{"id":40429,"date":"2016-10-05T23:44:58","date_gmt":"2016-10-06T04:44:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-octubre-de-2001-beatificacion-del-matrimonio-luis-y-maria-beltrame-quattrocchi\/"},"modified":"2016-10-05T23:44:58","modified_gmt":"2016-10-06T04:44:58","slug":"21-de-octubre-de-2001-beatificacion-del-matrimonio-luis-y-maria-beltrame-quattrocchi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-octubre-de-2001-beatificacion-del-matrimonio-luis-y-maria-beltrame-quattrocchi\/","title":{"rendered":"21 de octubre de 2001, Beatificaci\u00f3n del matrimonio Luis y Mar\u00eda Beltrame Quattrocchi"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA DE BEATIFICACI&Oacute;N&nbsp;<br \/>DEL MATRIMONIO LUIS Y MAR&Iacute;A BELTRAME QUATTROCCHI<\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><br \/>&nbsp;<br \/>Domingo 21 de octubre&nbsp;de 2001<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&quot;Pero, cuando venga el Hijo del hombre, &iquest;encontrar&aacute; fe en la tierra?&quot; (<i>Lc<\/i> 18, 8).<\/p>\n<p> La pregunta, con la que Jes&uacute;s concluye la&nbsp;par&aacute;bola sobre la&nbsp;necesidad de orar &quot;siempre sin desanimarse&quot; (<i>Lc<\/i> 18, 1), sacude nuestra alma. Es una pregunta a la que no sigue una respuesta; en efecto, quiere interpelar a cada persona, a cada comunidad eclesial y a cada generaci&oacute;n humana. <i>La respuesta debe darla cada uno de nosotros<\/i>. Cristo quiere recordarnos que la existencia del hombre est&aacute; orientada al encuentro con Dios; pero, precisamente desde esta perspectiva, se pregunta si a su vuelta encontrar&aacute; almas dispuestas a esperarlo, para entrar con &eacute;l en la casa del Padre. Por eso dice a todos:&nbsp; &quot;Velad, pues, porque no sab&eacute;is ni el d&iacute;a ni la hora&quot; (<i>Mt<\/i> 25, 13).<\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, amad&iacute;simas familias, hoy nos hemos dado cita para la <i>beatificaci&oacute;n de dos esposos<\/i>:&nbsp; Luis y Mar&iacute;a Beltrame Quattrocchi. Con este solemne acto eclesial queremos poner de relieve <i>un ejemplo de respuesta afirmativa a la pregunta de Cristo<\/i>. La respuesta la dan <i>dos esposos<\/i>, que vivieron en Roma en la primera mitad del siglo XX, un siglo durante el cual la fe en Cristo fue sometida a dura a prueba. Tambi&eacute;n en aquellos a&ntilde;os dif&iacute;ciles los esposos Luis y Mar&iacute;a <i>mantuvieron encendida la l&aacute;mpara de la fe<\/i> &#8211;<i>lumen Christi<\/i>&#8211; y la transmitieron a sus cuatro hijos, tres de los cuales est&aacute;n presentes hoy en esta bas&iacute;lica. Queridos hermanos, vuestra madre escribi&oacute; estas palabras sobre vosotros:&nbsp; &quot;Los educ&aacute;bamos en la fe, para que conocieran a Dios y lo amaran&quot; (<i>L&#8217;ordito e la trama<\/i>, p. 9). Pero vuestros padres tambi&eacute;n transmitieron esa llama viva a sus amigos, a sus conocidos &nbsp;y a sus compa&ntilde;eros. Y ahora, desde el cielo, la donan a toda la Iglesia.<\/p>\n<p> Juntamente con los parientes y amigos de los nuevos beatos, saludo a las autoridades religiosas que participan en esta celebraci&oacute;n, comenzando por el cardenal Camillo Ruini y los dem&aacute;s se&ntilde;ores cardenales, arzobispos y obispos presentes. Saludo asimismo a las autoridades civiles, entre las cuales destacan el presidente de la Rep&uacute;blica italiana y la reina de B&eacute;lgica.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;No pod&iacute;a haber ocasi&oacute;n m&aacute;s feliz y m&aacute;s significativa que esta para celebrar el <i>vig&eacute;simo aniversario de la exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica &quot;<a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a>&quot;<\/i>. Este documento, que sigue siendo de gran actualidad, adem&aacute;s de ilustrar el valor del matrimonio y las tareas de la familia, impulsa a un compromiso particular en el camino de santidad al que los esposos est&aacute;n llamados en virtud de la gracia sacramental, que &quot;no se agota en la celebraci&oacute;n del sacramento del matrimonio, sino que acompa&ntilde;a a los c&oacute;nyuges a lo largo de toda su existencia&quot; (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/i>, 56). La belleza de este camino resplandece en el testimonio de los <i>beatos Luis y Mar&iacute;a<\/i>, expresi&oacute;n ejemplar del pueblo italiano, que tanto debe al matrimonio y a la familia fundada en &eacute;l.<\/p>\n<p> Estos esposos vivieron, a la luz del Evangelio y con gran intensidad humana, <i>el amor conyugal y el servicio a la vida<\/i>. Cumplieron con plena responsabilidad la tarea de colaborar con Dios en la procreaci&oacute;n, entreg&aacute;ndose generosamente a sus hijos para educarlos, guiarlos y orientarlos al descubrimiento de su designio de amor. En este terreno espiritual tan f&eacute;rtil surgieron vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, que demuestran c&oacute;mo el matrimonio y la virginidad, a partir de sus ra&iacute;ces comunes en el amor esponsal del Se&ntilde;or, est&aacute;n &iacute;ntimamente unidos y se iluminan rec&iacute;procamente.<\/p>\n<p> Los beatos esposos, inspir&aacute;ndose en la palabra de Dios y en el testimonio de los santos, vivieron <i>una vida ordinaria de modo extraordinario<\/i>. En medio de las alegr&iacute;as y las preocupaciones de una familia normal, supieron llevar una existencia <i>extraordinariamente rica en espiritualidad<\/i>. En el centro, la Eucarist&iacute;a diaria, a la que se a&ntilde;ad&iacute;an la devoci&oacute;n filial a la Virgen Mar&iacute;a, invocada con el rosario que rezaban todos los d&iacute;as por la tarde, y la referencia a sabios consejeros espirituales. As&iacute; supieron acompa&ntilde;ar a sus hijos en el discernimiento vocacional, entren&aacute;ndolos para valorarlo todo &quot;de tejas para arriba&quot;, como simp&aacute;ticamente sol&iacute;an decir.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;La riqueza de fe y amor de los esposos Luis y Mar&iacute;a Beltrame Quattrocchi es una demostraci&oacute;n viva de lo que el concilio Vaticano II afirm&oacute; acerca de <i>la llamada de todos los fieles a la santidad<\/i>, especificando que los c&oacute;nyuges persiguen este objetivo <i>&quot;propriam viam sequentes&quot;, <\/i>&quot;siguiendo su propio camino&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 41). Esta precisa indicaci&oacute;n del Concilio se realiza plenamente hoy con <i>la primera beatificaci&oacute;n de una pareja de esposos<\/i>:&nbsp; practicaron la fidelidad al Evangelio y el hero&iacute;smo de las virtudes a partir de su vivencia <i>como esposos y padres.<\/p>\n<p> <\/i> En su vida, como en la de tantos otros matrimonios que cumplen cada d&iacute;a sus obligaciones de padres, se puede contemplar la manifestaci&oacute;n sacramental del amor de Cristo a la Iglesia. En efecto, los esposos, &quot;cumpliendo en virtud de este sacramento especial su deber matrimonial y familiar, imbuidos del esp&iacute;ritu de Cristo, con el que toda su vida est&aacute; impregnada por la fe, la esperanza y la caridad, se acercan cada vez m&aacute;s a su propia perfecci&oacute;n y a su santificaci&oacute;n mutua y, por tanto, a la glorificaci&oacute;n de Dios en com&uacute;n&quot; <i> (<a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 48).<\/p>\n<p> Queridas familias, hoy tenemos una singular confirmaci&oacute;n de que el camino de santidad recorrido juntos, como matrimonio, es posible, hermoso y extraordinariamente fecundo, y es fundamental para el bien de la familia, de la Iglesia y de la sociedad.<\/p>\n<p> Esto impulsa a invocar al Se&ntilde;or, para que sean cada vez m&aacute;s numerosos los matrimonios capaces de reflejar, con la santidad de su vida, el &quot;misterio grande&quot; del amor conyugal, que tiene su origen en la creaci&oacute;n y se realiza en la uni&oacute;n de Cristo con la Iglesia (cf. <i>Ef<\/i> 5, 22-33).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Queridos esposos, como todo camino de santificaci&oacute;n, tambi&eacute;n el vuestro es dif&iacute;cil. Cada d&iacute;a afront&aacute;is <i>dificultades y pruebas<\/i> para ser fieles a vuestra vocaci&oacute;n, para cultivar la armon&iacute;a conyugal y familiar, para cumplir vuestra misi&oacute;n de padres y para participar en la vida social.<br \/> Buscad en la palabra de Dios la respuesta a los numerosos interrogantes que la vida diaria os plantea. San Pablo, en la segunda lectura, nos ha recordado que &quot;toda Escritura inspirada por Dios es tambi&eacute;n &uacute;til para ense&ntilde;ar, para reprender, para corregir y para educar en la virtud&quot; (<i>2 Tm<\/i> 3, 16). Sostenidos por la fuerza de estas palabras, juntos podr&eacute;is insistir con vuestros hijos &quot;a tiempo y a destiempo&quot;, reprendi&eacute;ndolos y exhort&aacute;ndolos &quot;con toda comprensi&oacute;n y pedagog&iacute;a&quot; (<i>2 Tm<\/i> 4, 2).<\/p>\n<p> La vida matrimonial y familiar puede atravesar tambi&eacute;n <i>momentos de desconcierto<\/i>. Sabemos cu&aacute;ntas familias sienten en estos casos la tentaci&oacute;n del desaliento. Pienso, en particular, en los que viven el drama de la separaci&oacute;n; pienso en los que deben afrontar la enfermedad y en los que sufren la muerte prematura del c&oacute;nyuge o de un hijo. Tambi&eacute;n en estas situaciones se puede dar un gran testimonio de fidelidad en el amor, que llega a ser m&aacute;s significativo a&uacute;n gracias a la purificaci&oacute;n en el crisol del dolor.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Encomiendo a todas las familias probadas a la providente mano de Dios y a la protecci&oacute;n amorosa de Mar&iacute;a, modelo sublime de esposa y madre, que conoci&oacute; bien el sufrimiento y la dificultad de seguir a Cristo hasta el pie de la cruz. Amad&iacute;simos esposos, que jam&aacute;s os venza el desaliento:&nbsp; la gracia del sacramento os sostiene y ayuda a <i>elevar continuamente los brazos al cielo<\/i>, como Mois&eacute;s, de quien ha hablado la primera lectura (cf. <i>Ex<\/i> 17, 11-12). La Iglesia os acompa&ntilde;a y ayuda con su oraci&oacute;n, sobre todo en los momentos de dificultad.<\/p>\n<p> Al mismo tiempo, pido a todas las familias que <i>a su vez sostengan los brazos de la Iglesia<\/i>, para que no falte jam&aacute;s a su misi&oacute;n de interceder, consolar, guiar y alentar. Queridas familias, os agradezco <i>el apoyo que me dais tambi&eacute;n a m&iacute;<\/i> en mi servicio a la Iglesia y a la humanidad. Cada d&iacute;a ruego al Se&ntilde;or para que ayude a las numerosas familias heridas por la miseria y la injusticia, y acreciente la civilizaci&oacute;n del amor.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;Queridos hermanos, la Iglesia conf&iacute;a en vosotros para afrontar los desaf&iacute;os que se le plantean en este nuevo milenio. Entre los caminos de su misi&oacute;n, &quot;la familia es el primero y el m&aacute;s importante&quot; (<i>Carta a las familias<\/i>, 2); la Iglesia cuenta con ella, llam&aacute;ndola a ser &quot;un verdadero sujeto de evangelizaci&oacute;n y de apostolado&quot; (<i>ib.<\/i>, 16).<\/p>\n<p> Estoy seguro de que estar&eacute;is a la altura de la tarea que os aguarda, en todo lugar y en toda circunstancia. Queridos esposos, os animo a <i>desempe&ntilde;ar plenamente vuestro papel y vuestras responsabilidades<\/i>. Renovad en vosotros mismos el impulso misionero, haciendo de vuestros hogares lugares privilegiados para el anuncio y la acogida del Evangelio, en un clima de oraci&oacute;n y en la pr&aacute;ctica concreta de la solidaridad cristiana.<\/p>\n<p> Que el Esp&iacute;ritu Santo, que colm&oacute; el coraz&oacute;n de Mar&iacute;a para que, en la plenitud de los tiempos, concibiera al Verbo de la vida y lo acogiera juntamente con su esposo Jos&eacute;, os sostenga y fortalezca. Que colme vuestro coraz&oacute;n de alegr&iacute;a y paz, para que alab&eacute;is cada d&iacute;a al Padre celestial, de quien viene toda gracia y bendici&oacute;n.<\/p>\n<p>Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA DE BEATIFICACI&Oacute;N&nbsp;DEL MATRIMONIO LUIS Y MAR&Iacute;A BELTRAME QUATTROCCHI HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II&nbsp;Domingo 21 de octubre&nbsp;de 2001 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Pero, cuando venga el Hijo del hombre, &iquest;encontrar&aacute; fe en la tierra?&quot; (Lc 18, 8). 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