{"id":40448,"date":"2016-10-05T23:45:16","date_gmt":"2016-10-06T04:45:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-2001-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-santisima-virgen-maria\/"},"modified":"2016-10-05T23:45:16","modified_gmt":"2016-10-06T04:45:16","slug":"15-de-agosto-de-2001-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-santisima-virgen-maria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-2001-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-santisima-virgen-maria\/","title":{"rendered":"15 de agosto de 2001: Solemnidad de la Asunci\u00f3n de la sant\u00edsima Virgen Mar\u00eda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNIDAD DE LA ASUNCI&Oacute;N DE LA SANT&Iacute;SIMA VIRGEN MAR&Iacute;A&nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>Mi&eacute;rcoles 15 de agosto de 2001&nbsp; <\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><b>&nbsp; <\/b><\/p>\n<p align=\"left\"> 1.&nbsp;<i>&quot;El &uacute;ltimo enemigo aniquilado ser&aacute; la muerte&quot; <\/i> (1 <i> Co<\/i> 15, 26). <\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras de san Pablo, que acaban de resonar en la segunda lectura, nos ayudan a comprender el significado de la solemnidad que hoy celebramos. En Mar&iacute;a, elevada al cielo al concluir su vida terrena, resplandece la victoria definitiva de Cristo sobre la muerte, que entr&oacute; en el mundo a causa del pecado de Ad&aacute;n. Cristo, el &quot;nuevo&quot; Ad&aacute;n, derrot&oacute; la muerte, ofreci&eacute;ndose como sacrificio en el Calvario, con actitud de amor obediente al Padre. As&iacute;, nos ha rescatado de la esclavitud del pecado y del mal. En el triunfo de la Virgen la Iglesia contempla a la Mujer que el Padre eligi&oacute; como verdadera Madre de su Hijo unig&eacute;nito, asoci&aacute;ndola &iacute;ntimamente al designio salv&iacute;fico de la Redenci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Por esto Mar&iacute;a, como pone de relieve la liturgia, es signo consolador de nuestra esperanza. Al fijar nuestra mirada en ella, arrebatada al j&uacute;bilo del ej&eacute;rcito de los &aacute;ngeles, toda la historia humana, mezcla de luces y sombras, se abre a la perspectiva de la felicidad eterna. Si la experiencia diaria nos permite comprobar c&oacute;mo la peregrinaci&oacute;n terrena est&aacute; marcada por la incertidumbre y la lucha, la Virgen elevada a la gloria del Para&iacute;so nos asegura que jam&aacute;s nos faltar&aacute; la protecci&oacute;n divina. <\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;&quot;Una gran se&ntilde;al apareci&oacute; en el cielo:&nbsp; una mujer vestida de sol&quot; (<i>Ap<\/i> 12, 1). Contemplemos a Mar&iacute;a, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, reunidos aqu&iacute; en un d&iacute;a tan importante para la devoci&oacute;n del pueblo cristiano. Os saludo con gran afecto. Saludo de modo particular al se&ntilde;or cardenal Angelo Sodano, mi primer colaborador, y al obispo de Albano, as&iacute; como &nbsp;a su auxiliar, a quienes agradezco su &nbsp;amable &nbsp;presencia. &nbsp;Saludo &nbsp;asimismo al p&aacute;rroco y a los sacerdotes que colaboran con &eacute;l, a los religiosos y a las religiosas, y a todos los fieles presentes, de manera especial a los consagrados salesianos, a la comunidad de Castelgandolfo y a la del palacio pontificio. Extiendo mi saludo a los peregrinos de diversas lenguas que han querido unirse a nuestra celebraci&oacute;n. A cada uno deseo que viva con alegr&iacute;a esta solemnidad, rica en motivos de meditaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Una gran se&ntilde;al aparece hoy para nosotros en el cielo:&nbsp; la Virgen Madre. De ella nos habla, con lenguaje prof&eacute;tico, el autor sagrado de libro del Apocalipsis, en la primera lectura. &iexcl;Qu&eacute; extraordinario prodigio se presenta ante nuestros ojos at&oacute;nitos! Acostumbrados a ver las realidades de la tierra, se nos invita a dirigir la mirada hacia lo alto:&nbsp; hacia el cielo, nuestra patria definitiva, donde nos espera la Virgen sant&iacute;sima. <\/p>\n<p align=\"left\">El hombre moderno, quiz&aacute; m&aacute;s que en el pasado, se siente arrastrado por intereses y preocupaciones materiales. Busca seguridad, pero a menudo experimenta soledad y angustia. &iquest;Y qu&eacute; decir del enigma de la muerte? La Asunci&oacute;n de Mar&iacute;a es un acontecimiento que nos afecta de cerca, precisamente porque todo hombre est&aacute; destinado a morir. Pero la muerte no es la &uacute;ltima palabra, pues, como nos asegura el misterio de la Asunci&oacute;n de la Virgen, se trata de un paso hacia la vida, al encuentro del Amor. Es un paso hacia la bienaventuranza celestial reservada a cuantos luchan por la verdad y la justicia y se esfuerzan por seguir a Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;&quot;Desde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 48). As&iacute; exclama la Madre de Cristo durante el encuentro con su prima santa Isabel. El evangelio acaba de proponernos de nuevo el <i>Magn&iacute;ficat<\/i>, que la Iglesia canta todos los d&iacute;as. Es la respuesta de la Virgen a las palabras prof&eacute;ticas de santa Isabel:&nbsp; &quot;Dichosa t&uacute;, que has cre&iacute;do, porque lo que te ha dicho el Se&ntilde;or se cumplir&aacute;&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 45). <\/p>\n<p align=\"left\">En Mar&iacute;a la promesa se hace realidad:&nbsp; dichosa es la Madre y dichosos seremos nosotros, sus hijos, si, como ella, escuchamos y ponemos en pr&aacute;ctica la palabra del Se&ntilde;or. <\/p>\n<p align=\"left\">Que esta solemnidad abra nuestro coraz&oacute;n a esa perspectiva superior de la existencia. Que la Virgen, a la que hoy contemplamos resplandeciente a la derecha del Hijo, ayude a vivir al hombre de hoy, creyendo &quot;en el cumplimiento de la palabra del Se&ntilde;or&quot;. <\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;&quot;Hoy los hijos de la Iglesia en la tierra celebran con j&uacute;bilo el tr&aacute;nsito de la Virgen a la ciudad superior, la Jerusal&eacute;n celestial&quot; (<i>Laudes et hymni<\/i>, VI). As&iacute; canta la liturgia armenia hoy. Hago m&iacute;as estas palabras, pensando en la peregrinaci&oacute;n apost&oacute;lica a Kazajst&aacute;n y Armenia que, si Dios quiere, realizar&eacute; dentro de poco m&aacute;s de un mes. A ti, Mar&iacute;a, te encomiendo el &eacute;xito de esta nueva etapa de mi servicio a la Iglesia y al mundo. Te pido que ayudes a los creyentes a ser centinelas de la esperanza que no defrauda, y a proclamar sin cesar que Cristo es el vencedor del mal y de la muerte. Ilumina t&uacute;, Mujer fiel, a la humanidad de nuestro tiempo, para que comprenda que la vida de todo hombre no se extingue en un pu&ntilde;ado de polvo, sino que est&aacute; llamada a un destino de felicidad eterna. <\/p>\n<p align=\"left\">Mar&iacute;a, &quot;que eres la alegr&iacute;a del cielo y de la tierra&quot;, vela y ruega por nosotros y por el mundo entero, ahora y siempre. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE LA ASUNCI&Oacute;N DE LA SANT&Iacute;SIMA VIRGEN MAR&Iacute;A&nbsp; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Mi&eacute;rcoles 15 de agosto de 2001&nbsp; &nbsp; 1.&nbsp;&quot;El &uacute;ltimo enemigo aniquilado ser&aacute; la muerte&quot; (1 Co 15, 26). 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