{"id":40391,"date":"2016-10-05T23:43:15","date_gmt":"2016-10-06T04:43:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-privado-con-los-ordinarios-de-tierra-santa-y-con-los-cardenales-y-obispos-del-sequito-papal-en-la-capilla-del-cenaculo-de-jerusalen-23-de-marzo-d\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:15","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:15","slug":"peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-privado-con-los-ordinarios-de-tierra-santa-y-con-los-cardenales-y-obispos-del-sequito-papal-en-la-capilla-del-cenaculo-de-jerusalen-23-de-marzo-d","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-privado-con-los-ordinarios-de-tierra-santa-y-con-los-cardenales-y-obispos-del-sequito-papal-en-la-capilla-del-cenaculo-de-jerusalen-23-de-marzo-d\/","title":{"rendered":"Peregrinaci\u00f3n Jubilar a Tierra Santa: Santa Misa en privado, con los Ordinarios de Tierra Santa y con los Cardenales y Obispos del s\u00e9quito papal, en la Capilla del Cen\u00e1culo de Jerusal\u00e9n (23 de marzo de 2000)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II<br \/>&nbsp;<br \/><\/font><\/b><\/i>CAPILLA DEL CEN&Aacute;CULO<\/p>\n<p><i>Jerusal&eacute;n&nbsp;<br \/>Jueves 23 de marzo de 2000&nbsp;<\/i> <\/font> <\/p>\n<p>1.<i>&nbsp;&quot;Esto es mi Cuerpo&quot;.<br \/><\/i><br \/> Reunidos en el Cen&aacute;culo, hemos escuchado la narraci&oacute;n evang&eacute;lica de la &uacute;ltima Cena. Hemos escuchado <i>palabras que brotan de lo m&aacute;s profundo del misterio de la encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios<\/i>. Jes&uacute;s toma pan, lo bendice y lo parte, y luego lo da a sus disc&iacute;pulos, diciendo:&nbsp; &quot;Esto es mi Cuerpo&quot;. La alianza de Dios con su pueblo est&aacute; a punto de culminar en el sacrificio de su Hijo, el Verbo eterno hecho carne. Las antiguas profec&iacute;as est&aacute;n a punto de cumplirse:&nbsp; &quot;Sacrificio y oblaci&oacute;n no quisiste; pero me has formado un cuerpo. (&#8230;) &iexcl;He aqu&iacute; que vengo (&#8230;) a hacer, oh Dios, tu voluntad!&quot; (<i>Hb<\/i> 10, 5-7). En la Encarnaci&oacute;n, el Hijo de Dios, que es uno con el Padre, se hizo hombre y recibi&oacute; un cuerpo de la Virgen Mar&iacute;a. Y ahora, la v&iacute;spera de su muerte, dice a sus disc&iacute;pulos:&nbsp; &quot;Esto es mi Cuerpo, que ser&aacute; entregado por vosotros&quot;.<\/p>\n<p> Con profunda emoci&oacute;n escuchamos, una vez m&aacute;s, estas palabras, pronunciadas aqu&iacute;, en el Cen&aacute;culo, hace dos mil a&ntilde;os. Desde entonces, han sido repetidas, de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, por quienes participan del sacerdocio de Cristo a trav&eacute;s del sacramento del orden sagrado. De este modo, Cristo mismo repite continuamente estas palabras, mediante la voz de sus sacerdotes en todos los rincones del mundo.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;<i>&quot;Este es el c&aacute;liz de mi Sangre, Sangre de la alianza nueva y eterna, que ser&aacute; derramada por vosotros y por todos los hombres para el perd&oacute;n de los pecados. Haced esto en conmemoraci&oacute;n m&iacute;a&quot;.<br \/><\/i><br \/> Obedeciendo al mandamiento de Cristo, la Iglesia repite estas palabras todos los d&iacute;as en la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a. <i>Estas palabras brotan de lo m&aacute;s profundo del misterio de la Redenci&oacute;n.<\/i> Durante la celebraci&oacute;n de la cena pascual en el Cen&aacute;culo, Jes&uacute;s tom&oacute; el c&aacute;liz lleno de vino, lo bendijo y lo dio a sus disc&iacute;pulos. Esto formaba parte del rito pascual en el Antiguo Testamento. Pero Cristo, el Sacerdote de la alianza nueva y eterna, us&oacute; &nbsp;esas &nbsp;palabras &nbsp;para &nbsp;proclamar <i>el misterio salv&iacute;fico de su pasi&oacute;n y muerte<\/i>. Bajo las especies del pan y del vino instituy&oacute; los signos sacramentales del sacrificio de su Cuerpo y de su Sangre.<\/p>\n<p> &quot;Por tu cruz y resurrecci&oacute;n nos has salvado, Se&ntilde;or. T&uacute; eres el Salvador del mundo&quot;. En toda santa misa proclamamos este &quot;misterio de la fe&quot;, que durante dos milenios ha alimentado y sostenido a la Iglesia en su peregrinaci&oacute;n en medio de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios, anunciando la cruz y la muerte del Se&ntilde;or hasta que vuelva (cf. <i>Lumen gentium<\/i>, 8). En cierto sentido, Pedro y los Ap&oacute;stoles, en la persona de sus sucesores, han vuelto hoy al Cen&aacute;culo para profesar la fe perenne de la Iglesia:&nbsp; &quot;Cristo muri&oacute;, Cristo resucit&oacute;, Cristo volver&aacute; de nuevo&quot;.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;De hecho, la primera lectura de la liturgia de hoy nos remonta a la vida de la primera comunidad cristiana. Los disc&iacute;pulos &quot;acud&iacute;an asiduamente a la ense&ntilde;anza de los ap&oacute;stoles, a la comuni&oacute;n, a la fracci&oacute;n del pan y a las oraciones&quot; (<i>Hch<\/i> 2, 42).<\/p>\n<p> <i>Fractio panis<\/i>. La Eucarist&iacute;a es <i>un banquete de comuni&oacute;n<\/i> en la alianza nueva y eterna, y tambi&eacute;n <i>el sacrificio que hace presente el poder salv&iacute;fico de la cruz<\/i>. Y ya desde el inicio el misterio eucar&iacute;stico siempre ha estado unido a la ense&ntilde;anza y a la comuni&oacute;n de los Ap&oacute;stoles, y a la proclamaci&oacute;n de la palabra de Dios, anunciada primero por los profetas y ahora, una vez para siempre, por Jesucristo (cf. <i>Hb<\/i> 1, 1-2). Dondequiera que se pronuncien las palabras &quot;Esto es mi Cuerpo&quot; y la invocaci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, la Iglesia se fortalece en la fe de los Ap&oacute;stoles y en la unidad cuyo origen y v&iacute;nculo es el Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;San Pablo, el Ap&oacute;stol de los gentiles, comprendi&oacute; claramente que la Eucarist&iacute;a, como participaci&oacute;n nuestra en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, es tambi&eacute;n <i>un misterio de comuni&oacute;n espiritual en la Iglesia<\/i>. &quot;Aun siendo muchos, (&#8230;) somos un solo cuerpo, pues todos participamos de un solo pan&quot; (<i>1 Co<\/i> 10, 17). En la Eucarist&iacute;a, Cristo, el buen Pastor, que dio la vida por sus ovejas, sigue presente en su Iglesia. La Eucarist&iacute;a es la presencia sacramental de Cristo en todos los que participan de un solo pan y de un solo c&aacute;liz. Esta presencia es la mayor riqueza de la Iglesia.<\/p>\n<p> <i>A trav&eacute;s de la Eucarist&iacute;a, Cristo construye la Iglesia<\/i>. Las manos que partieron el pan para los disc&iacute;pulos en la &uacute;ltima Cena se iban a extender en la cruz para reunir a todos en torno a &eacute;l en el reino eterno de su Padre. Mediante la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, Cristo impulsa sin cesar a hombres y mujeres a ser miembros efectivos de su Cuerpo.<\/p>\n<p> 5.<i>&nbsp;&quot;Cristo muri&oacute;,&nbsp;Cristo resucit&oacute;, Cristo volver&aacute; de nuevo&quot;.<br \/><\/i><br \/> Este es el &quot;misterio de la fe&quot; que proclamamos en toda celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a. Jesucristo, el Sacerdote de la alianza nueva y eterna, redimi&oacute; el mundo con su sangre. Resucitado de entre los muertos, fue a prepararnos un lugar en la casa de su Padre. En el Esp&iacute;ritu que nos ha hecho hijos amados de Dios, en la unidad del Cuerpo de Cristo, <i>aguardamos su vuelta con gozosa esperanza.<\/p>\n<p> <\/i>Este a&ntilde;o del gran jubileo es una oportunidad especial para que los sacerdotes acrecienten su aprecio por el misterio que celebran en el altar. Por esta raz&oacute;n, deseo firmar la <i>Carta a los sacerdotes para el Jueves santo<\/i> de este a&ntilde;o aqu&iacute;, en el Cen&aacute;culo, donde se instituy&oacute; el &uacute;nico sacerdocio de Jesucristo, en el que todos participamos.<\/p>\n<p> Al celebrar esta Eucarist&iacute;a en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n, nos unimos a la Iglesia de todos los tiempos y de todos los lugares. Unidos a la Cabeza, estamos en comuni&oacute;n con Pedro, con los Ap&oacute;stoles y sus sucesores, a lo largo de los siglos. En uni&oacute;n con Mar&iacute;a, con los santos, con los m&aacute;rtires y con todos los bautizados que han vivido en la gracia del Esp&iacute;ritu Santo, exclamamos:&nbsp; <i>&iexcl;Marana tha!<\/i>, &quot;&iexcl;Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s!&quot; (cf. <i>Ap<\/i> 22, 17). <i>Ll&eacute;vanos a nosotros, y a todos tus elegidos, a la plenitud de gracia en tu reino eterno. <\/i>Am&eacute;n.<br \/> &nbsp; <\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II&nbsp;CAPILLA DEL CEN&Aacute;CULO Jerusal&eacute;n&nbsp;Jueves 23 de marzo de 2000&nbsp; 1.&nbsp;&quot;Esto es mi Cuerpo&quot;. Reunidos en el Cen&aacute;culo, hemos escuchado la narraci&oacute;n evang&eacute;lica de la &uacute;ltima Cena. Hemos escuchado palabras que brotan de lo m&aacute;s profundo del misterio de la encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios. 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