{"id":40399,"date":"2016-10-05T23:43:28","date_gmt":"2016-10-06T04:43:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-al-monte-sinai-santa-misa-en-el-pabellon-de-deportes-de-el-cairo-25-de-febrero-de-2000\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:28","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:28","slug":"peregrinacion-jubilar-al-monte-sinai-santa-misa-en-el-pabellon-de-deportes-de-el-cairo-25-de-febrero-de-2000","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-al-monte-sinai-santa-misa-en-el-pabellon-de-deportes-de-el-cairo-25-de-febrero-de-2000\/","title":{"rendered":"Peregrinaci\u00f3n jubilar al Monte Sina\u00ed: Santa Misa en el Pabell\u00f3n de deportes de El Cairo (25 de febrero de 2000)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font size=\"3\" color=\"#663300\"> <b>SANTA MISA CELEBRADA EN EL PALACIO DE DEPORTES DE EL CAIRO<br \/><\/b><br \/><\/font><i> <font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b><br \/>Viernes 25 de febrero de 2000 <\/font> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i> <\/p>\n<p>1.&nbsp;&quot;De Egipto llam&eacute; a mi hijo&quot; (<i>Mt<\/i> 2,&nbsp;15).<\/p>\n<p> El evangelio de hoy nos recuerda la huida de la Sagrada Familia a Egipto, a donde vino a buscar refugio. &quot;El &aacute;ngel del Se&ntilde;or se apareci&oacute; en sue&ntilde;os a Jos&eacute; y le dijo:&nbsp; &quot;Lev&aacute;ntate, toma contigo al ni&ntilde;o y a su madre y huye a Egipto; y qu&eacute;date all&iacute; hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al ni&ntilde;o para matarlo&quot;&quot; (<i>Mt<\/i> 2, 13). De este modo, Cristo, &quot;que se hizo hombre para que el hombre fuera capaz de recibir la divinidad&quot; (san Atanasio de Alejandr&iacute;a, <i>Contra los arrianos<\/i>, 2, 59), quiso recorrer nuevamente el camino de la llamada divina, el itinerario que hab&iacute;a seguido su pueblo, para que &nbsp;todos &nbsp;sus miembros llegaran a ser hijos en el Hijo. Jos&eacute; &quot;se levant&oacute;, tom&oacute; de noche al ni&ntilde;o y a su madre, y se fue a Egipto; y estuvo all&iacute; hasta la muerte de Herodes; para que se cumpliera el or&aacute;culo del Se&ntilde;or por medio del profeta:&nbsp;<i> de Egipto llam&eacute; a mi hijo<\/i>&quot; (<i>Mt<\/i> 2, 14-15).<br \/>La Providencia gui&oacute; a Jes&uacute;s por los caminos que en otros tiempos hab&iacute;an recorrido los israelitas para ir a la tierra prometida, bajo el signo del cordero pascual, celebrando la Pascua. Tambi&eacute;n Jes&uacute;s, el Cordero de Dios, fue llamado de Egipto por el Padre, para realizar en Jerusal&eacute;n la Pascua de la alianza nueva e irrevocable, la Pascua definitiva, la Pascua que da al mundo la salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;De Egipto llam&eacute; a mi hijo&quot;. As&iacute; habla el &nbsp;Se&ntilde;or, que &nbsp;hizo &nbsp;salir a su pueblo de la condici&oacute;n de esclavitud (cf.<i>&nbsp;Ex<\/i> 20, 2) para sellar con &eacute;l, en el monte Sina&iacute;, una alianza. La fiesta de la Pascua seguir&aacute; siendo siempre el recuerdo de esa liberaci&oacute;n. Conmemora ese acontecimiento, que est&aacute; presente en la memoria del pueblo de Dios. Cuando los israelitas partieron para su largo viaje, bajo la gu&iacute;a de Mois&eacute;s, no pensaban que su peregrinaci&oacute;n a trav&eacute;s del desierto hasta la tierra prometida durar&iacute;a cuarenta a&ntilde;os. Mois&eacute;s mismo, que hab&iacute;a sacado a su pueblo de Egipto y lo hab&iacute;a guiado durante todo ese tiempo, no entr&oacute; en la tierra prometida. Antes de morir, s&oacute;lo pudo contemplarla desde la cima del monte Nebo; luego confi&oacute; la gu&iacute;a del pueblo a su sucesor Josu&eacute;.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Mientras los cristianos celebran el bimilenario del nacimiento de Jes&uacute;s, debemos hacer esta peregrinaci&oacute;n a los lugares donde comenz&oacute; y se desarroll&oacute; la historia de la salvaci&oacute;n, una historia de amor irrevocable entre Dios y los hombres, presencia del Se&ntilde;or de la historia en el tiempo y en la vida de los hombres. Hemos venido a Egipto siguiendo el itinerario por el que Dios gui&oacute; a su pueblo, con Mois&eacute;s a la cabeza, para conducirlo a la tierra prometida. Nos ponemos en camino, iluminados por las palabras de libro del &Eacute;xodo:&nbsp; dejando nuestra condici&oacute;n de esclavitud, vamos al monte Sina&iacute;, donde Dios sell&oacute; su alianza con la casa de Jacob, por medio de Mois&eacute;s, en cuyas manos deposit&oacute; las tablas del Dec&aacute;logo. &iexcl;Qu&eacute; hermosa es esta alianza! Nos muestra que Dios no deja de dirigirse al hombre para comunicarle la vida en abundancia. Nos pone en presencia de Dios y es expresi&oacute;n de su profundo amor a su pueblo. Invita al hombre a dirigirse a Dios, a dejarse envolver por su amor y a realizar las aspiraciones a la felicidad que lleva en s&iacute;. Si acogemos en esp&iacute;ritu las tablas de los diez mandamientos, viviremos plenamente de la ley que Dios ha puesto en nuestro coraz&oacute;n y participaremos en la salvaci&oacute;n que revel&oacute; la Alianza sellada en el monte Sina&iacute; entre Dios y su pueblo, y que el Hijo de Dios nos ofrece mediante la redenci&oacute;n.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;En esta tierra de Egipto, que tengo la alegr&iacute;a de visitar por primera vez, el mensaje de la nueva Alianza se ha transmitido, de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, a trav&eacute;s de la venerable Iglesia copta, heredera de la predicaci&oacute;n y la acci&oacute;n apost&oacute;lica del evangelista san Marcos, quien, seg&uacute;n la tradici&oacute;n, sufri&oacute; el martirio en Alejandr&iacute;a. Hoy elevamos a Dios una ferviente acci&oacute;n de gracias por la rica historia de esta Iglesia, as&iacute; como por el apostolado generoso de sus fieles que, a lo largo de los siglos, a veces incluso derramando su sangre, han sido testigos fervientes del amor del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p> Agradezco con afecto a Su Beatitud St&eacute;phanos II Ghattas, patriarca copto cat&oacute;lico de Alejandr&iacute;a, las palabras de acogida que me ha dirigido; testimonian la fe viva y la fidelidad de vuestra comunidad a la Iglesia de Roma. Saludo cordialmente a los patriarcas y a los obispos que participan en esta liturgia eucar&iacute;stica, as&iacute; como a los sacerdotes, a los religiosos, a las religiosas y a todos los fieles que han venido para acompa&ntilde;arme en esta etapa de mi peregrinaci&oacute;n jubilar. Saludo tambi&eacute;n con deferencia a las autoridades y a todas las personas que han querido unirse a esta celebraci&oacute;n. Tenemos a la Iglesia copta ortodoxa, a su venerado patriarca, el Papa Shenuda III, nuestro hermano, y a todos los obispos y los fieles de las Iglesias. Saludo cordialmente a Su Santidad Petrus VII, patriarca del Egipto greco-ortodoxo, y a todos los miembros de su Iglesia.<br \/> Vuestra presencia aqu&iacute;, en torno al Sucesor de Pedro, es un signo de la unidad de la Iglesia, cuya cabeza es Cristo. Que la fraternidad entre todos los disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or, tan manifiesta aqu&iacute;, os aliente a proseguir vuestros esfuerzos por constituir comunidades unidas en el amor, que sean levadura de concordia y reconciliaci&oacute;n. As&iacute;, encontrar&eacute;is la fuerza y el consuelo, particularmente en los momentos de dificultad o de duda, para dar un testimonio cada vez m&aacute;s ardiente de Cristo en la tierra de vuestros antepasados. Con el ap&oacute;stol san Pablo, doy gracias a Dios, Padre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, orando por vosotros en todo momento para que crezc&aacute;is en la fe, os manteng&aacute;is firmes en la esperanza y difund&aacute;is por doquier la caridad de Cristo (cf. <i>Col<\/i> 1, 3-5).<\/p>\n<p> 5.&nbsp;En este a&ntilde;o jubilar, recordando que Cristo &quot;es la cabeza del cuerpo, de la Iglesia&quot; (<i>Col<\/i> 1, 18), debemos tratar de avanzar decididamente, cada vez con mayor ardor, por los caminos de la unidad que &eacute;l quiso para sus disc&iacute;pulos, con esp&iacute;ritu de confianza y fraternidad. As&iacute;, nuestro testimonio com&uacute;n glorificar&aacute; a Dios y ser&aacute; cada vez m&aacute;s cre&iacute;ble a los ojos de los hombres. Pido al Padre celestial que con todas las Iglesias y comunidades eclesiales, a las que saludo aqu&iacute; con respeto, se desarrollen relaciones serenas y fraternas, con caridad y buena voluntad. Este clima de di&aacute;logo y acercamiento ayudar&aacute; a encontrar soluciones a los problemas que a&uacute;n constituyen un obst&aacute;culo para la comuni&oacute;n plena. Favorecer&aacute;, adem&aacute;s, el respeto de la sensibilidad propia de cada comunidad, as&iacute; como de su modo espec&iacute;fico de expresar la fe en Cristo y celebrar los sacramentos, que las Iglesias deben reconocer rec&iacute;procamente como administrados en nombre del mismo Se&ntilde;or. Ojal&aacute; que, al celebrar durante esta peregrinaci&oacute;n la Pascua del Se&ntilde;or, vivamos un nuevo Pentecost&eacute;s, en el que todos los disc&iacute;pulos reunidos con la Madre de Dios acogen al Esp&iacute;ritu Santo, que nos reconcilia con el Se&ntilde;or y es principio de unidad y fuerza para la misi&oacute;n, haciendo de nosotros un solo cuerpo, imagen del mundo futuro.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;Desde los or&iacute;genes, la vida espiritual e intelectual se ha desarrollado de modo notable en la Iglesia que est&aacute; en Egipto. Podemos recordar aqu&iacute; a los ilustres fundadores del monaquismo cristiano, Antonio, Pacomio y Macario, y a los numerosos patriarcas, confesores, pensadores y doctores que son gloria de la Iglesia universal. A&uacute;n hoy, los monasterios siguen siendo centros vivos de oraci&oacute;n, estudio y meditaci&oacute;n, con fidelidad a la antigua tradici&oacute;n cenob&iacute;tica y anacor&eacute;tica de la Iglesia copta, recordando que el contacto fiel y prolongado con el Se&ntilde;or es la levadura de la transformaci&oacute;n de las personas y de toda la sociedad. As&iacute;, la vida con Dios hace resplandecer la luz en nuestro rostro de hombres e ilumina al mundo con una luz nueva, la llama viva del amor.<\/p>\n<p> Quiera Dios que los j&oacute;venes, al acoger hoy este impulso espiritual y apost&oacute;lico que les han transmitido sus padres en la fe, est&eacute;n atentos a la llamada del Se&ntilde;or que los invita a seguirlo, y respondan con generosidad, aceptando comprometerse tanto en el sacerdocio como en la vida consagrada, activa o contemplativa. Que las personas consagradas, mediante el testimonio de su vida de hombres y mujeres entregados totalmente a Dios y a sus hermanos, fundada en una intensa experiencia espiritual, manifiesten el amor sin l&iacute;mites del Se&ntilde;or al mundo.<\/p>\n<p> 7.&nbsp;La Iglesia cat&oacute;lica quiere traducir este amor gratuito y sin exclusi&oacute;n en medio del pueblo egipcio mediante su compromiso en el &aacute;mbito educativo, sanitario y caritativo. La presencia activa de la Iglesia en la formaci&oacute;n intelectual y moral de la juventud constituye una antigua tradici&oacute;n del patriarcado copto cat&oacute;lico y del vicariato latino. Mediante la educaci&oacute;n de los j&oacute;venes en los valores humanos, espirituales y morales fundamentales, en el respeto a la conciencia de cada uno, las instituciones educativas cat&oacute;licas desean brindar su contribuci&oacute;n a la promoci&oacute;n de la persona, particularmente de la mujer y de la familia; quieren, asimismo, favorecer relaciones amistosas con los musulmanes, para que los miembros de cada comunidad se esfuercen sinceramente por comprenderse los unos a los otros y promover juntos, para bien de todos los hombres, la justicia social, los valores morales, la paz, el respeto y la libertad.<\/p>\n<p> Es un deber de todos los ciudadanos participar activamente, con esp&iacute;ritu de solidaridad, en la edificaci&oacute;n de la sociedad, en la consolidaci&oacute;n de la paz entre las comunidades y en la gesti&oacute;n honrada del bien com&uacute;n. Para realizar esta obra com&uacute;n, que debe acercar a los miembros de una misma naci&oacute;n, es leg&iacute;timo que todos, cristianos y musulmanes, respetando las diferentes opiniones religiosas, pongan igualmente sus capacidades al servicio de la colectividad, en todos los &aacute;mbitos de la vida social.<\/p>\n<p> 8.&nbsp;Al unirnos al camino de fe de Mois&eacute;s, durante la peregrinaci&oacute;n jubilar que realizamos en estos d&iacute;as, estamos invitados a avanzar hacia el monte del Se&ntilde;or y a despojarnos de nuestras esclavitudes, para recorrer el camino de Dios. &quot;Y Dios, viendo as&iacute; nuestras decisiones buenas y constatando que le atribuimos lo que realizamos, (&#8230;) nos recompensar&aacute; con lo que le es propio, los dones espirituales, divinos y celestiales&quot; (san Macario, <i>Homil&iacute;as espirituales<\/i>, 26, 20). Para cada uno de nosotros el Horeb, el &quot;monte de la fe&quot;, est&aacute; llamado a convertirse en &quot;el lugar del encuentro y del pacto rec&iacute;proco, en cierto sentido, el <i>monte del amor<\/i>&quot; (<i>Carta sobre la peregrinaci&oacute;n a los lugares vinculados a la historia de la salvaci&oacute;n<\/i>, n. 6:&nbsp; <i>L&#8217;Osservatore Romano<\/i>, edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 2 de julio de 1999, p. 22). Precisamente all&iacute; el pueblo se comprometi&oacute; a vivir adhiri&eacute;ndose totalmente a la voluntad divina, y Dios le asegur&oacute; su benevolencia eterna. Este misterio de amor se realiza plenamente en la Pascua de la nueva Alianza, en el don que el Padre hace de su Hijo para la salvaci&oacute;n de toda la humanidad.<\/p>\n<p> Recibamos hoy, de manera renovada, la ley divina como un tesoro precioso. Convirt&aacute;monos, como Mois&eacute;s, en hombres y mujeres que intercedan ante el Se&ntilde;or y, a la vez, transmitan a los hombres la ley, que es una llamada a la vida verdadera, que libera de los &iacute;dolos y hace que toda existencia sea infinitamente hermosa y valiosa. Por su parte, los j&oacute;venes esperan con impaciencia que les ayudemos a descubrir el rostro de Dios, que les mostremos el camino que deben seguir, la senda del encuentro personal con Dios y los actos humanos dignos de nuestra filiaci&oacute;n divina; se trata de un camino ciertamente exigente, pero es la &uacute;nica senda de liberaci&oacute;n que puede colmar su deseo de felicidad. Cuando estemos con Dios en el monte de la oraci&oacute;n, dej&eacute;monos inundar por su luz, para que en nuestro rostro resplandezca la gloria de Dios, invitando a los hombres a vivir de esta felicidad divina, que es la vida en plenitud.<\/p>\n<p> &quot;De Egipto llam&eacute; a mi hijo&quot;. &iexcl;Ojal&aacute; que todos los hombres escuchen la llamada del Dios de la Alianza y descubran la alegr&iacute;a de ser hijos!<br \/> <i><\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA CELEBRADA EN EL PALACIO DE DEPORTES DE EL CAIRO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIViernes 25 de febrero de 2000 1.&nbsp;&quot;De Egipto llam&eacute; a mi hijo&quot; (Mt 2,&nbsp;15). 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