{"id":40381,"date":"2016-10-05T23:43:01","date_gmt":"2016-10-06T04:43:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-mayo-de-2000-jubileo-de-los-trabajadores\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:01","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:01","slug":"1-de-mayo-de-2000-jubileo-de-los-trabajadores","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-mayo-de-2000-jubileo-de-los-trabajadores\/","title":{"rendered":"1 de Mayo de 2000, Jubileo de los trabajadores"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <b>CELEBRACI&Oacute;N DEL JUBILEO DE LOS TRABAJADORES<br \/>EN TOR VERGATA (ROMA)<\/b>&nbsp; <br \/><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/p>\n<p><\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> 1 de mayo de 2000 <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><br \/>\n<font face=\"Times\" size=\"3\"><b><\/p>\n<p> <\/b><\/font><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><i><\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"justify\">1.&nbsp;<i>&quot;Haz pr&oacute;speras, Se&ntilde;or, las obras de nuestras manos&quot;<\/i> (<i>Salmo responsorial<\/i>).<\/p>\n<p> Estas palabras, que hemos repetido en el Salmo responsorial, expresan bien el sentido de esta jornada jubilar. Del vasto y multiforme mundo del trabajo se eleva hoy, 1 de mayo, una invocaci&oacute;n coral:&nbsp; &iexcl;Se&ntilde;or, haz pr&oacute;speras y consolida las obras de nuestras manos!<br \/> Nuestra tarea, en los hogares, en los campos, en las industrias y en las oficinas, podr&iacute;a convertirse en una actividad afanosa, en definitiva, vac&iacute;a de significado (cf. <i>Qo<\/i> 1, 3). Pedimos al Se&ntilde;or que sea m&aacute;s bien la realizaci&oacute;n de su designio, de modo que nuestro trabajo recupere <i>su significado originario<\/i>.<\/p>\n<p> &iquest;Y cu&aacute;l es el significado originario del trabajo? Lo hemos escuchado en la primera lectura, tomada del libro del G&eacute;nesis. Al hombre, creado a su imagen y semejanza, Dios le da este mandato:&nbsp; &quot;Llenad la tierra y sometedla&#8230;&quot; (<i>Gn<\/i> 1, 28). San Pablo, en su carta a los cristianos de Tesal&oacute;nica, se hace eco de estas palabras:&nbsp; &quot;Cuando est&aacute;bamos entre vosotros, os &nbsp;mand&aacute;bamos &nbsp;esto:&nbsp; si alguno no quiere &nbsp;trabajar, que tampoco coma&quot;, y &nbsp;los &nbsp;exhorta &quot;a &nbsp;que &nbsp;trabajen con sosiego para comer su propio pan&quot; (<i>2 Ts<\/i> 3, 10.&nbsp;12).<\/p>\n<p> Por tanto, en el proyecto de Dios el trabajo aparece como un derecho-deber. Necesario para que los bienes de la tierra sean &uacute;tiles a la vida de los hombres y de la sociedad, contribuye a orientar la actividad humana hacia Dios en el cumplimiento de su mandato de &quot;someter la tierra&quot;. A este prop&oacute;sito, resuena en nuestro coraz&oacute;n otra exhortaci&oacute;n del Ap&oacute;stol:&nbsp; &quot;Por tanto, ya com&aacute;is, ya beb&aacute;is o hag&aacute;is cualquier otra cosa, hacedlo todo&nbsp;para&nbsp;gloria&nbsp;de&nbsp;Dios&quot; (<i>1&nbsp;Co<\/i>&nbsp;10,&nbsp;31).<\/p>\n<p> 2.&nbsp;El A&ntilde;o jubilar nos impulsa a dirigir nuestra mirada al misterio de la Encarnaci&oacute;n y, al mismo tiempo, nos invita a reflexionar con particular intensidad <i>en la vida oculta de Jes&uacute;s en Nazaret<\/i>. Fue all&iacute; donde pas&oacute; la mayor parte de su existencia terrena. Con su laboriosidad silenciosa en el taller de san Jos&eacute;, Jes&uacute;s dio la &nbsp;m&aacute;s alta demostraci&oacute;n de la dignidad del trabajo. El evangelio de hoy narra c&oacute;mo lo acogieron con admiraci&oacute;n los habitantes de Nazaret, sus paisanos, pregunt&aacute;ndose unos a otros:&nbsp; &quot;&iquest;De d&oacute;nde saca este esa sabidur&iacute;a y esos milagros? &iquest;No es el hijo del carpintero?&quot; (<i>Mt<\/i> 13, 54-55).<\/p>\n<p> El Hijo de Dios no desde&ntilde;&oacute; la calificaci&oacute;n de carpintero, y no quiso eximirse de la condici&oacute;n normal de todo hombre. &quot;La elocuencia de la vida de Cristo es inequ&iacute;voca:&nbsp; pertenece &nbsp;al <i>mundo del trabajo;<\/i> tiene &nbsp;reconocimiento &nbsp;y &nbsp;respeto por el trabajo humano; se puede decir incluso m&aacute;s:&nbsp; mira con amor el trabajo, sus diversas manifestaciones, viendo en cada una de ellas un aspecto particular de la semejanza del hombre con Dios, Creador y Padre&quot; (<i>Laborem exercens<\/i>, 26).<br \/> Del Evangelio &nbsp;de &nbsp;Cristo &nbsp;deriva &nbsp;la ense&ntilde;anza de los Ap&oacute;stoles y de la Iglesia; deriva <i>una verdadera y caracter&iacute;stica espiritualidad cristiana del trabajo<\/i>, que ha encontrado una expresi&oacute;n eminente en la constituci&oacute;n <i>Gaudium et spes<\/i> del concilio ecum&eacute;nico Vaticano II (cf. nn. 33-39 y 63-72). Despu&eacute;s de siglos de graves tensiones sociales e ideol&oacute;gicas, el mundo contempor&aacute;neo, cada vez m&aacute;s interdependiente, tiene necesidad de este &quot;evangelio del trabajo&quot;, para que la actividad humana promueva el aut&eacute;ntico desarrollo de las personas y de toda la humanidad.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, a vosotros, que hoy represent&aacute;is a todo el mundo del trabajo reunido para la celebraci&oacute;n jubilar, &iquest;qu&eacute; os dice el jubileo? &iquest;Qu&eacute; dice el jubileo a la sociedad, para la que el trabajo, adem&aacute;s de ser una estructura basilar, constituye un terreno de verificaci&oacute;n de sus opciones de valor y de civilizaci&oacute;n?<\/p>\n<p> Ya desde sus or&iacute;genes jud&iacute;os, <i>el jubileo se refer&iacute;a directamente a la realidad del trabajo<\/i>, al ser el pueblo de Dios un pueblo de hombres libres, que el Se&ntilde;or hab&iacute;a rescatado de su condici&oacute;n de esclavitud (cf. <i>Lv<\/i> 25). En el misterio pascual, Cristo perfecciona tambi&eacute;n esta instituci&oacute;n de la ley antigua, confiri&eacute;ndole pleno sentido espiritual, pero integrando su valor social en el gran designio del Reino, que como &quot;levadura&quot; hace desarrollar a toda la sociedad en la l&iacute;nea del verdadero progreso.<\/p>\n<p> As&iacute; pues, el A&ntilde;o jubilar impulsa a <i>un redescubrimiento del sentido y del valor del trabajo<\/i>. Invita, asimismo, a afrontar los desequilibrios econ&oacute;micos y sociales existentes en el mundo laboral, restableciendo la justa jerarqu&iacute;a de los valores y, en primer lugar, la dignidad del hombre y de la mujer que trabajan, su libertad, su responsabilidad y su participaci&oacute;n. Lleva, adem&aacute;s, a remediar las situaciones de injusticia, salvaguardando las culturas propias de cada pueblo y&nbsp;los diversos modelos&nbsp;de desarrollo.<\/p>\n<p> En este momento, no puedo por menos de expresar mi solidaridad a todos los que sufren por falta de empleo, por salario insuficiente, por indigencia de medios materiales. Tengo muy presentes en mi coraz&oacute;n a las poblaciones sometidas a una pobreza que ofende su dignidad, impidi&eacute;ndoles compartir los bienes de la tierra y oblig&aacute;ndolas a alimentarse con lo que cae de la mesa de los ricos (cf. <i>Incarnationis mysterium<\/i>, 12). Comprometerse a remediar estas situaciones es obra de justicia y paz.<\/p>\n<p> Las nuevas realidades, que se manifiestan con fuerza en el proceso productivo, como la globalizaci&oacute;n de las finanzas, de la econom&iacute;a, del comercio y del trabajo, jam&aacute;s deben violar la dignidad y la centralidad de la persona humana, ni la libertad y la democracia de los pueblos. La solidaridad, la participaci&oacute;n y la posibilidad de gestionar estos cambios radicales constituyen, si no la soluci&oacute;n, ciertamente la necesaria garant&iacute;a &eacute;tica para que las personas y los pueblos no se conviertan en instrumentos, sino en protagonistas de su futuro. Todo esto puede realizarse y, dado que es posible, constituye un deber.<\/p>\n<p> Sobre estos temas est&aacute; reflexionando el Consejo pontificio Justicia y paz, que sigue de cerca el desarrollo de la situaci&oacute;n econ&oacute;mica y social en el mundo, para estudiar sus repercusiones en el ser humano. Fruto de esta reflexi&oacute;n ser&aacute; un <i>Compendio de la doctrina social de la Iglesia<\/i>, actualmente en elaboraci&oacute;n.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Amad&iacute;simos trabajadores, <i>la figura de Jos&eacute; de Nazaret<\/i>, cuya estatura espiritual y moral era tan elevada como humilde y discreta, ilumina nuestro encuentro. En &eacute;l se realiza la promesa del Salmo:&nbsp; &quot;&iexcl;Dichoso el que teme al Se&ntilde;or y sigue sus caminos! Comer&aacute;s del fruto de tu trabajo, ser&aacute;s dichoso, te ir&aacute; bien. (&#8230;) As&iacute; ser&aacute; bendito el hombre que teme al Se&ntilde;or&quot; (<i>Sal<\/i> 127, 1-2). El Custodio del Redentor ense&ntilde;&oacute; a Jes&uacute;s el oficio de carpintero, pero, sobre todo, le dio el ejemplo valios&iacute;simo de lo que la Escritura llama &quot;el temor de Dios&quot;, principio mismo de la sabidur&iacute;a, que consiste en la religiosa sumisi&oacute;n a &eacute;l y en el deseo &iacute;ntimo de buscar y cumplir siempre su voluntad.<br \/>Queridos hermanos, esta es la verdadera fuente de bendici&oacute;n para cada hombre, para cada familia y para cada naci&oacute;n.<\/p>\n<p> A san Jos&eacute;, trabajador y hombre justo, y a su sant&iacute;sima esposa Mar&iacute;a, les encomiendo vuestro jubileo, a todos vosotros y a vuestras familias.<\/p>\n<p> &quot;Bendice, Se&ntilde;or, las obras de nuestras manos&quot;.<\/p>\n<p> Bendice, Se&ntilde;or de los siglos y los milenios, el trabajo diario con el que el hombre y la mujer se procuran el pan para s&iacute; y para sus seres queridos. En tus manos paternas depositamos tambi&eacute;n el cansancio y los sacrificios vinculados al trabajo, en uni&oacute;n con tu Hijo Jesucristo, que ha rescatado el trabajo humano del yugo del pecado y le ha devuelto su dignidad originaria.<\/p>\n<p> Honor y gloria a ti, hoy y siempre. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DEL JUBILEO DE LOS TRABAJADORESEN TOR VERGATA (ROMA)&nbsp; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II 1 de mayo de 2000 1.&nbsp;&quot;Haz pr&oacute;speras, Se&ntilde;or, las obras de nuestras manos&quot; (Salmo responsorial). Estas palabras, que hemos repetido en el Salmo responsorial, expresan bien el sentido de esta jornada jubilar. 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