{"id":40451,"date":"2016-10-05T23:45:20","date_gmt":"2016-10-06T04:45:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/visita-pastoral-a-ucrania-divina-liturgia-en-rito-bizantino-con-beatificacion-hipodromo-lviv-27-de-junio-de-2001\/"},"modified":"2016-10-05T23:45:20","modified_gmt":"2016-10-06T04:45:20","slug":"visita-pastoral-a-ucrania-divina-liturgia-en-rito-bizantino-con-beatificacion-hipodromo-lviv-27-de-junio-de-2001","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/visita-pastoral-a-ucrania-divina-liturgia-en-rito-bizantino-con-beatificacion-hipodromo-lviv-27-de-junio-de-2001\/","title":{"rendered":"Visita Pastoral a Ucrania: Divina Liturgia en rito bizantino con beatificaci\u00f3n &#8211; Hip\u00f3dromo, Lviv (27 de junio de 2001)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">DIVINA LITURGIA DE BEATIFICACI&Oacute;N EN RITO BIZANTINO-UCRANIANO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>Mi&eacute;rcoles 27 de junio de 2001<\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\"><b><\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;Nadie&nbsp;tiene&nbsp;mayor&nbsp;amor&nbsp;que&nbsp;el&nbsp;que da la vida por sus amigos&quot;<\/i> (<i>Jn<\/i> 15, 13).<\/p>\n<p> Esta solemne afirmaci&oacute;n de Cristo resuena entre nosotros hoy con particular elocuencia, al proclamar beatos a <i>algunos hijos de esta gloriosa Iglesia de Lvov de los ucranios<\/i>. La mayor parte de ellos fueron asesinados por odio a la fe cristiana. Algunos sufrieron el martirio en tiempos cercanos a nosotros, y muchos de los presentes en esta divina liturgia los conocieron personalmente. Esta tierra de Halytchyna, que a lo largo de la historia ha visto el desarrollo de la Iglesia ucraniana greco-cat&oacute;lica, qued&oacute; cubierta, como dec&iacute;a el inolvidable metropolita Josyf Slipyj, &quot;por monta&ntilde;as de cad&aacute;veres y r&iacute;os de sangre&quot;.<\/p>\n<p> Vuestra <i>comunidad es viva y fecunda<\/i>, y se remonta a la predicaci&oacute;n de los santos hermanos Cirilo y Metodio, a san Vladimiro y a santa Olga. El ejemplo de los m&aacute;rtires pertenecientes a diversos per&iacute;odos de la historia, y sobre todo al siglo pasado, testimonia que <i>el martirio es la medida m&aacute;s alta del servicio a Dios y a la Iglesia<\/i>. Con esta celebraci&oacute;n queremos rendirles homenaje y dar gracias al Se&ntilde;or por su fidelidad.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;Con este sugestivo rito de beatificaci&oacute;n deseo expresar tambi&eacute;n la gratitud de toda la Iglesia al pueblo de Dios en Ucrania por Mykola Carneckyj y sus 24 compa&ntilde;eros m&aacute;rtires, as&iacute; como por los m&aacute;rtires Teodoro Romza y &nbsp;Emiliano Kovc, y por la sierva de Dios Josafata Micaela Hordashevska. Como el grano de trigo que cae en la tierra muere para dar vida a la espiga (cf. <i>Jn <\/i>12, 24), as&iacute; ellos entregaron su vida para que el campo de Dios produjera una nueva cosecha, m&aacute;s abundante.<\/p>\n<p> Al recordarlos, saludo a cuantos participan en esta concelebraci&oacute;n, y en particular a los se&ntilde;ores cardenales Lubomyr Husar y Marian Jaworski, as&iacute; como a los obispos y a los sacerdotes de las Iglesias greco-cat&oacute;lica y latina. Al saludar al actual arzobispo mayor de Lvov de los ucranios, mi pensamiento va a sus predecesores, el siervo de Dios Andr&eacute;s Septyckyj, el heroico cardenal Josyf Slipyj, y el cardenal Myroslav Lubachivsky, fallecido recientemente. Al recordar a los pastores, mi coraz&oacute;n se dirige con afecto a todos los hijos e hijas de la Iglesia greco-cat&oacute;lica ucraniana, as&iacute; como a cuantos siguen esta ceremonia a trav&eacute;s de la radio y la televisi&oacute;n desde otras ciudades y naciones.<\/p>\n<p> Expreso mi agradecimiento, en particular, al se&ntilde;or presidente de Ucrania, Leonid Kuchma, por su participaci&oacute;n en esta solemne divina liturgia.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Los siervos de Dios, inscritos hoy en el cat&aacute;logo de los beatos, representan a <i>todos los componentes de la comunidad eclesial<\/i>:&nbsp; hay entre ellos obispos y sacerdotes, monjes, monjas y laicos. Fueron probados de muchos modos por los partidarios de las ideolog&iacute;as nefastas del nazismo y el comunismo. Mi predecesor P&iacute;o XII, consciente de los sufrimientos que padec&iacute;an estos fieles disc&iacute;pulos de Cristo, con &iacute;ntima participaci&oacute;n manifest&oacute; su solidaridad con &quot;los que perseveran en la fe y resisten a los enemigos del cristianismo con la misma fuerza ind&oacute;mita con que resistieron un tiempo sus antepasados&quot;, y elogi&oacute; su valent&iacute;a por permanecer &quot;fielmente unidos al Romano Pont&iacute;fice y a sus pastores&quot; (enc&iacute;clica <i>Orientales Ecclesias<\/i>, 15 de diciembre de 1952:&nbsp; <i>AAS<\/i> 45 [1953] 8).<\/p>\n<p> Sostenidos por la gracia divina, recorrieron a fondo el camino de la victoria. Es un camino que pasa por el perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n; un camino que lleva a la luz resplandeciente de la Pascua, despu&eacute;s del sacrificio del Calvario. Estos hermanos y hermanas nuestros son los representantes <i>conocidos<\/i> de una multitud de h&eacute;roes <i>an&oacute;nimos<\/i> -hombres y mujeres, esposos y esposas, sacerdotes y consagrados, j&oacute;venes y ancianos-, que durante el siglo XX, el &quot;siglo del martirio&quot;, afrontaron la persecuci&oacute;n, la violencia y la muerte con tal de no renunciar a su fe.<\/p>\n<p> No podemos menos de recordar aqu&iacute; la clarividente y s&oacute;lida acci&oacute;n pastoral del siervo de Dios <i>metropolita Andr&eacute;s Septyckyj<\/i>, cuya causa de beatificaci&oacute;n est&aacute; en curso y al que esperamos ver un d&iacute;a en la gloria de los santos. Debemos referirnos a su heroica acci&oacute;n apost&oacute;lica para comprender la fecundidad, inexplicable desde el punto de vista humano, de la Iglesia greco-cat&oacute;lica ucraniana durante los a&ntilde;os oscuros de la persecuci&oacute;n.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Yo mismo, en mi juventud, fui testigo de esta especie de &quot;apocalipsis&quot;. &quot;Mi sacerdocio, ya desde su nacimiento, ha estado inscrito en el gran sacrificio de tantos hombres y mujeres de mi generaci&oacute;n&quot; (<i>Don y misterio<\/i>, BAC, Madrid 1996, p. 52). No debemos olvidarlos, puesto que su recuerdo es una bendici&oacute;n. <i>A ellos va nuestra admiraci&oacute;n y nuestra gratitud<\/i>:&nbsp; como un icono del evangelio de las bienaventuranzas, vivido hasta el derramamiento de la sangre, constituyen <i>un signo de esperanza<\/i> para nuestro tiempo y para el futuro. Demostraron que el amor es m&aacute;s fuerte que la muerte.<\/p>\n<p> En su resistencia al misterio de la iniquidad pudo brillar, a pesar de la fragilidad humana, la fuerza de la fe y de la gracia de Cristo (cf. <i>2 Co<\/i> 12, 9-10). Su testimonio intr&eacute;pido se convirti&oacute; en semilla de nuevos cristianos (cf. Tertuliano, <i>Apol.<\/i> 50, 13:&nbsp; <i>CCL<\/i> 1, 171).<\/p>\n<p> Junto con ellos fueron perseguidos y asesinados a causa de Cristo tambi&eacute;n los <i>cristianos de otras confesiones<\/i>. Su martirio com&uacute;n es un fuerte llamamiento a la reconciliaci&oacute;n y a la unidad.<i> El ecumenismo de los m&aacute;rtires y de los testigos de la fe <\/i>indica el camino de la unidad a los cristianos del siglo XXI. Que su sacrificio sea una lecci&oacute;n concreta de vida para todos.<br \/>Ciertamente, no se trata de una empresa f&aacute;cil. A lo largo de los &uacute;ltimos siglos se han acumulado demasiados estereotipos en el modo de pensar, demasiados resentimientos rec&iacute;procos y demasiada intolerancia. El &uacute;nico medio para despejar este camino es olvidar el pasado, <i>pedir y ofrecer el perd&oacute;n unos a otros<\/i> por las ofensas causadas y recibidas, y confiar sin reservas en la acci&oacute;n renovadora del&nbsp;Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p> Estos m&aacute;rtires nos ense&ntilde;an la fidelidad al doble mandamiento del amor:&nbsp; amor a Dios y amor a los hermanos.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Queridos <i>sacerdotes<\/i>, queridos <i>religiosos<\/i> y <i>religiosas<\/i>, queridos <i>seminaristas<\/i>, <i>catequistas<\/i> y <i>estudiantes de teolog&iacute;a<\/i>, precisamente a vosotros quisiera se&ntilde;alar de modo particular el ejemplo luminoso de estos heroicos testigos del Evangelio. Sed, como ellos, fieles a Cristo hasta la muerte. Si Dios bendice vuestra tierra con numerosas vocaciones; si los seminarios est&aacute;n llenos -y esto es fuente de esperanza para vuestra Iglesia-, se trata ciertamente de uno de los frutos de su sacrificio. Pero esto constituye para vosotros una gran responsabilidad.<\/p>\n<p> Por tanto, digo a los responsables:&nbsp; cuidad atentamente la <i>formaci&oacute;n de los futuros sacerdotes y de los llamados a la vida consagrada<\/i>, en la l&iacute;nea propia de la tradici&oacute;n mon&aacute;stica oriental. Por una parte, poned de relieve el valor del celibato por el reino de los cielos, y, por otra, ponderad tambi&eacute;n la importancia del sacramento del matrimonio con los compromisos que entra&ntilde;a. El Concilio record&oacute; que la familia cristiana es como una &quot;iglesia dom&eacute;stica&quot;, en la que los padres deben ser para los hijos los primeros heraldos de la fe (cf. <i>Lumen gentium<\/i>, 11).<\/p>\n<p> Exhorto a todos los hijos e hijas de la Iglesia a buscar con empe&ntilde;o constante un conocimiento de Cristo cada vez m&aacute;s aut&eacute;ntico y profundo. El clero debe procurar siempre ofrecer a los laicos una seria formaci&oacute;n evang&eacute;lica y eclesial. Que nunca falte en los cristianos el esp&iacute;ritu de sacrificio y que no se debilite la valent&iacute;a de la comunidad cristiana en la defensa de los oprimidos y los perseguidos, poniendo gran atenci&oacute;n en escrutar los signos de los tiempos, para responder as&iacute; a los desaf&iacute;os sociales y espirituales del momento.<\/p>\n<p> En este &aacute;mbito, os aseguro que seguir&eacute; con inter&eacute;s el desarrollo de la tercera sesi&oacute;n del S&iacute;nodo de vuestra Iglesia, que se celebrar&aacute; en el a&ntilde;o 2002 y estar&aacute; dedicada a la lectura eclesial de los problemas sociales de Ucrania. La Iglesia no puede callar cuando est&aacute; en juego la tutela de la dignidad humana y el bien com&uacute;n.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;&quot;Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 13). Los m&aacute;rtires que hoy son declarados beatos siguieron al buen Pastor hasta el fin. Que su testimonio no sea para vosotros simplemente un motivo de orgullo, sino que se convierta m&aacute;s bien en una invitaci&oacute;n a imitarlos. Con el bautismo, <i>todo cristiano est&aacute; llamado a la santidad<\/i>. No a todos se pide, como a estos nuevos beatos, la prueba suprema del derramamiento de la sangre. Pero a cada uno se ha confiado la tarea de seguir diariamente a Cristo con fidelidad y generosidad, como hizo la beata Josafata Micaela Hordashevska, cofundadora de la congregaci&oacute;n de las Esclavas de Mar&iacute;a Inmaculada. Supo vivir de modo extraordinario su adhesi&oacute;n diaria al Evangelio, sirviendo a los ni&ntilde;os, a los enfermos, a los pobres, a los analfabetos y a los marginados, en situaciones a menudo dif&iacute;ciles y dolorosas.<\/p>\n<p> Ojal&aacute; que la santidad sea el anhelo de todos vosotros, queridos hermanos y hermanas de la Iglesia greco-cat&oacute;lica ucraniana. En este camino de santidad y renovaci&oacute;n os acompa&ntilde;a Mar&iacute;a, &quot;que precede a todos al frente del largo s&eacute;quito de los testigos de la fe en el &uacute;nico Se&ntilde;or&quot; (<i>Redemptoris Mater<\/i>, 30).<\/p>\n<p> Interceden por vosotros los santos y los beatos que en esta tierra de Ucrania alcanzaron la corona de la justicia, y los beatos que hoy celebramos especialmente. Que su ejemplo y su protecci&oacute;n os ayuden a seguir a Cristo y a servir fielmente a su Cuerpo m&iacute;stico, la Iglesia. Por su intercesi&oacute;n quiera Dios derramar sobre vuestras heridas el &oacute;leo de la misericordia y de la consolaci&oacute;n, para que pod&aacute;is mirar con confianza lo que os espera, con la certeza interior de que sois hijos de un Padre que os ama tiernamente.<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DIVINA LITURGIA DE BEATIFICACI&Oacute;N EN RITO BIZANTINO-UCRANIANO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Mi&eacute;rcoles 27 de junio de 2001 1.&nbsp;&quot;Nadie&nbsp;tiene&nbsp;mayor&nbsp;amor&nbsp;que&nbsp;el&nbsp;que da la vida por sus amigos&quot; (Jn 15, 13). 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