{"id":40397,"date":"2016-10-05T23:43:25","date_gmt":"2016-10-06T04:43:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-marzo-de-2000-beatificacion-de-44-martires\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:25","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:25","slug":"5-de-marzo-de-2000-beatificacion-de-44-martires","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/5-de-marzo-de-2000-beatificacion-de-44-martires\/","title":{"rendered":"5 de marzo de 2000, Beatificaci\u00f3n de 44 m\u00e1rtires"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"><\/font><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE <br \/>JUAN PABLO II <br \/>DURANTE LA CEREMONIA <br \/>DE BEATIFICACI&Oacute;N DE 44 M&Aacute;RTIRES<\/font><\/b><font face=\"Times\" size=\"3\"><br \/>&nbsp;<br \/>Domingo 5 de marzo <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p>1.&nbsp;&quot;Te alabar&eacute;, oh Dios mi salvador; a tu nombre doy gracias, porque me has ayudado y liberado&quot; (<i>Si<\/i> 51, 1-2).<\/p>\n<p> T&uacute;, Se&ntilde;or, me has ayudado. Siento resonar en mi coraz&oacute;n estas palabras del libro del Sir&aacute;cida, mientras contemplo los prodigios que Dios realiz&oacute; en la existencia de estos hermanos y hermanas en la fe, que alcanzaron la palma del martirio. Hoy tengo la alegr&iacute;a de elevarlos a la gloria de los altares, present&aacute;ndolos a la Iglesia y al mundo como testimonio luminoso de la fuerza de Dios en la fragilidad de la persona humana.<\/p>\n<p> T&uacute;, oh Dios, me has liberado. As&iacute; proclaman Andr&eacute;s de Soveral, Ambrosio Francisco Ferro y sus veintiocho compa&ntilde;eros, sacerdotes diocesanos, laicos y laicas; Nicol&aacute;s Bunkerd Kitbamrung, sacerdote diocesano; Mar&iacute;a Estrella Adela Mardosewicz y diez hermanas, religiosas profesas del instituto de la Sagrada Familia de Nazaret; Pedro Calungsod y Andr&eacute;s de Ph&uacute; Y&ecirc;n, laicos catequistas.<\/p>\n<p> S&iacute;, el Todopoderoso fue su valioso apoyo en el tiempo de la prueba, y ahora experimentan la alegr&iacute;a de la recompensa eterna. Estos d&oacute;ciles servidores del Evangelio, cuyos nombres est&aacute;n escritos para siempre en el cielo, aunque vivieron en per&iacute;odos hist&oacute;ricos distantes entre s&iacute; y en ambientes culturales muy diversos, tienen en com&uacute;n una experiencia id&eacute;ntica de fidelidad a Cristo y a la Iglesia. Los une la misma confianza incondicional en el Se&ntilde;or y la misma pasi&oacute;n&nbsp;profunda&nbsp;por&nbsp;el&nbsp;Evangelio.<\/p>\n<p> &iexcl;Te alabar&eacute;, oh Dios, mi salvador! Con su vida entregada por la causa de Cristo, estos nuevos beatos, los primeros del A&ntilde;o jubilar, proclaman que Dios es &quot;Padre&quot; (cf. <i>Si<\/i> 51, 10), que Dios es &quot;protector&quot; y &quot;ayuda&quot; (cf. <i>Si<\/i> 51, 2); que es nuestro salvador y acoge la s&uacute;plica de cuantos conf&iacute;an en &eacute;l con todo su coraz&oacute;n (cf. <i>Si<\/i> 51, 11).<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Estos son los sentimientos que embargan nuestro coraz&oacute;n al evocar el significativo recuerdo de la celebraci&oacute;n del V Centenario de la evangelizaci&oacute;n de Brasil, que tiene lugar este a&ntilde;o. En aquel inmenso pa&iacute;s, no fueron pocas las dificultades para la implantaci&oacute;n del Evangelio. La presencia de la Iglesia se fue consolidando lentamente mediante la acci&oacute;n misionera de varias &oacute;rdenes y congregaciones religiosas y de sacerdotes del clero diocesano. Los m&aacute;rtires que hoy son beatificados proven&iacute;an, a finales del siglo XVII, de las comunidades de Cunha&uacute; y Urua&ccedil;u de R&iacute;o Grande del Norte. Andr&eacute;s de Soveral, Ambrosio Francisco Ferro, presb&iacute;teros, y sus 28 compa&ntilde;eros laicos pertenecen a esa generaci&oacute;n de m&aacute;rtires que reg&oacute; el suelo patrio, fecund&aacute;ndolo para la generaci&oacute;n de los nuevos cristianos. Son las primicias del trabajo misionero, los protom&aacute;rtires de Brasil. A uno de ellos, Mateo Moreira, estando a&uacute;n vivo, le arrancaron el coraz&oacute;n por la espalda, pero todav&iacute;a tuvo fuerzas para proclamar su fe en la Eucarist&iacute;a, diciendo:&nbsp; &quot;Alabado sea el sant&iacute;simo Sacramento&quot;.<\/p>\n<p> Hoy, una vez m&aacute;s, resuenan las palabras &nbsp;de Cristo evocadas en el Evangelio:&nbsp; &quot;No tem&aacute;is a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma&quot; (<i>Mt<\/i>&nbsp;10, 28). La sangre de cat&oacute;licos indefensos, muchos de ellos an&oacute;nimos, ni&ntilde;os, ancianos y familias enteras, servir&aacute; de est&iacute;mulo para fortalecer la fe de las nuevas generaciones de brasile&ntilde;os, recordando, sobre todo, el valor de la familia como aut&eacute;ntica e insustituible formadora en la fe y generadora de valores morales.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;Alabar&eacute; tu nombre sin cesar, te cantar&eacute; himnos de acci&oacute;n de gracias&quot; (<i>Si<\/i> 51, 10). La vida sacerdotal del padre Nicol&aacute;s Bunkerd Kitbamrung fue un aut&eacute;ntico himno de alabanza al Se&ntilde;or. Hombre de oraci&oacute;n, el padre Nicol&aacute;s sobresali&oacute; en la ense&ntilde;anza de la fe, en la b&uacute;squeda de los alejados y en su amor a los pobres. Procurando siempre dar a conocer a Cristo a quienes nunca hab&iacute;an o&iacute;do su nombre, el padre Nicol&aacute;s afront&oacute; las dificultades de una misi&oacute;n en las monta&ntilde;as y en el interior de Birmania. La fuerza de su fe fue patente a todos cuando perdon&oacute; a los que lo hab&iacute;an acusado falsamente, priv&aacute;ndolo de su libertad y haci&eacute;ndolo sufrir mucho. En la c&aacute;rcel, el padre Nicol&aacute;s anim&oacute; a los dem&aacute;s prisioneros, les ense&ntilde;&oacute; el catecismo y les administr&oacute; los sacramentos. Su testimonio de Cristo se refleja en las palabras de san Pablo:&nbsp; &quot;Atribulados en todo, mas no aplastados; perplejos, mas no desesperados; perseguidos, mas no abandonados; derribados, mas no aniquilados. Llevamos siempre en nuestro cuerpo por todas partes la muerte de Jes&uacute;s, a fin de que tambi&eacute;n la vida de Jes&uacute;s se manifieste en nuestro cuerpo&quot; (<i>2&nbsp;Co<\/i> 4, 8-10). Que, por intercesi&oacute;n del beato Nicol&aacute;s, la Iglesia en Tailandia sea bendecida y fortalecida en su tarea de evangelizaci&oacute;n y servicio.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Dios fue verdadero &quot;protector&quot; y &quot;ayuda&quot; tambi&eacute;n para las m&aacute;rtires de Nowogr&oacute;dek, para la beata Mar&iacute;a Estrella Mardosewicz y las diez hermanas, religiosas profesas de la congregaci&oacute;n de la Sagrada Familia de Nazaret, nazaretanas. Fue para ellas una ayuda durante toda su vida, y despu&eacute;s, en el momento de la terrible prueba, cuando esperaron durante una noche entera la muerte; lo fue, sobre todo, a lo largo del camino hacia el lugar de la ejecuci&oacute;n, y, por &uacute;ltimo, en el momento del fusilamiento.<\/p>\n<p> &iquest;De d&oacute;nde sacaron la fuerza para entregarse a s&iacute; mismas a cambio de la salvaci&oacute;n de los condenados en la c&aacute;rcel de Nowogr&oacute;dek? &iquest;De d&oacute;nde sacaron la audacia para aceptar con valent&iacute;a la condena a muerte, tan cruel e injusta? Dios las hab&iacute;a preparado lentamente para ese momento de una prueba m&aacute;s grande. La semilla de la gracia sembrada en su coraz&oacute;n en el momento del santo bautismo y cultivada despu&eacute;s con gran esmero y responsabilidad, arraig&oacute; profundamente y dio el fruto m&aacute;s hermoso, que es la entrega de la vida. Cristo dice:&nbsp; &quot;Nadie &nbsp;tiene &nbsp;mayor amor que el que da su vida por sus amigos&quot; (<i>Jn<\/i>&nbsp;15,&nbsp;13). S&iacute;, no existe un amor m&aacute;s grande que &eacute;ste:&nbsp; estar dispuestos a dar la vida por los hermanos.<\/p>\n<p> Os damos gracias, beatas m&aacute;rtires de Nowogr&oacute;dek, por el testimonio de amor, por el ejemplo de hero&iacute;smo cristiano y por la confianza en la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo. &quot;Os he elegido y os he destinado para que vay&aacute;is y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 16). Sois la mayor herencia de la congregaci&oacute;n de la Sagrada Familia de Nazaret. Sois la herencia de toda la Iglesia de Cristo para siempre y especialmente en Bielorrusia.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;&quot;A todo aquel que me confiese ante los hombres, yo tambi&eacute;n le confesar&eacute; ante mi Padre que est&aacute; en los cielos&quot; (<i>Mt<\/i> 10, 32). Ya desde su ni&ntilde;ez, Pedro Calungsod confes&oacute; firmemente a Cristo y respondi&oacute; generosamente a su llamada. Los j&oacute;venes de hoy pueden obtener est&iacute;mulo y fuerza del ejemplo de Pedro, cuyo amor a Jes&uacute;s lo impuls&oacute; a dedicar los a&ntilde;os de la adolescencia a ense&ntilde;ar la fe como catequista laico. Dejando a su familia y a sus amigos, Pedro acept&oacute; de buen grado el desaf&iacute;o que le hab&iacute;a propuesto el padre Diego de San Vitores de unirse a &eacute;l en la misi&oacute;n a los chamorros. Con esp&iacute;ritu de fe, caracterizado por una fuerte devoci&oacute;n eucar&iacute;stica y mariana, Pedro acometi&oacute; la exigente tarea que se le ped&iacute;a y afront&oacute; con valent&iacute;a los numerosos obst&aacute;culos y dificultades que encontr&oacute;. Frente al peligro inminente, Pedro no quiso abandonar al padre Diego sino que, como &quot;buen soldado de Cristo&quot;, prefiri&oacute; morir junto con el misionero. Hoy el beato Pedro Calungsod intercede por los j&oacute;venes, en particular por los de su tierra natal, Filipinas, y los desaf&iacute;a.<\/p>\n<p> J&oacute;venes amigos, no dud&eacute;is en seguir el ejemplo de Pedro, que &quot;agrad&oacute; a Dios y fue amado por &eacute;l&quot; (<i>Sb<\/i> 4, 10), y que, habiendo alcanzado la perfecci&oacute;n en tan breve tiempo, vivi&oacute; una vida plena (cf.<i>&nbsp;Sb<\/i> 4, 13).<\/p>\n<p> 6.&nbsp;&quot;A todo aquel que me confiese ante los hombres, yo tambi&eacute;n le confesar&eacute; ante mi Padre que est&aacute; en los cielos&quot; (<i>Mt<\/i> 10, 32). Andr&eacute;s de Ph&uacute; Y&ecirc;n, en Vietnam, hizo suyas estas palabras del Se&ntilde;or con una intensidad heroica. Desde el d&iacute;a en que recibi&oacute; el bautismo, a la edad de diecis&eacute;is a&ntilde;os, se dedic&oacute; a cultivar una profunda vida espiritual. En medio de las dificultades que afrontaban quienes se adher&iacute;an a la fe cristiana, vivi&oacute; como testigo fiel de Cristo resucitado, y anunci&oacute; sin descanso el Evangelio a sus hermanos en el seno de la asociaci&oacute;n de catequistas &quot;La casa de Dios&quot;. Por amor al Se&ntilde;or, consagr&oacute; todas sus fuerzas al servicio de la Iglesia, asistiendo a los sacerdotes en su misi&oacute;n. Persever&oacute; hasta el don de la sangre, para permanecer fiel al amor de Cristo, a quien se hab&iacute;a entregado totalmente. Las palabras que repet&iacute;a avanzando resueltamente por &nbsp;el &nbsp;camino del martirio son la expresi&oacute;n de lo que anim&oacute; toda su existencia:&nbsp; &quot;Devolvamos amor por amor a nuestro &nbsp;Dios, devolvamos &nbsp;vida por vida&quot;.<\/p>\n<p> El beato Andr&eacute;s, protom&aacute;rtir de Vietnam, se presenta hoy como modelo a la Iglesia de su pa&iacute;s. Que todos los disc&iacute;pulos de Cristo encuentren en &eacute;l fuerza y apoyo en la prueba, y se preocupen por intensificar su intimidad con el Se&ntilde;or, su conocimiento del misterio cristiano, su fidelidad a la Iglesia y su sentido de la misi&oacute;n.<\/p>\n<p> 7.&nbsp;&quot;As&iacute; pues, no tem&aacute;is&quot; (<i>Mt<\/i> 10, 31). Esta es la invitaci&oacute;n de Cristo. Y esta es tambi&eacute;n la exhortaci&oacute;n de los nuevos beatos, que permanecieron firmes en su amor a Dios y a sus hermanos, aun en medio de las pruebas. Esta invitaci&oacute;n nos llega como aliento durante el A&ntilde;o jubilar, tiempo de conversi&oacute;n y profunda renovaci&oacute;n espiritual. Que no nos asusten las pruebas y las dificultades; que los obst&aacute;culos no nos impidan hacer opciones valientes y coherentes con el Evangelio.<\/p>\n<p> &iquest;Qu&eacute; podemos temer, si Cristo est&aacute; con nosotros? &iquest;Por qu&eacute; dudar, si estamos de parte de Cristo y aceptamos el compromiso y la responsabilidad de ser sus disc&iacute;pulos? Que la celebraci&oacute;n del jubileo nos confirme en esta decidida voluntad de seguir el Evangelio. Los nuevos beatos son un ejemplo para nosotros, y nos ofrecen su ayuda.<\/p>\n<p> Mar&iacute;a, Reina de los m&aacute;rtires, que al pie de la cruz comparti&oacute; hasta el fondo el sacrificio de su Hijo, nos sostenga al testimoniar con valent&iacute;a nuestra fe. <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA CEREMONIA DE BEATIFICACI&Oacute;N DE 44 M&Aacute;RTIRES&nbsp;Domingo 5 de marzo 1.&nbsp;&quot;Te alabar&eacute;, oh Dios mi salvador; a tu nombre doy gracias, porque me has ayudado y liberado&quot; (Si 51, 1-2). T&uacute;, Se&ntilde;or, me has ayudado. 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