{"id":40393,"date":"2016-10-05T23:43:18","date_gmt":"2016-10-06T04:43:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-el-estadio-al-hussein-21-de-marzo-de-2000\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:18","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:18","slug":"peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-el-estadio-al-hussein-21-de-marzo-de-2000","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-a-tierra-santa-santa-misa-en-el-estadio-al-hussein-21-de-marzo-de-2000\/","title":{"rendered":"Peregrinaci\u00f3n Jubilar a Tierra Santa: Santa Misa en el estadio Al-Hussein (21 de  marzo de 2000)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II <br \/><\/font><\/b><br \/>Estadio de Amm&aacute;n, Jordania<br \/>Martes 21 de marzo de 2000<\/i> <\/font> <b><font color=\"#663300\"><br \/><\/font>&nbsp;<\/b> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&quot;Una voz clama:&nbsp; &quot;En el desierto abrid camino al&nbsp;Se&ntilde;or, trazad en&nbsp;la estepa una calzada recta&nbsp;a nuestro Dios&quot;&quot; (<i>Is<\/i> 40,&nbsp;3).<\/p>\n<p> <i>Beatitud; <br \/>hermanos &nbsp;en &nbsp;el &nbsp;episcopado y en el sacerdocio; <br \/>hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp;<\/p>\n<p> 1.&nbsp;Las palabras del profeta Isa&iacute;as, que el evangelista aplica a Juan Bautista, nos recuerdan el camino que Dios traz&oacute; a lo largo del tiempo en su deseo de formar y salvar a su pueblo. Hoy, como parte de la peregrinaci&oacute;n jubilar que realizo para orar en algunos de los lugares relacionados con las intervenciones salv&iacute;ficas de Dios, la divina Providencia me ha tra&iacute;do a Jordania. Saludo a Su Beatitud Michel Sabbah, al que agradezco sus cordiales palabras de bienvenida. Abrazo cordialmente al exarca grecomelquita Georges El-Murr y a todos los miembros de la Asamblea de los Ordinarios cat&oacute;licos de Tierra Santa, as&iacute; como a los representantes de las dem&aacute;s Iglesias y comunidades eclesiales. Expreso mi agradecimiento al pr&iacute;ncipe Raad y a las autoridades civiles que han querido honrar nuestra celebraci&oacute;n con su presencia.<\/p>\n<p> El Sucesor de Pedro es peregrino en esta tierra bendecida por la presencia de Mois&eacute;s y El&iacute;as, donde Jes&uacute;s mismo ense&ntilde;&oacute; y realiz&oacute; milagros (cf. <i>Mc<\/i> 10, 1; <i>Jn<\/i>&nbsp;10, 40-42), donde la Iglesia primitiva dio testimonio con la vida de numerosos santos y m&aacute;rtires. En este a&ntilde;o del gran jubileo toda la Iglesia, y especialmente hoy la comunidad cristiana de Jordania, est&aacute;n espiritualmente unidas en una peregrinaci&oacute;n a los or&iacute;genes de nuestra fe, una peregrinaci&oacute;n de conversi&oacute;n y penitencia, de reconciliaci&oacute;n y paz.<\/p>\n<p> Buscamos un gu&iacute;a que nos se&ntilde;ale el camino. Y la liturgia nos propone hoy la <i>figura de Juan Bautista<\/i>, una voz que clama en el desierto (cf. <i>Lc<\/i> 3, 4). &Eacute;l nos se&ntilde;alar&aacute; el camino que debemos seguir para que nuestros ojos puedan &quot;ver la salvaci&oacute;n de Dios&quot; (cf. <i>Lc<\/i> 3, 6). Guiados por &eacute;l, recorremos nuestro camino de fe para ver de modo m&aacute;s claro <i>la salvaci&oacute;n realizada por Dios<\/i> a trav&eacute;s de una historia que se remonta hasta Abraham. Juan Bautista fue el &uacute;ltimo de la serie de profetas que mantuvo viva y aliment&oacute; la esperanza del pueblo de Dios. Con &eacute;l se acerc&oacute; la plenitud de los tiempos.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;La semilla de esta esperanza fue la promesa hecha a Abraham cuando fue llamado a abandonar todo lo que le era familiar &nbsp;y &nbsp;a &nbsp;seguir &nbsp;a un Dios al que no conoc&iacute;a (cf. <i>Gn<\/i> 12, 1-3). A pesar de su riqueza, Abraham era un hombre que viv&iacute;a en las sombras de la muerte, pues no ten&iacute;a hijos ni tierra propia (cf.<i>&nbsp;Gn<\/i> 15, 2). La promesa parec&iacute;a vana, dado que Sara era est&eacute;ril y la tierra pertenec&iacute;a a otros. <i>Pero, a pesar de ello, Abraham puso su fe en Dios<\/i>:&nbsp; &quot;Crey&oacute;, esperando contra toda esperanza&quot; (<i>Rm<\/i> 4, 18).<\/p>\n<p> Aunque parec&iacute;a imposible, Sara dio a luz a Isaac, y Abraham recibi&oacute; una tierra. Y a trav&eacute;s de Abraham y sus descendientes <i>la promesa se convirti&oacute; en una bendici&oacute;n para &quot;todas las familias de la tierra<\/i>&quot; (<i>Gn<\/i> 12, 3; 18, 18).<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Esa promesa se confirm&oacute; cuando Dios <i>habl&oacute; a Mois&eacute;s en el monte Sina&iacute;<\/i>. Lo que aconteci&oacute; entre Mois&eacute;s y Dios en la monta&ntilde;a sagrada plasm&oacute; la historia sucesiva de la salvaci&oacute;n como <i>una alianza de amor entre Dios y el hombre<\/i>, una alianza que exige obediencia, pero que promete liberaci&oacute;n. Los diez mandamientos, esculpidos en piedra en el Sina&iacute;, pero inscritos en el coraz&oacute;n humano desde el inicio de la creaci&oacute;n, son la pedagog&iacute;a divina de amor, dado que se&ntilde;alan el &uacute;nico camino seguro para la realizaci&oacute;n de nuestro anhelo m&aacute;s profundo:&nbsp; la aspiraci&oacute;n insuprimible del esp&iacute;ritu humano hacia el bien, la verdad y la armon&iacute;a.<\/p>\n<p> El pueblo anduvo errante durante cuarenta a&ntilde;os antes de llegar a esa tierra. Mois&eacute;s, &quot;que hablaba cara a cara con el Se&ntilde;or&quot; (<i>Dt<\/i> 34, 10), muri&oacute; en el monte Nebo y fue sepultado &quot;en el valle, en el pa&iacute;s de Moab (&#8230;). Nadie hasta hoy ha conocido su tumba&quot; (<i>Dt<\/i> 34, 6). Pero la Alianza y la Ley que &eacute;l recibi&oacute; de Dios viven para siempre.<\/p>\n<p> A lo largo de los tiempos los profetas tuvieron que defender la Ley y la Alianza contra los que pon&iacute;an las normas y leyes humanas por encima de la voluntad de Dios, y por tanto <i>impon&iacute;an una nueva esclavitud al pueblo<\/i> (cf. <i>Mc<\/i> 6, 17-18). La misma ciudad de Amm&aacute;n, la Rab&aacute; del Antiguo Testamento, recuerda el pecado del rey David al causar la muerte de Ur&iacute;as y tomar por esposa a su mujer Betsab&eacute;, pues aqu&iacute; cay&oacute; Ur&iacute;as (cf. <i>2 S<\/i> 11, 1-17). &quot;Te har&aacute;n la guerra -dice Dios a Jerem&iacute;as en la primera lectura, que acabamos de escuchar-, mas no podr&aacute;n contigo, pues yo estoy contigo para salvarte&quot; (<i>Jr<\/i> 1, 19). Por haber denunciado las faltas en el cumplimiento de la Alianza, algunos profetas, entre ellos Juan Bautista, <i>pagaron con su sangre<\/i>. Pero, en virtud de la promesa divina -&quot;Yo estoy contigo para salvarte&quot;- permanecieron firmes &quot;como una plaza fuerte, un pilar de hierro y una muralla de bronce&quot; (<i>Jr<\/i> 1, 18), proclamando la Ley de la vida y de la salvaci&oacute;n, el amor que no falla nunca.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;En la plenitud de los tiempos, a la vera del r&iacute;o Jord&aacute;n, <i>Juan Bautista se&ntilde;ala a Jes&uacute;s<\/i>, sobre el que desciende el Esp&iacute;ritu Santo en forma de paloma (cf.<i>&nbsp;Lc<\/i> 3, 22), el que no bautiza con agua sino &quot;en Esp&iacute;ritu Santo y fuego&quot; (<i>Lc<\/i> 3, 16). Los cielos se abren y se escucha la voz del Padre:&nbsp; &quot;Este es mi Hijo, el predilecto, en el que tengo mi complacencia&quot; (<i>Mt <\/i>3, 17). En &eacute;l, el Hijo de Dios, se cumplen la promesa hecha a Abraham y la Ley dada a Mois&eacute;s.<\/p>\n<p> <i>Jes&uacute;s es la realizaci&oacute;n de la promesa<\/i>. Su muerte en cruz y su resurrecci&oacute;n llevan a la victoria definitiva de la vida sobre la muerte. A trav&eacute;s de la Resurrecci&oacute;n quedan abiertas las puertas del para&iacute;so, y nosotros podemos caminar de nuevo en el jard&iacute;n de la vida. En Cristo resucitado obtenemos &quot;la misericordia, como hab&iacute;a anunciado a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 54-55).<\/p>\n<p> <i>Jes&uacute;s es el cumplimiento de la Ley.<\/i> S&oacute;lo Cristo resucitado revela el significado pleno de lo que aconteci&oacute; en el mar Rojo y en el monte Sina&iacute;. &Eacute;l revela la verdadera naturaleza de la Tierra prometida, donde &quot;ya no habr&aacute; muerte&quot; (<i>Ap<\/i> 21, 4). Al ser &quot;el primog&eacute;nito de entre los muertos&quot; (<i>Col<\/i> 1, 18), el Se&ntilde;or resucitado es <i>la meta de toda nuestra peregrinaci&oacute;n<\/i>:&nbsp; &quot;el alfa y la omega, el primero y el &uacute;ltimo, el principio y el fin&quot; (<i>Ap<\/i> 22, 13).<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Durante los &uacute;ltimos cinco a&ntilde;os, <i>la Iglesia en esta regi&oacute;n ha celebrado el S&iacute;nodo pastoral de las Iglesias que est&aacute;n en Tierra Santa<\/i>. Todas las Iglesias cat&oacute;licas han caminado con Jes&uacute;s y han vuelto a escuchar su llamada, trazando en un Plan pastoral general el itinerario por recorrer. En esta liturgia solemne me alegra recibir los frutos del S&iacute;nodo como signo de vuestra renovada fe y de vuestro compromiso generoso. El S&iacute;nodo ha implicado una experiencia profundamente sentida de <i>comuni&oacute;n con el Se&ntilde;or<\/i>, y tambi&eacute;n de intensa <i>comuni&oacute;n eclesial<\/i>, como los disc&iacute;pulos reunidos en torno a los Ap&oacute;stoles al inicio de la Iglesia (cf. <i>Hch<\/i> 2, 42; 4, 32). El S&iacute;nodo ha mostrado claramente que <i>vuestro futuro reside en la unidad y la solidaridad.<\/i> Oro hoy a Dios, e invito a toda la Iglesia a orar conmigo, para que los trabajos del S&iacute;nodo lleven a un fortalecimiento de los v&iacute;nculos de uni&oacute;n y colaboraci&oacute;n entre las comunidades cat&oacute;licas locales en toda su rica variedad, entre todas las Iglesias cristianas y comunidades eclesiales, y entre los cristianos y las dem&aacute;s grandes religiones que florecen aqu&iacute;. Que los recursos de la Iglesia -familias, parroquias, escuelas, asociaciones laicales y movimientos juveniles- tengan la unidad y el amor como su objetivo supremo. No existe un modo m&aacute;s eficaz para participar social, profesional y pol&iacute;ticamente, sobre todo <i>en la obra de la justicia, la reconciliaci&oacute;n y la paz,<\/i> a la que el S&iacute;nodo ha invitado.<br \/> A los <i>obispos y a los sacerdotes<\/i> os digo:&nbsp; sed buenos pastores seg&uacute;n el Coraz&oacute;n de Cristo. Guiad al reba&ntilde;o que os ha sido confiado por el camino que lleva a las verdes praderas de su Reino. Reforzad la vida pastoral de vuestras comunidades mediante una colaboraci&oacute;n nueva y m&aacute;s din&aacute;mica con los religiosos y los laicos. En medio de las dificultades de vuestro ministerio confiad en el Se&ntilde;or. Acercaos a &eacute;l en la oraci&oacute;n, y &eacute;l ser&aacute; vuestra luz y vuestra alegr&iacute;a. Toda la Iglesia os agradece vuestra entrega y la misi&oacute;n de fe que realiz&aacute;is en vuestras di&oacute;cesis y en vuestras parroquias.<\/p>\n<p> A los <i>religiosos y religiosas <\/i>os expreso la inmensa gratitud de la Iglesia por vuestro testimonio del primado de Dios en todas las cosas. Seguid resplandeciendo como faros del amor evang&eacute;lico que supera todas las barreras. A los <i>laicos <\/i>os digo:&nbsp; no teng&aacute;is miedo de ocupar vuestro lugar y asumir vuestra responsabilidad en la Iglesia. Sed testigos valientes del Evangelio en vuestra familia y en la sociedad.<\/p>\n<p> En este <i>D&iacute;a de la Madre en Jordania<\/i>, me congratulo con las madres presentes aqu&iacute; e invito a todas las madres a construir una nueva civilizaci&oacute;n del amor. Amad a vuestras familias. Ense&ntilde;adles la dignidad de toda vida; ense&ntilde;adles los caminos de la armon&iacute;a y de la paz; ense&ntilde;adles el valor de la fe, la oraci&oacute;n y la bondad. Queridos <i>j&oacute;venes<\/i>, el camino de la vida se abre ante vosotros. Construid vuestro futuro sobre los s&oacute;lidos cimientos del amor de Dios, y permaneced siempre unidos en la Iglesia de Cristo. Contribuid a transformar el mundo en vuestro entorno, dando lo mejor de vosotros mismos al servicio de los dem&aacute;s y de vuestro pa&iacute;s.<\/p>\n<p> Y a los <i>ni&ntilde;os que van a recibir la primera Comuni&oacute;n<\/i> les digo:&nbsp; Jes&uacute;s es vuestro mejor amigo; &eacute;l conoce lo que hay en vuestro coraz&oacute;n. Permaneced unidos a &eacute;l, y en vuestras oraciones recordad a la Iglesia y al Papa.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;En este a&ntilde;o del gran jubileo, <i>todo el pueblo de Dios peregrino se dirige nuevamente en esp&iacute;ritu a los lugares relacionados con la historia de nuestra salvaci&oacute;n.<\/i> Despu&eacute;s de seguir las huellas de Abraham y de Mois&eacute;s, nuestra peregrinaci&oacute;n ha llegado ahora a los lugares donde nuestro Salvador Jesucristo vivi&oacute; y que recorri&oacute; durante su vida terrena. &quot;Muchas veces y de muchos modos habl&oacute; Dios en el pasado a nuestros padres por medio de los profetas; en estos &uacute;ltimos tiempos nos ha hablado por medio de su Hijo&quot; (<i>Hb<\/i> 1, 1-2). En el Hijo se cumplieron todas las promesas. &Eacute;l es el <i>Redemptor hominis<\/i>, el Redentor del hombre, la esperanza del mundo. Ojal&aacute; que, teniendo presente todo esto, la entera comunidad cristiana de Jordania sea cada vez m&aacute;s firme en la fe y generosa en las obras de servicio amoroso.<\/p>\n<p> Que la sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia, os gu&iacute;e y os proteja en vuestro camino. Am&eacute;n<br \/>. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II Estadio de Amm&aacute;n, JordaniaMartes 21 de marzo de 2000 &nbsp; &nbsp; &quot;Una voz clama:&nbsp; &quot;En el desierto abrid camino al&nbsp;Se&ntilde;or, trazad en&nbsp;la estepa una calzada recta&nbsp;a nuestro Dios&quot;&quot; (Is 40,&nbsp;3). 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