{"id":40400,"date":"2016-10-05T23:43:30","date_gmt":"2016-10-06T04:43:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-febrero-de-2000-conmemoracion-de-abraham-padre-de-todos-los-creyentes\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:30","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:30","slug":"23-de-febrero-de-2000-conmemoracion-de-abraham-padre-de-todos-los-creyentes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-febrero-de-2000-conmemoracion-de-abraham-padre-de-todos-los-creyentes\/","title":{"rendered":"23 de febrero de 2000, Conmemoraci\u00f3n de Abraham, \u00abpadre de todos los creyentes\u00bb"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/>DURANTE&nbsp; LAS CELEBRACIONES EN RECUERDO<br \/>DE ABRAHAM &quot;PADRE DE TODOS LOS CREYENTES&quot;<\/p>\n<p><\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/>&nbsp;mi&eacute;rcoles 23 de febrero <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\" style=\"text-align:center\"><b><\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\"><i><\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <br \/><\/i><\/p>\n<p> <span style=\"font-size:12.0pt;font-family:&quot;Times New Roman&quot;;mso-fareast-font-family:\n&quot;Times New Roman&quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US;\nmso-bidi-language:AR-SA\">1.&nbsp;&quot;Yo soy el Se&ntilde;or que te saqu&eacute; de Ur de los caldeos, para darte esta tierra en propiedad. (&#8230;) Aquel d&iacute;a firm&oacute; el Se&ntilde;or una alianza con Abram, diciendo:&nbsp; &quot;A tu descendencia he dado esta tierra, desde el r&iacute;o de Egipto hasta el gran r&iacute;o, el r&iacute;o &Eacute;ufrates&quot;&quot; (<i>Gn <\/i>15, 7.&nbsp;18).<\/p>\n<p> Antes de que Mois&eacute;s oyera en el monte Sina&iacute; las conocidas palabras de Yahveh:&nbsp; &quot;Yo soy el Se&ntilde;or, tu Dios, que te he sacado del pa&iacute;s de Egipto, de la situaci&oacute;n de esclavitud&quot; (<i>Ex<\/i> 20, 2), el patriarca Abraham ya hab&iacute;a escuchado estas otras palabras:&nbsp; &quot;Yo soy el Se&ntilde;or que te saqu&eacute; de Ur de los caldeos&quot;. Por consiguiente, debemos dirigirnos con el pensamiento hacia ese lugar tan importante en la historia del pueblo de Dios, para buscar en &eacute;l <i>los inicios de la alianza de Dios con el hombre<\/i>. Precisamente por ello, en este a&ntilde;o del gran jubileo, mientras con el coraz&oacute;n nos remontamos hasta los or&iacute;genes de la alianza de Dios con la humanidad, <i>nuestra mirada se vuelve hacia Abraham<\/i>, hacia el lugar donde escuch&oacute; la llamada de Dios y respondi&oacute; a ella con la obediencia de la fe. Juntamente con nosotros, tambi&eacute;n los jud&iacute;os y los musulmanes contemplan la figura de Abraham como un modelo de sumisi&oacute;n incondicional a la voluntad de Dios (cf. <i>Nostra aetate,<\/i> 3).<\/p>\n<p> El autor de la carta a los Hebreos escribe:&nbsp; &quot;Por la fe, Abraham, al ser llamado por Dios, obedeci&oacute; y sali&oacute; para el lugar que hab&iacute;a de recibir en herencia, y sali&oacute; sin saber a d&oacute;nde iba&quot; (<i>Hb<\/i> 11, 8). Abraham,&nbsp;a&nbsp;quien&nbsp;el&nbsp;Ap&oacute;stol llama&nbsp;&quot;nuestro Padre en la fe&quot; (cf. <i>Rm<\/i> 4, 11-16), crey&oacute; en Dios, <i>se fio de &eacute;l<\/i>, que lo llamaba. <i>Crey&oacute; en la promesa<\/i>. Dios dijo a Abraham:&nbsp; &quot;Sal de tu tierra, y de tu patria, y de la casa de tu padre, a la tierra que yo te mostrar&eacute;. De ti har&eacute; una naci&oacute;n grande y te bendecir&eacute;. Engrandecer&eacute; tu nombre; y ser&aacute;s t&uacute; una bendici&oacute;n. (&#8230;) Por ti ser&aacute;n bendecidos todos los linajes de la tierra&quot; (<i>Gn<\/i> 12, 1-3). &iquest;Estamos, acaso, hablando de la ruta de una de las m&uacute;ltiples emigraciones t&iacute;picas de una &eacute;poca en la que la ganader&iacute;a era una forma fundamental de vida econ&oacute;mica? Es probable. Pero, con toda seguridad, <i>no s&oacute;lo se trat&oacute; de esto.<\/i> En la historia de Abraham, con el que comenz&oacute; la historia de la salvaci&oacute;n, ya podemos percibir otro significado de la llamada y de la promesa. La tierra hacia la que se encamina el hombre guiado por la voz de Dios <i>no pertenece exclusivamente a la geograf&iacute;a de este mundo<\/i>. Abraham, el creyente que acoge la invitaci&oacute;n de Dios, es el que se pone en camino hacia una tierra prometida que no es de aqu&iacute; abajo.<br \/> 2.&nbsp;En la carta a los Hebreos leemos:&nbsp; &quot;Por la fe,&nbsp;Abraham, sometido a la prueba, present&oacute; a Isaac como ofrenda, y el que hab&iacute;a recibido las promesas, ofrec&iacute;a a su unig&eacute;nito, respecto del cual se le hab&iacute;a dicho:&nbsp; Por Isaac tendr&aacute;s descendencia&quot; (<i>Hb<\/i> 11, 17-18). <i>He aqu&iacute; el culmen de la fe de Abraham<\/i>. Fue puesto a prueba por el Dios en quien hab&iacute;a depositado su confianza, por el Dios del que hab&iacute;a recibido la promesa relativa al futuro lejano:&nbsp; &quot;Por Isaac tendr&aacute;s descendencia&quot; (<i>Hb<\/i> 11, 18). Pero es invitado a ofrecer en sacrifico a Dios precisamente a ese Isaac, su &uacute;nico hijo, a quien estaba vinculada toda su esperanza, de acuerdo con la promesa divina. &iquest;C&oacute;mo podr&aacute; cumplirse la promesa que Dios le hizo de una descendencia numerosa si Isaac, su &uacute;nico hijo, debe ser ofrecido en sacrificio?<\/p>\n<p> Por la fe, Abraham sale victorioso de esta prueba, una prueba dram&aacute;tica, que compromet&iacute;a directamente su fe. En efecto, como escribe el autor de la carta a los Hebreos, &quot;pensaba que Dios era poderoso aun para resucitarlo de entre los &nbsp;muertos&quot; &nbsp;(<i>Hb<\/i> &nbsp;11, &nbsp;19). &nbsp;Incluso &nbsp;en el instante, humanamente tr&aacute;gico, en que estaba a punto de infligir el golpe mortal a su hijo, Abraham no dej&oacute; de creer. M&aacute;s a&uacute;n, su fe en la promesa alcanz&oacute; entonces su culmen. Pensaba:&nbsp; &quot;Dios es poderoso aun para resucitarlo de entre los muertos&quot;. Eso pensaba este padre probado, humanamente hablando, por encima de toda &nbsp;medida. Y &nbsp;su fe, su abandono total en Dios, no lo defraud&oacute;. Est&aacute; escrito:&nbsp; &quot;Por eso lo recobr&oacute;&quot; (<i>Hb<\/i>&nbsp;11,&nbsp;19). Recobr&oacute; a Isaac, puesto que crey&oacute; en Dios plenamente y de forma incondicional.<\/p>\n<p> El autor de la carta a los Hebreos parece expresar aqu&iacute; algo m&aacute;s:&nbsp; toda la experiencia de Abraham le resulta <i>una analog&iacute;a del evento salv&iacute;fico de la muerte y la resurrecci&oacute;n de Cristo<\/i>. Este hombre, que est&aacute; en el origen de nuestra fe, forma parte del eterno designio divino. Seg&uacute;n una tradici&oacute;n, el lugar donde Abraham estuvo a punto de sacrificar a su propio hijo es el mismo sobre el que otro padre, el Padre eterno, aceptar&iacute;a la ofrenda de su Hijo unig&eacute;nito, Jesucristo. As&iacute;, el sacrificio de Abraham se presenta como anuncio prof&eacute;tico del sacrificio de Cristo. &quot;Porque tanto am&oacute; Dios al mundo -escribe san Juan- que le dio a su Hijo unig&eacute;nito&quot; (<i>Jn<\/i> 3, 16). En cierto sentido, el patriarca Abraham, nuestro padre en la fe, sin saberlo, introduce a todos los creyentes en el plan eterno de Dios, en el que se realiza la redenci&oacute;n del mundo.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Un d&iacute;a Cristo afirm&oacute;:&nbsp; &quot;En verdad, en verdad os digo:&nbsp; antes de que Abraham existiera, Yo Soy&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 58) y estas palabras despertaron el asombro de los oyentes, que objetaron:&nbsp; &quot;&iquest;A&uacute;n no tienes cincuenta a&ntilde;os y has visto a Abraham?&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 57). Los que reaccionaban as&iacute; razonaban de modo puramente humano, y por eso no aceptaron lo que Cristo les dec&iacute;a. &quot;&iquest;Eres t&uacute; acaso m&aacute;s grande que nuestro padre Abraham, que muri&oacute;? Tambi&eacute;n los profetas murieron. &iquest;Por qui&eacute;n te tienes a ti mismo?&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 53). Jes&uacute;s les replic&oacute;:&nbsp; &quot;Vuestro padre Abraham se regocij&oacute; pensando en ver mi d&iacute;a; lo vio y se alegr&oacute;&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 56). La vocaci&oacute;n de Abraham se presenta completamente orientada hacia el d&iacute;a del que habla Cristo. Aqu&iacute; no valen los c&aacute;lculos humanos; <i>es preciso aplicar el metro de Dios<\/i>. S&oacute;lo entonces podemos comprender el significado exacto de la obediencia de Abraham, que &quot;crey&oacute;, esperando contra toda esperanza&quot; (<i>Rm<\/i> 4, 18). Esper&oacute; que se iba a convertir en padre de numerosas naciones, y hoy seguramente se alegra con nosotros porque la promesa de Dios se cumple a lo largo de los siglos, de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n.<\/p>\n<p> El hecho de haber cre&iacute;do, esperando contra toda esperanza, &quot;le fue reputado como justicia&quot; (<i>Rm<\/i> 4, 22), no s&oacute;lo en consideraci&oacute;n a &eacute;l, sino tambi&eacute;n a todos nosotros, sus descendientes en la fe. Nosotros &quot;creemos en aquel que resucit&oacute; de entre los muertos a Jes&uacute;s, Se&ntilde;or nuestro&quot; (<i>Rm<\/i> 4, 24), que muri&oacute; por nuestros pecados y resucit&oacute; para nuestra justificaci&oacute;n (cf. <i>Rm<\/i> 4, 25). Esto no lo sab&iacute;a Abraham; sin embargo, por la obediencia de la fe, se dirig&iacute;a hacia el cumplimiento de todas las promesas divinas, impulsado por la esperanza de que se realizar&iacute;an. Y &iquest;existe promesa m&aacute;s grande que la que se cumpli&oacute; en el misterio pascual de Cristo? Realmente, en la fe de Abraham Dios todopoderoso sell&oacute; una alianza eterna con el g&eacute;nero humano, y Jesucristo es el cumplimiento definitivo de esa alianza. El Hijo unig&eacute;nito del Padre, de su misma naturaleza, se hizo hombre para introducirnos, mediante la humillaci&oacute;n de la cruz y la gloria de la resurrecci&oacute;n, en la tierra de salvaci&oacute;n que Dios, rico en misericordia, prometi&oacute;&nbsp;a la&nbsp;humanidad desde&nbsp;el inicio.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;El modelo insuperable del pueblo redimido, en camino hacia el cumplimiento de esta promesa universal, es Mar&iacute;a, &quot;la que crey&oacute; que se cumplir&iacute;an las cosas que le fueron dichas de parte del Se&ntilde;or&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 45).<\/p>\n<p> Mar&iacute;a, hija de Abraham por la fe, adem&aacute;s de serlo por la carne, comparti&oacute; personalmente su experiencia. Tambi&eacute;n ella, como Abraham, acept&oacute; la inmolaci&oacute;n de su Hijo, pero mientras que a Abraham no se le pidi&oacute; el sacrificio efectivo de Isaac, Cristo bebi&oacute; el c&aacute;liz del sufrimiento hasta la &uacute;ltima gota. Y Mar&iacute;a particip&oacute; personalmente en la prueba de su Hijo, creyendo y esperando de pie junto a la cruz (cf. <i>Jn<\/i> 19, 25).<\/p>\n<p> Era el ep&iacute;logo de una larga espera. Mar&iacute;a, formada en la meditaci&oacute;n de las p&aacute;ginas prof&eacute;ticas, presagiaba lo que le esperaba y, al alabar la misericordia de Dios, fiel a su pueblo de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, expres&oacute; su adhesi&oacute;n personal al plan divino de salvaci&oacute;n; y, en particular, dio su &quot;s&iacute;&quot; al acontecimiento central de aquel plan, el sacrificio del Ni&ntilde;o que llevaba en su seno. Como Abraham,&nbsp;acept&oacute; el&nbsp;sacrificio&nbsp;de su Hijo.<\/p>\n<p> Hoy &nbsp;nosotros &nbsp;unimos &nbsp;nuestra &nbsp;voz &nbsp;a la suya, y con ella, la Virgen Hija de Sion, proclamamos que Dios se acord&oacute; de su misericordia, &quot;como lo hab&iacute;a prometido a nuestros padres, en favor de Abraham y su descendencia por siempre&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 55).<br \/><\/span> <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIDURANTE&nbsp; LAS CELEBRACIONES EN RECUERDODE ABRAHAM &quot;PADRE DE TODOS LOS CREYENTES&quot; &nbsp;mi&eacute;rcoles 23 de febrero 1.&nbsp;&quot;Yo soy el Se&ntilde;or que te saqu&eacute; de Ur de los caldeos, para darte esta tierra en propiedad. 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