{"id":40435,"date":"2016-10-05T23:45:03","date_gmt":"2016-10-06T04:45:03","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-octubre-de-2001-beatificacion-de-7-siervos-de-dios-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:45:03","modified_gmt":"2016-10-06T04:45:03","slug":"7-de-octubre-de-2001-beatificacion-de-7-siervos-de-dios-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/7-de-octubre-de-2001-beatificacion-de-7-siervos-de-dios-2\/","title":{"rendered":"7 de octubre de 2001, Beatificaci\u00f3n de 7 siervos de Dios"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE BEATIFICACI&Oacute;N DE SIETE SIERVOS DE DIOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II&nbsp;<\/font><\/b><\/p>\n<p>Domingo 7 de octubre de 2001<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&quot;El justo vivir&aacute; por&nbsp;su fe&quot; (<i>Ha<\/i> 2,&nbsp;4). Con estas palabras llenas de confianza y esperanza el profeta Habacuc se dirige al pueblo de Israel en un momento particularmente agitado de su historia. Rele&iacute;das por el ap&oacute;stol san Pablo a la luz del misterio de Cristo, estas mismas palabras se utilizan para expresar un principio universal:&nbsp; con la fe es como el hombre se abre a la salvaci&oacute;n que le viene de Dios.<\/p>\n<p> Hoy tenemos la alegr&iacute;a de contemplar este gran misterio de salvaci&oacute;n actualizado en los nuevos beatos. Son los justos que por su fe viven con Dios eternamente:&nbsp; Ignacio Maloyan, obispo y m&aacute;rtir; Nicol&aacute;s Gross, padre de familia y m&aacute;rtir; <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/documents\/ns_lit_doc_20011007_beat-alfonso-fusco_sp.html\"> Alfonso Mar&iacute;a Fusco<\/a>, presb&iacute;tero; Tom&aacute;s Mar&iacute;a Fusco, presb&iacute;tero; <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/news_services\/liturgy\/documents\/ns_lit_doc_20011007_beat-tavernier_sp.html\"> Emilia Tavernier Gamelin<\/a>, religiosa; Eugenia Picco, virgen; y Mar&iacute;a Eutimia &Uuml;ffing, virgen.<\/p>\n<p> Estos ilustres hermanos nuestros, elevados ahora a la gloria de los altares, supieron traducir su fe ind&oacute;mita en Cristo en una extraordinaria experiencia de amor a Dios y de servicio al pr&oacute;jimo.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Monse&ntilde;or Ignacio Maloyan, que muri&oacute; m&aacute;rtir a la edad de 46 a&ntilde;os, nos recuerda el combate espiritual de todo cristiano, cuya fe est&aacute; expuesta a los ataques del mal. De la Eucarist&iacute;a sacaba, d&iacute;a a d&iacute;a, la fuerza necesaria para cumplir con generosidad y celo su ministerio sacerdotal, dedic&aacute;ndose a la predicaci&oacute;n, a la pastoral de los sacramentos y al servicio de los m&aacute;s pobres. A lo largo de su existencia vivi&oacute; plenamente las palabras de san Pablo:&nbsp; &quot;Dios no nos ha dado un esp&iacute;ritu cobarde, sino un esp&iacute;ritu de energ&iacute;a, amor y buen juicio&quot; (<i>2 Tm<\/i> 1, 7). Frente a los peligros de la persecuci&oacute;n, el beato Ignacio no acept&oacute; ninguna componenda, declarando a quienes lo amenazaban:&nbsp; &quot;A Dios no le agrada que reniegue de Jes&uacute;s mi Salvador. Derramar la sangre por mi fe es el deseo m&aacute;s vivo de mi coraz&oacute;n&quot;. Que su ejemplo ilumine hoy a todos los que quieren ser aut&eacute;nticos testigos del Evangelio, para la gloria de Dios y la salvaci&oacute;n de sus hermanos.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;En su vida de madre de familia y de religiosa fundadora de las Religiosas de la Providencia, Emilia Tavernier Gamelin fue modelo de abandono valiente a la Providencia. Su atenci&oacute;n a las personas y a las situaciones la llev&oacute; a inventar formas nuevas de caridad. Ten&iacute;a un coraz&oacute;n abierto a todas las necesidades, sirviendo especialmente a los pobres y a los humildes, a quienes deseaba tratar como reyes. Considerando que lo hab&iacute;a recibido todo del Se&ntilde;or, daba con generosidad. Ese era el secreto de su alegr&iacute;a profunda, incluso en la adversidad. Con esp&iacute;ritu de confianza total en Dios y con un sentido agudo de la obediencia, como el &quot;siervo&quot; del evangelio, cumpli&oacute; su deber de estado como un mandamiento divino, buscando hacer en todo la voluntad del Se&ntilde;or. Que la nueva beata sea un modelo de contemplaci&oacute;n y acci&oacute;n para las religiosas de su instituto y para las personas que trabajan con ellas.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Los dos nuevos beatos de Alemania nos remontan a un per&iacute;odo sombr&iacute;o del siglo XX. Nuestra mirada se dirige al beato Nicol&aacute;s Gross, periodista y padre de familia. Con perspicacia comprendi&oacute; que la ideolog&iacute;a nacionalsocialista no era compatible con la fe cristiana. Valientemente tom&oacute; la pluma para defender la dignidad del hombre. Nicol&aacute;s Gross am&oacute; mucho a su mujer y a sus hijos. Pero ni siquiera este v&iacute;nculo que lo un&iacute;a a su familia lo llev&oacute; a abandonar a Cristo y su Iglesia.<br \/>Sab&iacute;a muy bien que &quot;si hoy no arriesgamos nuestra vida, &iquest;c&oacute;mo podremos presentarnos luego ante Dios y ante nuestro pueblo?&quot;. Por esta convicci&oacute;n fue conducido al pat&iacute;bulo, pero precisamente por ello se le abrieron las puertas del cielo. En el beato m&aacute;rtir Nicol&aacute;s Gross se cumple lo que anunci&oacute; el profeta:&nbsp; &quot;El justo vivir&aacute; por su fe&quot; (<i>Ha<\/i> 2, 4).<\/p>\n<p> 5.&nbsp;La beata sor Eutimia dio un testimonio totalmente diferente. La religiosa de la Misericordia se dedic&oacute; al cuidado de los enfermos, en particular de los prisioneros de guerra y de los trabajadores extranjeros. Por esta raz&oacute;n, la llamaban tambi&eacute;n &quot;mam&aacute; Eutimia&quot;. Despu&eacute;s de la guerra debi&oacute; encargarse de la lavander&iacute;a, en vez de la asistencia a los enfermos. Hubiera preferido atender a los hombres m&aacute;s que a las m&aacute;quinas; sin embargo, sigui&oacute; siendo una religiosa compasiva, que ten&iacute;a para todos una sonrisa y una palabra amable. As&iacute; expresaba su deseo:&nbsp; &quot;El Se&ntilde;or debe servirse de m&iacute; y convertirme en un rayo de sol que ilumina todos los d&iacute;as&quot;. Vivi&oacute; seg&uacute;n el lema:&nbsp; cualquier cosa que hagamos, somos siempre unos &quot;siervos in&uacute;tiles, pues hemos hecho lo que ten&iacute;amos que hacer&quot; (<i>Lc<\/i> 17, 10). Su grandeza reside en la fidelidad a lo peque&ntilde;o.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;&quot;Si tuvierais &nbsp;fe como un granito de mostaza&#8230;&quot;, exclama Jes&uacute;s conversando con los disc&iacute;pulos (<i>Lc<\/i>&nbsp;17, 6).<\/p>\n<p> Una fe genuina y tenaz gui&oacute; la vida y la obra del beato don Alfonso Mar&iacute;a Fusco, fundador de las Religiosas de San Juan Bautista. Desde que era muchacho, el Se&ntilde;or puso en su coraz&oacute;n el deseo apasionado de dedicar su vida al servicio de los m&aacute;s pobres, especialmente de los ni&ntilde;os y los j&oacute;venes, que encontraba en gran n&uacute;mero en su ciudad natal, Angri, en Campania. Para ello emprendi&oacute; el camino del sacerdocio y lleg&oacute; a ser, en cierto sentido, &quot;el don Bosco del sur&quot;. Desde el principio quiso comprometer en su obra a algunas j&oacute;venes que compart&iacute;an su ideal, proponi&eacute;ndoles como lema las palabras de san Juan Bautista:&nbsp; <i>&quot;Parate viam Domini&quot;<\/i>, &quot;Preparad el camino del Se&ntilde;or&quot; (<i>Lc<\/i> 3, 4). Confiando en la divina Providencia, el beato Alfonso Mar&iacute;a y las religiosas bautistinas realizaron una labor que superaba con mucho sus expectativas. De una simple casa de acogida surgi&oacute; un Instituto que hoy est&aacute; presente en diecis&eacute;is pa&iacute;ses y cuatro continentes, junto a los &quot;peque&ntilde;os&quot; y los &quot;&uacute;ltimos&quot;.<\/p>\n<p> 7.&nbsp;La singular vitalidad de la fe, testimoniada por el evangelio de hoy, aflora tambi&eacute;n en la vida y la actividad de don Tom&aacute;s Mar&iacute;a Fusco, fundador del instituto de las Hijas de la Caridad de la Precios&iacute;sima Sangre. En virtud de la fe supo vivir, en el mundo, la realidad del reino de Dios de un modo muy especial. Entre sus jaculatorias, hab&iacute;a una que apreciaba en particular:&nbsp; &quot;Creo en ti, Dios m&iacute;o; aumenta mi fe&quot;. Esto es precisamente lo que piden los Ap&oacute;stoles a Jes&uacute;s en el evangelio de hoy (cf. <i>Lc<\/i> 17, 6). En efecto, el beato Tom&aacute;s Mar&iacute;a hab&iacute;a comprendido que la fe es ante todo un don, una gracia. Nadie puede conquistarla o ganarla por s&iacute; solo. S&oacute;lo se puede pedir, implorar de lo alto. Por eso, iluminados por la valiosa ense&ntilde;anza del nuevo beato, no nos cansemos jam&aacute;s de invocar el don de la fe, porque &quot;el justo vivir&aacute; por su fe&quot; (<i>Ha<\/i> 2, 4).<\/p>\n<p> 8.&nbsp;La s&iacute;ntesis vital entre contemplaci&oacute;n y acci&oacute;n, realizada a partir de la participaci&oacute;n diaria en la Eucarist&iacute;a, fue el fundamento de la experiencia espiritual y del impulso de caridad de Eugenia Picco. En su vida se esforz&oacute; siempre por ponerse a la escucha de la voz del Se&ntilde;or, seg&uacute;n la invitaci&oacute;n de la liturgia dominical de hoy (cf. <i>Ant&iacute;fona del salmo responsorial<\/i>), sin huir jam&aacute;s de los servicios que le exig&iacute;a su amor al pr&oacute;jimo. En Parma se ocup&oacute; de la pobreza de la gente, respondiendo a las necesidades de los j&oacute;venes y de las familias indigentes y asistiendo a las v&iacute;ctimas de la guerra que entonces ensangrentaba a Europa. Tambi&eacute;n ante el sufrimiento, con los inevitables momentos de dificultad y desasosiego que entra&ntilde;a, la beata Eugenia Picco supo transformar la experiencia del dolor en ocasi&oacute;n de purificaci&oacute;n y crecimiento interior. Aprendamos de la nueva beata el arte de escuchar la voz del Se&ntilde;or, para ser testigos cre&iacute;bles del evangelio de la caridad en los albores de este milenio.<\/p>\n<p> 9.<i>&nbsp;&quot;Mirabilis Deus in sanctis suis!&quot;.<\/i> Juntamente con las comunidades en las que los nuevos beatos vivieron y por las que gastaron sus mejores energ&iacute;as humanas y espirituales, queremos dar gracias a Dios, &quot;admirable en sus santos&quot;. Al mismo tiempo, le pedimos, por su intercesi&oacute;n, que nos ayude a responder con renovado ardor a la vocaci&oacute;n universal a la santidad. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE BEATIFICACI&Oacute;N DE SIETE SIERVOS DE DIOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II&nbsp; Domingo 7 de octubre de 2001 1.&nbsp;&quot;El justo vivir&aacute; por&nbsp;su fe&quot; (Ha 2,&nbsp;4). Con estas palabras llenas de confianza y esperanza el profeta Habacuc se dirige al pueblo de Israel en un momento particularmente agitado de su historia. 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