{"id":40450,"date":"2016-10-05T23:45:18","date_gmt":"2016-10-06T04:45:18","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2001-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo\/"},"modified":"2016-10-05T23:45:18","modified_gmt":"2016-10-06T04:45:18","slug":"29-de-junio-de-2001-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2001-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo\/","title":{"rendered":"29 de junio de 2001: Solemnidad de San Pedro y San Pablo"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNIDAD DE LOS SANTOS AP&Oacute;STOLES PEDRO Y PABLO<\/font><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>Viernes 29 de junio de 2001<\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"left\"><b><\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&quot;<\/i> (<i>Mt<\/i> 16, 16).<\/p>\n<p> &iexcl;Cu&aacute;ntas veces hemos repetido esta profesi&oacute;n de fe, que un d&iacute;a pronunci&oacute; Sim&oacute;n, hijo de Jon&aacute;s, en Cesarea de Filipo! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces yo mismo he encontrado en estas palabras una fuerza interior para proseguir la misi&oacute;n que la Providencia me ha confiado!<\/p>\n<p> <i>T&uacute; eres el Cristo<\/i>. Todo el A&ntilde;o santo nos impuls&oacute; a fijar la mirada en &quot;Jesucristo, &uacute;nico Salvador, ayer, hoy y siempre&quot;. Cada una de las celebraciones jubilares fue <i>una incesante profesi&oacute;n de fe en Cristo<\/i>, renovada en com&uacute;n dos mil a&ntilde;os despu&eacute;s de la Encarnaci&oacute;n. A la pregunta, siempre actual, de Jes&uacute;s a sus disc&iacute;pulos:&nbsp; &quot;Y vosotros &iquest;qui&eacute;n dec&iacute;s que soy yo?&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 15), los cristianos del a&ntilde;o 2000 han respondido una vez m&aacute;s uniendo su voz a la de Pedro:&nbsp; &quot;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&quot;.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;<i>&iexcl;Bienaventurado t&uacute;, Sim&oacute;n, hijo de Jon&aacute;s!, porque eso no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que est&aacute; en el cielo&quot;<\/i> (<i>Mt<\/i> 16, 17).<\/p>\n<p> Despu&eacute;s de dos milenios, la &quot;roca&quot; sobre la que est&aacute; fundada la Iglesia sigue siendo la misma:&nbsp; es la fe de Pedro. &quot;Sobre esta piedra&quot; (<i>Mt<\/i> 16, 18) Cristo construy&oacute; su Iglesia, edificio espiritual que ha resistido al embate de los siglos. Desde luego, s&oacute;lo sobre bases humanas e hist&oacute;ricas no hubiera podido resistir el asalto de tantos enemigos.<\/p>\n<p> A lo largo de los siglos, el Esp&iacute;ritu Santo ha iluminado a hombres y mujeres, de todas las edades, vocaciones y condiciones sociales, para que se convirtieran en &quot;piedras vivas&quot; (<i>1 P<\/i> 2, 5) de esta construcci&oacute;n. Son los santos, que Dios suscita con inagotable creatividad, mucho m&aacute;s numerosos que los que se&ntilde;ala solemnemente la Iglesia como ejemplo para todos. Una sola fe; una sola &quot;roca&quot;; una sola piedra angular:&nbsp; Cristo, Redentor del hombre.<\/p>\n<p> &quot;&iexcl;Bienaventurado t&uacute;, Sim&oacute;n, hijo de Jon&aacute;s!&quot;. <i>La bienaventuranza de Sim&oacute;n es la misma que escuch&oacute; Mar&iacute;a sant&iacute;sima<\/i> de labios de Isabel:&nbsp; &quot;Bienaventurada t&uacute;, que has cre&iacute;do, porque lo que ha dicho el Se&ntilde;or se cumplir&aacute;&quot; (<i>Lc<\/i> 1, 45).<\/p>\n<p> Es la bienaventuranza reservada tambi&eacute;n a la comunidad de los creyentes de hoy, a la que Jes&uacute;s repite:&nbsp; <i>&iexcl;Bienaventurada t&uacute;, Iglesia del a&ntilde;o 2000<\/i>, que conservas intacto el Evangelio y sigues proponi&eacute;ndolo con renovado entusiasmo a los hombres del comienzo de un nuevo milenio!<br \/> En la fe, fruto del misterioso encuentro entre la gracia divina y la humildad humana que conf&iacute;a en ella, se halla el secreto de la paz interior y de la alegr&iacute;a del coraz&oacute;n que anticipan en cierta medida la felicidad del cielo.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, &nbsp;he &nbsp;conservado &nbsp;la &nbsp;fe&quot; (<i>2 Tm<\/i> 4, 7).<br \/> <i>La fe se &quot;conserva&quot; d&aacute;ndola<\/i> (cf. <i>Redemptoris missio<\/i>, 2). Esta es la ense&ntilde;anza del ap&oacute;stol san Pablo. Es lo que ha acontecido desde que los disc&iacute;pulos, el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, al salir del Cen&aacute;culo y bajo el impulso del Esp&iacute;ritu Santo, se dispersaron en todas las direcciones. Esta misi&oacute;n evangelizadora prosigue en el tiempo y es la <i>manera normal<\/i> como la Iglesia administra el tesoro de la fe. Todos debemos participar &nbsp;activamente en su dinamismo.<\/p>\n<p> Con estos sentimientos os dirijo mi m&aacute;s cordial saludo a vosotros, queridos y venerados hermanos, que est&aacute;is en torno a m&iacute;. De modo especial os saludo a vosotros, queridos <i>arzobispos metropolitanos<\/i>, que hab&eacute;is sido nombrados a lo largo del &uacute;ltimo a&ntilde;o y hab&eacute;is venido a Roma para el tradicional rito de la imposici&oacute;n del palio. Proced&eacute;is de <i>veinti&uacute;n pa&iacute;ses de los cinco continentes<\/i>. En vuestros rostros contemplo el rostro de vuestras comunidades:&nbsp; una inmensa riqueza de fe y de historia, que en el pueblo de Dios se compone y se armoniza como en una sinfon&iacute;a.<\/p>\n<p> Saludo tambi&eacute;n a los <i>nuevos obispos<\/i>, ordenados durante este a&ntilde;o. Tambi&eacute;n vosotros proven&iacute;s de diversas partes del mundo. En los diferentes miembros del cuerpo eclesial, que represent&aacute;is aqu&iacute;, hay esperanzas y alegr&iacute;as, pero <i>no faltan ciertamente las heridas<\/i>. Pienso en la pobreza, en los conflictos, a veces incluso en las persecuciones. Pienso en la tentaci&oacute;n del secularismo, de la indiferencia y del materialismo pr&aacute;ctico, que mina el vigor del testimonio evang&eacute;lico. Todo esto no debe debilitar, sino intensificar en nosotros, venerados hermanos en el episcopado, el anhelo de llevar la buena nueva del amor de Dios a todos los hombres.<\/p>\n<p> Oremos para que la fe de san Pedro y san Pablo sostenga nuestro testimonio com&uacute;n y nos disponga, si fuera necesario, a llegar hasta el martirio.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Precisamente el martirio fue el coronamiento del testimonio de Cristo que dieron los dos ap&oacute;stoles que hoy celebramos. Con algunos a&ntilde;os de diferencia, uno y otro derramaron su sangre aqu&iacute; en Roma, consagr&aacute;ndola de una vez para siempre a Cristo. El martirio de san Pedro marc&oacute; la vocaci&oacute;n de Roma como sede de sus sucesores en el primado que Cristo le confiri&oacute; al servicio de la Iglesia:&nbsp; servicio <i>a la fe<\/i>, servicio <i>a la unidad<\/i> y servicio <i>a la misi&oacute;n<\/i> (cf. <i>Ut unum sint<\/i>, 88).<br \/> Es urgente este anhelo de fidelidad total al Se&ntilde;or; es cada vez m&aacute;s intenso el deseo de la unidad plena de todos los creyentes. Soy consciente de que, &quot;despu&eacute;s de siglos de duras pol&eacute;micas, las otras Iglesias y comunidades eclesiales escrutan &nbsp;cada &nbsp;vez &nbsp;m&aacute;s con una mirada nueva este ministerio de unidad&quot; (<i>ib.<\/i>, 89). Esto vale de modo particular para las Iglesias ortodoxas, como pude notar tambi&eacute;n en los d&iacute;as pasados <i>durante mi visita a Ucrania<\/i>. &iexcl;C&oacute;mo quisiera que llegara cuanto antes el d&iacute;a de la reconciliaci&oacute;n y de la comuni&oacute;n rec&iacute;proca!<\/p>\n<p> Con este esp&iacute;ritu, me alegra dirigir <i>mi cordial saludo a la delegaci&oacute;n del patriarcado de Constantinopla<\/i>, guiada por su eminencia Jerem&iacute;as, metropolita de Francia y exarca de Espa&ntilde;a, a quien el patriarca ecum&eacute;nico Bartolom&eacute; I ha enviado para la celebraci&oacute;n de San Pedro y San Pablo. Su presencia a&ntilde;ade una nota particular de alegr&iacute;a a nuestra fiesta. Que esos dos santos ap&oacute;stoles intercedan por nosotros, para que nuestro compromiso com&uacute;n nos estimule a preparar el restablecimiento de la unidad, plena y armoniosa, que deber&aacute; caracterizar a la comunidad cristiana en el mundo. Cuando esto acontezca, el mundo podr&aacute; reconocer m&aacute;s f&aacute;cilmente el aut&eacute;ntico rostro de Cristo.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;&quot;He conservado la fe&quot; (<i>2 Tm<\/i> 4, 7). As&iacute; afirma el ap&oacute;stol san Pablo haciendo el balance de su vida. Y sabemos de qu&eacute; modo la conserv&oacute;:&nbsp; d&aacute;ndola, difundi&eacute;ndola, haci&eacute;ndola fructificar lo m&aacute;s posible. Hasta la muerte.<\/p>\n<p> Del mismo modo, la Iglesia est&aacute; llamada a conservar el &quot;dep&oacute;sito&quot; de la fe, <i>comunic&aacute;ndolo a todos los hombres y a todo el hombre<\/i>. Para esto el Se&ntilde;or la envi&oacute; al mundo, diciendo a los Ap&oacute;stoles:&nbsp; &quot;Id, pues, y haced disc&iacute;pulos a todas las gentes&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 19). Ahora, al comienzo del tercer milenio, este <i>mandato misionero<\/i> es m&aacute;s v&aacute;lido que nunca. M&aacute;s a&uacute;n, frente &nbsp;a la amplitud del nuevo horizonte, debe recuperar la lozan&iacute;a de los comienzos (cf. <i>Redemptoris missio<\/i>, 1).<br \/> Si san Pablo viviera hoy, &iquest;c&oacute;mo expresar&iacute;a el anhelo misionero que distingui&oacute; su acci&oacute;n al servicio del Evangelio? Y san Pedro ciertamente no dejar&iacute;a de animarlo en este generoso impulso apost&oacute;lico, tendi&eacute;ndole la mano en se&ntilde;al de comuni&oacute;n (cf. <i>Ga<\/i> 2, 9).<\/p>\n<p> As&iacute; pues, encomendemos a la intercesi&oacute;n de estos dos santos ap&oacute;stoles el camino de la Iglesia al comienzo del nuevo milenio. Invoquemos a Mar&iacute;a, la Reina de los Ap&oacute;stoles, para que en todas partes el pueblo cristiano crezca en la comuni&oacute;n fraterna y en el impulso misionero.<\/p>\n<p> Quiera Dios que cuanto antes toda la comunidad de los creyentes proclame con un solo coraz&oacute;n y una sola alma:&nbsp; &quot;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&quot;. T&uacute; eres nuestro Redentor, nuestro &uacute;nico Redentor, ayer, hoy y siempre. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE LOS SANTOS AP&Oacute;STOLES PEDRO Y PABLO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Viernes 29 de junio de 2001 1.&nbsp;&quot;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&quot; (Mt 16, 16). &iexcl;Cu&aacute;ntas veces hemos repetido esta profesi&oacute;n de fe, que un d&iacute;a pronunci&oacute; Sim&oacute;n, hijo de Jon&aacute;s, en Cesarea de Filipo! &iexcl;Cu&aacute;ntas veces &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-junio-de-2001-solemnidad-de-san-pedro-y-san-pablo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab29 de junio de 2001: Solemnidad de San Pedro y San Pablo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40450","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40450","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40450"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40450\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40450"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40450"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40450"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}