{"id":40437,"date":"2016-10-05T23:45:05","date_gmt":"2016-10-06T04:45:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-septiembre-de-2001-santa-misa-en-la-apertura-de-la-x-asamblea-general-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:45:05","modified_gmt":"2016-10-06T04:45:05","slug":"30-de-septiembre-de-2001-santa-misa-en-la-apertura-de-la-x-asamblea-general-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-septiembre-de-2001-santa-misa-en-la-apertura-de-la-x-asamblea-general-ordinaria-del-sinodo-de-los-obispos-2\/","title":{"rendered":"30 de septiembre de 2001: Santa Misa en la apertura de la X Asamblea general ordinaria del S\u00ednodo de los Obispos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><i>&nbsp;<\/i><font color=\"#663300\">MISA DE APERTURA DE LA X ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA <br \/>DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS<\/font><i><\/p>\n<p>&nbsp;<b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE<\/font><\/b><\/p>\n<p>&nbsp;Domingo 30 de septiembre de 2001<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;El obispo, servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo&quot;<\/i>.<\/p>\n<p> Sobre este tema se desarrollar&aacute;n los trabajos de la X Asamblea general <i>ordinaria<\/i> del S&iacute;nodo de los obispos, que estamos iniciando ahora en el nombre del Se&ntilde;or. Sigue a la serie de Asambleas <i>especiales<\/i> de car&aacute;cter continental que tuvieron lugar como preparaci&oacute;n del gran jubileo del a&ntilde;o 2000. Todas esas asambleas se celebraron con la perspectiva de la <i>evangelizaci&oacute;n<\/i>, como lo testimonian las exhortaciones apost&oacute;licas postsinodales publicadas hasta ahora. En esa misma perspectiva se sit&uacute;a la actual Asamblea, que es continuaci&oacute;n de las precedentes Asambleas ordinarias, dedicadas a las diversas vocaciones en el pueblo de Dios:&nbsp; los <i>laicos<\/i> en 1987, los <i>sacerdotes<\/i> en 1990 y la <i>vida consagrada<\/i> en 1994. Al tratar sobre los <i>obispos <\/i>se completa el cuadro de una eclesiolog&iacute;a de comuni&oacute;n y de misi&oacute;n, que debemos tener siempre ante los ojos.<\/p>\n<p> Con gran alegr&iacute;a os acojo, amad&iacute;simos y venerados hermanos en el episcopado, llegados de todas las partes del mundo. El hecho de encontraros y trabajar juntos, bajo la gu&iacute;a del Sucesor de Pedro, manifiesta &quot;que todos los obispos en comuni&oacute;n jer&aacute;rquica participan en la solicitud por la Iglesia universal&quot; (<i>Christus Dominus<\/i>,&nbsp;5). Extiendo mi cordial saludo a los dem&aacute;s miembros de la Asamblea y a cuantos en los pr&oacute;ximos d&iacute;as cooperar&aacute;n para su eficaz desarrollo. De modo particular expreso mi agradecimiento al secretario general del S&iacute;nodo, el cardenal Jan Pieter Schotte, as&iacute; como a sus colaboradores, que han preparado activamente esta reuni&oacute;n sinodal.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;En la noche de Navidad de 1999, al inaugurar el gran jubileo, despu&eacute;s de abrir la Puerta santa, <i>la cruc&eacute; teniendo entre las manos el libro de los Evangelios<\/i>. Fue un gesto muy simb&oacute;lico. En &eacute;l podemos ver incluido, de alg&uacute;n modo, <i>todo el contenido<\/i> <i>del S&iacute;nodo <\/i>que hoy iniciamos y que tendr&aacute; como tema:&nbsp; &quot;<i>El obispo, servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo<\/i>&quot;.<\/p>\n<p> El obispo es &quot;<i>minister<\/i>, servidor&quot;. La Iglesia est&aacute; al servicio del Evangelio. &quot;<i>Ancilla Evangelii&quot;<\/i>:&nbsp; as&iacute; podr&iacute;a definirse evocando las palabras que pronunci&oacute; la Virgen ante el anuncio del &aacute;ngel. &quot;<i>Ecce ancilla Domini&quot;<\/i>, dijo Mar&iacute;a; &quot;<i>Ecce ancilla Evangelii&quot;<\/i>, sigue diciendo hoy la Iglesia.<br \/> &quot;<i>Propter spem mundi&quot;<\/i>. La esperanza del mundo est&aacute; en Cristo. En &eacute;l las expectativas de la humanidad hallan un fundamento real y s&oacute;lido. La esperanza de todo ser humano brota de la cruz, signo de la victoria del amor sobre el odio, del perd&oacute;n sobre la venganza, de la verdad sobre la mentira, de la solidaridad sobre el ego&iacute;smo. Nosotros tenemos el deber de comunicar este anuncio salv&iacute;fico a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;<i>Bienaventurados los pobres de esp&iacute;ritu&quot;<\/i>.<br \/> La bienaventuranza evang&eacute;lica de la <i>pobreza<\/i>, constituye un mensaje valioso para la Asamblea sinodal que estamos iniciando. En efecto, la pobreza es un rasgo esencial de la persona de Jes&uacute;s y de su ministerio de salvaci&oacute;n, y representa uno de los requisitos indispensables para que el anuncio evang&eacute;lico sea escuchado y acogido por la humanidad de hoy.<\/p>\n<p> La primera lectura, tomada del profeta Am&oacute;s, y m&aacute;s a&uacute;n la c&eacute;lebre par&aacute;bola del &quot;rico epul&oacute;n&quot; y del pobre L&aacute;zaro, narrada por el evangelista san Lucas, nos estimula, venerados hermanos, a examinarnos sobre <i>nuestra actitud hacia los bienes terrenos<\/i> y sobre el uso que se hace de ellos.<br \/>Se nos pide verificar hasta qu&eacute; punto se est&aacute; realizando en la Iglesia <i>la conversi&oacute;n personal y comunitaria a una efectiva pobreza evang&eacute;lica<\/i>. Vuelven a la memoria las palabras del concilio Vaticano II:&nbsp; &quot;Como Cristo realiz&oacute; la obra de la redenci&oacute;n en pobreza y persecuci&oacute;n, de igual modo la Iglesia est&aacute; llamada a seguir ese mismo camino para comunicar a los hombres los frutos de la salvaci&oacute;n&quot; (<i>Lumen gentium<\/i>, 8).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;El <i>camino de la pobreza<\/i> es el que nos permitir&aacute; transmitir a nuestros contempor&aacute;neos &quot;los frutos de la salvaci&oacute;n&quot;. Por tanto, como obispos estamos llamados a ser pobres al servicio del Evangelio. Ser servidores de la Palabra revelada, que, cuando es preciso, <i>elevan la voz en defensa de los &uacute;ltimos<\/i>, denunciando los abusos de aquellos que Am&oacute;s llama &quot;descuidados&quot; y &quot;disolutos&quot;. Ser profetas que ponen en evidencia con valent&iacute;a los pecados sociales vinculados al consumismo, al hedonismo, a una econom&iacute;a que produce una inaceptable brecha entre lujo y miseria, entre unos pocos &quot;epulones&quot; e innumerables &quot;l&aacute;zaros&quot; condenados a la miseria. En toda &eacute;poca, la Iglesia ha sido solidaria con estos &uacute;ltimos, y ha tenido pastores santos que, como intr&eacute;pidos ap&oacute;stoles de la caridad, se han puesto de parte de los pobres.<\/p>\n<p> Pero para que la voz de los pastores sea cre&iacute;ble, es necesario que ellos mismos den prueba de una conducta alejada de intereses privados y sol&iacute;cita hacia los m&aacute;s d&eacute;biles. Es necesario que sean <i>ejemplo<\/i> para la comunidad que se les ha confiado, ense&ntilde;ando y sosteniendo ese conjunto de principios de solidaridad y de justicia social que forman la <i>doctrina social de la Iglesia.<\/p>\n<p> <\/i>5.&nbsp;&quot;T&uacute;, <i>hombre de Dios<\/i>&quot; (<i>1&nbsp;Tm<\/i>&nbsp;6,&nbsp;11):&nbsp; con este t&iacute;tulo san Pablo designa a Timoteo en la segunda lectura que ha sido proclamada. Es una p&aacute;gina en la cual el Ap&oacute;stol traza un programa de vida perennemente v&aacute;lido para el obispo. El pastor debe ser &quot;hombre de Dios&quot;; su existencia y su ministerio est&aacute;n completamente bajo el se&ntilde;or&iacute;o divino, y en el excelso misterio de Dios encuentran luz y fuerza.<\/p>\n<p> Contin&uacute;a san Pablo:&nbsp; &quot;T&uacute;, hombre de Dios, (&#8230;) <i>tiende a la justicia, la piedad, la fe, la caridad, la paciencia, la mansedumbre<\/i>&quot; (v. 11). &iexcl;Cu&aacute;nta sabidur&iacute;a se encierra en ese &quot;tiende&quot;! La ordenaci&oacute;n episcopal no infunde la perfecci&oacute;n de las virtudes:&nbsp; el obispo est&aacute; llamado a proseguir su camino de santificaci&oacute;n con mayor intensidad, para alcanzar la estatura de Cristo, hombre perfecto.<\/p>\n<p> A&ntilde;ade el Ap&oacute;stol:&nbsp; &quot;combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna&quot; (v. 12). Orientados hacia el reino de Dios, afrontamos, queridos hermanos, nuestra lucha diaria por la fe, sin buscar otra recompensa que la que Dios nos dar&aacute; al final. Estamos llamados a hacer esta &quot;<i>solemne profesi&oacute;n de fe delante de muchos testigos&quot; <\/i>(v. 12). As&iacute;, el esplendor de la fe se hace testimonio:&nbsp; reflejo de la gloria de Cristo en las palabras y en los gestos de cada uno de sus ministros fieles.<\/p>\n<p> Concluye san Pablo:&nbsp; &quot;Te recomiendo que conserves el mandato sin mancha ni reproche, &nbsp;hasta &nbsp;la &nbsp;manifestaci&oacute;n de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo&quot; (vv.&nbsp;13-14). &quot;&iexcl;El mandato!&quot;. <i>En esta palabra est&aacute; Cristo entero<\/i>:&nbsp; su Evangelio, su testamento de amor, el don de su Esp&iacute;ritu que perfecciona la ley.<br \/>Los Ap&oacute;stoles recibieron de &eacute;l esta herencia y nos la han confiado a nosotros, para que la conservemos y transmitamos intacta hasta el final de los tiempos.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos en el episcopado, Cristo nos repite hoy:&nbsp; &quot;<i>Duc in altum, <\/i>Rema mar adentro&quot; (<i>Lc <\/i>5, 4). A la luz de esta invitaci&oacute;n suya, podemos releer el triple <i>munus <\/i>que se nos ha confiado en la Iglesia:&nbsp; <i>munus docendi, sanctificandi et regendi <\/i>(cf. <i>Lumen gentium<\/i>, 25-27; <i>Christus Dominus<\/i>, 12-16).<\/p>\n<p> <i>Duc in docendo.<\/i> &quot;Proclama la palabra -diremos con el Ap&oacute;stol-, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, amenaza, exhorta con toda paciencia y doctrina&quot; (<i>2 Tm <\/i>4, 2).<\/p>\n<p> <i>Duc in sanctificando. <\/i>Las &quot;redes&quot; que estamos llamados a echar entre los hombres son ante todo los sacramentos, de los cuales somos los principales dispensadores, reguladores, custodios y promotores (cf. <i>Christus Dominus<\/i>, 15). Forman una especie de &quot;red&quot; salv&iacute;fica que libera del mal y conduce a la plenitud de la vida.<\/p>\n<p> <i>Duc in regendo.<\/i> Como pastores y verdaderos padres, con la ayuda de los sacerdotes y de otros colaboradores, tenemos el deber de reunir la familia de los fieles y fomentar en ella la caridad y la comuni&oacute;n fraterna (cf. <i>ib.<\/i>, 16).<\/p>\n<p> Aunque se trate de una misi&oacute;n ardua y dif&iacute;cil, nadie debe desalentarse. Con san Pedro y con los primeros disc&iacute;pulos, tambi&eacute;n nosotros renovemos confiados nuestra sincera profesi&oacute;n de fe:&nbsp; Se&ntilde;or, &quot;&iexcl;en tu nombre, echar&eacute; las redes!&quot; (<i>Lc<\/i>&nbsp;5, 5). &iexcl;En tu nombre, oh Cristo, queremos servir a tu Evangelio para la esperanza del mundo!<\/p>\n<p> Y tambi&eacute;n confiamos en tu materna asistencia, oh Virgen Mar&iacute;a. T&uacute;, que guiaste los primeros pasos de la comunidad cristiana, s&eacute; tambi&eacute;n para nosotros apoyo y est&iacute;mulo. Intercede por nosotros, Mar&iacute;a, a la que con palabras del siervo de Dios Pablo VI invocamos como &quot;auxilio de los obispos y Madre de los pastores&quot;. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;MISA DE APERTURA DE LA X ASAMBLEA GENERAL ORDINARIA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS &nbsp;HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE &nbsp;Domingo 30 de septiembre de 2001 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;El obispo, servidor del Evangelio de Jesucristo para la esperanza del mundo&quot;. 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