{"id":40404,"date":"2016-10-05T23:43:35","date_gmt":"2016-10-06T04:43:35","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-enero-del-2000-apertura-de-la-puerta-santa-de-la-basilica-de-san-pablo-extramuros\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:35","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:35","slug":"18-de-enero-del-2000-apertura-de-la-puerta-santa-de-la-basilica-de-san-pablo-extramuros","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-enero-del-2000-apertura-de-la-puerta-santa-de-la-basilica-de-san-pablo-extramuros\/","title":{"rendered":"18 de enero del 2000, apertura de la Puerta santa de la Bas\u00edlica de San Pablo extramuros\u00a0"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"><b>APERTURA DE LA PUERTA SANTA<br \/>DE LA BAS&Iacute;LICA DE SAN PABLO EXTRAMUROS<br \/><\/b><i><\/p>\n<p>&nbsp;Martes 18 de enero <\/p>\n<p><\/i><\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"><i> <\/i><\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"><i> <\/i><\/font><\/p>\n<p><span style=\"font-size:12.0pt;font-family:&quot;Times New Roman&quot;;mso-fareast-font-family:\n&quot;Times New Roman&quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US;\nmso-bidi-language:AR-SA\"><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp;<br \/><\/i><br \/> 1.&nbsp;Las palabras de san Pablo a la comunidad &nbsp;de Corinto:&nbsp; &quot;En un solo Esp&iacute;ritu hemos sido bautizados todos, para no formar m&aacute;s que un cuerpo&quot; (<i>1 Co<\/i> 12, 13), parecen servir de contrapunto a la oraci&oacute;n de Cristo:&nbsp; &quot;Como t&uacute;, Padre, en m&iacute; y yo en ti, que ellos tambi&eacute;n sean uno en nosotros&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 21).<\/p>\n<p> &iexcl;La oraci&oacute;n de Cristo por la unidad! Es la oraci&oacute;n que &eacute;l elev&oacute; al Padre en la inminencia de su pasi&oacute;n y su muerte. A pesar de nuestras resistencias, esa oraci&oacute;n sigue dando fruto, si bien de modo misterioso. &iquest;No brota de ella la gracia del &quot;movimiento ecum&eacute;nico&quot;? Como afirma el concilio Vaticano II, &quot;el Se&ntilde;or de los tiempos (&#8230;) &uacute;ltimamente ha comenzado a infundir con mayor abundancia en los cristianos separados entre s&iacute; el arrepentimiento y el deseo de la uni&oacute;n&quot;, de forma que &quot;ha surgido, con ayuda de la gracia del Esp&iacute;ritu Santo, un movimiento cada d&iacute;a m&aacute;s amplio para restaurar la unidad de todos los cristianos&quot; (<i>Unitatis redintegratio<\/i>, 1). Nosotros hemos sido y somos testigos de ello. Todos nos hemos enriquecido con la gracia del Esp&iacute;ritu Santo, que gu&iacute;a nuestros pasos hacia la unidad y la comuni&oacute;n plena y visible.<\/p>\n<p> La <i>Semana de oraci&oacute;n por la unidad de los cristianos<\/i> se inaugura hoy en Roma con la celebraci&oacute;n para la que estamos ahora reunidos. He querido que con ella coincidiera la apertura de la Puerta santa en esta bas&iacute;lica dedicada al Ap&oacute;stol de las gentes, a fin de subrayar la dimensi&oacute;n ecum&eacute;nica que debe caracterizar el A&ntilde;o jubilar 2000. Al inicio de un nuevo milenio cristiano, en este <i>a&ntilde;o de gracia<\/i> que nos invita a convertirnos <i>m&aacute;s radicalmente al Evangelio<\/i>, debemos dirigirnos con una s&uacute;plica m&aacute;s apremiante al Esp&iacute;ritu, implorando la gracia de nuestra unidad.<br \/> &quot;En un solo Esp&iacute;ritu hemos sido bautizados todos, para no formar m&aacute;s que un cuerpo&quot;:&nbsp; nosotros, representantes de pueblos y naciones diversos, de varias Iglesias y comunidades eclesiales, reunidos en la bas&iacute;lica que lleva el nombre de san Pablo, nos sentimos directamente interpelados por esas palabras del Ap&oacute;stol de las gentes. Sabemos que somos hermanos a&uacute;n divididos, pero ya estamos encaminados con firme convicci&oacute;n por la senda que lleva a la plena unidad del Cuerpo de Cristo.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;sed todos bienvenidos! A cada uno de vosotros doy mi abrazo de paz en el Se&ntilde;or, que nos ha reunido, a la vez que os agradezco cordialmente vuestra presencia, que tanto aprecio. En cada uno de vosotros quiero saludar, con el &quot;beso santo&quot; (<i>Rm<\/i> 16, 16), a todos los miembros de las diversas Iglesias y comunidades eclesiales, que dignamente represent&aacute;is.<\/p>\n<p> &iexcl;Bienvenidos a este encuentro, que marca un paso adelante hacia la unidad en el Esp&iacute;ritu, en el que &quot;hemos sido bautizados&quot;! El bautismo que hemos recibido es &uacute;nico. Crea un v&iacute;nculo sacramental de unidad entre todos los que por &eacute;l han sido regenerados. Esta agua purificadora, &quot;agua de vida&quot;, nos permite pasar a trav&eacute;s de la &uacute;nica &quot;puerta&quot; que es Cristo:&nbsp; &quot;Yo soy la puerta:&nbsp; si uno entra por m&iacute;, se salvar&aacute;&quot; (<i>Jn<\/i> 10, 9). Cristo es la puerta de nuestra salvaci&oacute;n, que lleva a la reconciliaci&oacute;n, a la paz y a la unidad. &Eacute;l es &quot;la luz del mundo&quot; (<i>Jn<\/i> 8, 12) y nosotros, conform&aacute;ndonos plenamente a &eacute;l, estamos llamados a llevar esta luz al nuevo siglo y al nuevo milenio<\/p>\n<p> El humilde s&iacute;mbolo de una puerta que se abre entra&ntilde;a una extraordinaria riqueza de significado:&nbsp; proclama a todos que Jesucristo es &quot;el camino, la verdad y la vida&quot; (<i>Jn<\/i> 14, 6). Lo es para todo ser humano. Este anuncio llegar&aacute; con tanta mayor fuerza cuanto m&aacute;s unidos estemos, haciendo que nos reconozcan como disc&iacute;pulos de Cristo al ver que nos amamos los unos a los otros como &eacute;l nos ha amado (cf. <i>Jn<\/i> 13, 35; 15, 12). Muy oportunamente el concilio Vaticano II record&oacute; que la divisi&oacute;n contradice abiertamente la voluntad de Cristo, es un esc&aacute;ndalo para el mundo y perjudica a la causa sant&iacute;sima de predicar el anuncio del Evangelio a toda criatura (cf. <i>Unitatis redintegratio<\/i>, 1).<\/p>\n<p> 3.&nbsp;La unidad que quiere Jes&uacute;s para sus disc&iacute;pulos es participaci&oacute;n en la unidad que &eacute;l tiene con el Padre y que el Padre tiene con &eacute;l:&nbsp; &quot;Como t&uacute;, Padre, en m&iacute; y yo en ti -dijo en la &Uacute;ltima Cena-, que ellos tambi&eacute;n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t&uacute; me has enviado&quot; (<i>Jn<\/i> 17, 21). Por consiguiente, la Iglesia, &quot;pueblo congregado por la unidad &nbsp;del &nbsp;Padre, &nbsp;del &nbsp;Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo&quot; (san Cipriano, <i>De Dom. orat.<\/i>, 23), no puede por menos de mirar constantemente al supremo modelo y principio de la unidad que resplandece en el misterio trinitario.<\/p>\n<p> El Padre y el Hijo, con el Esp&iacute;ritu Santo, son uno en distintas personas. La fe nos ense&ntilde;a que, por obra del Esp&iacute;ritu, el Hijo se encarn&oacute; en el seno de la Virgen Mar&iacute;a y se hizo hombre (<i>Credo<\/i>). A las puertas de Damasco, san Pablo experiment&oacute; de modo singular&iacute;simo, por la fuerza del Esp&iacute;ritu, a Cristo encarnado, crucificado y resucitado, y se convirti&oacute; en ap&oacute;stol de Aquel &quot;que se despoj&oacute; de s&iacute; mismo, tomando condici&oacute;n de siervo, haci&eacute;ndose semejante a los hombres&quot; (<i>Flp<\/i> 2, 7).<br \/> Cuando escribe:&nbsp; &quot;En un solo Esp&iacute;ritu hemos sido bautizados todos, para no formar m&aacute;s que un cuerpo&quot; (<i>1 Co<\/i> 12, 13), desea expresar su fe en la encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios y revelar la peculiar analog&iacute;a del cuerpo de Cristo:&nbsp; la analog&iacute;a entre el cuerpo del Dios-hombre, un cuerpo f&iacute;sico, que se hizo sujeto de nuestra redenci&oacute;n, y su cuerpo m&iacute;stico y social, que es la Iglesia. Cristo vive en ella, haci&eacute;ndose presente, mediante el Esp&iacute;ritu Santo, en todos los que formamos en &eacute;l un solo cuerpo.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;&iquest;Puede un cuerpo estar dividido? &iquest;Puede la Iglesia, cuerpo de Cristo, estar dividida? Ya desde los primeros concilios, los cristianos han profesado juntos:&nbsp; &quot;creo en la Iglesia, una, santa, cat&oacute;lica y apost&oacute;lica&quot;. Saben, con san Pablo, que hay un solo cuerpo, un solo Esp&iacute;ritu, como es una la esperanza a que han sido llamados:&nbsp; &quot;Un solo Se&ntilde;or, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que est&aacute; sobre todos, act&uacute;a por medio de todos y est&aacute; presente en todos&quot; (<i>Ef<\/i> 4, 4-6).<\/p>\n<p> Con respecto a este misterio de unidad, que es don de lo alto, las divisiones presentan un car&aacute;cter hist&oacute;rico que atestigua las debilidades humanas de los cristianos. El concilio Vaticano II reconoci&oacute; que surgieron &quot;a veces no sin culpa de los hombres por ambas partes&quot; (<i>Unitatis redintegratio<\/i>, 3). En este <i>a&ntilde;o de gracia<\/i> cada uno de nosotros debe tomar mayor conciencia de la propia responsabilidad en las rupturas que marcan la historia del Cuerpo m&iacute;stico de Cristo. Esa conciencia es indispensable para progresar hacia la meta que el Concilio calific&oacute; como <i>unitatis redintegratio<\/i>, la reconstrucci&oacute;n de nuestra unidad.<\/p>\n<p> Pero el restablecimiento de la unidad no es posible sin una conversi&oacute;n interior, porque el deseo de la unidad nace y madura de la renovaci&oacute;n de la mente, del amor a la verdad, de la abnegaci&oacute;n de s&iacute; mismos y de la libre efusi&oacute;n de la caridad. La conversi&oacute;n de coraz&oacute;n y la santidad de vida, la oraci&oacute;n personal y comunitaria por la unidad, son el n&uacute;cleo que constituye la fuerza y esencia del movimiento ecum&eacute;nico.<\/p>\n<p> La aspiraci&oacute;n a la unidad va acompa&ntilde;ada de una profunda capacidad de &quot;sacrificio&quot; de lo que es personal, para disponer el alma a una fidelidad cada vez mayor al Evangelio. <i>Prepararnos al sacrificio de la unidad<\/i> significa cambiar nuestra mirada, dilatar nuestro horizonte, saber reconocer la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu, que act&uacute;a en nuestros hermanos, descubrir nuevos rostros de santidad, abrirnos a aspectos in&eacute;ditos del compromiso cristiano.<\/p>\n<p> Si, sostenidos por la oraci&oacute;n, renovamos nuestra mente y nuestro coraz&oacute;n, el di&aacute;logo que mantenemos actualmente acabar&aacute; por superar los l&iacute;mites de un intercambio de ideas y se transformar&aacute; en intercambio de dones, se har&aacute; di&aacute;logo de la caridad y de la verdad, impuls&aacute;ndonos y estimul&aacute;ndonos a proseguir hasta poder ofrecer a Dios &quot;el sacrificio mayor&quot;, es decir, el de nuestra paz y de nuestra concordia fraterna (cf. san Cipriano, <i>De Dom. orat.,<\/i> 23).<\/p>\n<p> 5.&nbsp;En esta bas&iacute;lica, construida en honor de san Pablo, recordando las palabras con que el Ap&oacute;stol ha interpelado hoy nuestra fe y nuestra esperanza -&quot;En un solo Esp&iacute;ritu hemos sido bautizados todos, para no formar m&aacute;s que un cuerpo&quot; (<i>1 Co<\/i> 12, 13)-, pedimos perd&oacute;n a Cristo por todo lo &nbsp;que en la historia de la Iglesia ha perjudicado a su plan de unidad. Le pedimos con confianza a &eacute;l, <i>puerta de la vida, puerta de la salvaci&oacute;n, puerta de la paz,<\/i> que sostenga nuestros pasos, que haga duraderos los progresos ya logrados y que nos conceda el apoyo de su Esp&iacute;ritu, para que nuestro compromiso sea cada vez m&aacute;s aut&eacute;ntico y eficaz.<\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, en este momento solemne expreso el deseo de que el <i>a&ntilde;o de gracia 2000<\/i> sea para todos los disc&iacute;pulos de Cristo ocasi&oacute;n para dar nuevo impulso al compromiso ecum&eacute;nico, acogi&eacute;ndolo como un <i>imperativo de la conciencia cristiana<\/i>. De &eacute;l depende en gran parte el futuro de la evangelizaci&oacute;n, la proclamaci&oacute;n del Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.<\/p>\n<p> Desde esta bas&iacute;lica, en la que nos hallamos reunidos con el alma llena de esperanza, dirijo la mirada hacia el nuevo milenio. Del coraz&oacute;n me brota el deseo, que se hace s&uacute;plica apremiante ante el trono del Eterno, de que en un futuro no muy lejano los cristianos, reconciliados finalmente, vuelvan a caminar juntos como un solo pueblo, cumpliendo el designio del Padre, un pueblo capaz de repetir, a una sola voz, con la alegr&iacute;a de una fraternidad renovada:&nbsp; &quot;Bendito sea Dios, Padre de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, que nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales, en los cielos, en Cristo&quot; (<i>Ef<\/i> 1, 3).<\/p>\n<p> El Se&ntilde;or Jes&uacute;s escuche nuestros deseos y nuestra ardiente s&uacute;plica. Am&eacute;n.<\/p>\n<p> &quot;Unidad, unidad&quot;, este grito que escuch&eacute; en Bucarest, durante mi visita a Ruman&iacute;a, vuelve ahora a mi memoria. &quot;Unidad, unidad&quot;, gritaba el pueblo reunido durante la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica:&nbsp; todos los cristianos -cat&oacute;licos, ortodoxos y protestantes evang&eacute;licos- gritaban &quot;unidad, unidad&quot;. Gracias por esta exclamaci&oacute;n consoladora de nuestros hermanos y hermanas. Ojal&aacute; nosotros podamos salir de esta bas&iacute;lica exclamando tambi&eacute;n como ellos:&nbsp; &quot;Unidad, unidad&quot;. Gracias.<\/span> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II APERTURA DE LA PUERTA SANTADE LA BAS&Iacute;LICA DE SAN PABLO EXTRAMUROS &nbsp;Martes 18 de enero Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; 1.&nbsp;Las palabras de san Pablo a la comunidad &nbsp;de Corinto:&nbsp; &quot;En un solo Esp&iacute;ritu hemos sido bautizados todos, para no formar m&aacute;s que un cuerpo&quot; (1 Co 12, 13), &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-enero-del-2000-apertura-de-la-puerta-santa-de-la-basilica-de-san-pablo-extramuros\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab18 de enero del 2000, apertura de la Puerta santa de la Bas\u00edlica de San Pablo extramuros\u00a0\u00ab<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40404","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40404","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40404"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40404\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40404"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40404"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40404"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}