{"id":40401,"date":"2016-10-05T23:43:31","date_gmt":"2016-10-06T04:43:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-febrero-de-2000-jubileo-de-la-curia-romana\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:31","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:31","slug":"22-de-febrero-de-2000-jubileo-de-la-curia-romana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-febrero-de-2000-jubileo-de-la-curia-romana\/","title":{"rendered":"22 de febrero de 2000, Jubileo de la Curia Romana"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/>EN EL JUBILEO DE LA CURIA ROMANA<br \/><\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/>martes 22 de febrero de 2000<\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\" style=\"text-align:center\"><b><\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&nbsp;<\/p>\n<p>1.<i>&nbsp;&quot;T&uacute; eres Pedro y sobre esta piedra edificar&eacute; mi Iglesia&quot;<\/i> (<i>Mt<\/i> 16, 18).<\/p>\n<p> Hemos cruzado como peregrinos la Puerta santa de la bas&iacute;lica vaticana, y ahora la palabra de Dios atrae nuestra atenci&oacute;n hacia lo que Cristo dijo <i>a <\/i>Pedro y <i>de <\/i>Pedro.<\/p>\n<p> Nos encontramos reunidos en torno al altar de la Confesi&oacute;n, situado sobre la tumba del Ap&oacute;stol, y nuestra asamblea est&aacute; formada por la especial comunidad de servicio que se llama la Curia romana. El <i>ministerio petrino<\/i>, es decir, el servicio propio del Obispo de Roma, con el que cada uno de vosotros est&aacute; llamado a colaborar en su propio campo de trabajo, nos une en una sola familia e inspira nuestra oraci&oacute;n en el momento solemne que la Curia romana vive hoy, <i>fiesta de la C&aacute;tedra de San Pedro<\/i>.<\/p>\n<p> Todos &nbsp;nosotros, y &nbsp;en &nbsp;primer &nbsp;lugar &nbsp;yo mismo, nos sentimos profundamente afectados por las palabras &nbsp;del &nbsp;Evangelio &nbsp;que &nbsp;acabamos de proclamar:&nbsp; &quot;T&uacute; eres el Cristo&#8230; T&uacute; eres Pedro&quot; (<i>Mt<\/i>&nbsp;16, 16.&nbsp;18). En esta bas&iacute;lica, junto a la memoria del martirio del Pescador de Galilea, esas palabras resuenan de nuevo con singular elocuencia, incrementada por el intenso clima espiritual del jubileo del bimilenario de la Encarnaci&oacute;n.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&quot; (<i>Mt<\/i>&nbsp;16, 16):&nbsp; esta es la confesi&oacute;n de fe del Pr&iacute;ncipe de los Ap&oacute;stoles. Y esta es tambi&eacute;n la confesi&oacute;n que renovamos nosotros hoy, venerados hermanos cardenales, obispos y sacerdotes, juntamente con todos vosotros, amad&iacute;simos religiosos, religiosas y laicos que prest&aacute;is vuestra apreciada colaboraci&oacute;n en el &aacute;mbito de la Curia romana. Repetimos las luminosas palabras del Ap&oacute;stol con particular emoci&oacute;n en este d&iacute;a, en el que celebramos nuestro jubileo especial.<\/p>\n<p> Y la respuesta de Cristo resuena con fuerza en nuestra alma:&nbsp; &quot;T&uacute; eres Pedro y sobre esta piedra edificar&eacute; mi Iglesia&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 18). El evangelista san Juan atestigua que Jes&uacute;s hab&iacute;a puesto a Sim&oacute;n el nombre &quot;Cefas&quot; ya desde su primer encuentro, cuando lo hab&iacute;a llevado a &eacute;l su hermano Andr&eacute;s (cf.<i>&nbsp;Jn<\/i> 1, 41-42). En cambio, el relato de san Mateo confiere a este acto de Cristo el mayor relieve, coloc&aacute;ndolo en un momento central del ministerio mesi&aacute;nico de Jes&uacute;s, el cual explicita el significado del nombre &quot;Pedro&quot; refiri&eacute;ndolo a la edificaci&oacute;n de la Iglesia.<\/p>\n<p> &quot;T&uacute; eres el Cristo&quot;:&nbsp; sobre esta profesi&oacute;n de fe de Pedro, y sobre la consiguiente declaraci&oacute;n de Jes&uacute;s:&nbsp; &quot;T&uacute; eres Pedro&quot;, se funda la Iglesia. Un fundamento invencible, que las fuerzas del mal no pueden destruir, pues lo protege la voluntad misma del &quot;Padre que est&aacute; en los cielos&quot; (<i>Mt <\/i>16, 17). <i>La C&aacute;tedra de Pedro<\/i>, que hoy celebramos, <i>no se apoya en seguridades humanas<\/i> -&quot;ni la carne ni la sangre&quot;- <i>sino en Cristo, piedra angular<\/i>. Y tambi&eacute;n nosotros, como Sim&oacute;n, nos sentimos &quot;bienaventurados&quot;, porque sabemos que nuestro &uacute;nico motivo de orgullo est&aacute; en el plan eterno y providente de Dios.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;Yo mismo cuidar&eacute; de mi reba&ntilde;o y velar&eacute; por &eacute;l&quot; (<i>Ez<\/i>&nbsp;34,&nbsp;11). La primera lectura, tomada del c&eacute;lebre or&aacute;culo del profeta Ezequiel sobre los pastores de Israel, evoca con fuerza el <i>car&aacute;cter pastoral del ministerio petrino<\/i>. Es el car&aacute;cter que distingue, de reflejo, la naturaleza y el servicio de la Curia romana, cuya misi&oacute;n consiste precisamente en colaborar con el Sucesor de Pedro en el cumplimiento de la tarea que Cristo le encarg&oacute;:&nbsp; apacentar su reba&ntilde;o.<\/p>\n<p> &quot;Yo mismo apacentar&eacute; mis ovejas y las llevar&eacute; a reposar&quot; (<i>Ez<\/i> 34, 15). &quot;Yo mismo&quot;:&nbsp; estas son las palabras m&aacute;s importantes, pues manifiestan la determinaci&oacute;n con la que Dios quiere tomar la iniciativa, ocup&aacute;ndose &eacute;l personalmente de su pueblo. Sabemos muy bien que la promesa -&quot;Yo mismo&quot;- se ha hecho realidad. <i>Se cumpli&oacute; en la plenitud de los tiempos<\/i>, cuando Dios envi&oacute; a su Hijo, el buen Pastor, a apacentar su reba&ntilde;o &quot;con el poder del Se&ntilde;or, con la majestad del nombre del Se&ntilde;or&quot; (<i>Mi<\/i>&nbsp;5, 3). Lo envi&oacute; a reunir a los hijos de Dios dispersos, ofreci&eacute;ndose como cordero, v&iacute;ctima mansa de expiaci&oacute;n, sobre el altar de la cruz.<\/p>\n<p> Este es el modelo de pastor que Pedro y los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles aprendieron a conocer e imitar estando con Jes&uacute;s y compartiendo su ministerio mesi&aacute;nico (cf. <i>Mc<\/i> 3, 14-15). Se ve reflejado en la segunda lectura, en la que Pedro se define a s&iacute; mismo &quot;testigo de los sufrimientos de Cristo y part&iacute;cipe de la gloria que est&aacute; para manifestarse&quot; (<i>1 P<\/i> 5, 1). El <i>pastor Pedro<\/i> fue totalmente modelado por el <i>Pastor Jes&uacute;s<\/i> y por el dinamismo de su Pascua. El <i>ministerio petrino<\/i> est&aacute; arraigado en esta <i>singular conformaci&oacute;n a Cristo Pastor<\/i> de Pedro y de sus Sucesores, una conformaci&oacute;n que tiene su fundamento en un peculiar carisma de amor:&nbsp; &quot;&iquest;Me amas m&aacute;s que estos?&#8230; Apacienta mis corderos&quot; (<i>Jn<\/i> 21, 15).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;En una ocasi&oacute;n como la que estamos viviendo, el Sucesor de Pedro no puede olvidar <i>lo que aconteci&oacute; antes de la pasi&oacute;n de Cristo<\/i>, en el huerto de los Olivos, despu&eacute;s de la &uacute;ltima Cena. Ninguno de los Ap&oacute;stoles parec&iacute;a darse cuenta de lo que estaba a punto de suceder y que Jes&uacute;s conoc&iacute;a muy bien:&nbsp; &eacute;l sab&iacute;a que acud&iacute;a a ese lugar para velar y orar, a fin de prepararse as&iacute; para &quot;su hora&quot;, la hora de la muerte en la cruz.<\/p>\n<p> Hab&iacute;a dicho a los Ap&oacute;stoles:&nbsp; &quot;Todos os vais a escandalizar, ya que est&aacute; escrito:&nbsp; Herir&eacute; al pastor y se dispersar&aacute;n las ovejas&quot; (<i>Mc<\/i> 14, 27). Pedro replic&oacute;:&nbsp; &quot;Aunque todos se escandalicen, yo no&quot; (<i>Mc<\/i> 14, 29). Nunca me escandalizar&eacute;, nunca te dejar&eacute;&#8230; Y Jes&uacute;s le respondi&oacute;:&nbsp; &quot;Yo te aseguro:&nbsp; hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, t&uacute; me habr&aacute;s negado tres&quot; (<i>Mc<\/i> 14, 30). &quot;Aunque tenga que morir contigo, yo no te negar&eacute;&quot; (<i>Mc<\/i> 14, 31), insisti&oacute; firmemente Pedro, y con &eacute;l los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles. Y Jes&uacute;s le dijo:&nbsp; &quot;&iexcl;Sim&oacute;n, Sim&oacute;n! Mira que Satan&aacute;s ha solicitado el poder cribaros como trigo; pero yo he&nbsp;rogado por&nbsp;ti,&nbsp;para que&nbsp;tu&nbsp;fe no&nbsp;desfallezca. Y&nbsp;t&uacute;,&nbsp;cuando te hayas convertido,&nbsp;confirma a tus hermanos&quot; (<i>Lc<\/i> 22, 31-32).<\/p>\n<p> He aqu&iacute; la promesa de Cristo, que constituye nuestra consoladora certeza:&nbsp; <i>el &nbsp;ministerio &nbsp;petrino &nbsp;no se funda en las capacidades y en las fuerzas humanas, sino en la oraci&oacute;n de Cristo,<\/i> que implora al Padre para que la fe de Sim&oacute;n &quot;no desfallezca&quot; (<i>Lc<\/i> 22, 32). &quot;Una vez convertido&quot;, Pedro podr&aacute; cumplir su servicio &nbsp;en &nbsp;medio &nbsp;de sus hermanos. La conversi&oacute;n del Ap&oacute;stol -podr&iacute;amos decir su segunda conversi&oacute;n- constituye as&iacute; el paso decisivo en su itinerario de seguimiento del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas que particip&aacute;is en esta celebraci&oacute;n jubilar de la Curia romana, no debemos olvidar nunca esas palabras de Cristo a Pedro. Nuestro gesto de cruzar la Puerta santa, para obtener la gracia del gran jubileo, debe estar impulsado por un profundo <i>esp&iacute;ritu de conversi&oacute;n<\/i>. Para ello nos resulta muy &uacute;til precisamente la historia de Pedro, su experiencia de la debilidad humana, que, poco despu&eacute;s del di&aacute;logo con Jes&uacute;s que acabamos de recordar, lo llev&oacute; a olvidar las promesas hechas con tanta insistencia y a negar a su Se&ntilde;or. A pesar de su pecado y de sus limitaciones, Cristo lo eligi&oacute; y lo llam&oacute; a una misi&oacute;n alt&iacute;sima:&nbsp; la de ser el fundamento de la unidad visible de la Iglesia y confirmar a sus hermanos en la fe.<\/p>\n<p> En el caso de Pedro fue decisivo lo que sucedi&oacute; en la noche entre el jueves y el viernes de la Pasi&oacute;n. Cristo, al ser llevado fuera de la casa del sumo sacerdote, mir&oacute; a Pedro a los ojos. El Ap&oacute;stol, que lo acababa de negar tres veces, fulgurado por esa mirada, lo comprendi&oacute; todo. Record&oacute; las palabras del Maestro y sinti&oacute; que le traspasaban el coraz&oacute;n. &quot;Y, saliendo fuera, rompi&oacute; a llorar amargamente&quot; (<i>Lc<\/i> 22, 62).<\/p>\n<p> Quiera Dios que el llanto de Pedro nos sacuda interiormente, de modo que nos impulse a una aut&eacute;ntica purificaci&oacute;n interior. &quot;Al&eacute;jate de m&iacute;, Se&ntilde;or, que soy un hombre pecador&quot; (<i>Lc<\/i> 5, 8), hab&iacute;a exclamado un d&iacute;a, despu&eacute;s de la pesca milagrosa. Hagamos nuestra, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, esta invocaci&oacute;n de Pedro, mientras celebramos nuestro santo jubileo. Cristo renovar&aacute; tambi&eacute;n para nosotros -as&iacute; lo esperamos con humilde confianza- sus prodigios:&nbsp; nos conceder&aacute; de forma sobreabundante su gracia sanante y realizar&aacute; nuevas pescas milagrosas, llenas de promesas para la misi&oacute;n de la Iglesia en el tercer milenio.<\/p>\n<p> Virgen sant&iacute;sima, que acompa&ntilde;aste con la oraci&oacute;n los primeros pasos de la Iglesia naciente, vela sobre nuestro camino jubilar. Alc&aacute;nzanos experimentar, como Pedro, el apoyo constante de Cristo. Ay&uacute;danos a vivir nuestra misi&oacute;n al servicio del Evangelio en la fidelidad y en la alegr&iacute;a, a la espera de la vuelta gloriosa de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, que es el mismo ayer, hoy y siempre. <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIEN EL JUBILEO DE LA CURIA ROMANA martes 22 de febrero de 2000 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;T&uacute; eres Pedro y sobre esta piedra edificar&eacute; mi Iglesia&quot; (Mt 16, 18). 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