{"id":40392,"date":"2016-10-05T23:43:16","date_gmt":"2016-10-06T04:43:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-la-plaza-del-pesebre-frente-a-la-basilica-de-la-natividad-22-de-marzo-de-2000\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:16","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:16","slug":"peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-la-plaza-del-pesebre-frente-a-la-basilica-de-la-natividad-22-de-marzo-de-2000","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-la-plaza-del-pesebre-frente-a-la-basilica-de-la-natividad-22-de-marzo-de-2000\/","title":{"rendered":"Peregrinaci\u00f3n Jubilar a Tierra Santa: Santa Misa en la plaza del Pesebre frente a la bas\u00edlica de la Natividad (22 de marzo de 2000)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II<br \/>&nbsp;<br \/><\/font><\/b>Plaza del Pesebre de Bel&eacute;n<br \/>mi&eacute;rcoles 22 de marzo de 2000<\/font><\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i> <\/p>\n<p>&quot;Un ni&ntilde;o nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. (&#8230;) Se llamar&aacute; consejero maravilloso, Dios fuerte (&#8230;), pr&iacute;ncipe de la paz&quot; (<i>Is<\/i> 9, 5).<\/p>\n<p> <i>Se&ntilde;or presidente, gracias por su presencia y por la de las dem&aacute;s autoridades civiles; beatitud; hermanos cardenales, obispos y sacerdotes; amad&iacute;simos hermanos y hermanas:<\/i><br \/>&nbsp;<br \/> 1.&nbsp;Las palabras del profeta Isa&iacute;as anuncian la venida del Salvador al mundo. Y esa gran promesa se cumpli&oacute; aqu&iacute;, en Bel&eacute;n. A lo largo de dos mil a&ntilde;os, generaci&oacute;n tras generaci&oacute;n, los cristianos han pronunciado el nombre de Bel&eacute;n con profunda emoci&oacute;n y gozosa gratitud. Como los pastores y los Magos, hemos venido tambi&eacute;n nosotros a encontrar al Ni&ntilde;o &quot;envuelto en pa&ntilde;ales y recostado en un pesebre&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 12). Como muchos peregrinos que han venido antes que nosotros, nos arrodillamos, llenos de asombro, en adoraci&oacute;n ante el misterio inefable que aqu&iacute; se realiz&oacute;.<\/p>\n<p> En la primera Navidad de mi ministerio como Sucesor del ap&oacute;stol Pedro expres&eacute; p&uacute;blicamente &nbsp;mi &nbsp;gran &nbsp;deseo de celebrar el inicio de mi pontificado en Bel&eacute;n, en la gruta de la Natividad (cf.<i>&nbsp;Homil&iacute;a de la misa de Nochebuena<\/i>, 24 de diciembre de 1978, n. 3). Entonces no fue posible, y no ha sido posible hasta este momento. Sin embargo, hoy no puedo por menos de alabar al Dios de toda misericordia, cuyos caminos son misteriosos y cuyo amor es infinito; no puedo por menos de alabar a Dios por haberme tra&iacute;do, en este a&ntilde;o del gran jubileo, al lugar en que naci&oacute; el Salvador. <i>Bel&eacute;n es el centro de mi peregrinaci&oacute;n jubilar<\/i>. Los senderos que he seguido me han tra&iacute;do a este lugar y al misterio que proclama:&nbsp; la Natividad.<\/p>\n<p> Agradezco al patriarca Michel Sabbah sus amables palabras de bienvenida y abrazo cordialmente a todos los miembros de la Asamblea de los Ordinarios cat&oacute;licos de Tierra Santa. Es significativa la presencia, en el lugar donde el Hijo de Dios naci&oacute; seg&uacute;n la carne, de muchas comunidades cat&oacute;licas de rito oriental, que forman el rico mosaico de nuestra catolicidad. Con afecto en el Se&ntilde;or saludo a los representantes de las Iglesias ortodoxas y de todas las comunidades eclesiales presentes en Tierra Santa.<\/p>\n<p> Expreso mi gratitud a los miembros de la Autoridad palestina que participan en nuestra celebraci&oacute;n y se unen a nosotros en la oraci&oacute;n por el bienestar del pueblo palestino.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;No tem&aacute;is. Os anuncio una gran alegr&iacute;a, que lo ser&aacute; para todo el pueblo:&nbsp; os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un salvador, que es el Cristo Se&ntilde;or&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 10-11).<\/p>\n<p> La alegr&iacute;a que anunci&oacute; el &aacute;ngel no es algo del pasado. Es una alegr&iacute;a actual, del hoy eterno de la salvaci&oacute;n de Dios, que abarca todos los tiempos:&nbsp; el pasado, el presente y el futuro. En el alba del nuevo milenio estamos llamados a comprender con mayor claridad que el tiempo tiene un sentido porque aqu&iacute; el Eterno entr&oacute; en la historia y permanece con nosotros para siempre. Las palabras de Beda el Venerable expresan claramente esta idea:&nbsp; &quot;Tambi&eacute;n hoy, y cada d&iacute;a hasta el fin de los tiempos, el Se&ntilde;or ser&aacute; continuamente concebido en Nazaret y dado a luz en Bel&eacute;n&quot; (<i>In Ev. S. Lucae<\/i>, 2:&nbsp; PL 92, 330). Dado que en Bel&eacute;n siempre es Navidad, cada d&iacute;a es Navidad en el coraz&oacute;n de los cristianos. Cada d&iacute;a estamos llamados a proclamar el mensaje de Bel&eacute;n al mundo, &quot;la buena nueva que produce una gran alegr&iacute;a&quot;:&nbsp; el Verbo eterno, &quot;Dios de Dios, luz de luz&quot;, se hizo hombre y vino a habitar en medio de nosotros (cf. <i>Jn<\/i> 1, 14).<\/p>\n<p> El ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido, indefenso y totalmente dependiente de los cuidados de Mar&iacute;a y Jos&eacute;, encomendado a su amor, es toda la riqueza del mundo. &Eacute;l es nuestro todo.<\/p>\n<p> En este ni&ntilde;o, el Hijo que nos ha sido dado, encontramos descanso para nuestras almas y el verdadero pan que nunca falta, el Pan eucar&iacute;stico anunciado tambi&eacute;n por el nombre mismo de esta ciudad:&nbsp; <i>Beth-lehem, <\/i>la casa del pan. Dios se esconde en este ni&ntilde;o; la divinidad se oculta en el Pan de vida. <i>Adoro te devote, latens Deitas. Quae sub his figuris vere latitas.<br \/><\/i><br \/> 3.&nbsp;El gran misterio de la <i>k&eacute;nosis<\/i> divina, la obra de nuestra redenci&oacute;n que se realiza en la debilidad, no es una verdad f&aacute;cil. El Salvador naci&oacute; en la noche, en medio de la oscuridad, del silencio y de la pobreza de la cueva de Bel&eacute;n. &quot;El pueblo que andaba a oscuras vio una gran luz. Sobre los que viv&iacute;an en tierra de sombras brill&oacute; una luz&quot;, afirma el profeta Isa&iacute;as (<i>Is<\/i> 9, 1-2). Este lugar ha conocido el &quot;yugo&quot; y la &quot;vara&quot; de la opresi&oacute;n. &iexcl;Con cu&aacute;nta frecuencia se ha escuchado en estas calles el grito de los inocentes! Tambi&eacute;n la gran iglesia construida sobre el lugar donde naci&oacute; el Salvador aparece como una fortaleza asaltada por las luchas de los tiempos. La cuna de Jes&uacute;s est&aacute; siempre a la sombra de la cruz. El silencio y la pobreza del nacimiento en Bel&eacute;n corresponden a la oscuridad y al dolor de la muerte en el Calvario. La cuna y la cruz son el mismo misterio del amor redentor; el cuerpo que Mar&iacute;a recost&oacute; en el pesebre es el mismo cuerpo ofrecido en la cruz.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;As&iacute; pues, &iquest;d&oacute;nde est&aacute; el dominio del &quot;consejero maravilloso, Dios fuerte y pr&iacute;ncipe de la paz&quot;, del que habla el profeta Isa&iacute;as? &iquest;Cu&aacute;l es el poder al que se refiere Jes&uacute;s mismo cuando afirma:&nbsp; &quot;Me &nbsp;ha &nbsp;sido &nbsp;dado todo poder en el cielo y en &nbsp;la tierra&quot;? (<i>Mt<\/i> 28, 18). El reino de Cristo &quot;no es de este mundo&quot; (<i>Jn<\/i>&nbsp;18, 36). Su reino no es el despliegue de fuerza, de riqueza y de conquista que parece forjar nuestra historia humana. Al contrario, se trata del poder de vencer al maligno, de la victoria definitiva sobre el pecado y la muerte. Es el poder de curar las heridas que deforman la imagen del Creador en sus criaturas. El poder de Cristo es un poder que transforma &nbsp;nuestra &nbsp;d&eacute;bil naturaleza y nos hace capaces, mediante la gracia del Esp&iacute;ritu Santo, de vivir en paz los unos con los otros y en comuni&oacute;n con Dios. &quot;A todos los que lo acogieron, a los que creyeron en su nombre, les dio poder de hacerse hijos de Dios&quot; (<i>Jn<\/i>&nbsp;1, 12). Este es el mensaje de Bel&eacute;n hoy y siempre. Este es el don extraordinario que el Pr&iacute;ncipe de la paz trajo al mundo hace dos mil a&ntilde;os.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Con esta paz saludo a todo el pueblo palestino, con clara conciencia de que este es un tiempo muy importante en vuestra historia. Pido a Dios que el S&iacute;nodo pastoral, reci&eacute;n concluido, en el que han participado todas las Iglesias cat&oacute;licas, os infunda valent&iacute;a y fortalezca entre vosotros los v&iacute;nculos de unidad y paz. As&iacute; ser&eacute;is testigos cada vez m&aacute;s eficaces de la fe, edificando la Iglesia y contribuyendo al bien com&uacute;n. Doy el beso santo a los cristianos de las dem&aacute;s Iglesias y comunidades eclesiales. Saludo a la comunidad musulmana de Bel&eacute;n y pido por una nueva era de comprensi&oacute;n y cooperaci&oacute;n entre todos los pueblos de Tierra Santa.<\/p>\n<p> Hoy recordamos un acontecimiento que sucedi&oacute; hace dos mil a&ntilde;os, pero espiritualmente incluimos todos los tiempos. Estamos reunidos en un lugar, pero abarcamos el mundo entero. Celebramos a un Ni&ntilde;o reci&eacute;n nacido, pero abrazamos a los hombres y mujeres de todos los lugares. Hoy, desde la plaza del Pesebre, proclamamos con fuerza a todo tiempo y lugar, y a toda persona:&nbsp; &quot;&iexcl;La paz est&eacute; con vosotros! &iexcl;No tem&aacute;is!&quot;. Estas palabras resuenan en todas las p&aacute;ginas de la Escritura. Son palabras divinas, pronunciadas por Jes&uacute;s mismo despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n de entre los muertos:&nbsp; &quot;&iexcl;No tem&aacute;is!&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 10). Esas mismas palabras os las dirige hoy a vosotros la Iglesia. No tem&aacute;is conservar vuestra presencia y vuestra herencia cristianas en el lugar mismo en donde naci&oacute; el Salvador.<\/p>\n<p> En la cueva de Bel&eacute;n, como dice san Pablo en la segunda lectura que acabamos de escuchar, &quot;se manifest&oacute; la gracia de Dios&quot; (<i>Tt<\/i> 2, 11). En el Ni&ntilde;o que ha nacido, el mundo ha recibido &quot;la misericordia prometida a nuestros padres, a Abraham y a su descendencia por siempre&quot; (cf. <i>Lc<\/i> 1, 54-55). Deslumbrados por el misterio del Verbo eterno que se hizo carne, abandonamos todo temor y, como los &aacute;ngeles, glorificamos a Dios que da al mundo esos dones. Con el coro celestial &quot;cantamos un c&aacute;ntico nuevo&quot; (<i>Sal<\/i> 96, 1).<\/p>\n<p> &quot;Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra a los hombres, que &eacute;l ama&quot; (<i>Lc<\/i>&nbsp;2, 14).<\/p>\n<p> &iexcl;Oh Ni&ntilde;o de Bel&eacute;n, Hijo de Mar&iacute;a e Hijo de Dios, Se&ntilde;or de todos los tiempos y Pr&iacute;ncipe de la paz, &quot;el mismo ayer, hoy y siempre&quot; (<i>Hb<\/i> 13, 8):&nbsp; mientras entramos en el nuevo milenio, cura nuestras heridas, afianza nuestros pasos, abre nuestro coraz&oacute;n y nuestra mente a &quot;las entra&ntilde;as misericordiosas de nuestro Dios, que nos visitar&aacute; como el astro que surge de lo alto&quot;! (<i>Lc<\/i> 1, 78).<br \/>Am&eacute;n. <\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II&nbsp;Plaza del Pesebre de Bel&eacute;nmi&eacute;rcoles 22 de marzo de 2000 &quot;Un ni&ntilde;o nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. 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