{"id":40379,"date":"2016-10-05T23:42:58","date_gmt":"2016-10-06T04:42:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-mayo-de-2000-jubileo-nacional-de-la-iglesiarumana\/"},"modified":"2016-10-05T23:42:58","modified_gmt":"2016-10-06T04:42:58","slug":"9-de-mayo-de-2000-jubileo-nacional-de-la-iglesiarumana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-mayo-de-2000-jubileo-nacional-de-la-iglesiarumana\/","title":{"rendered":"9 de mayo de 2000, Jubileo nacional de la Iglesiarumana"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p><\/font><\/i>&nbsp;JUBILEO NACIONAL DE LA IGLESIA RUMANA<\/p>\n<p><i>Martes 9 de mayo de 2000&nbsp;<\/i> <\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\"> 1.<i>&nbsp;&quot;La luz vino al mundo&quot;<\/i> (<i>Jn<\/i> 3, 19).<\/p>\n<p> El gran jubileo ha sido convocado precisamente para celebrar esta venida:&nbsp; el ingreso del Verbo eterno, &quot;Dios de Dios, Luz de Luz&quot;, en nuestra historia hace dos mil a&ntilde;os. Naciendo de la Virgen Mar&iacute;a en nuestra carne mortal, revel&oacute; al mundo el amor del Padre:&nbsp; &quot;Tanto am&oacute; Dios al mundo que dio a su Hijo &uacute;nico&quot; (<i>Jn<\/i> 3, 16).<\/p>\n<p> La luz del amor de Dios apareci&oacute; en Bel&eacute;n en la &quot;plenitud de los tiempos&quot; y, despu&eacute;s del &quot;prodigioso duelo&quot; con las tinieblas del pecado, resplandeci&oacute; en la Pascua de Resurrecci&oacute;n. El gran jubileo, abierto con el gozo de Navidad, culmina en la gloria de Pascua.<\/p>\n<p> Con la fe pascual, la Iglesia anuncia al mundo &nbsp;que &nbsp;en Cristo el hombre ha sido &nbsp;redimido, sanado de su enfermedad mortal. Con esta fe, el Sucesor de Pedro ha llamado a los fieles a celebrar el A&ntilde;o jubilar, para que, en el nombre de Jesucristo, crucificado y resucitado, todo hombre encuentre la salvaci&oacute;n (cf.<i>&nbsp;Hch<\/i> 4, 10). Este primitivo anuncio cristiano resuena, en virtud del mismo Esp&iacute;ritu, de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, para llegar a todas las naciones.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;El evangelio de Cristo fecunda la historia de los pueblos y los invita a abrirse al misterio del reino de Dios mediante el servicio humilde, pero necesario, de la santa Iglesia apost&oacute;lica, reunida en torno al Obispo de Roma, siervo de los siervos de Dios, y de los obispos en comuni&oacute;n con &eacute;l. Hermanos y hermanas de la querida naci&oacute;n rumana, con esta certeza os congreg&aacute;is hoy aqu&iacute;, en la bas&iacute;lica vaticana, para celebrar vuestro jubileo. Me alegra daros a todos mi cordial bienvenida.<br \/> En primer lugar, saludo con afecto tanto a los obispos de la Iglesia greco-cat&oacute;lica como a los de la Iglesia latina, expresando mi agradecimiento en particular a monse&ntilde;or Lucian Muresan, arzobispo de Fagaras y Alba Julia y presidente de la Conferencia episcopal rumana. Saludo, asimismo, a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas y a los laicos que participan en gran n&uacute;mero en esta peregrinaci&oacute;n nacional. Extiendo mi cordial saludo a todos los hermanos y hermanas en la fe que, desde Ruman&iacute;a, se unen espiritualmente a nosotros para esta importante y casi hist&oacute;rica celebraci&oacute;n.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Han pasado ya tres siglos desde el S&iacute;nodo de la Iglesia rumana de Transilvania, que el 7 de mayo de 1700, en Alba Julia, concluy&oacute; <i>el camino hacia la uni&oacute;n con la Sede de Pedro<\/i>, emprendido algunos a&ntilde;os antes. Aquel acto expresaba la voluntad de los obispos, de los sacerdotes y de los fieles, que ve&iacute;an as&iacute; restablecida su uni&oacute;n con Roma, aun conservando y salvaguardando el rito oriental, el calendario, la lengua lit&uacute;rgica de los rumanos y sus costumbres y tradiciones. Con aquel acto se daba la respuesta que los tiempos permit&iacute;an al inagotable <i>anhelo de unidad<\/i> presente en el coraz&oacute;n de numerosos disc&iacute;pulos sinceros de Cristo.<\/p>\n<p> De coraz&oacute;n <i>damos gracias hoy a Dios omnipotente<\/i> por todos los beneficios concedidos durante estos trescientos a&ntilde;os de comuni&oacute;n y, al mismo tiempo, le imploramos un futuro sereno y pr&oacute;spero en nombre del Se&ntilde;or Jesucristo.<\/p>\n<p> Para realizar sus maravillas, Dios se sirve de hombres, que elige con esmero y da a su pueblo.<br \/>&iexcl;C&oacute;mo no recordar aqu&iacute; a <i>los benem&eacute;ritos pastores <\/i>de vuestra Iglesia, los obispos Atanasio Anghel, Inocencio Micu-Klein y Pedro Aron, con cuya labor la Uni&oacute;n no s&oacute;lo resisti&oacute; las numerosas dificultades, sino tambi&eacute;n dio frutos fecundos de bien para toda la poblaci&oacute;n! Me limito s&oacute;lo a recordar el nuevo florecimiento de la vida religiosa, el desarrollo de las escuelas, la atenci&oacute;n a las condiciones de vida y a los derechos civiles de la gente, una valiosa contribuci&oacute;n a la cultura nacional y a la misma ciencia. El conocido escritor Ion Eliade Radulescu pudo afirmar que desde Blaj &quot;se&nbsp;elev&oacute; el sol de los rumanos&quot;.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;La Iglesia greco-cat&oacute;lica rumana, siguiendo fielmente a Cristo, su esposo, <i>ha experimentado el sufrimiento y la cruz<\/i>, sobre todo durante el siglo pasado, cuando el cruel r&eacute;gimen ateo decret&oacute; su supresi&oacute;n. Se intent&oacute; aplastar al hombre sobre la faz de la tierra, hacerle olvidar que existen el cielo y un amor mayor que cualquier miseria humana. Gracias a Dios, este designio no logr&oacute; imponerse definitivamente. <i>Cristo ha resucitado, y con &eacute;l todas las comunidades cristianas en Ruman&iacute;a.<\/i><br \/> Con ocasi&oacute;n de mi inolvidable visita a vuestra tierra, que realic&eacute; el a&ntilde;o pasado precisamente en estos d&iacute;as, quise orar en Bucarest ante las tumbas de los m&aacute;rtires de la fe, en el cementerio cat&oacute;lico de Belu, rindiendo as&iacute; homenaje al inmenso sacrificio de tantos obispos, sacerdotes y fieles, que aceptaron el martirio como suprema confirmaci&oacute;n de su fidelidad a Cristo y a los Sucesores de Pedro.<\/p>\n<p> Hoy, mientras celebramos el jubileo de la Uni&oacute;n, deseo expresar una vez m&aacute;s mi agradecimiento y mi admiraci&oacute;n por su testimonio. Doy gracias, en particular, al amad&iacute;simo cardenal Alexandru Todea, que, a pesar de la c&aacute;rcel y el aislamiento, sigui&oacute; intr&eacute;pido cumpliendo sus deberes de pastor e introdujo a la Iglesia greco-cat&oacute;lica en la nueva realidad que ha surgido con la llegada de las libertades democr&aacute;ticas.<\/p>\n<p> Queridos hermanos, conservad en vuestro coraz&oacute;n <i>el recuerdo vivo del martirio y transmitidlo a las generaciones futuras<\/i>, para que siga inspirando un testimonio cristiano siempre generoso y aut&eacute;ntico. El martirio es, ante todo, una fuerte experiencia espiritual:&nbsp; brota de un coraz&oacute;n que ama al Se&ntilde;or como suma verdad y bien supremo e irrenunciable. Ojal&aacute; que este tesoro de vuestra Iglesia d&eacute; abundantes frutos tambi&eacute;n en la libertad reconquistada.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Quiero dirigir ahora un saludo particularmente afectuoso tambi&eacute;n <i>a los fieles de la Iglesia latina<\/i>. Tambi&eacute;n ellos, despu&eacute;s de experimentar por largo tiempo la privaci&oacute;n de la libertad, han podido reforzar y ampliar las estructuras pastorales:&nbsp; la vida religiosa ha vuelto a florecer; la catequesis se ha reanudado con vigor; las obras de caridad, a menudo proyectadas con la participaci&oacute;n y la ayuda de los cat&oacute;licos de otros pa&iacute;ses, dan una contribuci&oacute;n significativa al renacimiento de la naci&oacute;n y abren a una nueva colaboraci&oacute;n, que ensancha los horizontes en nombre de la solidaridad en Cristo.<\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, mantened el compromiso primario de dar a conocer al Se&ntilde;or Jes&uacute;s y llevar a la gente a su encuentro, para que sane los corazones heridos, edifique conciencias rectas y preocupadas por el bien com&uacute;n, y abra a esperanzas fundadas no en lo ef&iacute;mero del consumismo y de la b&uacute;squeda del bienestar material a toda costa, sino en los valores verdaderos, que son los &uacute;nicos que dan un futuro seguro y feliz, porque se basan en la Palabra que no defrauda.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;Amad&iacute;simos fieles cat&oacute;licos de Ruman&iacute;a, pod&eacute;is sentiros orgullosos del importante papel que hab&eacute;is desempe&ntilde;ado en la historia de vuestra naci&oacute;n y que deb&eacute;is seguir desempe&ntilde;ando con entusiasmo, aprovechando vuestras ricas tradiciones. De este modo, contribuir&eacute;is a promover el crecimiento de la sociedad entera.<\/p>\n<p> Sin embargo, para poder realizar esto con mayor rapidez y eficacia, es necesario restablecer plenamente <i>la unidad entre los disc&iacute;pulos de Cristo<\/i>. La unidad de la Iglesia es un don del Padre, del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, que debemos invocar incesantemente. Tambi&eacute;n es un compromiso encomendado a cada uno de nosotros, un camino que jam&aacute;s debemos cansarnos de recorrer con perseverancia, aunque a veces algunas dificultades puedan intentar desanimarnos.<\/p>\n<p> Teniendo fija &nbsp;vuestra mirada en Jes&uacute;s, autor y consumador de la fe (cf.<i> Hb<\/i> 12, 2), profundizad cada vez m&aacute;s en vuestro compromiso en favor de la unidad y jam&aacute;s dej&eacute;is de trabajar para que un d&iacute;a no muy lejano se convierta en una realidad consoladora para todos.<\/p>\n<p> 7.<i>&nbsp;&quot;El que obra la verdad, va a la luz&quot;<\/i> (<i>Jn<\/i> 3, 21).<\/p>\n<p> Oremos en esta celebraci&oacute;n para que toda la comunidad cat&oacute;lica que est&aacute; en Ruman&iacute;a, la greco-cat&oacute;lica, la latina y la armenia, &quot;viva con sinceridad en el amor&quot; (<i>Ef<\/i> 4, 15), a fin de reflejar plenamente en su rostro la luz de Cristo y ser as&iacute;, a su vez, luz para las personas a las que es enviada.<\/p>\n<p> Obispos, sacerdotes y personas consagradas; familias, j&oacute;venes y adolescentes:&nbsp; creced en todo hacia Cristo, de quien todo el cuerpo recibe fuerza para edificarse en la caridad (cf. <i>Ef<\/i> 4, 16).<\/p>\n<p> Algunas fuentes antiguas llaman a vuestra patria &quot;Jard&iacute;n de la Virgen Mar&iacute;a&quot;. Esta hermosa imagen hace pensar en el amor sol&iacute;cito con el que la Madre de Dios cuida de sus hijos. Ella, que con su presencia y su oraci&oacute;n anim&oacute; a la primera comunidad cristiana, gu&iacute;e y sostenga la vida de la Iglesia greco-cat&oacute;lica as&iacute; como la de la latina, para que, tambi&eacute;n gracias al A&ntilde;o jubilar, resplandezcan sin mancha ni arruga para gloria de Dios. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp; <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II &nbsp;JUBILEO NACIONAL DE LA IGLESIA RUMANA Martes 9 de mayo de 2000&nbsp; &nbsp; 1.&nbsp;&quot;La luz vino al mundo&quot; (Jn 3, 19). El gran jubileo ha sido convocado precisamente para celebrar esta venida:&nbsp; el ingreso del Verbo eterno, &quot;Dios de Dios, Luz de Luz&quot;, en nuestra historia hace dos &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-mayo-de-2000-jubileo-nacional-de-la-iglesiarumana\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab9 de mayo de 2000, Jubileo nacional de la Iglesiarumana\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40379","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40379","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40379"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40379\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40379"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40379"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40379"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}