{"id":40408,"date":"2016-10-05T23:44:40","date_gmt":"2016-10-06T04:44:40","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2001-te-deum\/"},"modified":"2016-10-05T23:44:40","modified_gmt":"2016-10-06T04:44:40","slug":"31-de-diciembre-de-2001-te-deum","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-2001-te-deum\/","title":{"rendered":"31 de diciembre de 2001, Te Deum"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/>AL FINAL DEL CANTO DEL &quot;TEDEUM&quot; Y DE LAS V&Iacute;SPERAS<\/font><\/b><\/p>\n<p>Lunes 31 de diciembre de 2001<\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&quot;Se&ntilde;or,&nbsp;&iquest;es este el tiempo?&quot;:&nbsp; &iexcl;cu&aacute;ntas veces el hombre se hace esta pregunta, especialmente en los momentos dram&aacute;ticos de la historia! Siente el vivo deseo de conocer el sentido y la din&aacute;mica de los acontecimientos individuales y comunitarios en los que se encuentra implicado. Quisiera saber &quot;antes&quot; lo que suceder&aacute; &quot;despu&eacute;s&quot;, para que no lo tome por sorpresa.<\/p>\n<p> Tambi&eacute;n los Ap&oacute;stoles tuvieron este deseo. <i>Pero Jes&uacute;s nunca secund&oacute; esta curiosidad<\/i>. Cuando le hicieron esa pregunta, respondi&oacute; que s&oacute;lo el Padre celestial conoce y establece los tiempos y los momentos (cf. <i>Hch<\/i> 1, 7). Pero a&ntilde;adi&oacute;:&nbsp; &quot;Recibir&eacute;is la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, que vendr&aacute; sobre vosotros, y ser&eacute;is mis testigos (&#8230;) hasta los confines de la tierra&quot; (<i>Hch<\/i> 1, 8), es decir, los invit&oacute; a <i>tener una actitud &quot;nueva&quot;<\/i> con respecto al tiempo.<\/p>\n<p> Jes&uacute;s nos exhorta a no escrutar in&uacute;tilmente lo que est&aacute; reservado a Dios -que es, precisamente, el curso de los acontecimientos-, sino a utilizar el tiempo del que cada uno dispone -el presente-, difundiendo con amor filial el Evangelio en todos los rincones de la tierra. Esta reflexi&oacute;n es muy oportuna tambi&eacute;n para nosotros, al concluir un a&ntilde;o y a pocas horas del inicio del a&ntilde;o nuevo.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;Al llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer&quot; (<i>Ga<\/i> 4, 4). Antes del nacimiento de Jes&uacute;s, el hombre estaba sometido a la tiran&iacute;a del tiempo, como el esclavo que no sabe lo que piensa su amo. Pero cuando &quot;el Verbo se hizo carne, y puso su morada entre nosotros&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 14), esta perspectiva cambi&oacute; totalmente.<\/p>\n<p> En la noche de Navidad, que celebramos hace una semana, el Eterno entr&oacute; en la historia, el &quot;todav&iacute;a no&quot; del tiempo, medido por el devenir inexorable de los d&iacute;as, se uni&oacute; misteriosamente con el &quot;ya&quot; de la manifestaci&oacute;n del Hijo de Dios. En el insondable misterio de la Encarnaci&oacute;n, el tiempo alcanza su plenitud. Dios abraza la historia de los hombres en la tierra para llevarla a su cumplimiento definitivo.<\/p>\n<p> Por tanto, para nosotros, los creyentes, <i>el sentido y el fin de la historia<\/i> y de todas las vicisitudes humanas est&aacute;n <i>en Cristo<\/i>. En &eacute;l, Verbo eterno hecho carne en el seno de Mar&iacute;a, la eternidad nos envuelve, porque Dios ha querido hacerse visible, revelando el fin de la historia misma y el destino de los esfuerzos de todas las personas que viven en la tierra.<\/p>\n<p> Precisamente por eso en esta liturgia, mientras nos despedimos del a&ntilde;o 2001, sentimos la necesidad de renovar, con &iacute;ntima alegr&iacute;a, nuestra gratitud a Dios que, en su Hijo, nos ha introducido en su misterio dando inicio al tiempo nuevo y definitivo.<\/p>\n<p> 3.<i>&nbsp;Te Deum laudamus; te Dominum confitemur<\/i>.<br \/> Con estas palabras del antiguo himno elevamos a Dios la expresi&oacute;n de nuestra profunda gratitud por el bien que nos ha concedido a lo largo de los doce meses pasados.<\/p>\n<p> Mientras desfilan ante nuestros ojos los numerosos acontecimientos del a&ntilde;o 2001, quisiera saludar con afecto <i>al cardenal vicario<\/i>, acompa&ntilde;ado por los <i>obispos auxiliares<\/i> y <i>numerosos p&aacute;rrocos<\/i>, mis valiosos colaboradores en el servicio pastoral en la Iglesia de Roma. Extiendo mi saludo al <i>se&ntilde;or alcalde<\/i> y a los miembros de la Junta y del Concejo, as&iacute; como a las dem&aacute;s autoridades presentes y a cuantos est&aacute;n aqu&iacute; en representaci&oacute;n de las diversas instituciones ciudadanas.<\/p>\n<p> Desde esta bas&iacute;lica, tan querida para los romanos, env&iacute;o mi saludo y mi felicitaci&oacute;n <i>a toda la poblaci&oacute;n de la ciudad<\/i> y, de modo especial, a cuantos pasan estos d&iacute;as de fiesta en medio de privaciones y dificultades. A todos aseguro mi recuerdo, as&iacute; como mi intensa y ferviente oraci&oacute;n, a la vez que invito a cada uno a proseguir con tes&oacute;n su camino, confiando en la Providencia, siempre amorosa en sus misteriosos designios.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Resuena a&uacute;n en nuestra ciudad el eco del <i>gran jubileo<\/i>, que ha marcado profundamente la vida de Roma y de sus habitantes, derramando en la comunidad de los creyentes una gran riqueza de gracia. <i>La Asamblea diocesana<\/i> de junio de 2001, preparada esmeradamente en las parroquias y en las realidades eclesiales, ha vuelto a proponer el compromiso de la misi&oacute;n permanente como objetivo al que es preciso tender con decisi&oacute;n durante estos a&ntilde;os, seg&uacute;n las indicaciones de la carta apost&oacute;lica <i>Novo millennio ineunte<\/i> y del programa pastoral diocesano, que se inspira en ella.<br \/> Roma siente una constante necesidad de anunciar y encontrar a Cristo en la escucha de su palabra, en la Eucarist&iacute;a y en la caridad. Por tanto, es preciso que aumente el celo apost&oacute;lico en el coraz&oacute;n de los sacerdotes, de los religiosos, de las religiosas y de los numerosos laicos que han aceptado su llamada a ser testigos del Se&ntilde;or en las familias y en los lugares de trabajo.<\/p>\n<p> A todos repito lo que escrib&iacute; en el mensaje enviado a la Asamblea diocesana del pasado mes de junio:&nbsp; &quot;Remad mar adentro para llevar el anuncio del Evangelio a los hogares, los ambientes y los barrios, (&#8230;) a toda la ciudad&quot; (n. 4:&nbsp; <i>L&#8217;Osservatore Romano, <\/i>edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 29 de junio de 2001, p.&nbsp;2).<\/p>\n<p> Ojal&aacute; que cada comunidad cristiana sea escuela de oraci&oacute;n y gimnasio de santidad, una familia de familias, donde la acogida del Se&ntilde;or y la fraternidad vivida en torno a la Eucarist&iacute;a se traduzcan en el impulso de una renovada evangelizaci&oacute;n.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Hay otro gran objetivo, relacionado con la misi&oacute;n permanente, indicado por el programa pastoral diocesano y que ser&aacute; objeto de singular reflexi&oacute;n en la <i>Asamblea diocesana<\/i> de junio de 2002:&nbsp; <i>la pastoral vocacional.<br \/><\/i><br \/> Cada parroquia y comunidad est&aacute; llamada a la oraci&oacute;n constante, para que el Se&ntilde;or env&iacute;e obreros a su mies, y a una din&aacute;mica y confiada labor de formaci&oacute;n de los j&oacute;venes y las familias, a fin de que se comprenda la llamada de Dios en su fuerza liberadora y se la acoja con alegr&iacute;a y gratitud.<\/p>\n<p> Me dirijo sobre todo a vosotros, queridos p&aacute;rrocos y queridos sacerdotes, para que la alegr&iacute;a de ser ministros de Cristo y la generosidad del servicio a la Iglesia se manifiesten siempre con evidencia en vuestra vida. Se trata de una condici&oacute;n importante para la eficacia de la pastoral vocacional. En la base de toda vocaci&oacute;n sacerdotal y religiosa hay casi siempre un sacerdote que, con su ejemplo y su direcci&oacute;n espiritual, ha introducido y acompa&ntilde;ado a la persona que buscaba por el camino del &quot;don&quot; y del &quot;misterio&quot;.<\/p>\n<p> 6.<i>&nbsp;Te Deum laudamus! <\/i>Esta tarde, de nuestro coraz&oacute;n agradecido se eleva este canto de alabanza y de acci&oacute;n de gracias. Acci&oacute;n de gracias por los beneficios recibidos, por las metas apost&oacute;licas alcanzadas y por el bien realizado. Quisiera dar gracias, de modo especial, por las trescientas parroquias de nuestra ciudad que he podido visitar hasta ahora. Pido a Dios la fuerza para proseguir, hasta que &eacute;l quiera, el servicio fiel a la Iglesia de Roma y al mundo entero.<\/p>\n<p> Sin embargo, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, al final de un a&ntilde;o es particularmente necesario tomar conciencia tambi&eacute;n de nuestras debilidades y de los momentos en que no hemos sido plenamente fieles al amor de Dios. Pidamos perd&oacute;n al Se&ntilde;or por nuestras faltas y omisiones:&nbsp; <i>Miserere nostri, Domine, miserere nostri<\/i>. Sigamos abandon&aacute;ndonos con confianza a la bondad del Se&ntilde;or. &Eacute;l no dejar&aacute; de tener misericordia con nosotros y de ayudarnos a proseguir nuestro compromiso apost&oacute;lico.<\/p>\n<p> 7.<i>&nbsp;In Te, Domine, speravi:&nbsp; non confundar in aeternum!<\/i> Confiamos y nos abandonamos en tus manos, Se&ntilde;or del tiempo y de la eternidad. T&uacute; eres nuestra esperanza:&nbsp; la esperanza de Roma y del mundo, el apoyo de los d&eacute;biles y el consuelo de los extraviados, la alegr&iacute;a y la paz de quien te acoge y te ama.<\/p>\n<p> Mientras termina este a&ntilde;o y la mirada se proyecta ya al nuevo, el coraz&oacute;n se abandona con confianza a tus misteriosos designios de salvaci&oacute;n.<\/p>\n<p> <i>Fiat misericordia tua, Domine, super nos,&nbsp;quaemadmodum speravimus in te.<br \/><\/i><br \/> Que tu misericordia est&eacute; siempre con nosotros:&nbsp; en ti hemos esperado. S&oacute;lo esperamos en ti, oh Cristo, Hijo de la Virgen Mar&iacute;a, dulce Madre tuya y nuestra.<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIAL FINAL DEL CANTO DEL &quot;TEDEUM&quot; Y DE LAS V&Iacute;SPERAS Lunes 31 de diciembre de 2001 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Se&ntilde;or,&nbsp;&iquest;es este el tiempo?&quot;:&nbsp; &iexcl;cu&aacute;ntas veces el hombre se hace esta pregunta, especialmente en los momentos dram&aacute;ticos de la historia! 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