{"id":40388,"date":"2016-10-05T23:43:11","date_gmt":"2016-10-06T04:43:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-la-basilica-del-santo-sepulcro-de-jerusalen-homilia-26-de-marzo-de-2000\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:11","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:11","slug":"peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-la-basilica-del-santo-sepulcro-de-jerusalen-homilia-26-de-marzo-de-2000","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-la-basilica-del-santo-sepulcro-de-jerusalen-homilia-26-de-marzo-de-2000\/","title":{"rendered":"Peregrinaci\u00f3n Jubilar a Tierra Santa: Santa Misa en la bas\u00edlica del Santo Sepulcro de Jerusal\u00e9n &#8211; Homil\u00eda (26 de marzo de 2000)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p><\/i>&nbsp;MISA EN LA BAS&Iacute;LICA DEL SANTO SEPULCRO DE JERUSAL&Eacute;N<\/font><i><font color=\"#663300\"><b><\/p>\n<p><\/b>Domingo 26 de marzo de 2000 <\/font> <\/i><\/p>\n<p><i> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font> <\/i><\/p>\n<p> &nbsp; <\/p>\n<p><i>&quot;Creo en (&#8230;) Jesucristo (&#8230;), que fue concebido por obra y gracia del Esp&iacute;ritu Santo, naci&oacute; &nbsp;de &nbsp;santa Mar&iacute;a Virgen, padeci&oacute; bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado (&#8230;), al tercer d&iacute;a resucit&oacute; de entre los muertos&quot;.<\/i><\/p>\n<p> 1.&nbsp;Siguiendo el camino de la historia de la salvaci&oacute;n, tal como se narra en el S&iacute;mbolo de los Ap&oacute;stoles, mi peregrinaci&oacute;n jubilar me ha tra&iacute;do a Tierra Santa. De Nazaret, donde Jes&uacute;s fue concebido en el seno de la Virgen Mar&iacute;a por obra del Esp&iacute;ritu Santo, he llegado a Jerusal&eacute;n, donde &quot;padeci&oacute; bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado&quot;. Aqu&iacute;, <i>en la bas&iacute;lica del Santo Sepulcro<\/i>, me arrodillo ante el lugar de su sepultura:&nbsp; &quot;He aqu&iacute; el lugar donde lo pusieron&quot; (<i>Mc<\/i> 16, 6).<\/p>\n<p> La tumba est&aacute; vac&iacute;a. Es un testigo silencioso del <i>acontecimiento central de la historia humana:&nbsp; la resurrecci&oacute;n de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo<\/i>. Durante casi dos mil a&ntilde;os la tumba vac&iacute;a ha dado testimonio de la victoria de la Vida sobre la muerte. Con los Ap&oacute;stoles y los evangelistas, con la Iglesia de todos los tiempos y lugares, tambi&eacute;n nosotros damos testimonio &nbsp;y proclamamos:&nbsp; &quot;&iexcl;Cristo resucit&oacute;! Una &nbsp;vez &nbsp;resucitado de entre los muertos, ya no muere m&aacute;s; la muerte no tiene ya se&ntilde;or&iacute;o sobre &eacute;l&quot; (cf.<i>&nbsp;Rm<\/i> 6, 9).<\/p>\n<p> <i>&quot;Mors et vita duello conflixere mirando; dux vitae mortuus, regnat vivus&quot; <\/i>(Secuencia pascual latina <i>Victimae paschali<\/i>). El Se&ntilde;or de la vida estaba muerto; ahora reina, victorioso sobre la muerte, fuente de vida eterna para todos los creyentes.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;En esta bas&iacute;lica, &quot;la madre de todas las Iglesias&quot; (san Juan Damasceno), dirijo mi afectuoso saludo a Su Beatitud el patriarca Michel Sabbah, a los Ordinarios de las dem&aacute;s comunidades cat&oacute;licas, al padre Giovanni Battistelli y a los frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, as&iacute; como a los sacerdotes, los religiosos y los laicos.<\/p>\n<p> Con estima y afecto fraternos saludo al patriarca Diodoros de la Iglesia greco-ortodoxa y al patriarca Torkom de la Iglesia armenia ortodoxa, a los representantes de las Iglesias copta, siria y eti&oacute;pica, as&iacute; como a los de las comunidades anglicana y luterana.<\/p>\n<p> Aqu&iacute;, donde nuestro Se&ntilde;or Jesucristo muri&oacute; para reunir a los hijos de Dios que estaban dispersos (cf. <i>Jn<\/i> 11, 52), el Padre de las misericordias fortalezca nuestro deseo de unidad y paz entre todos los que han recibido el don de la vida nueva en las aguas salv&iacute;ficas del bautismo.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;<i>&quot;Destruid este templo y en tres d&iacute;as lo levantar&eacute;&quot;<\/i> (<i>Jn<\/i> 2, 19).<\/p>\n<p> El evangelista san Juan nos narra que, despu&eacute;s &nbsp;de la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s de entre los muertos, los disc&iacute;pulos recordaron estas palabras y creyeron (cf.<i>&nbsp;Jn<\/i> 2, 22). Jes&uacute;s las pronunci&oacute; a fin de que fueran un signo para sus disc&iacute;pulos. Cuando fue al templo con sus disc&iacute;pulos, expuls&oacute; a los cambistas y a los vendedores del lugar santo (cf. <i>Jn<\/i> 2,&nbsp;15). En el momento en que los presentes protestaron, pregunt&aacute;ndole:&nbsp; &quot;&iquest;Qu&eacute; se&ntilde;al nos muestras para obrar as&iacute;?&quot;, Jes&uacute;s les replic&oacute;:&nbsp; &quot;Destruid este templo y en tres d&iacute;as lo levantar&eacute;&quot;. El evangelista anota que &quot;&eacute;l hablaba del templo de su cuerpo&quot; (<i>Jn <\/i>2, 18-21).<\/p>\n<p> La profec&iacute;a encerrada en las palabras de Jes&uacute;s se cumpli&oacute; en la Pascua, cuando &quot;al tercer d&iacute;a resucit&oacute; de entre los muertos&quot;. La resurrecci&oacute;n de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo <i>es el signo de que el Padre eterno es fiel a su promesa y hace nacer nueva vida de la muerte<\/i>:&nbsp; &quot;la resurrecci&oacute;n del cuerpo y la vida eterna&quot;. El misterio se refleja claramente en esta antigua iglesia de la <i>An&aacute;stasis<\/i>, que contiene tanto el sepulcro vac&iacute;o, signo de la Resurrecci&oacute;n, como el G&oacute;lgota, lugar de la crucifixi&oacute;n. <i>La buena nueva de la Resurrecci&oacute;n no puede separarse nunca del misterio de la cruz<\/i>. San Pablo nos lo dice en la segunda lectura de hoy:&nbsp; &quot;Nosotros predicamos a Cristo crucificado&quot; (<i>1 Co<\/i> 1, 23). Cristo, que se ofreci&oacute; a s&iacute; mismo como sacrificio vespertino en el altar de la cruz (cf. <i>Sal<\/i> 141, 2), se revela ahora como &quot;fuerza de Dios y sabidur&iacute;a de Dios&quot; (<i>1 Co<\/i> 1, 24). Y en su resurrecci&oacute;n, los hijos y las hijas de Ad&aacute;n han sido hechos part&iacute;cipes de su vida divina, que ten&iacute;a desde toda la eternidad, con el Padre, en el Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;&quot;Yo soy el Se&ntilde;or, tu Dios, que te he sacado del pa&iacute;s de Egipto, de la esclavitud&quot; (<i>Ex<\/i> 20, 2).<br \/> La liturgia cuaresmal de hoy nos presenta la Alianza que Dios sell&oacute; con su pueblo en el monte Sina&iacute;, cuando entreg&oacute; los diez mandamientos de la Ley a Mois&eacute;s. El Sina&iacute; representa la segunda etapa de la gran peregrinaci&oacute;n de fe que comenz&oacute; cuando Dios dijo a Abraham:&nbsp; &quot;Sal de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostrar&eacute;&quot; (<i>Gn<\/i> 12, 1).<\/p>\n<p> <i>La Ley y la Alianza son el sello de la promesa hecha a Abraham<\/i>. Mediante el Dec&aacute;logo y la ley moral inscrita en el coraz&oacute;n del hombre (cf. <i>Rm<\/i> 2, 15), Dios desaf&iacute;a radicalmente la libertad de cada hombre y cada mujer. Responder a la voz de Dios que resuena en lo m&aacute;s profundo de nuestra conciencia y elegir el bien es <i>&nbsp;la &nbsp;opci&oacute;n &nbsp;m&aacute;s sublime de la libertad humana<\/i>. Equivale, realmente, a elegir entre la vida y la muerte (cf. <i>Dt<\/i>&nbsp;30, 15). Caminando por la senda de la Alianza con Dios sant&iacute;simo, el pueblo se convierte en heraldo y testigo de la promesa, la promesa de una aut&eacute;ntica liberaci&oacute;n y de la plenitud de vida.<\/p>\n<p> <i>La resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s es el sello definitivo de todas las promesas de Dios, el lugar de nacimiento de una humanidad nueva y resucitada<\/i>, la prenda de una historia caracterizada por los dones mesi&aacute;nicos de paz y alegr&iacute;a espiritual. En el alba de un nuevo milenio, los <i>cristianos pueden y deben mirar al futuro con firme confianza en el poder glorioso del Resucitado de renovar todas las cosas <\/i>(cf. <i>Ap<\/i> 21, 5). &Eacute;l es el &uacute;nico que libra a toda la creaci&oacute;n de la servidumbre de la corrupci&oacute;n (cf.<i> Rm<\/i> 8, 20). Con su resurrecci&oacute;n, abre el camino al gran descanso del<i> sabbath<\/i>, el octavo d&iacute;a, cuando la peregrinaci&oacute;n de la humanidad llegue a su fin y Dios sea todo en todos (cf. <i>1 Co<\/i> 15, 28).<\/p>\n<p> Aqu&iacute;, en el Santo Sepulcro y en el G&oacute;lgota, a la vez que renovamos nuestra profesi&oacute;n de fe en el Se&ntilde;or resucitado, &iquest;podemos dudar de que con el poder del Esp&iacute;ritu de vida recibiremos la fuerza para superar nuestras divisiones y trabajar juntos a fin de construir un futuro de reconciliaci&oacute;n, unidad y paz? Aqu&iacute;, como en ning&uacute;n otro lugar de la tierra, o&iacute;mos una vez m&aacute;s al Se&ntilde;or que dice a sus disc&iacute;pulos:&nbsp; &quot;&iexcl;&Aacute;nimo!:&nbsp; yo he vencido al mundo&quot; (<i>Jn<\/i> 16, 33).<\/p>\n<p> 6.<i>&nbsp;&quot;Mors et vita duello conflixere mirando; dux vitae mortuus, regnat vivus&quot;<\/i>.<\/p>\n<p> El Se&ntilde;or resucitado, resplandeciente por la gloria del Esp&iacute;ritu, es la Cabeza de la Iglesia, su Cuerpo m&iacute;stico. &Eacute;l la sostiene en su misi&oacute;n de proclamar el Evangelio de la salvaci&oacute;n a los hombres y mujeres de cada generaci&oacute;n, hasta que vuelva en la gloria.<\/p>\n<p> En este lugar, donde se dio a conocer la Resurrecci&oacute;n primero a las mujeres y luego a los Ap&oacute;stoles, invito a todos los miembros de la Iglesia a renovar su obediencia al mandato del Se&ntilde;or de <i>anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra<\/i>. En el alba de un nuevo milenio es muy necesario proclamar desde los tejados la buena nueva de que &quot;tanto am&oacute; Dios al mundo, que dio a su Hijo &uacute;nico, para que todo el que crea en &eacute;l no perezca, sino que tenga vida eterna&quot; (<i>Jn<\/i> 3, 16). &quot;Se&ntilde;or, (&#8230;) t&uacute; tienes palabras de vida eterna&quot; (<i>Jn<\/i> 6, 68). Hoy, como indigno Sucesor de Pedro, deseo repetir estas palabras mientras celebramos el sacrificio eucar&iacute;stico en este lugar, el m&aacute;s santo de la tierra. Con toda la humanidad redimida, hago m&iacute;as las palabras que Pedro, el pescador, dirigi&oacute; a Cristo, Hijo del Dios vivo:&nbsp; &quot;Se&ntilde;or, &iquest;a qui&eacute;n iremos? T&uacute; tienes palabras de vida eterna&quot;.<br \/> <i>Christ&oacute;s an&eacute;sti<\/i>.<\/p>\n<p> &iexcl;Jesucristo ha resucitado! &iexcl;En verdad, ha resucitado! Am&eacute;n. <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II &nbsp;MISA EN LA BAS&Iacute;LICA DEL SANTO SEPULCRO DE JERUSAL&Eacute;N Domingo 26 de marzo de 2000 &nbsp; &nbsp; &quot;Creo en (&#8230;) Jesucristo (&#8230;), que fue concebido por obra y gracia del Esp&iacute;ritu Santo, naci&oacute; &nbsp;de &nbsp;santa Mar&iacute;a Virgen, padeci&oacute; bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado (&#8230;), &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-la-basilica-del-santo-sepulcro-de-jerusalen-homilia-26-de-marzo-de-2000\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPeregrinaci\u00f3n Jubilar a Tierra Santa: Santa Misa en la bas\u00edlica del Santo Sepulcro de Jerusal\u00e9n &#8211; Homil\u00eda (26 de marzo de 2000)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40388","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40388","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40388"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40388\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40388"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40388"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40388"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}