{"id":40407,"date":"2016-10-05T23:43:39","date_gmt":"2016-10-06T04:43:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-del-2000-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-apertura-de-la-puerta-santa-de-la-basilica-de-santa-maria-la-mayor\/"},"modified":"2016-10-05T23:43:39","modified_gmt":"2016-10-06T04:43:39","slug":"1-de-enero-del-2000-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-apertura-de-la-puerta-santa-de-la-basilica-de-santa-maria-la-mayor","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/1-de-enero-del-2000-solemnidad-de-santa-maria-madre-de-dios-apertura-de-la-puerta-santa-de-la-basilica-de-santa-maria-la-mayor\/","title":{"rendered":"1 de enero del 2000, Solemnidad de Santa Mar\u00eda, Madre de Dios, apertura de la Puerta santa de la Bas\u00edlica de Santa Mar\u00eda la Mayor"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b><font face=\"Times\" size=\"3\"><br \/>&nbsp;<\/font><\/i><font face=\"Times\" size=\"3\"><b>APERTURA DE LA PUERTA SANTA<br \/>DE LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA MAR&Iacute;A LA MAYOR<br \/><\/b><i><br \/>S&aacute;bado, 1 de enero de 2000<\/p>\n<p>Solemnidad de Santa Mar&iacute;a, Madre de Dios<br \/><\/i><\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"><i> <\/i><\/font><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"><i> XXXIII Jornada Mundial de la Paz<br \/><\/i><\/font><\/p>\n<p><span style=\"font-size:12.0pt;font-family:&quot;Times New Roman&quot;;mso-fareast-font-family:\n&quot;Times New Roman&quot;;mso-ansi-language:EN-US;mso-fareast-language:EN-US;\nmso-bidi-language:AR-SA\">1.&nbsp;<i>&quot;Al llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer<\/i>&quot; (<i>Ga<\/i> 4, 4).<\/p>\n<p> Ayer por la tarde meditamos en el significado de estas palabras de san Pablo, tomadas de la carta a los G&aacute;latas, y nos preguntamos en qu&eacute; consiste la &quot;plenitud de los tiempos&quot;, de la que habla el Ap&oacute;stol, con respecto a los procesos que marcan el camino del hombre a lo largo de la historia. El momento que estamos viviendo es muy denso de significado:&nbsp; a medianoche el a&ntilde;o 1999 pas&oacute; a la historia, cedi&oacute; el lugar a un nuevo a&ntilde;o. Desde hace pocas horas nos encontramos en el a&ntilde;o 2000.<\/p>\n<p> &iquest;Qu&eacute; significa esto para nosotros? Se comienza a escribir otra p&aacute;gina de la historia. Ayer por la tarde dirigimos nuestra mirada al pasado, para ver c&oacute;mo era el mundo cuando inici&oacute; el segundo milenio. Hoy, al comenzar el a&ntilde;o 2000, no podemos menos de preguntarnos sobre el futuro:&nbsp; &iquest;qu&eacute; direcci&oacute;n tomar&aacute; la gran familia humana en esta nueva etapa de su historia?<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Teniendo en cuenta un nuevo a&ntilde;o que comienza, la liturgia de hoy expresa a todos los hombres de buena voluntad sus mejores deseos con las siguientes palabras:&nbsp; &quot;El Se&ntilde;or te muestre su rostro y te conceda la paz&quot; (<i>Nm<\/i> 6, 26).<\/p>\n<p> El Se&ntilde;or te conceda la paz. &Eacute;ste es el deseo que la Iglesia expresa a la humanidad entera el primer d&iacute;a del nuevo a&ntilde;o, d&iacute;a dedicado a la celebraci&oacute;n de la <i>Jornada mundial de la paz<\/i>. En el Mensaje para esta jornada record&eacute; algunas condiciones y urgencias para consolidar el camino de la paz en el plano internacional. Desgraciadamente, se trata de un camino siempre amenazado, como nos recuerdan los hechos dolorosos que ensombrecieron muchas veces la historia del siglo XX. Por eso, hoy m&aacute;s que nunca, debemos desearnos la paz en nombre de Dios:&nbsp; &iexcl;el Se&ntilde;or te conceda la paz!<\/p>\n<p> Pienso, en este momento, en el encuentro de oraci&oacute;n por la paz, celebrado en octubre de 1986, que reuni&oacute; en As&iacute;s a los representantes de las principales religiones del mundo. Est&aacute;bamos a&uacute;n en el per&iacute;odo de la as&iacute; llamada &quot;guerra fr&iacute;a&quot;:&nbsp; todos juntos rezamos para conjurar la grave amenaza de un conflicto que se cern&iacute;a sobre la humanidad. En cierto sentido, expresamos la oraci&oacute;n de todos y Dios acogi&oacute; la s&uacute;plica que se elevaba de sus hijos. Aunque hemos debido constatar el estallido de peligrosos conflictos locales y regionales, al menos se evit&oacute; el gran conflicto mundial que se vislumbraba en el horizonte. Por eso, con mayor conciencia, al cruzar el umbral del nuevo siglo, nos intercambiamos este deseo de paz:&nbsp; &quot;El Se&ntilde;or te muestre su rostro&quot;.<br \/> &iexcl;A&ntilde;o 2000, que sales a nuestro encuentro, Cristo te conceda la paz!<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;La plenitud de los tiempos&quot;. San Pablo afirma que esta &quot;plenitud&quot; se realiz&oacute; cuando Dios &quot;envi&oacute; a su Hijo, nacido de mujer&quot; (<i>Ga<\/i> 4, 4). Ocho d&iacute;as despu&eacute;s de Navidad, hoy, primer d&iacute;a del a&ntilde;o nuevo, hacemos memoria en especial de la &quot;Mujer&quot; de la que habla el Ap&oacute;stol, la Madre de Dios. Al dar a luz al Hijo eterno del Padre, Mar&iacute;a contribuy&oacute; a la llegada de la plenitud de los tiempos; contribuy&oacute; de manera singular a hacer que el tiempo humano alcanzara la medida de su plenitud en la encarnaci&oacute;n del Verbo.<\/p>\n<p> En este d&iacute;a tan significativo, he tenido la alegr&iacute;a de abrir la Puerta santa de esta venerable bas&iacute;lica liberiana, la primera en Occidente dedicada a la Virgen Madre de Cristo. Una semana despu&eacute;s del solemne rito que tuvo lugar en la bas&iacute;lica de San Pedro, hoy es como si las comunidades eclesiales de todas las naciones y de todos los continentes se congregaran idealmente aqu&iacute;, bajo la mirada de la Madre, para cruzar el umbral de la Puerta santa que es Cristo.<\/p>\n<p> En efecto, a ella, Madre de Cristo y de la Iglesia, queremos encomendarle el A&ntilde;o santo reci&eacute;n iniciado, para que proteja e impulse el camino de cuantos se convierten en peregrinos en este tiempo de gracia y misericordia (cf. <i>Incarnationis mysterium<\/i>, 14).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;La liturgia de esta solemnidad tiene un car&aacute;cter profundamente mariano, aunque en los textos b&iacute;blicos se manifieste de modo bastante sobrio. El pasaje del evangelista san Lucas resume cuanto hemos escuchado en la noche de Navidad. En &eacute;l se narra que los pastores fueron a Bel&eacute;n y encontraron a Mar&iacute;a y a Jos&eacute;, y al Ni&ntilde;o en el pesebre. Despu&eacute;s de haberlo visto, contaron lo que les hab&iacute;an dicho acerca de &eacute;l. Y todos se maravillaron del relato de los pastores. &quot;Mar&iacute;a, por su parte, guardaba todas estas cosas y las meditaba en su coraz&oacute;n&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 19).<\/p>\n<p> Vale la pena meditar en esta frase, que expresa un aspecto admirable de la maternidad de Mar&iacute;a. En cierto sentido, todo el a&ntilde;o lit&uacute;rgico se desarrolla siguiendo las huellas de esta maternidad, comenzando por la fiesta de la Anunciaci&oacute;n, el 25 de marzo, exactamente nueve meses antes de Navidad. El d&iacute;a de la Anunciaci&oacute;n, Mar&iacute;a oy&oacute; las palabras del &aacute;ngel:&nbsp; &quot;Vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondr&aacute;s por nombre Jes&uacute;s. (&#8230;) El Esp&iacute;ritu Santo vendr&aacute; sobre ti y el poder del Alt&iacute;simo te cubrir&aacute; con su sombra; por eso el que ha de nacer ser&aacute; santo y ser&aacute; llamado Hijo de Dios&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 31-33.&nbsp;35). Y ella respondi&oacute;:&nbsp; &quot;He aqu&iacute; la esclava del Se&ntilde;or; h&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&quot; (<i>Lc<\/i>&nbsp;1, 38).<\/p>\n<p> Mar&iacute;a concibi&oacute; por obra del Esp&iacute;ritu Santo. Como toda madre, llev&oacute; en su seno a ese Hijo, de quien s&oacute;lo ella sab&iacute;a que era el Hijo unig&eacute;nito de Dios. Lo dio a luz en la noche de Bel&eacute;n. As&iacute;, comenz&oacute; la vida terrena del Hijo de Dios y su misi&oacute;n de salvaci&oacute;n en la historia del mundo.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;&quot;Mar&iacute;a (&#8230;) guardaba todas estas cosas y las meditaba en su coraz&oacute;n&quot;.<br \/> &iquest;Qu&eacute; tiene de sorprendente que la Madre de Dios recordara todo eso de modo singular, m&aacute;s a&uacute;n, de modo &uacute;nico? Toda madre tiene la misma conciencia del comienzo de una nueva vida en ella. La historia de cada hombre est&aacute; escrita, ante todo, en el coraz&oacute;n de la propia madre. No debe sorprendernos que haya sucedido lo mismo en la vida terrena del Hijo de Dios.<\/p>\n<p> &quot;Mar&iacute;a (&#8230;) guardaba todas estas cosas y las meditaba en su coraz&oacute;n&quot;.<br \/> Hoy, primer d&iacute;a del a&ntilde;o nuevo, en el umbral de un nuevo a&ntilde;o, de este nuevo milenio, la Iglesia recuerda esa experiencia interior de la Madre de Dios. Lo hace no s&oacute;lo volviendo a reflexionar en los acontecimientos de Bel&eacute;n, Nazaret y Jerusal&eacute;n, es decir, en las diversas etapas de la existencia terrena del Redentor, sino tambi&eacute;n considerando todo lo que su vida, su muerte y su resurrecci&oacute;n han suscitado en la historia del hombre.<\/p>\n<p> Mar&iacute;a estuvo presente con los Ap&oacute;stoles el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s; particip&oacute; directamente en el nacimiento de la Iglesia. Desde entonces, su maternidad acompa&ntilde;a la historia de la humanidad redimida, el camino de la gran familia humana, destinataria de la obra de la redenci&oacute;n.<\/p>\n<p> Oh Mar&iacute;a, al comienzo del a&ntilde;o 2000, mientras avanzamos en el tiempo jubilar, confiamos en tu &quot;recuerdo&quot; materno. Nos ponemos en este singular camino de la historia de la salvaci&oacute;n, que se mantiene vivo en tu coraz&oacute;n de Madre de Dios. Te encomendamos a ti los d&iacute;as del a&ntilde;o nuevo, el futuro de la Iglesia, el futuro de la humanidad y el futuro del universo entero.<\/p>\n<p> Mar&iacute;a, Madre de Dios, Reina de la paz, vela por nosotros.<br \/> Mar&iacute;a, Salud del pueblo romano, ruega por nosotros. Am&eacute;n.<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DE JUAN PABLO II&nbsp;APERTURA DE LA PUERTA SANTADE LA BAS&Iacute;LICA DE SANTA MAR&Iacute;A LA MAYORS&aacute;bado, 1 de enero de 2000 Solemnidad de Santa Mar&iacute;a, Madre de Dios XXXIII Jornada Mundial de la Paz 1.&nbsp;&quot;Al llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer&quot; (Ga 4, 4). 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