{"id":40389,"date":"2016-10-05T23:43:12","date_gmt":"2016-10-06T04:43:12","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-la-basilica-de-la-anunciacion-de-nazaret-25-de-marzo-de-2000\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:12","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:12","slug":"peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-la-basilica-de-la-anunciacion-de-nazaret-25-de-marzo-de-2000","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-la-basilica-de-la-anunciacion-de-nazaret-25-de-marzo-de-2000\/","title":{"rendered":"Peregrinaci\u00f3n Jubilar a Tierra Santa: Santa Misa en la bas\u00edlica de la Anunciaci\u00f3n de Nazaret (25 de marzo de 2000)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b>&nbsp;<br \/><\/i>SANTA MISA EN LA BAS&Iacute;LICA DE LA ANUNCIACI&Oacute;N<br \/><\/font><i> <font color=\"#663300\"><br \/>Nazaret, s&aacute;bado 25 de marzo <\/font> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>&quot;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or; h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&quot; (&Aacute;ngelus).<\/i><\/p>\n<p> <i>Beatitud;<br \/>hermanos en el episcopado;<br \/>padre custodio;<br \/>queridos hermanos y hermanas<\/i>:&nbsp;<\/p>\n<p> 1.&nbsp;25 de marzo del a&ntilde;o 2000, solemnidad de la Anunciaci&oacute;n en el a&ntilde;o del gran jubileo:&nbsp; hoy los ojos de toda la Iglesia se dirigen a Nazaret. He deseado volver a la ciudad de Jes&uacute;s para sentir una vez m&aacute;s, en contacto con este lugar, la presencia de la mujer de quien san Agust&iacute;n escribi&oacute;:&nbsp; &quot;&Eacute;l eligi&oacute; a la madre que hab&iacute;a creado; cre&oacute; a la madre que hab&iacute;a elegido&quot; (<i>Sermo<\/i> 69, 3, 4). Aqu&iacute; es muy f&aacute;cil comprender por qu&eacute; todas las generaciones llaman a Mar&iacute;a bienaventurada (cf. <i>Lc<\/i> 1, 48).<\/p>\n<p> Saludo con afecto a Su Beatitud el patriarca Michel Sabbah, y le agradezco sus amables palabras de presentaci&oacute;n. Junto con el arzobispo Butros Mouallem y todos vosotros, obispos, sacerdotes, religiosos, religiosas y laicos, me alegro por la gracia de esta solemne celebraci&oacute;n. Me complace tener la oportunidad de saludar al ministro general franciscano, padre Giacomo Bini, que me ha dado la bienvenida a mi llegada, y expresar al <i>custodio<\/i>, padre Giovanni Battistelli, as&iacute; como a los frailes de la Custodia la admiraci&oacute;n de toda la Iglesia por la devoci&oacute;n con que realiz&aacute;is vuestra vocaci&oacute;n &uacute;nica. Con gratitud rindo homenaje a vuestra fidelidad a la tarea que os confi&oacute; san Francisco mismo y que han confirmado los Papas a lo largo de los siglos.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Nos hallamos reunidos para celebrar el gran misterio realizado aqu&iacute; hace dos mil a&ntilde;os. El evangelista san Lucas sit&uacute;a claramente el acontecimiento en el tiempo y en el espacio:&nbsp; &quot;A los seis meses, el &aacute;ngel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado Jos&eacute;; (&#8230;) la virgen se llamaba Mar&iacute;a&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 26-27). Pero para comprender lo que sucedi&oacute; en Nazaret hace dos mil a&ntilde;os, debemos volver a la lectura tomada de la carta a los Hebreos. Este texto nos permite escuchar una conversaci&oacute;n entre el Padre y el Hijo sobre <i>el designio de Dios desde toda la eternidad<\/i>:&nbsp; &quot;T&uacute; no has querido sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo. No has aceptado holocaustos ni v&iacute;ctimas expiatorias. Entonces yo dije:&nbsp; (&#8230;) &quot;Aqu&iacute; estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad&quot;&quot; (<i>Hb<\/i> 10, 5-7). La carta a los Hebreos nos dice que, obedeciendo a la voluntad del Padre, el Verbo eterno viene a nosotros para ofrecer el sacrificio que supera todos los sacrificios ofrecidos en la antigua Alianza. Su sacrificio eterno y perfecto redime el mundo.<\/p>\n<p> El plan divino se revel&oacute; gradualmente en el Antiguo Testamento, de manera especial en las palabras del profeta Isa&iacute;as, que acabamos de escuchar:&nbsp; &quot;El Se&ntilde;or, por su cuenta, os dar&aacute; una se&ntilde;al. Mirad:&nbsp; la virgen est&aacute; encinta y dar&aacute; a luz un hijo, y le pondr&aacute; por nombre Emmanuel&quot; (<i>Is<\/i> 7, 14).<br \/><i>Emmanuel<\/i> significa &quot;Dios-con-nosotros&quot;. Con estas palabras se anuncia el acontecimiento &uacute;nico que iba a tener lugar en Nazaret en la plenitud de los tiempos, y es el acontecimiento que estamos celebrando aqu&iacute; con alegr&iacute;a y felicidad intensas.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Nuestra peregrinaci&oacute;n jubilar ha sido un viaje espiritual, que empez&oacute; <i>siguiendo los pasos de Abraham<\/i>, &quot;nuestro padre en la fe&quot; (<i>Canon romano<\/i>; cf.<i>&nbsp;Rm<\/i> 4, 11-12). Este viaje nos ha tra&iacute;do hoy a Nazaret, donde nos encontramos con Mar&iacute;a, la hija m&aacute;s aut&eacute;ntica de Abraham. Mar&iacute;a, m&aacute;s que cualquier otra persona, puede ense&ntilde;arnos lo que significa vivir la fe de &quot;nuestro padre&quot;. En muchos aspectos, Mar&iacute;a es claramente diferente de Abraham; sin embargo, de un modo m&aacute;s profundo, &quot;el amigo de Dios&quot; (cf. <i>Is<\/i> 41, 8) y la joven de Nazaret son muy parecidos.<\/p>\n<p> <i>Dios <\/i>hace a ambos una <i>maravillosa promesa<\/i>. Abraham se convertir&iacute;a en padre de un hijo, de quien nacer&iacute;a una gran naci&oacute;n. Mar&iacute;a se convertir&iacute;a en madre de un Hijo que ser&iacute;a el Mes&iacute;as, el Ungido. Gabriel le dice:&nbsp; &quot;Concebir&aacute;s en tu vientre y dar&aacute;s a luz un hijo. (&#8230;) El Se&ntilde;or Dios le dar&aacute; el trono de David, su padre, (&#8230;) y su reino no tendr&aacute; fin&quot; (<i>Lc<\/i>&nbsp;1, 31-33).<\/p>\n<p> Tanto para Abraham como para Mar&iacute;a la promesa divina es <i>algo completamente inesperado<\/i>. Dios altera el curso diario de su vida, modificando los ritmos establecidos y las expectativas comunes. Tanto a Abraham como a Mar&iacute;a la promesa les parece imposible. La mujer de Abraham, Sara, era est&eacute;ril, y Mar&iacute;a no estaba a&uacute;n casada:&nbsp; &quot;&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; eso -pregunta-, pues no conozco var&oacute;n?&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 34).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Como a Abraham, tambi&eacute;n a Mar&iacute;a se le pide que diga &quot;s&iacute;&quot; a <i>algo que nunca antes hab&iacute;a sucedido<\/i>. Sara es la primera de las mujeres est&eacute;riles de la Biblia que concibe por el poder de Dios, del mismo modo que Isabel ser&aacute; la &uacute;ltima. Gabriel habla de Isabel para tranquilizar a Mar&iacute;a:&nbsp; &quot;Ah&iacute; tienes a tu parienta Isabel, que, a pesar de su vejez, ha concebido un hijo&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 36).<\/p>\n<p> Como Abraham, tambi&eacute;n Mar&iacute;a debe caminar en la oscuridad, confiando plenamente en Aquel que la ha llamado. Sin embargo, incluso su pregunta:&nbsp; &quot;&iquest;C&oacute;mo ser&aacute; eso?&quot;, sugiere que Mar&iacute;a est&aacute; dispuesta a decir &quot;s&iacute;&quot;, a pesar de su temor y de su incertidumbre. Mar&iacute;a no pregunta si la promesa es posible, sino &uacute;nicamente <i>c&oacute;mo se cumplir&aacute;<\/i>. Por eso, no nos sorprende que finalmente pronuncie su &quot;s&iacute;&quot;:&nbsp; &quot;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or; h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 38). Con estas palabras, Mar&iacute;a se presenta como verdadera hija de Abraham, y se convierte en Madre de Cristo y en Madre de todos los creyentes.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Para penetrar m&aacute;s a fondo en este misterio, volvamos al momento del viaje de Abraham, cuando recibi&oacute; la promesa. Sucedi&oacute; en el momento en que acogi&oacute; en su casa a tres misteriosos hu&eacute;spedes (cf. <i>Gn<\/i> 18, 1-15), y les rindi&oacute; la adoraci&oacute;n debida a Dios:&nbsp; <i>tres vidit et unum adoravit<\/i>. Aquel misterioso encuentro prefigura la Anunciaci&oacute;n, cuando Mar&iacute;a es fuertemente impulsada a la comuni&oacute;n con <i>el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo<\/i>. Mediante el &quot;s&iacute;&quot; que Mar&iacute;a pronunci&oacute; en Nazaret, la Encarnaci&oacute;n se convirti&oacute; en el maravilloso cumplimiento del encuentro de Abraham con Dios. As&iacute;, siguiendo los pasos de Abraham, hemos llegado a Nazaret para alabar a la mujer &quot;por &nbsp;quien la luz ha brillado en el mundo&quot; (himno <i>&nbsp;Ave &nbsp;Regina caelorum<\/i>).<\/p>\n<p> 6.&nbsp;Pero hemos venido tambi&eacute;n a <i>implorarle<\/i>. &iquest;Qu&eacute; pedimos nosotros, peregrinos en nuestro itinerario hacia el tercer milenio cristiano, a la Madre de Dios? Aqu&iacute;, en la ciudad que Pablo VI, cuando visit&oacute; Nazaret, defini&oacute; &quot;la escuela del Evangelio&quot;, donde &quot;se aprende a observar, a escuchar, a meditar, a penetrar en el sentido, tan profundo y misterioso, de aquella simplic&iacute;sima, humild&iacute;sima y bell&iacute;sima manifestaci&oacute;n del Hijo de Dios&quot; (<i>Homil&iacute;a en Nazaret<\/i>, 5 de enero de 1964), pido, ante todo, <i>una gran renovaci&oacute;n de la fe de todos los hijos de la Iglesia.<\/i> Una profunda renovaci&oacute;n de la fe:&nbsp; no s&oacute;lo una actitud general de vida, sino tambi&eacute;n una profesi&oacute;n consciente y valiente del Credo:&nbsp; &quot;Et incarnatus est de Spiritu Sancto ex Maria Virgine, et homo factus est&quot;.<\/p>\n<p> En Nazaret, donde Jes&uacute;s &quot;crec&iacute;a en sabidur&iacute;a, en estatura y en gracia ante Dios y ante los hombres&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 52), pido a la Sagrada Familia que impulse a todos los cristianos a <i>defender la familia contra las numerosas amenazas que se ciernen actualmente sobre su naturaleza, su estabilidad y su misi&oacute;n.<\/i> A la Sagrada Familia encomiendo los esfuerzos de los cristianos y de todos los hombres de buena voluntad para <i>defender la vida<\/i> y <i>promover el respeto a la dignidad de todo ser humano.<br \/><\/i><br \/> A Mar&iacute;a, la <i>Theot&oacute;kos<\/i>, la gran Madre de Dios, consagro las familias de Tierra Santa, las familias del mundo.<\/p>\n<p> En Nazaret, donde Jes&uacute;s comenz&oacute; su ministerio p&uacute;blico, pido a Mar&iacute;a que ayude a la Iglesia por doquier a predicar la &quot;buena nueva&quot; a los pobres, como &eacute;l hizo (cf. <i>Lc<\/i> 4, 18). En este &quot;a&ntilde;o de gracia del Se&ntilde;or&quot;, le pido que nos ense&ntilde;e el <i>camino de la obediencia humilde y gozosa al Evangelio para servir a nuestros hermanos y hermanas,<\/i> sin preferencias ni prejuicios.<br \/> &quot;No desprecies mis s&uacute;plicas, oh Madre del Verbo encarnado, antes bien d&iacute;gnate aceptarlas y favorablemente escucharlas. As&iacute; sea&quot; (<i>Memorare<\/i>). <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II&nbsp;SANTA MISA EN LA BAS&Iacute;LICA DE LA ANUNCIACI&Oacute;N Nazaret, s&aacute;bado 25 de marzo &nbsp; &quot;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or; h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&quot; (&Aacute;ngelus). Beatitud;hermanos en el episcopado;padre custodio;queridos hermanos y hermanas:&nbsp; 1.&nbsp;25 de marzo del a&ntilde;o 2000, solemnidad de la Anunciaci&oacute;n en el a&ntilde;o del gran jubileo:&nbsp; &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-la-basilica-de-la-anunciacion-de-nazaret-25-de-marzo-de-2000\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abPeregrinaci\u00f3n Jubilar a Tierra Santa: Santa Misa en la bas\u00edlica de la Anunciaci\u00f3n de Nazaret (25 de marzo de 2000)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40389","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40389","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40389"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40389\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40389"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40389"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40389"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}