{"id":40382,"date":"2016-10-05T23:43:02","date_gmt":"2016-10-06T04:43:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-abril-de-2000-canonizacion-de-la-beatamaria-faustina-kowalska\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:02","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:02","slug":"30-de-abril-de-2000-canonizacion-de-la-beatamaria-faustina-kowalska","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-abril-de-2000-canonizacion-de-la-beatamaria-faustina-kowalska\/","title":{"rendered":"30 de abril de 2000, Canonizaci\u00f3n de la beataMar\u00eda Faustina Kowalska"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> CAPILLA PAPAL PARA LA CANONIZACI&Oacute;N&nbsp;<br \/> DE LA BEATA MAR&Iacute;A FAUSTINA KOWALSKA<\/p>\n<p> <\/font><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/>Domingo 30 de abril de 2000<\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"justify\">1.&nbsp;&quot;<i>Confitemini Domino quoniam bonus, quoniam in saeculum misericordia eius<\/i>&quot;, &quot;Dad gracias al Se&ntilde;or porque es bueno, porque es eterna su misericordia&quot; (<i>Sal<\/i> 118, 1). As&iacute; canta la Iglesia en la octava de Pascua, casi recogiendo de labios de Cristo estas palabras del Salmo; de labios de Cristo resucitado, que en el &nbsp;Cen&aacute;culo &nbsp;da &nbsp;el gran anuncio de la misericordia divina y conf&iacute;a su ministerio a los Ap&oacute;stoles:&nbsp; &quot;Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, as&iacute; tambi&eacute;n os env&iacute;o yo. (&#8230;) Recibid el Esp&iacute;ritu Santo; a &nbsp;quienes &nbsp;les &nbsp;perdon&eacute;is los pecados les quedan perdonados; a quienes se los reteng&aacute;is les quedan retenidos&quot; (<i>Jn<\/i> 20, 21-23).<\/p>\n<p> Antes de pronunciar estas palabras, Jes&uacute;s muestra sus manos y su costado, es decir, se&ntilde;ala las heridas de la Pasi&oacute;n, sobre todo la herida de su coraz&oacute;n, fuente de la que brota la gran ola de misericordia que se derrama sobre la humanidad. De ese coraz&oacute;n <i>sor Faustina Kowalska<\/i>, la beata que a partir de ahora llamaremos santa, ver&aacute; salir dos haces de luz que iluminan el mundo:&nbsp; &quot;Estos dos haces -le explic&oacute; un d&iacute;a Jes&uacute;s mismo- representan la sangre y el agua&quot; (<i>Diario<\/i>, Librer&iacute;a Editrice Vaticana, p. 132).<\/p>\n<p> 2.<i>&nbsp;&iexcl;Sangre y agua!<\/i> Nuestro pensamiento va al testimonio del evangelista san Juan, quien, cuando un soldado traspas&oacute; con su lanza el costado de Cristo en el Calvario, vio salir &quot;sangre y agua&quot; (<i>Jn<\/i> 19, 34). Y si la sangre evoca el sacrificio de la cruz y el don eucar&iacute;stico, el agua, en la simbolog&iacute;a jo&aacute;nica, no s&oacute;lo recuerda el bautismo, sino tambi&eacute;n el don del Esp&iacute;ritu Santo (cf. <i>Jn<\/i> 3, 5; 4, 14; 7, 37-39).<\/p>\n<p> La misericordia divina llega a los hombres a trav&eacute;s del coraz&oacute;n de Cristo crucificado:&nbsp; &quot;Hija m&iacute;a, di que soy el Amor y la Misericordia en persona&quot;, pedir&aacute; Jes&uacute;s a&nbsp;sor&nbsp;Faustina (<i>Diario<\/i>,&nbsp;p.&nbsp;374). Cristo derrama esta misericordia sobre la humanidad mediante el env&iacute;o del Esp&iacute;ritu que, en la Trinidad, es la Persona-Amor. Y &iquest;acaso no es la misericordia un &quot;segundo nombre&quot; del amor (cf. <i>Dives in misericordia<\/i>, 7), entendido en su aspecto m&aacute;s profundo y tierno, en su actitud de aliviar cualquier necesidad, sobre todo en su inmensa capacidad de perd&oacute;n?<\/p>\n<p> Hoy es verdaderamente grande mi alegr&iacute;a al proponer a toda la Iglesia, como don de Dios a nuestro tiempo, la vida y el testimonio de sor Faustina Kowalska. La divina Providencia uni&oacute; completamente la vida de esta humilde hija de Polonia a la historia del siglo XX, el siglo que acaba de terminar. En efecto, entre la primera y la segunda guerra mundial, Cristo le confi&oacute; su mensaje de misericordia. Quienes recuerdan, quienes fueron testigos y participaron en los hechos de aquellos a&ntilde;os y en los horribles sufrimientos que produjeron a millones de hombres, saben bien cu&aacute;n necesario era &nbsp;el &nbsp;mensaje &nbsp;de &nbsp;la &nbsp;misericordia.<\/p>\n<p> Jes&uacute;s dijo a sor Faustina:&nbsp; &quot;La humanidad no encontrar&aacute; paz hasta que no se dirija con confianza a la misericordia divina&quot; (<i>Diario<\/i>, p. 132). A trav&eacute;s de la obra de la religiosa polaca, este mensaje se ha vinculado para siempre al siglo&nbsp;XX, &uacute;ltimo del segundo milenio y puente hacia el tercero. No es un mensaje nuevo, pero se puede considerar un don de iluminaci&oacute;n especial, que nos ayuda a revivir m&aacute;s intensamente el evangelio de la Pascua, para ofrecerlo como un rayo de luz a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&iquest;Qu&eacute; nos deparar&aacute;n los pr&oacute;ximos a&ntilde;os? &iquest;C&oacute;mo ser&aacute; el futuro del hombre en la tierra? No podemos saberlo. Sin embargo, es cierto que, adem&aacute;s de los nuevos progresos, no faltar&aacute;n, por desgracia, experiencias dolorosas. Pero la luz de la misericordia divina, que el Se&ntilde;or quiso volver a entregar al mundo mediante el carisma de sor Faustina, iluminar&aacute; el camino de los hombres del tercer milenio.<\/p>\n<p> Pero, como sucedi&oacute; con los Ap&oacute;stoles, es necesario que tambi&eacute;n la humanidad de hoy acoja en el cen&aacute;culo de la historia a Cristo resucitado, que muestra las heridas de su crucifixi&oacute;n y repite:&nbsp; &quot;Paz a vosotros&quot;. Es preciso que la humanidad se deje penetrar e impregnar por el Esp&iacute;ritu que Cristo resucitado le infunde. El Esp&iacute;ritu sana las heridas de nuestro coraz&oacute;n, derriba las barreras que nos separan de Dios y nos desunen entre nosotros, y nos devuelve la alegr&iacute;a del amor del Padre y la de la unidad fraterna.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;As&iacute; pues, es importante que acojamos &iacute;ntegramente el mensaje que nos transmite la palabra de Dios en este segundo domingo de Pascua, que a partir de ahora en toda la Iglesia <i>se designar&aacute; con el nombre de &quot;domingo de la Misericordia divina&quot;<\/i>. A trav&eacute;s de las diversas lecturas, la liturgia parece trazar el camino de la misericordia que, a la vez que reconstruye la relaci&oacute;n de cada uno con Dios, suscita tambi&eacute;n entre los hombres nuevas relaciones de solidaridad fraterna. Cristo nos ense&ntilde;&oacute; que &quot;el hombre no &nbsp;s&oacute;lo &nbsp;recibe y experimenta la misericordia de Dios, sino que est&aacute; llamado a &quot;usar misericordia&quot; con los dem&aacute;s:&nbsp; &quot;Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzar&aacute;n misericordia&quot; (<i>Mt <\/i>5, 7)&quot; (<i>Dives in misericordia<\/i>, 14). Y nos se&ntilde;al&oacute;, adem&aacute;s, los m&uacute;ltiples caminos de la misericordia, que no s&oacute;lo perdona los pecados, sino que tambi&eacute;n sale al encuentro de todas las necesidades de los hombres. Jes&uacute;s se inclin&oacute; sobre todas las miserias humanas, tanto materiales como espirituales.<\/p>\n<p> Su mensaje de misericordia sigue lleg&aacute;ndonos a trav&eacute;s del gesto de sus manos tendidas hacia el hombre que sufre. As&iacute; lo vio y lo anunci&oacute; a los hombres de todos los continentes sor Faustina, que, escondida en su convento de Lagiewniki, en Cracovia, hizo de su existencia un canto a la misericordia:&nbsp; <i>&quot;Misericordias Domini in aeternum cantabo&quot;.<br \/><\/i><br \/> 5.&nbsp;La canonizaci&oacute;n de sor Faustina tiene una elocuencia particular:&nbsp; con este acto quiero transmitir hoy este mensaje al nuevo milenio. Lo transmito a todos los hombres para que aprendan <i>a conocer cada vez mejor el verdadero rostro de Dios y el verdadero rostro de los hermanos<\/i>.<br \/> El amor a Dios y el amor a los hermanos son efectivamente inseparables, como nos lo ha recordado la primera carta del ap&oacute;stol san Juan:&nbsp; &quot;En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios:&nbsp; si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos&quot; (<i>1 Jn<\/i> 5, 2). El Ap&oacute;stol nos recuerda aqu&iacute; la verdad del amor, indic&aacute;ndonos que su medida y su criterio radican en la observancia de los mandamientos.<\/p>\n<p> En efecto, no es f&aacute;cil amar con un amor profundo, constituido por una entrega aut&eacute;ntica de s&iacute;. Este amor se aprende s&oacute;lo en la escuela de Dios, al calor de su caridad. Fijando nuestra mirada en &eacute;l, sintoniz&aacute;ndonos con su coraz&oacute;n de Padre, llegamos a ser capaces de mirar a nuestros hermanos con ojos nuevos, con una actitud de gratuidad y comuni&oacute;n, de generosidad y perd&oacute;n. <i>&iexcl;Todo esto es misericordia!<br \/><\/i><br \/> En la medida en que la humanidad aprenda el secreto de esta mirada misericordiosa, ser&aacute; posible realizar el cuadro ideal propuesto por la primera lectura:&nbsp; &quot;En &nbsp;el &nbsp;grupo &nbsp;de &nbsp;los creyentes, todos pensaban y sent&iacute;an lo mismo:&nbsp; lo pose&iacute;an &nbsp;todo &nbsp;en com&uacute;n y nadie llamaba suyo propio nada de lo que ten&iacute;a&quot; (<i>Hch<\/i> 4, 32). Aqu&iacute; la misericordia del coraz&oacute;n se convirti&oacute; tambi&eacute;n en estilo de relaciones, en proyecto de comunidad y en comuni&oacute;n de bienes. Aqu&iacute; florecieron las &quot;obras de misericordia&quot;, espirituales y corporales. Aqu&iacute; la misericordia se transform&oacute; en hacerse concretamente &quot;pr&oacute;jimo&quot; de &nbsp;los &nbsp;hermanos m&aacute;s indigentes.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;Sor Faustina Kowalska dej&oacute; escrito en su <i>Diario<\/i>:&nbsp; &quot;Experimento un dolor tremendo cuando observo los sufrimientos del pr&oacute;jimo. Todos los dolores del pr&oacute;jimo repercuten en mi coraz&oacute;n; llevo en mi coraz&oacute;n sus angustias, de modo que me destruyen tambi&eacute;n f&iacute;sicamente. Desear&iacute;a que todos los dolores recayeran sobre m&iacute;, para aliviar al pr&oacute;jimo&quot; (p. 365). &iexcl;Hasta ese punto de comuni&oacute;n lleva el amor cuando se mide seg&uacute;n el amor a Dios!<\/p>\n<p> En este amor debe inspirarse la humanidad hoy para afrontar la crisis de sentido, los desaf&iacute;os de las necesidades m&aacute;s diversas y, sobre todo, la exigencia de salvaguardar la dignidad de toda persona humana. As&iacute;, el mensaje de la misericordia divina es, impl&iacute;citamente, tambi&eacute;n un <i>mensaje sobre el valor de todo hombre<\/i>. Toda persona es valiosa a los ojos de Dios, Cristo dio su vida por cada uno, y &nbsp;a &nbsp;todos el Padre concede su Esp&iacute;ritu y ofrece el acceso a su intimidad.<\/p>\n<p> 7.&nbsp;Este mensaje consolador se dirige sobre todo a quienes, afligidos por una prueba particularmente dura o abrumados por el peso de los pecados cometidos, han perdido la confianza en la vida y han sentido la tentaci&oacute;n de caer en la desesperaci&oacute;n. A ellos se presenta el rostro dulce de Cristo y hasta ellos llegan los haces de luz que parten de su coraz&oacute;n e iluminan, calientan, se&ntilde;alan el camino e infunden esperanza. &iexcl;A cu&aacute;ntas almas ha consolado ya la invocaci&oacute;n &quot;Jes&uacute;s, en ti conf&iacute;o&quot;, que la Providencia sugiri&oacute; a trav&eacute;s de sor Faustina! Este sencillo acto de abandono a Jes&uacute;s disipa las nubes m&aacute;s densas e introduce un rayo de luz en la vida de cada uno.<\/p>\n<p> 8.<i>&nbsp;&quot;Misericordias Domini in aeternum cantabo&quot;<\/i> (<i>Sal<\/i> 89, 2). A la voz de Mar&iacute;a sant&iacute;sima, la &quot;Madre de la misericordia&quot;, a la voz de esta nueva santa, que en la Jerusal&eacute;n celestial canta la misericordia junto con todos los amigos de Dios, unamos tambi&eacute;n nosotros, Iglesia peregrina, nuestra voz.<\/p>\n<p> Y t&uacute;, Faustina, don de Dios a nuestro tiempo, don de la tierra de Polonia a toda la Iglesia, conc&eacute;denos percibir la profundidad de la misericordia divina, ay&uacute;danos a experimentarla en nuestra vida y a testimoniarla a nuestros hermanos. Que tu mensaje de luz y esperanza se difunda por todo el mundo, mueva a los pecadores a la conversi&oacute;n, elimine las rivalidades y los odios, y abra a los hombres y las naciones a la pr&aacute;ctica de la fraternidad. Hoy, nosotros, fijando, juntamente contigo, nuestra mirada en el rostro de Cristo resucitado, hacemos nuestra tu oraci&oacute;n de abandono confiado y decimos con firme esperanza:&nbsp; &quot;Cristo, Jes&uacute;s, en ti conf&iacute;o&quot;. <\/p>\n<p align=\"justify\">&nbsp; <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CAPILLA PAPAL PARA LA CANONIZACI&Oacute;N&nbsp; DE LA BEATA MAR&Iacute;A FAUSTINA KOWALSKA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 30 de abril de 2000 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Confitemini Domino quoniam bonus, quoniam in saeculum misericordia eius&quot;, &quot;Dad gracias al Se&ntilde;or porque es bueno, porque es eterna su misericordia&quot; (Sal 118, 1). 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