{"id":40402,"date":"2016-10-05T23:43:32","date_gmt":"2016-10-06T04:43:32","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-febrero-de-2000-jubileo-de-los-enfermos-y-de-los-agentes-sanitarios\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:32","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:32","slug":"11-de-febrero-de-2000-jubileo-de-los-enfermos-y-de-los-agentes-sanitarios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-febrero-de-2000-jubileo-de-los-enfermos-y-de-los-agentes-sanitarios\/","title":{"rendered":"11 de febrero de 2000, Jubileo de los enfermos y de los agentes sanitarios"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <br \/><\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><br \/>\n<font face=\"Times\" size=\"3\"><b>JUBILEO DE LOS ENFERMOS Y DE LOS AGENTES SANITARIOS<\/b><\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><i>Viernes 11 de febrero de 2000<\/p>\n<p><\/i><\/p>\n<p> <span style=\"font-size:12.0pt;font-family:&quot;Times New Roman&quot;;mso-fareast-font-family:\n&quot;Times New Roman&quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US;\nmso-bidi-language:AR-SA\">1.&nbsp;<i>&quot;Nos visitar&aacute; el sol que nace de lo alto&quot;<\/i> (<i>Lc <\/i>1, 78). Con estas palabras, Zacar&iacute;as anunciaba la ya pr&oacute;xima venida del Mes&iacute;as al mundo.<\/p>\n<p> En la p&aacute;gina evang&eacute;lica que acabamos de proclamar, hemos revivido el episodio de la Visitaci&oacute;n:&nbsp; la visitaci&oacute;n de Mar&iacute;a a su prima Isabel, la visitaci&oacute;n de Jes&uacute;s a Juan, la visitaci&oacute;n de Dios al hombre.<\/p>\n<p> Amad&iacute;simos hermanos y hermanas enfermos, que hab&eacute;is venido hoy a esta plaza para celebrar vuestro jubileo, tambi&eacute;n el acontecimiento que estamos viviendo es <i>expresi&oacute;n de una peculiar visitaci&oacute;n de Dios. <\/i>Con esta certeza, os acojo y os saludo cordialmente. Est&aacute;is en el coraz&oacute;n del Sucesor de Pedro, que comparte todas vuestras preocupaciones y angustias:&nbsp; &iexcl;sed bienvenidos! Con &iacute;ntima emoci&oacute;n celebro hoy el gran jubileo del a&ntilde;o 2000 junto con vosotros, y con los agentes sanitarios, los familiares y los voluntarios que os acompa&ntilde;an con diligente abnegaci&oacute;n.<\/p>\n<p> Saludo al arzobispo monse&ntilde;or Javier Lozano Barrag&aacute;n, presidente del Consejo pontificio para la pastoral de los agentes sanitarios, y a sus colaboradores, que se han ocupado de la organizaci&oacute;n de este encuentro jubilar. Saludo a los se&ntilde;ores cardenales y obispos presentes, as&iacute; como a los prelados y sacerdotes que han acompa&ntilde;ado a grupos de enfermos en esta celebraci&oacute;n. Saludo a la ministra de Salud p&uacute;blica del Gobierno italiano y a las dem&aacute;s autoridades que han participado. Por &uacute;ltimo, saludo y doy las gracias a los numeros&iacute;simos profesionales y voluntarios que han estado dispuestos a ponerse al servicio de los enfermos durante estos d&iacute;as.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;Nos visitar&aacute; el sol que nace de lo alto&quot;. &iexcl;S&iacute;, Dios nos ha visitado hoy! &Eacute;l est&aacute; con nosotros en toda situaci&oacute;n dif&iacute;cil. Pero <i>el jubileo es experiencia de una visitaci&oacute;n suya muy singular. <\/i>Al hacerse hombre, el Hijo de Dios ha venido a visitar a cada una de las personas y se ha convertido para cada una de ellas en &quot;la Puerta&quot;:&nbsp; Puerta de la vida, Puerta de la salvaci&oacute;n. Si el hombre quiere encontrar la salvaci&oacute;n, debe entrar a trav&eacute;s de esta Puerta. Cada uno est&aacute; invitado a cruzar este umbral.<\/p>\n<p> Hoy est&aacute;is invitados a cruzarlo especialmente vosotros, queridos enfermos y personas que sufr&iacute;s, que hab&eacute;is acudido a la plaza de San Pedro desde Roma, desde Italia y desde el mundo entero. Tambi&eacute;n est&aacute;is invitados vosotros que, comunicados por un puente televisivo especial, os un&iacute;s a nosotros en la oraci&oacute;n desde el santuario de Czestochowa (Polonia):&nbsp; os env&iacute;o mi saludo cordial, que extiendo de buen grado a cuantos, mediante la televisi&oacute;n y la radio, siguen nuestra celebraci&oacute;n en Italia y en el extranjero.<\/p>\n<p> Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, algunos de vosotros est&aacute;is inmovilizados desde hace a&ntilde;os en un lecho de dolor:&nbsp; pido a Dios que este encuentro constituya para ellos un extraordinario alivio f&iacute;sico y espiritual. Deseo que esta conmovedora celebraci&oacute;n ofrezca a todos, sanos y enfermos, la oportunidad de meditar en el valor salv&iacute;fico del sufrimiento.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;El dolor y la enfermedad forman parte del misterio del hombre en la tierra. Ciertamente, es justo luchar contra la enfermedad, porque la salud es un don de Dios. Pero es importante tambi&eacute;n saber leer el designio de Dios cuando el sufrimiento llama a nuestra puerta. <i>La &quot;clave&quot; de dicha lectura es la cruz de Cristo. <\/i>El Verbo encarnado acogi&oacute; nuestra debilidad, asumi&eacute;ndola sobre s&iacute; en el misterio de la cruz. Desde entonces, el sufrimiento tiene <i>una posibilidad de sentido, <\/i>que lo hace singularmente valioso. Desde hace dos mil a&ntilde;os, desde el d&iacute;a de la pasi&oacute;n, la cruz brilla como suprema manifestaci&oacute;n del amor que Dios siente por nosotros. Quien sabe acogerla en su vida, experimenta c&oacute;mo el dolor, iluminado por la fe, se transforma en fuente de esperanza y salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p> Ojal&aacute; que Cristo sea la Puerta para vosotros, queridos enfermos llamados en este momento a llevar una cruz m&aacute;s pesada. Que Cristo sea tambi&eacute;n la Puerta para vosotros, queridos acompa&ntilde;antes, que los cuid&aacute;is. Como el buen samaritano, todo creyente debe dar amor a quien sufre. No est&aacute; permitido &quot;pasar de largo&quot; ante quien est&aacute; probado por la enfermedad. Por el contrario, hay que detenerse, inclinarse sobre su enfermedad y compartirla generosamente, aliviando su peso y sus dificultades.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Santiago escribe:&nbsp; &quot;&iquest;Est&aacute; enfermo alguno entre vosotros? Llame a los presb&iacute;teros de la Iglesia, que oren sobre &eacute;l y le unjan con &oacute;leo en el nombre del Se&ntilde;or. Y la oraci&oacute;n de la fe salvar&aacute; al enfermo, y el Se&ntilde;or har&aacute; que se levante, y si hubiera cometido pecados, le ser&aacute;n perdonados&quot; (<i>St <\/i>5, 14-15). Dentro de poco reviviremos de modo singular esta exhortaci&oacute;n del Ap&oacute;stol, cuando algunos de vosotros, queridos enfermos, recib&aacute;is el sacramento de la unci&oacute;n de los enfermos. &Eacute;l, devolviendo el vigor espiritual y f&iacute;sico, pone muy bien de relieve que Cristo es para la persona que sufre <i>la Puerta que conduce a la vida.<\/p>\n<p> <\/i>Queridos enfermos, &eacute;ste es el momento culminante de vuestro jubileo. Al cruzar el umbral de la Puerta santa, un&iacute;os a todos los que, en todas las partes del mundo, ya la han cruzado, y a cuantos la cruzar&aacute;n durante el A&ntilde;o jubilar. Ojal&aacute; que pasar a trav&eacute;s de la Puerta santa sea signo de vuestro ingreso espiritual en el misterio de Cristo, el Redentor crucificado y resucitado, que por amor &quot;llev&oacute; nuestras dolencias y soport&oacute; nuestros dolores&quot; (<i>Is <\/i>53, 4).<\/p>\n<p> 5.&nbsp;La Iglesia entra en el nuevo milenio estrechando en su coraz&oacute;n el evangelio del sufrimiento, que es anuncio de redenci&oacute;n y salvaci&oacute;n. Hermanos y hermanas enfermos, sois testigos singulares de este Evangelio. El tercer milenio espera este testimonio de los cristianos que sufren. Lo espera tambi&eacute;n de vosotros, agentes de la pastoral sanitaria, que con funciones diferentes cumpl&iacute;s junto a los enfermos una misi&oacute;n tan significativa y apreciada, apreciad&iacute;sima.<\/p>\n<p> Que se incline sobre cada uno de vosotros la Virgen Inmaculada, que nos visit&oacute; en Lourdes, como hoy recordamos con alegr&iacute;a y gratitud. En la gruta de Massabielle confi&oacute; a santa Bernardita un mensaje que lleva al coraz&oacute;n del Evangelio:&nbsp; a la conversi&oacute;n y a la penitencia, a la oraci&oacute;n y al abandono confiado en las manos de Dios.<\/p>\n<p> Con Mar&iacute;a, la Virgen de la Visitaci&oacute;n, elevamos tambi&eacute;n nosotros al Se&ntilde;or el &quot;Magn&iacute;ficat&quot;, que es el canto de la esperanza de todos los pobres, los enfermos y los que sufren en el mundo, que exultan de alegr&iacute;a porque saben que Dios est&aacute; junto a ellos como Salvador.<\/p>\n<p> As&iacute; pues, con la Virgen sant&iacute;sima queremos proclamar:&nbsp; &quot;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or&quot;, y dirigir nuestros pasos hacia la verdadera Puerta jubilar:&nbsp; Jesucristo, que es el mismo ayer, hoy y siempre.<br \/><\/span> <\/p>\n<hr \/>\n<p><span style=\"font-size:12.0pt;font-family:&quot;Times New Roman&quot;;mso-fareast-font-family:\n&quot;Times New Roman&quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US;\nmso-bidi-language:AR-SA\"><b>Saludos<br \/><\/b><\/span><b><\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><i><br \/> (En ingl&eacute;s)<br \/> <\/i>Saludo cari&ntilde;osamente a los peregrinos de lengua inglesa que toman parte en esta especial celebraci&oacute;n jubilar para los enfermos y los agentes sanitarios. Encomend&aacute;ndoos a todos a la poderosa intercesi&oacute;n de la Bienaventurada Virgen Mar&iacute;a, auxilio de los cristianos y consuelo de los afligidos, invoco sobre vosotros fuerza y paz en su Hijo, nuestro Se&ntilde;or Jesucristo.<\/p>\n<p> <i>(En franc&eacute;s)<br \/> <\/i>Dirijo un saludo muy cordial a los enfermos y a quienes los acompa&ntilde;an. Habiendo venido para vivir juntos este jubileo, form&aacute;is una magn&iacute;fica comunidad de fe y esperanza. Vuestro testimonio y vuestra oraci&oacute;n son un tesoro precioso, y constituyen una misi&oacute;n esencial para la Iglesia y el mundo. En efecto, toda oraci&oacute;n, incluso la m&aacute;s rec&oacute;ndita, contribuye a elevar el mundo a Dios. Servir a nuestros hermanos significa servir a Cristo. &iexcl;Que la Virgen Mar&iacute;a os gu&iacute;e cada d&iacute;a!<\/p>\n<p> <i>(En espa&ntilde;ol)<br \/> <\/i>Me dirijo ahora a los peregrinos de lengua espa&ntilde;ola participantes en esta celebraci&oacute;n del jubileo de los enfermos. Que la gracia jubilar os ayude a ser testigos valientes de Jesucristo, ofreciendo con &eacute;l vuestra vida, alegr&iacute;as y tristezas, para la salvaci&oacute;n de todos.<\/p>\n<p> <i>(En alem&aacute;n)<br \/> <\/i>Saludo con particular cordialidad a todos los peregrinos de lengua alemana que han venido a Roma para el jubileo de los enfermos. Expreso mi estima a quienes se dedican al cuidado y a la asistencia de los enfermos. Ojal&aacute; que la celebraci&oacute;n de esta liturgia divina refuerce vuestra fe, mediante la cual renov&aacute;is vuestra valent&iacute;a de vivir.<\/p>\n<p> <i>(En portugu&eacute;s)<br \/> <\/i>Dirijo un saludo amistoso y solidario a todos los enfermos de lengua portuguesa que participan f&iacute;sica o espiritualmente en esta peregrinaci&oacute;n jubilar:&nbsp; deseo aseguraros que encomiendo diariamente a Dios, Padre de toda consolaci&oacute;n, vuestro calvario, para que vuestra fe y vuestra esperanza en el divino Crucificado no desfallezcan; &eacute;l puede transformar en j&uacute;bilo vuestra aflicci&oacute;n, y vuestros dolores en remedio de salvaci&oacute;n para quienes am&aacute;is.<\/p>\n<p> <i>(En polaco)<br \/> <\/i>Saludo a los peregrinos procedentes de Polonia, de modo particular a los enfermos y a los que sufren, as&iacute; como a las personas que los asisten y a los sacerdotes. A trav&eacute;s de vuestro sufrimiento, est&aacute;is particularmente unidos a Cristo. &Eacute;l, que con su pasi&oacute;n y su muerte en la cruz ha redimido el mundo, sea siempre vuestra fuerza en el dolor.<\/p>\n<p> Hermanos y hermanas que sufr&iacute;s, tenemos una deuda con vosotros. &iexcl;La Iglesia tiene una deuda con vosotros, y tambi&eacute;n el Papa! Rezad por nosotros.<span style=\"font-size:12.0pt;font-family:&quot;Times New Roman&quot;;mso-fareast-font-family:\n&quot;Times New Roman&quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US;\nmso-bidi-language:AR-SA\"><b><br \/><\/b><br \/><\/span> <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II JUBILEO DE LOS ENFERMOS Y DE LOS AGENTES SANITARIOS Viernes 11 de febrero de 2000 1.&nbsp;&quot;Nos visitar&aacute; el sol que nace de lo alto&quot; (Lc 1, 78). Con estas palabras, Zacar&iacute;as anunciaba la ya pr&oacute;xima venida del Mes&iacute;as al mundo. 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