{"id":40403,"date":"2016-10-05T23:43:34","date_gmt":"2016-10-06T04:43:34","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/a-la-virgen-maria-durante-el-jubileo-de-la-vida-consagrada-2-de-febrero-de-2000\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:34","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:34","slug":"a-la-virgen-maria-durante-el-jubileo-de-la-vida-consagrada-2-de-febrero-de-2000","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/a-la-virgen-maria-durante-el-jubileo-de-la-vida-consagrada-2-de-febrero-de-2000\/","title":{"rendered":"A la Virgen Mar\u00eda, durante el jubileo de la vida consagrada (2 de febrero de 2000)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i><b><font face=\"Times New Roman\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p> <\/font> <\/i> <\/font> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\"> <b>JUBILEO DE LA VIDA CONSAGRADA <\/p>\n<p><\/b><i>Mi&eacute;rcoles 2 de febrero de 2000<\/i><\/font><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>Amad&iacute;simos hermanos y hermanas:<\/i>&nbsp;<\/p>\n<p>1.&nbsp;&quot;Hab&iacute;a en Jerusal&eacute;n un hombre llamado Sime&oacute;n; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolaci&oacute;n de Israel; y el Esp&iacute;ritu Santo estaba en &eacute;l. (&#8230;) Hab&iacute;a tambi&eacute;n una profetisa, Ana&quot; (<i>Lc <\/i>2, 25.&nbsp;36).<\/p>\n<p>Estas dos personas, Sime&oacute;n y Ana, acompa&ntilde;an la presentaci&oacute;n de Jes&uacute;s en el templo de Jerusal&eacute;n. El evangelista subraya que cada uno de ellos, a su modo, se anticipa al acontecimiento. En ambos se manifiesta la espera de la venida del Mes&iacute;as. Ambos expresan de alg&uacute;n modo el misterio del templo de Jerusal&eacute;n. Por eso, ambos se hallan presentes en el templo, de una forma que se podr&iacute;a definir providencial, cuando Mar&iacute;a y Jos&eacute; llevan a Jes&uacute;s, cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s de su nacimiento, para presentarlo al Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>Sime&oacute;n y Ana representan la espera de todo Israel. Se les concede la gracia de encontrarse con Aquel a quien los profetas hab&iacute;an anunciado desde hac&iacute;a siglos. Los dos ancianos, iluminados por el Esp&iacute;ritu Santo, reconocen al Mes&iacute;as esperado en el ni&ntilde;o que Mar&iacute;a y Jos&eacute;, para cumplir lo que prescrib&iacute;a la ley del Se&ntilde;or, llevaron al templo.<\/p>\n<p>Las palabras de Sime&oacute;n tienen un acento prof&eacute;tico:&nbsp; el anciano <i>mira al pasado y anuncia el futuro<\/i>. Dice:&nbsp; &quot;Ahora, Se&ntilde;or, seg&uacute;n tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos, luz para alumbrar a las naciones, y gloria de tu pueblo, Israel&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 29-32). Sime&oacute;n expresa el cumplimiento de la espera, que constitu&iacute;a la raz&oacute;n de su vida. Lo mismo sucede con la profetisa Ana, que se llena de gozo a la vista del Ni&ntilde;o y habla de &eacute;l &quot;a todos los que esperaban la redenci&oacute;n de Jerusal&eacute;n&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 38).<\/p>\n<p>2.&nbsp;Cada a&ntilde;o con ocasi&oacute;n de esta fiesta lit&uacute;rgica se re&uacute;nen junto a la tumba de san Pedro numerosas personas consagradas. Hoy constituyen una multitud, porque se hallan congregadas personas consagradas procedentes de todo el mundo. Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, celebr&aacute;is hoy vuestro jubileo, <i>el jubileo de la vida consagrada<\/i>. Os acojo con el abrazo evang&eacute;lico de la paz.<br \/> Saludo a los superiores y superioras de las diversas congregaciones e institutos, y os saludo a todos vosotros, amados hermanos y hermanas, que hab&eacute;is querido vivir la experiencia jubilar cruzando el umbral de la Puerta santa de la patriarcal bas&iacute;lica vaticana. En vosotros mi pensamiento se dirige a todos vuestros hermanos y hermanas esparcidos por el mundo:&nbsp; tambi&eacute;n a ellos los saludo con afecto.<\/p>\n<p>Reunidos junto a la tumba del Pr&iacute;ncipe de los Ap&oacute;stoles durante este A&ntilde;o jubilar, quer&eacute;is expresar con particular relieve <i>el v&iacute;nculo profundo que une la vida consagrada al Sucesor de Pedro<\/i>. Est&aacute;is aqu&iacute; para depositar sobre el altar del Se&ntilde;or las esperanzas y los problemas de vuestros respectivos institutos. Con el esp&iacute;ritu del jubileo, dais gracias a Dios por el bien realizado y, al mismo tiempo, ped&iacute;s perd&oacute;n por las posibles faltas que han marcado la vida de vuestras familias religiosas. Os pregunt&aacute;is, al inicio de un nuevo milenio, cu&aacute;les son las formas m&aacute;s eficaces de contribuir, respetando el carisma originario, a la nueva evangelizaci&oacute;n, llegando a las numerosas personas que a&uacute;n desconocen a Cristo. Desde esta perspectiva, se eleva ferviente vuestra invocaci&oacute;n al Due&ntilde;o de la mies, para que suscite en el coraz&oacute;n de muchos j&oacute;venes, chicos y chicas, el deseo de entregarse totalmente a la causa de Cristo y del Evangelio.<\/p>\n<p>Me uno con gusto a vuestra oraci&oacute;n. He peregrinado por todo el mundo; por eso, he podido darme cuenta del <i>valor de vuestra presencia prof&eacute;tica<\/i> para todo el pueblo cristiano. Los hombres y las mujeres de esta generaci&oacute;n tienen gran necesidad de encontrarse con el Se&ntilde;or y de acoger su liberador mensaje de salvaci&oacute;n. Y, de buen grado, quiero rendir homenaje, tambi&eacute;n en esta circunstancia, al ejemplo de <i>entrega evang&eacute;lica<\/i> <i>generosa <\/i>de innumerables hermanos y hermanas vuestros, que a menudo trabajan en situaciones muy dif&iacute;ciles. Se entregan sin reservas, en nombre de Cristo, al servicio de los pobres, de los marginados y de los &uacute;ltimos.<\/p>\n<p>No pocos de ellos <i>han pagado<\/i>, incluso en estos &uacute;ltimos a&ntilde;os, <i>con el testimonio supremo de la sangre<\/i> su opci&oacute;n de fidelidad a Cristo y al hombre, sin ceder a componendas. Brind&eacute;mosles el tributo de nuestra admiraci&oacute;n y de nuestra gratitud.<\/p>\n<p>3.&nbsp;La presentaci&oacute;n de Jes&uacute;s en el templo ilumina de forma particular vuestra opci&oacute;n, queridos hermanos y hermanas. &iquest;No viv&iacute;s tambi&eacute;n vosotros <i>el misterio de la espera de la venida de Cristo<\/i>, manifestada y casi personificada por Sime&oacute;n y Ana? Vuestros votos, &iquest;no expresan, con especial intensidad, esa espera del encuentro con el Mes&iacute;as que los dos ancianos israelitas llevaban en su coraz&oacute;n? Ellos, figuras del Antiguo Testamento situadas en el umbral del Nuevo, manifiestan una actitud interior que no ha prescrito. Vosotros la hab&eacute;is hecho vuestra, al estar proyectados hacia la espera de la vuelta del Esposo.<\/p>\n<p>El testimonio escatol&oacute;gico pertenece a la esencia de vuestra vocaci&oacute;n. Los votos de pobreza, obediencia y castidad por el reino de Dios constituyen un mensaje que comunic&aacute;is al mundo sobre el destino definitivo del hombre. Es un mensaje valioso:&nbsp; &quot;Quien espera vigilante el cumplimiento de las promesas de Cristo es capaz de infundir tambi&eacute;n esperanza entre sus hermanos y hermanas, con frecuencia desconfiados y pesimistas respecto al futuro&quot; (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031996_vita-consecrata.html\">Vita consecrata<\/a><\/i>, 27).<\/p>\n<p>4.&nbsp;&quot;El Esp&iacute;ritu Santo estaba en &eacute;l&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 25). Lo que dice el evangelista de Sime&oacute;n se puede aplicar perfectamente tambi&eacute;n a vosotros, a quienes el Esp&iacute;ritu lleva hacia una experiencia especial de Cristo. Con la fuerza renovadora de su amor, quiere transformaros en testigos eficaces de conversi&oacute;n, penitencia y vida nueva.<\/p>\n<p>Tener el coraz&oacute;n, los afectos, los intereses y los sentimientos polarizados en Jes&uacute;s constituye el aspecto m&aacute;s grande del don que el Esp&iacute;ritu realiza en vosotros. Os conforma a &eacute;l, casto, pobre y obediente. Y los consejos evang&eacute;licos, lejos de ser una renuncia que empobrece, representan <i>una opci&oacute;n que libera a &nbsp;la persona para que desarrolle con m&aacute;s plenitud todas sus potencialidades<\/i>.<\/p>\n<p>El evangelista dice de la profetisa Ana que &quot;no se apartaba nunca del templo&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 37). La primera vocaci&oacute;n de quien opta por seguir a Jes&uacute;s con coraz&oacute;n indiviso consiste en &quot;estar con &eacute;l&quot; (<i>Mc<\/i> 3, 14), <i>vivir en comuni&oacute;n con &eacute;l<\/i>, escuchando su palabra en la alabanza constante de Dios (cf. <i> Lc<\/i> 2, 38). En este momento, pienso <i>en la oraci&oacute;n<\/i>, especialmente la lit&uacute;rgica, <i>que se eleva desde tantos monasterios y comunidades de vida consagrada<\/i> esparcidos por toda la tierra. Queridos hermanos y hermanas, haced que resuene en la Iglesia vuestra alabanza con humildad y constancia; as&iacute;, el canto de vuestra vida tendr&aacute; un eco profundo en el coraz&oacute;n del mundo.<\/p>\n<p>5.&nbsp;La gozosa experiencia del encuentro con Jes&uacute;s, el j&uacute;bilo y la alabanza que brotan del coraz&oacute;n no pueden quedar escondidos. El servicio que prestan al Evangelio los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apost&oacute;lica, con la variedad de formas que el Esp&iacute;ritu Santo ha suscitado en la Iglesia, <i> nace siempre de una experiencia de amor y de un encuentro vivo con Cristo<\/i>. Nace de compartir su esfuerzo y su incesante ofrenda al Padre.<\/p>\n<p>Vosotros, los consagrados y consagradas, invitados a dejarlo todo por seguir a Cristo, renunci&aacute;is a definir vuestra existencia a partir de la familia, la profesi&oacute;n o los intereses terrenos, y eleg&iacute;s al Se&ntilde;or como &uacute;nico criterio de identificaci&oacute;n. <i>As&iacute; adquir&iacute;s una nueva identidad familiar.<\/i> Para vosotros valen de modo particular las palabras del Maestro divino:&nbsp; &quot;Este es mi hermano, mi hermana y mi madre&quot; (cf. <i>Mc<\/i> 3, 35). Como sab&eacute;is bien, la invitaci&oacute;n a la renuncia no es para quedaros &quot;sin familia&quot;, sino para convertiros en los primeros y cualificados miembros de la &quot;nueva familia&quot;, testimonio y profec&iacute;a para todos los que Dios quiere llamar e introducir en su casa.<\/p>\n<p>6.&nbsp;Amados hermanos y hermanas, en todo momento de vuestra vida os acompa&ntilde;e, como ejemplo y apoyo, <i>la Virgen Mar&iacute;a<\/i>. Sime&oacute;n le revel&oacute; el misterio de su Hijo y de la espada que &quot;traspasar&iacute;a su alma&quot; (cf. <i>Lc<\/i> 2, 35). A ella le encomiendo hoy a todos los presentes aqu&iacute; y a todas las personas de vida consagrada que celebran su jubileo:&nbsp;<\/p>\n<p><font face=\"Times New Roman\"> <\/p>\n<p><b><i><font color=\"#663300\" size=\"5\">V<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p><\/font><br \/>\n<font face=\"Times New Roman\" size=\"3\">irgen <a name=\"Mar%C3%ADa\">Mar&iacute;a<\/a>, Madre de Cristo<br \/> y de la Iglesia,<br \/> dirige tu mirada<br \/> a los hombres y mujeres<br \/> que tu Hijo ha llamado<br \/> a seguirlo<br \/> en la total consagraci&oacute;n<br \/> a su amor:&nbsp;<br \/> que se dejen guiar siempre<br \/> por el Esp&iacute;ritu;<br \/> que sean incansables<br \/> en su entrega<br \/> y en su servicio al Se&ntilde;or,<br \/> para que sean testigos fieles<br \/> de la alegr&iacute;a<br \/> que brota del Evangelio<br \/> y heraldos de la Verdad<br \/> que gu&iacute;a al hombre<br \/> a los manantiales<br \/> de la Vida inmortal.<br \/> Am&eacute;n. <\/p>\n<div align=\"center\">\n<hr size=\"2\" width=\"100%\" align=\"center\" \/>\n <\/div>\n<p align=\"left\"><b>Saludos a los peregrinos<\/b><\/p>\n<p align=\"left\"><i>(En franc&eacute;s)<br \/> <\/i>Saludo a las personas consagradas presentes en esta jornada jubilar. Dirijo mi saludo cordial tambi&eacute;n a los peregrinos de lengua francesa. Que todos den gracias por el don de la vida consagrada. Os bendigo a todos.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>(En ingl&eacute;s)<br \/> <\/i>Saludo cordialmente a los consagrados y consagradas, as&iacute; como a los peregrinos y visitantes de pa&iacute;ses de lengua inglesa. Invoco las bendiciones y la gracia de Dios todopoderoso sobre vosotros, para que crezc&aacute;is en amistad con Dios, el &uacute;nico que puede satisfacer las m&aacute;s profundas aspiraciones del coraz&oacute;n humano.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>(En alem&aacute;n)<br \/> <\/i>Saludo cordialmente a los consagrados y consagradas de pa&iacute;ses de lengua alemana, que hab&eacute;is venido a Roma para celebrar el jubileo y renovar vuestros votos. Que este encuentro sea para vuestra vida fuente de alegr&iacute;a interior y entusiasmo, de acuerdo con los consejos evang&eacute;licos.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>(En espa&ntilde;ol)<br \/> <\/i>Saludo cordialmente a las personas consagradas, as&iacute; como a los peregrinos de &nbsp;lengua &nbsp;espa&ntilde;ola &nbsp;que &nbsp;han &nbsp;participado en esta celebraci&oacute;n. Que con la gracia del jubileo anunci&eacute;is a Cristo, mediante el testimonio de vida y el ardor apost&oacute;lico.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>(En polaco)<br \/> <\/i>Saludo cordialmente a todas las &oacute;rdenes, congregaciones, sociedades de vida apost&oacute;lica e institutos, cuyos miembros han querido estar presentes en Roma para el jubileo de la vida consagrada. Doy gracias a Dios juntamente con todos vosotros por el don de la vocaci&oacute;n a la vida consagrada, que da abundantes frutos de santidad y celo apost&oacute;lico en nuestra patria, al igual que en todas las partes del mundo. Saludo tambi&eacute;n a todos los peregrinos que se encuentran en la ciudad eterna.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II JUBILEO DE LA VIDA CONSAGRADA Mi&eacute;rcoles 2 de febrero de 2000 &nbsp; Amad&iacute;simos hermanos y hermanas:&nbsp; 1.&nbsp;&quot;Hab&iacute;a en Jerusal&eacute;n un hombre llamado Sime&oacute;n; este hombre era justo y piadoso, y esperaba la consolaci&oacute;n de Israel; y el Esp&iacute;ritu Santo estaba en &eacute;l. 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