{"id":40380,"date":"2016-10-05T23:43:00","date_gmt":"2016-10-06T04:43:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-mayo-de-2000-conmemoracion-ecumenicade-los-testigos-de-la-fe-del-siglo-xx\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:00","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:00","slug":"7-de-mayo-de-2000-conmemoracion-ecumenicade-los-testigos-de-la-fe-del-siglo-xx","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-mayo-de-2000-conmemoracion-ecumenicade-los-testigos-de-la-fe-del-siglo-xx\/","title":{"rendered":"7 de mayo de 2000, Conmemoraci\u00f3n ecum\u00e9nicade los Testigos de la fe del siglo XX"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><br \/>\n<center><\/p>\n<p><b>CONMEMORACI&Oacute;N ECUM&Eacute;NICA DE LOS TESTIGOS <br \/>DE LA FE DEL SIGLO XX<\/b><\/p>\n<p><i><b><font size=\"+1\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p><i>TERCER DOMINGO DE PASCUA, 7 DE MAYO DE 2000<br \/>&nbsp;<\/i><\/p>\n<p><\/center> <\/p>\n<p align=\"justify\">1. <i>&quot;Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto&quot;<\/i> (<i>Jn<\/i> 12, 24).<\/p>\n<p align=\"justify\">Con estas palabras Jes&uacute;s, la v&iacute;spera de su Pasi&oacute;n, anuncia su glorificaci&oacute;n a trav&eacute;s de la muerte. La comprometedora afirmaci&oacute;n ha resonado hace poco en la aclamaci&oacute;n al Evangelio. Esa resuena con fuerza en nuestro esp&iacute;ritu esta tarde, en este lugar significativo, donde hacemos memoria de los &quot;testigos de la fe del siglo XX&quot;.<\/p>\n<p align=\"justify\">Cristo es el grano de trigo que muriendo ha dado frutos de vida inmortal. Y sobre las huellas del rey crucificado han caminado sus disc&iacute;pulos, convertidos a lo largo de los siglos en legiones innumerables &quot;de toda lengua, raza, pueblo y naci&oacute;n&quot;: ap&oacute;stoles y confesores de la fe, v&iacute;rgenes y m&aacute;rtires, audaces heraldos del Evangelio y silenciosos servidores del Reino. <\/p>\n<p align=\"justify\">Queridos hermanos y hermanas, unidos por la fe en Cristo Jes&uacute;s, me es muy grato dirigiros hoy mi fraterno abrazo de paz, mientras juntos conmemoramos los testigos de la fe del siglo XX. Saludo con afecto a los representantes del Patriarcado ecum&eacute;nico y de las otras Iglesias hermanas ortodoxas, as&iacute; como a los de las Antiguas Iglesias de Oriente. Igualmente agradezco la presencia fraterna de los representantes de la Comuni&oacute;n Anglicana, de las Comuniones Cristianas Mundiales de Occidente y de las Organizaciones ecum&eacute;nicas.<\/p>\n<p align=\"justify\">Para todos nosotros es motivo de intensa emoci&oacute;n encontrarnos juntos esta tarde, reunidos junto al Coliseo, para esta sugestiva celebraci&oacute;n jubilar. Los monumentos y las ruinas de la antigua Roma hablan a la humanidad de los sufrimientos y de las persecuciones soportadas con fortaleza heroica por nuestros padres en la fe, los cristianos de las primeras generaciones. Estos antiguos vestigios nos recuerdan la verdad de las palabras de Tertuliano que escrib&iacute;a: &quot;<i>sanguis martyrum semen christianorum<\/i> &#8211; la sangre de los m&aacute;rtires es semilla de nuevos cristianos&quot; (<i>Apol., <\/i>50,13: CCL 1, 171).<\/p>\n<p align=\"justify\">2. La experiencia de los m&aacute;rtires y de los testigos de la fe no es caracter&iacute;stica s&oacute;lo de la Iglesia de los primeros tiempos, sino que tambi&eacute;n marca todas las &eacute;pocas de su historia. En el siglo XX, tal vez m&aacute;s que en el primer per&iacute;odo del cristianismo, son muchos los que dieron testimonio de la fe con sufrimientos a menudo heroicos. Cu&aacute;ntos cristianos, en todos los continentes, a lo largo del siglo XX, pagaron su amor a Cristo derramando tambi&eacute;n la sangre. Sufrieron formas de persecuci&oacute;n antiguas y recientes, experimentaron el odio y la exclusi&oacute;n, la violencia y el asesinato. Muchos pa&iacute;ses de antigua tradici&oacute;n cristiana volvieron a ser tierras donde la fidelidad al Evangelio se pag&oacute; con un precio muy alto. En nuestro siglo &quot;el testimonio ofrecido a Cristo hasta el derramamiento de la sangre se ha hecho patrimonio com&uacute;n de cat&oacute;licos, ortodoxos, anglicanos y protestantes&quot; (<i>Tertio millennio adveniente<\/i>, 37).<\/p>\n<p align=\"justify\">La generaci&oacute;n a la que pertenezco ha conocido el horror de la guerra, los campos de concentraci&oacute;n y la persecuci&oacute;n. En mi Patria, durante la segunda Guerra Mundial, sacerdotes y cristianos fueron deportados a los campos de exterminio. S&oacute;lo en Dachau fueron internados casi tres mil <font face=\"Times\" size=\"3\"> sacerdotes; su sacrificio se uni&oacute; al de muchos cristianos provenientes de otros pa&iacute;ses europeos, pertenecientes tambi&eacute;n a otras Iglesias y Comunidades eclesiales. <\/font><\/p>\n<p align=\"justify\">Yo mismo fui testigo en los a&ntilde;os de mi juventud, de tanto dolor y de tantas pruebas. Mi sacerdocio, desde sus or&iacute;genes, &quot;ha estado inscrito en el gran sacrificio de tantos hombres y de tantas mujeres de mi generaci&oacute;n&quot; (<i>Don y Misterio<\/i>, p. 47). La experiencia de la Segunda Guerra Mundial y de los a&ntilde;os siguientes me ha movido a considerar con grata atenci&oacute;n el ejemplo luminoso de cuantos, desde inicios del siglo XX hasta su fin, experimentaron la persecuci&oacute;n, la violencia y la muerte, a causa de su fe y de su conducta inspirada en la verdad de Cristo.<\/p>\n<p align=\"justify\">3. &iexcl;Y son tantos! Su recuerdo no debe perderse, m&aacute;s bien debe recuperarse de modo documentado. Los nombres de muchos no son conocidos; los nombres de algunos fueron manchados por sus perseguidores, que a&ntilde;adieron al martirio la ignominia; los nombres de otros fueron ocultados por sus verdugos. Sin embargo, los cristianos conservan el recuerdo de gran parte de ellos. Lo han demostrado las numerosas respuestas a la invitaci&oacute;n de no olvidar, llegadas a la Comisi&oacute;n &quot;Nuevos m&aacute;rtires&quot; dentro del Comit&eacute; del Gran Jubileo, que ha trabajado con tes&oacute;n para enriquecer y actualizar la memoria de la Iglesia con los testimonios de todas aquellas personas, tambi&eacute;n las desconocidas, que <i>&quot;han dado su vida por el nombre de Nuestro Se&ntilde;or Jesucristo&quot;<\/i> (<i>Hch <\/i>15,26). S&iacute;, como escrib&iacute;a &#8211; la v&iacute;spera de su ejecuci&oacute;n &#8211; el metropolita ortodoxo de San Petersburgo, Benjam&iacute;n, martirizado en 1922, &quot;los tiempos han cambiado y ha surgido la posibilidad de padecer sufrimientos por amor de Cristo&#8230;&quot;. Con la misma convicci&oacute;n, desde su celda de Buchenwold, el pastor luterano Paul Schneider lo afirmaba ante sus verdugos: &quot;As&iacute; dice el Se&ntilde;or, yo soy la Resurrecci&oacute;n y la Vida&quot;.<\/p>\n<p align=\"justify\">La participaci&oacute;n de Representantes de otras Iglesias y Comunidades eclesiales da a nuestra celebraci&oacute;n de hoy un valor y elocuencia singulares dentro de este Jubileo del a&ntilde;o 2000. Muestra c&oacute;mo el ejemplo de los heroicos testigos de la fe es verdaderamente hermoso para todos los cristianos. La persecuci&oacute;n ha afectado a casi todas las Iglesias y Comunidades eclesiales en el siglo XX, uniendo a los cristianos en los lugares del dolor y haciendo de su com&uacute;n sacrificio un signo de esperanza para los tiempos venideros.<\/p>\n<p align=\"justify\">Estos hermanos y hermanas nuestros en la fe, a los que hoy nos referimos con gratitud y veneraci&oacute;n, son como un <i>gran cuadro de la humanidad cristiana del siglo XX<\/i>. Un mural del Evangelio de las Bienaventuranzas, vivido hasta el derramamiento de la sangre.<\/p>\n<p align=\"justify\">4. <i>&quot;Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan, y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos porque vuestra recompensa ser&aacute; grande en el cielo&quot;<\/i> (<i>Mt<\/i> 5,11-12). Qu&eacute; bien se aplican estas palabras de Cristo a los innumerables testigos de la fe del siglo pasado, insultados y perseguidos, pero nunca vencidos por la fuerza del mal.<\/p>\n<p align=\"justify\">All&iacute; donde el odio parec&iacute;a arruinar toda la vida sin la posibilidad de huir de su l&oacute;gica, ellos manifestaron c&oacute;mo &quot;el amor es m&aacute;s fuerte que la muerte&quot;. Bajo terribles sistemas opresivos que desfiguraban al hombre, en los lugares de dolor, entre dur&iacute;simas privaciones, a lo largo de marchas insensatas, expuestos al fr&iacute;o, al hambre, torturados, sufriendo de tantos modos, ellos manifestaron admirablemente su adhesi&oacute;n a Cristo muerto y resucitado. Escucharemos dentro de poco algunos de sus impresionantes testimonios.<\/p>\n<p align=\"justify\">Muchos rechazaron someterse al culto de los &iacute;dolos del siglo XX y fueron sacrificados por el comunismo, el nazismo, la idolatr&iacute;a del Estado o de la raza. Muchos otros cayeron, en el curso de guerras &eacute;tnicas o tribales, porque hab&iacute;an rechazado una l&oacute;gica ajena al Evangelio de Cristo. Algunos murieron porque, siguiendo el ejemplo del Buen Pastor, quisieron permanecer junto a sus fieles a pesar de las amenazas. En todos los continentes y a lo largo del siglo XX hubo quien prefiri&oacute; dejarse matar antes que renunciar a la propia misi&oacute;n. Religiosos y religiosas vivieron su consagraci&oacute;n hasta el derramamiento de la sangre. Hombres y mujeres creyentes murieron ofreciendo su vida por amor de los hermanos, especialmente de los m&aacute;s pobres y d&eacute;biles. Tantas mujeres perdieron la vida por defender su dignidad y su pureza. <\/p>\n<p align=\"justify\">5. <i>&quot;El que se ama a s&iacute; mismo, se pierde, y el que se aborrece a s&iacute; mismo en este mundo se guardar&aacute; para la vida eterna&quot;<\/i> (<i>Jn<\/i> 12,25). Hemos escuchado hace poco estas palabras de Cristo. Se trata de una verdad que frecuentemente el mundo contempor&aacute;neo rechaza y desprecia, haciendo del amor hacia s&iacute; mismo el criterio supremo de la existencia. Pero los testigos de la fe, que tambi&eacute;n esta tarde nos hablan con su ejemplo, no buscaron su propio inter&eacute;s, su propio bienestar, la propia supervivencia como valores m&aacute;s grandes que la fidelidad al Evangelio. Incluso en su debilidad, ellos opusieron firme resistencia al mal. En su fragilidad resplandeci&oacute; la fuerza de la fe y de la gracia del Se&ntilde;or. <\/p>\n<p align=\"justify\">Queridos hermanos y hermanas, la preciosa herencia que estos valientes testigos nos han legado es un patrimonio com&uacute;n de todas las Iglesias y de todas las Comunidades eclesiales. Es una herencia que habla con una voz m&aacute;s fuerte que la de los factores de divisi&oacute;n. El ecumenismo de los m&aacute;rtires y de los testigos de la fe es el m&aacute;s convincente; indica el camino de la unidad a los cristianos del siglo XXI. Es la herencia de la Cruz vivida a la luz de la Pascua: herencia que enriquece y sostiene a los cristianos mientras se dirigen al nuevo milenio. <\/p>\n<p align=\"justify\">Si nos enorgullecemos de esta herencia no es por parcialidad y menos a&uacute;n por deseo de revancha hacia los perseguidores, sino para que quede de manifiesto el extraordinario poder de Dios, que ha seguido actuando en todo tiempo y lugar. Lo hacemos perdonando a ejemplo de tantos testigos muertos mientras oraban por sus perseguidores.<\/p>\n<p align=\"justify\">6. Que permanezca viva la memoria de estos hermanos y hermanas nuestros a lo largo del siglo y del milenio reci&eacute;n comenzados. M&aacute;s a&uacute;n, &iexcl;que crezca! Que se transmita de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n para que de ella brote una profunda renovaci&oacute;n cristiana. Que se custodie como un tesoro de gran valor para los cristianos del nuevo milenio y sea la levadura para alcanzar la plena comuni&oacute;n de todos los disc&iacute;pulos de Cristo.<\/p>\n<p align=\"justify\">Con el esp&iacute;ritu lleno de &iacute;ntima emoci&oacute;n expreso este deseo. Elevo mi oraci&oacute;n al Se&ntilde;or para que la nube de testigos que nos rodea nos ayude a todos nosotros, creyentes, a expresar con el mismo valor nuestro amor por Cristo, por &Eacute;l que est&aacute; vivo siempre en su Iglesia: como ayer, as&iacute; hoy, ma&ntilde;ana y siempre.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONMEMORACI&Oacute;N ECUM&Eacute;NICA DE LOS TESTIGOS DE LA FE DEL SIGLO XX HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE TERCER DOMINGO DE PASCUA, 7 DE MAYO DE 2000&nbsp; 1. &quot;Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto&quot; (Jn 12, 24). 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