unir consigo a todos los hombres. Esta invitaci&oacute;n exige llevar a cabo nuestro compromiso bautismal, vivir en su amor, inspirarse en su Palabra, alimentarse con la Eucarist&iacute;a, recibir su perd&oacute;n y, cuando sea el caso, llevar con &Eacute;l la cruz. La separaci&oacute;n de Dios es la tragedia m&aacute;s grande que el hombre puede vivir. La savia que llega al sarmiento lo hace crecer; la gracia que nos viene por Cristo nos hace adultos y maduros a fin de que demos frutos de vida eterna.<\/p>\n<p align=\"justify\">Santa Mar&iacute;a de Jes&uacute;s Sacramentado Venegas, primera mexicana canonizada, supo permanecer unida a Cristo en su larga existencia terrena y por eso dio frutos abundantes de vida eterna. Su espiritualidad se caracteriz&oacute; por una singular piedad eucar&iacute;stica, pues es claro que un camino excelente para la uni&oacute;n con el Se&ntilde;or es buscarlo, adorarlo, amarlo en el sant&iacute;simo misterio de su presencia real en el Sacramento del Altar.<\/p>\n<p align=\"justify\">Quiso prolongar su obra con la fundaci&oacute;n de las Hijas del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, que siguen hoy en la Iglesia su carisma de la caridad con los pobres y enfermos. En efecto, el amor de Dios es universal, quiere llegar a todos los hombres y por eso la nueva Santa comprendi&oacute; que su deber era difundirlo, prodig&aacute;ndose en atenciones con todos hasta el fin de sus d&iacute;as, incluso cuando la energ&iacute;a f&iacute;sica declinaba y las duras pruebas que pas&oacute; a lo largo de su existencia hab&iacute;an mermado sus fuerzas. Fidel&iacute;sima en la observancia de las constituciones, respetuosa con los obispos y sacerdotes, sol&iacute;cita con los seminaristas, Santa Mar&iacute;a de Jes&uacute;s Sacramentado es un elocuente testimonio de consagraci&oacute;n absoluta al servicio de Dios y de la humanidad doliente.<\/p>\n<p align=\"justify\">6. Esta solemne celebraci&oacute;n nos recuerda que la fe comporta una relaci&oacute;n profunda con el Se&ntilde;or. Los nuevos santos nos ense&ntilde;an que los verdaderos seguidores y disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s son aquellos que cumplen la voluntad de Dios y que est&aacute;n unidos a &Eacute;l mediante la fe y la gracia.<\/p>\n<p align=\"justify\">Escuchar la Palabra de Dios, armonizar la propia existencia, dando el primer espacio a Cristo, hace que la vida del ser humano se configure a &Eacute;l. &quot;Permaneced en m&iacute; y yo en vosotros&quot;, sigue siendo la invitaci&oacute;n de Jes&uacute;s que debe resonar continuamente en cada uno de nosotros y en nuestro ambiente. San Pablo, acogiendo este mismo llamado pudo exclamar: &quot;vivo yo, pero no soy yo; es Cristo quien vive en m&iacute;&quot; (<i>Gal<\/i> 2,20). Que la Palabra de Dios proclamada en esta liturgia haga que nuestra vida sea aut&eacute;ntica permaneciendo existencialmente unidos al Se&ntilde;or, amando no s&oacute;lo de palabra sino con obras y de verdad (cf. 1 <i>Jn<\/i> 3,18). As&iacute; nuestra vida ser&aacute; realmente &quot;por Cristo, con &Eacute;l y en &Eacute;l&quot;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Estamos viviendo el Gran Jubileo del A&ntilde;o 2000. Entre sus objetivos est&aacute; el de &quot;suscitar en cada fiel un verdadero anhelo de santidad&quot; (<i>Tertio millennio adveniente<\/i>, 42). Que el ejemplo de estos nuevos Santos, don de la Iglesia en M&eacute;xico a la Iglesia universal, mueva a todos los fieles, con todos los medios a su alcance y sobre todo con la ayuda de la gracia de Dios, a buscar con valent&iacute;a y decisi&oacute;n la santidad.<\/p>\n<p align=\"justify\">Que la Virgen de Guadalupe, invocada por los m&aacute;rtires en el momento supremo de su entrega, y a la que San Jos&eacute; Mar&iacute;a de Yermo y Santa Mar&iacute;a de Jes&uacute;s Sacramentado Venegas profesaron tan tierna devoci&oacute;n, acompa&ntilde;e con su materna protecci&oacute;n los buenos prop&oacute;sitos de quienes honran hoy a los nuevos Santos y ayude a los que siguen sus ejemplos, gu&iacute;e y proteja tambi&eacute;n a la Iglesia para que, con su acci&oacute;n evangelizadora y el testimonio cristiano de todos sus hijos, ilumine el camino de la humanidad en el tercer milenio. Amen.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAPILLA PAPAL PARA LA CANONIZACI&Oacute;N&nbsp; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE Domingo 21 de mayo de 2000 1. &quot;No amemos de palabra ni de boca, sino con obras y seg&uacute;n la verdad&quot; (1 Jn 3, 18). Esta exhortaci&oacute;n, tomada del ap&oacute;stol Juan en el texto de la segunda lectura de esta celebraci&oacute;n, nos invita a imitar a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-mayo-de-2000-canonizacion-de-27-beatos-mexicanos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab21 de mayo de 2000, Canonizaci\u00f3n de 27 beatos mexicanos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40375","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40375","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40375"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40375\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40375"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40375"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40375"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}