{"id":40398,"date":"2016-10-05T23:43:27","date_gmt":"2016-10-06T04:43:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-al-monte-sinai-celebracion-de-la-palabra-en-el-monte-sinai-26-de-febrero-de-2000\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:27","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:27","slug":"peregrinacion-jubilar-al-monte-sinai-celebracion-de-la-palabra-en-el-monte-sinai-26-de-febrero-de-2000","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-al-monte-sinai-celebracion-de-la-palabra-en-el-monte-sinai-26-de-febrero-de-2000\/","title":{"rendered":"Peregrinaci\u00f3n jubilar al Monte Sina\u00ed: Celebraci\u00f3n de la Palabra en el Monte Sina\u00ed (26 de febrero de 2000)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <b>CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA EN EL MONTE SINA&Iacute;<br \/><\/b><\/font><i> <font color=\"#663300\"><br \/><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/p>\n<p><\/font><\/b>Monasterio de Santa Catalina, s&aacute;bado 26 de febrero <\/font> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i> <\/p>\n<p><i>Queridos hermanos y hermanas:<\/i><br \/>&nbsp;<br \/> 1.&nbsp;Durante este a&ntilde;o del gran jubileo, nuestra fe nos impulsa a convertirnos en <i>peregrinos, siguiendo los pasos de Dios.<\/i> Contemplamos el camino que recorri&oacute; en el tiempo, revelando al mundo el magn&iacute;fico misterio de su amor fiel a toda la humanidad. Hoy, con gran alegr&iacute;a y profunda emoci&oacute;n, el Obispo de Roma llega como peregrino al monte Sina&iacute;, atra&iacute;do por este monte santo que se eleva como un monumento majestuoso a lo que Dios revel&oacute; aqu&iacute;. <i>&iexcl;Aqu&iacute; revel&oacute; su nombre! &iexcl;Aqu&iacute; dio su ley, los diez mandamientos de la Alianza!<br \/><\/i><br \/> &iexcl;Cu&aacute;ntos han venido a este lugar antes de nosotros! Aqu&iacute; acamp&oacute; el pueblo de Dios (cf. <i>Ex<\/i> 19, 2); aqu&iacute; se refugi&oacute; el profeta El&iacute;as&nbsp;en una&nbsp;cueva (cf.<i>&nbsp;1&nbsp;R<\/i>&nbsp;19,&nbsp;9); aqu&iacute; encontr&oacute; su &uacute;ltima morada el cuerpo de la m&aacute;rtir santa Catalina; aqu&iacute;, a lo largo de los siglos, multitud de peregrinos han escalado lo que san Gregorio de Nisa llam&oacute; &quot;el monte del deseo&quot; (<i>Vida de Mois&eacute;s<\/i>, II, 232); aqu&iacute; han velado y orado generaciones de monjes. Nosotros seguimos humildemente sus pasos en &quot;la tierra sagrada&quot;, donde el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob orden&oacute; a Mois&eacute;s que librara a su pueblo (cf. <i>Ex<\/i> 3, 5-8).<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Dios se revela de modos misteriosos, como el fuego que no consume, de acuerdo con una l&oacute;gica que desaf&iacute;a todo lo que conocemos y esperamos. Es el Dios a la vez cercano y lejano; est&aacute; <i>en el mundo, pero no es del mundo<\/i>. Es el Dios que viene a nuestro encuentro, pero que no ser&aacute; pose&iacute;do. Es &quot;yo soy el que soy&quot;, <i>el nombre que no es nombre<\/i>. &quot;Yo soy el que soy&quot;:&nbsp; el abismo divino en el que la esencia y la existencia son una sola cosa. Es el Dios que es el Ser mismo. Ante tal misterio, no podemos por menos de &quot;quitarnos las sandalias&quot;, como nos ordena, y adorarlo en esta tierra sagrada.<\/p>\n<p> Aqu&iacute;, en el monte Sina&iacute;, la verdad de &quot;qui&eacute;n es Dios&quot; ha llegado a ser el fundamento y la garant&iacute;a de la Alianza. Mois&eacute;s entra en la &quot;oscuridad luminosa&quot; (<i>Vida de Mois&eacute;s<\/i>, II, 164), y aqu&iacute; recibe la ley &quot;escrita por el dedo de Dios&quot; (<i>Ex<\/i>&nbsp;31, 18). &iquest;Qu&eacute; es esta ley? <i>Es la ley de la vida y de la libertad<\/i>.<\/p>\n<p> En el mar Rojo el pueblo experiment&oacute; una gran liberaci&oacute;n. Vio el poder y la fidelidad de Dios; descubri&oacute; que &eacute;l es el Dios que realmente libra a su pueblo, como hab&iacute;a prometido. Pero ahora, en las alturas del Sina&iacute;, este mismo Dios sella su amor estableciendo una Alianza, a la que jam&aacute;s renunciar&aacute;. Si el pueblo obedece a su ley, conocer&aacute; la libertad para siempre. El &Eacute;xodo y la Alianza no son solamente acontecimientos del pasado; <i>son para siempre el destino de todo el pueblo de Dios<\/i>.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;El encuentro entre Dios y Mois&eacute;s en este &nbsp;monte &nbsp;encierra en el coraz&oacute;n de nuestra religi&oacute;n <i>el misterio de la obediencia liberadora<\/i>, que llega a su culmen en la obediencia perfecta de Cristo en la encarnaci&oacute;n y en la cruz (cf. <i>Flp<\/i> 2, 8; <i>Hb<\/i> 5, 8-9). Tambi&eacute;n nosotros seremos verdaderamente libres si aprendemos a obedecer como hizo Jes&uacute;s (cf. <i>Hb<\/i> 5, 8).<\/p>\n<p> Los diez mandamientos no son una imposici&oacute;n arbitraria de un Se&ntilde;or tirano. Fueron escritos en la piedra; pero antes fueron escritos en el coraz&oacute;n del hombre como ley moral universal, v&aacute;lida en todo tiempo y en todo lugar. Hoy, como siempre, las diez palabras de la ley proporcionan la &uacute;nica base aut&eacute;ntica para la vida de las personas, de las sociedades y de las naciones. Hoy, como siempre, <i>son el &uacute;nico futuro de la familia humana<\/i>. Salvan al hombre de la fuerza destructora del ego&iacute;smo, del odio y de la mentira. Se&ntilde;alan todos los falsos dioses que lo esclavizan:&nbsp; el amor a s&iacute; mismo que excluye a Dios, el af&aacute;n de poder y placer que altera el orden de la justicia y degrada nuestra dignidad humana y la de nuestro pr&oacute;jimo. Si nos alejamos de estos falsos &iacute;dolos y seguimos a Dios, que libera a su pueblo y permanece siempre con &eacute;l, apareceremos como Mois&eacute;s, despu&eacute;s de cuarenta d&iacute;as en el monte, &quot;resplandecientes de gloria&quot; (san Gregorio de Nisa, <i>Vida de Mois&eacute;s<\/i>, II, 230), envueltos en la luz de Dios.<\/p>\n<p> Guardar los mandamientos significa ser fieles a Dios, pero tambi&eacute;n ser fieles a nosotros mismos, a nuestra verdadera naturaleza y a nuestras aspiraciones m&aacute;s profundas. El viento que a&uacute;n hoy sopla en el Sina&iacute; nos recuerda que Dios quiere ser honrado en sus criaturas y en su crecimiento:&nbsp; <i>gloria Dei, homo vivens<\/i>. En este sentido, ese viento lleva <i>una insistente invitaci&oacute;n al di&aacute;logo entre los seguidores de las grandes religiones monote&iacute;stas<\/i> para el bien de la familia humana. Sugiere que en Dios podemos encontrar nuestro punto de encuentro:&nbsp; en Dios omnipotente y misericordioso, Creador del universo y Se&ntilde;or de la historia, que al final de nuestra existencia terrena nos juzgar&aacute; con perfecta justicia.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;La lectura del evangelio que acabamos de escuchar nos sugiere que el episodio del Sina&iacute; alcanza su culmen en otro monte, el monte de la Transfiguraci&oacute;n, donde Jes&uacute;s aparece a sus Ap&oacute;stoles resplandeciente de la gloria de Dios. Mois&eacute;s y El&iacute;as est&aacute;n con &eacute;l para testimoniar que <i>la plenitud de la revelaci&oacute;n de Dios se encuentra en Cristo glorificado<\/i>.<\/p>\n<p> En el monte de la Transfiguraci&oacute;n, Dios habla desde una nube, tal como hizo en el Sina&iacute;. Pero ahora dice:&nbsp; &quot;Este es mi Hijo amado, escuchadle&quot; (<i>Mc<\/i> 9, 7). Nos ordena <i>escuchar a su Hijo<\/i>, porque &quot;nadie conoce bien (&#8230;) al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar&quot; (<i>Mt<\/i> 11, 27). As&iacute;, aprendemos que el verdadero nombre de Dios es <i>Padre<\/i>. El nombre que es superior a todos los dem&aacute;s nombres:&nbsp; <i>Abb&aacute;<\/i> (cf. <i>Ga<\/i>, 4, 6). Jes&uacute;s nos ense&ntilde;a que <i>nuestro verdadero nombre es hijo o hija.<\/i> Aprendemos que el Dios del &Eacute;xodo y de la Alianza libra a su pueblo, <i>porque est&aacute; formado por sus hijos e hijas<\/i>, que no fueron creados para la esclavitud, sino para &quot;la gloriosa libertad de los hijos de Dios&quot; (<i>Rm<\/i> 8, 21).<\/p>\n<p> Por eso, cuando san Pablo escribe que nosotros &quot;quedamos muertos respecto de la ley por el cuerpo de Cristo&quot; (<i>Rm<\/i> 7, 4), no quiere decir que la ley del Sina&iacute; ya no tiene valor. Quiere decir que <i>los diez mandamientos se hacen o&iacute;r ahora con la voz del Hijo amado<\/i>. La persona a la que Jesucristo hace verdaderamente libre es consciente de que no est&aacute; vinculada <i>externamente<\/i> por una serie de prescripciones, sino <i>interiormente<\/i> por el amor que se halla arraigado en lo m&aacute;s profundo de su coraz&oacute;n. Los diez mandamientos son la ley de la libertad:&nbsp; no una libertad para seguir nuestras ciegas pasiones, sino <i>una libertad para amar, para elegir lo que conviene en cada situaci&oacute;n<\/i>, incluso cuando hacerlo es costoso. No debemos obedecer a una ley impersonal; lo que se nos pide es que nos abandonemos amorosamente al Padre por Jesucristo en el Esp&iacute;ritu Santo (cf. <i>Rm<\/i> 6, 14; <i>Ga<\/i> 5, 18). Al revelarse en el monte y entregar su ley, Dios revel&oacute; el hombre al hombre mismo. <i>El Sina&iacute; est&aacute; en el centro de la verdad sobre el hombre y sobre su destino.<br \/><\/i><br \/> 5.&nbsp;Los monjes de este monasterio, buscando esta verdad, han plantado su tienda a la sombra del Sina&iacute;. El monasterio de la Transfiguraci&oacute;n y de Santa Catalina muestra todas las huellas del tiempo y de los avatares humanos, pero permanece como testigo ind&oacute;mito de la sabidur&iacute;a y el amor divinos. Durante siglos, monjes de todas las tradiciones cristianas han vivido y orado juntos en este monasterio, escuchando la Palabra, en la que mora la plenitud de la sabidur&iacute;a y el amor del Padre. En este mismo monasterio san Juan Cl&iacute;maco escribi&oacute; <i>La escalera del para&iacute;so<\/i>, una obra maestra de la espiritualidad que sigue inspirando a monjes y monjas, tanto de Oriente como de Occidente, de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. Todo esto ha sucedido bajo la poderosa protecci&oacute;n de la gran Madre de Dios. Ya en el siglo III los cristianos egipcios la invocaban con palabras llenas de confianza:&nbsp; &iexcl;Bajo tu amparo nos acogemos, santa Madre de Dios! <i>Sub tuum praesidium confugimus, sancta Dei Genetrix!<\/i> A lo largo de los siglos, este monasterio ha sido un excepcional lugar de encuentro para personas que pertenecen a diferentes Iglesias, tradiciones y culturas. Ruego a Dios que en este nuevo milenio el monasterio de Santa Catalina sea un faro luminoso que impulse a las Iglesias a conocerse mejor mutuamente y a redescubrir la importancia, a los ojos de Dios, de lo que nos une en Cristo.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;Doy las gracias a los numerosos fieles de la di&oacute;cesis de Ismail&iacute;a, encabezados por su obispo Makarios, que se han unido a m&iacute; en esta peregrinaci&oacute;n al monte Sina&iacute;. El Sucesor de Pedro os agradece la firmeza de vuestra fe. Dios os bendiga a vosotros y a vuestras familias.<\/p>\n<p> Ojal&aacute; que el monasterio de Santa Catalina sea un oasis espiritual para los miembros de todas las Iglesias que buscan la gloria del Se&ntilde;or, que vino a morar en el monte Sina&iacute; (cf. <i>Ex<\/i> 24, 16). La visi&oacute;n de esta gloria nos impulsa a exclamar, llenos de alegr&iacute;a:&nbsp; &quot;Te damos gracias, Padre santo, por tu santo nombre, que has hecho morar en nuestro coraz&oacute;n&quot; (<i>Didach&eacute;<\/i> X). Am&eacute;n. <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DE LA PALABRA EN EL MONTE SINA&Iacute; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Monasterio de Santa Catalina, s&aacute;bado 26 de febrero Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; 1.&nbsp;Durante este a&ntilde;o del gran jubileo, nuestra fe nos impulsa a convertirnos en peregrinos, siguiendo los pasos de Dios. 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