{"id":40456,"date":"2016-10-05T23:45:27","date_gmt":"2016-10-06T04:45:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-junio-de-2001-solemnidad-de-la-santisima-trinidad-canonizacion-de-5-beatos\/"},"modified":"2016-10-05T23:45:27","modified_gmt":"2016-10-06T04:45:27","slug":"10-de-junio-de-2001-solemnidad-de-la-santisima-trinidad-canonizacion-de-5-beatos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-junio-de-2001-solemnidad-de-la-santisima-trinidad-canonizacion-de-5-beatos\/","title":{"rendered":"10 de junio de 2001, Solemnidad de la Sant\u00edsima Trinidad &#8211; Canonizaci\u00f3n de 5 beatos"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE CANONIZACI&Oacute;N &#8211; SOLEMNIDAD DE LA SANT&Iacute;SIMA TRINIDAD<\/font><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>Domingo 10 de junio de 2001<\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"left\"><b><\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"left\"><i><\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;Bendito sea Dios Padre, y su Hijo Unig&eacute;nito, y el Esp&iacute;ritu Santo, porque grande es su amor por &nbsp;nosotros&quot;<\/i> &nbsp;(<i>Ant&iacute;fona de entrada<\/i>).<\/p>\n<p> Siempre, pero especialmente en esta fiesta de la Sant&iacute;sima Trinidad, toda la liturgia est&aacute; orientada al misterio trinitario, manantial de vida para todo creyente.<\/p>\n<p> &quot;Gloria al Padre, gloria al Hijo y gloria al Esp&iacute;ritu Santo&quot;:&nbsp; cada vez que proclamamos estas palabras, s&iacute;ntesis de nuestra fe, adoramos al &uacute;nico y verdadero Dios en tres Personas.<br \/>Contemplamos con estupor este misterio que nos envuelve totalmente. Misterio de amor; misterio de santidad inefable.<\/p>\n<p> &quot;Santo, santo, santo es el Se&ntilde;or, Dios del universo&quot;, cantaremos dentro de poco, al entrar en el coraz&oacute;n de la Plegaria eucar&iacute;stica. El Padre cre&oacute; todo con sabidur&iacute;a y amorosa providencia; el Hijo, con su muerte y resurrecci&oacute;n, nos ha redimido; el Esp&iacute;ritu Santo nos santifica con la plenitud de sus dones de gracia y misericordia.<\/p>\n<p> Podemos definir con raz&oacute;n esta solemnidad como una <i>fiesta de la santidad<\/i>. Por tanto, en este d&iacute;a encuentra su marco m&aacute;s adecuado la ceremonia de canonizaci&oacute;n de cinco beatos:&nbsp; Luis Scrosoppi, Agust&iacute;n Roscelli, Bernardo de Corleone, Teresa Eustochio Verzeri y Rebeca Petra Choboq Ar-Ray&egrave;s.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;Ya que hemos recibido la justificaci&oacute;n por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo&quot; (<i>Rm<\/i> 5, 1).<\/p>\n<p> Como hemos escuchado en la <i>segunda lectura<\/i>, para el ap&oacute;stol san Pablo la santidad es un don que el Padre nos comunica mediante Jesucristo. En efecto, la fe en &eacute;l es principio de santificaci&oacute;n. Por la fe el hombre entra en el orden de la gracia; por la fe espera participar en la gloria de Dios.<br \/>Esta esperanza no es un espejismo, sino fruto seguro de un camino asc&eacute;tico en medio de numerosas tribulaciones, afrontadas con paciencia y virtud probada.<\/p>\n<p> Esta fue la experiencia de <i>san Luis Scrosoppi<\/i>, durante una vida gastada totalmente por amor a Cristo y a sus hermanos, especialmente los m&aacute;s d&eacute;biles e indefensos.<\/p>\n<p> &quot;&iexcl;Caridad, caridad!&quot;:&nbsp; esta exclamaci&oacute;n brot&oacute; de su coraz&oacute;n en el momento de dejar el mundo para ir al cielo. Practic&oacute; la caridad de modo ejemplar, sobre todo con las muchachas hu&eacute;rfanas y abandonadas, implicando a un grupo de maestras, con las que fund&oacute; el instituto de las &quot;Religiosas de la Divina Providencia&quot;.<\/p>\n<p> La caridad fue el secreto de su largo e incansable apostolado, alimentado de su contacto constante con Cristo, contemplado e imitado en la humildad y en la pobreza de su nacimiento en Bel&eacute;n, en la sencillez de la vida laboriosa de Nazaret, en la total inmolaci&oacute;n en el Calvario y en el silencio elocuente de la Eucarist&iacute;a. Por este motivo, la Iglesia lo se&ntilde;ala a los sacerdotes y a los fieles como modelo de s&iacute;ntesis profunda y eficaz entre la comuni&oacute;n con Dios y el servicio a los hermanos. En otras palabras, modelo de una existencia vivida en comuni&oacute;n intensa con la sant&iacute;sima Trinidad.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;Grande es su amor por nosotros&quot;. El amor de Dios a los hombres se manifest&oacute; con particular evidencia en la vida de <i>san Agust&iacute;n Roscelli<\/i>, a quien hoy contemplamos en el esplendor de la santidad. Su existencia, totalmente impregnada de fe profunda, puede considerarse un don ofrecido para la gloria de Dios y el bien de las almas. La fe lo hizo siempre obediente a la Iglesia y a sus ense&ntilde;anzas, con una d&oacute;cil adhesi&oacute;n al Papa y a su obispo. La fe le proporcion&oacute; consuelo en las horas tristes, en las grandes dificultades y en las situaciones dolorosas. La fe fue la roca s&oacute;lida a la que supo aferrarse para no ceder jam&aacute;s al desaliento.<\/p>\n<p> Sinti&oacute; el deber de comunicar esa fe a los dem&aacute;s, sobre todo a los que se acercaban a &eacute;l en el ministerio de la confesi&oacute;n. Se convirti&oacute; en maestro de vida espiritual especialmente para las religiosas de la congregaci&oacute;n que fund&oacute;, las cuales lo vieron siempre sereno, incluso en medio de las situaciones m&aacute;s cr&iacute;ticas. San Agust&iacute;n Roscelli tambi&eacute;n nos exhorta a confiar siempre en Dios, sumergi&eacute;ndonos en el misterio de su amor.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;&quot;Gloria al Padre y al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo&quot;. A la luz del misterio de la Trinidad cobra singular elocuencia el testimonio evang&eacute;lico de <i>san Bernardo de Corleone<\/i>, tambi&eacute;n &eacute;l elevado hoy al honor de los altares. Todos se maravillaban y se preguntaban c&oacute;mo un fraile iletrado como &eacute;l pod&iacute;a hablar con tanta elevaci&oacute;n sobre el misterio de la sant&iacute;sima Trinidad. En efecto, su vida estaba completamente orientada a Dios, a trav&eacute;s de un esfuerzo constante de ascesis, impregnada de oraci&oacute;n y de penitencia. Quienes lo conocieron testimonian un&aacute;nimemente que &quot;siempre estaba absorto en oraci&oacute;n&quot;, &quot;jam&aacute;s dejaba de orar&quot; y &quot;oraba constantemente&quot; (<i>Summ<\/i>., 35). De este coloquio ininterrumpido con Dios, que ten&iacute;a en la Eucarist&iacute;a su centro de acci&oacute;n, sacaba el alimento vital para su valiente apostolado, respondiendo a los desaf&iacute;os sociales de su tiempo, no exento de tensiones e inquietudes.<\/p>\n<p> Tambi&eacute;n hoy el mundo necesita santos como fray Bernardo, inmersos en Dios y, precisamente por esto, capaces de transmitirle su verdad y su amor. El humilde ejemplo de este capuchino constituye un aliciente para no dejar de orar, pues la oraci&oacute;n y la escucha de Dios son el alma de la aut&eacute;ntica santidad.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;&quot;El Esp&iacute;ritu de la verdad os guiar&aacute; hasta la verdad plena&quot; (<i>Ant&iacute;fona de comuni&oacute;n<\/i>). <i>Teresa Eustochio Verzeri<\/i>, a quien hoy contemplamos en la gloria de Dios, en su breve pero intensa vida se dej&oacute; guiar d&oacute;cilmente por el Esp&iacute;ritu Santo. Dios se le revel&oacute; como misteriosa presencia ante la cual es preciso inclinarse con profunda humildad. Se alegraba al considerarse bajo la constante protecci&oacute;n divina, sinti&eacute;ndose en las manos del Padre celestial, en quien aprendi&oacute; a confiar siempre.<\/p>\n<p> Abandon&aacute;ndose a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu, Teresa vivi&oacute; la particular experiencia m&iacute;stica &quot;de la ausencia de Dios&quot;. S&oacute;lo una fe inquebrantable evit&oacute; que perdiera la confianza en este Padre providente y misericordioso, que la pon&iacute;a a prueba:&nbsp; &quot;Es justo -escribi&oacute;- que la esposa, despu&eacute;s de seguir al esposo en todas las penas que acompa&ntilde;aron su vida, participe tambi&eacute;n con &eacute;l en la m&aacute;s terrible&quot; (<i>Libro de los deberes<\/i>, III, 130).<\/p>\n<p> Esta es la ense&ntilde;anza que santa Teresa deja al instituto de las &quot;Hijas del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s&quot;, fundado por ella. Esta es la ense&ntilde;anza que nos deja a todos. Incluso en medio de las contrariedades y los sufrimientos internos y externos es necesario mantener viva la fe en Dios Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;Al canonizar a la beata <i>Rebeca Choboq Ar-Ray&egrave;s<\/i>, la Iglesia ilumina de un modo muy particular el misterio del amor dado y acogido para la gloria de Dios y la salvaci&oacute;n del mundo. Esta monja de la Orden Libanesa Maronita deseaba amar y entregar su vida por sus hermanos. En medio de los sufrimientos, que no dejaron de atormentarla durante los &uacute;ltimos veintinueve a&ntilde;os de su vida, santa Rebeca manifest&oacute; siempre un amor generoso y apasionado por la salvaci&oacute;n de sus hermanos, sacando de su uni&oacute;n con Cristo, muerto en la cruz, la fuerza para aceptar voluntariamente y amar el sufrimiento, aut&eacute;ntico camino de santidad.<\/p>\n<p> Que santa Rebeca vele sobre los que sufren y, en particular, sobre los pueblos de Oriente Pr&oacute;ximo, que afrontan la espiral destructora y est&eacute;ril de la violencia. Por su intercesi&oacute;n, pidamos al Se&ntilde;or que impulse a los corazones a buscar con paciencia nuevos caminos para la paz, apresurando la llegada del d&iacute;a de la reconciliaci&oacute;n y la concordia.<\/p>\n<p> 7.&nbsp;&quot;Se&ntilde;or, Dios nuestro, &iexcl;qu&eacute; admirable es tu nombre en toda la tierra!&quot; (<i>Salmo responsorial<\/i>, 8, 2.&nbsp;10). Al contemplar estos luminosos ejemplos de santidad, resuena espont&aacute;neamente en el coraz&oacute;n la invocaci&oacute;n del salmista. El Se&ntilde;or no cesa de dar a la Iglesia y al mundo ejemplos admirables de hombres y mujeres, en los que se refleja su gloria trinitaria. Que su testimonio nos impulse a mirar al cielo y a buscar siempre el reino de Dios y su justicia.<\/p>\n<p> Mar&iacute;a, Reina de todos los santos, que fuiste la primera en acoger la llamada del Alt&iacute;simo, sostennos en el servicio a Dios y a nuestros hermanos. Y vosotros, san Luis Scrosoppi, san Agust&iacute;n Roscelli, san Bernardo de Corleone, santa Teresa Eustochio Verzeri y santa Rebeca Petra Choboq Ar-Ray&egrave;s, caminad con nosotros, para que nuestra vida, como la vuestra, sea alabanza al Padre, al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE CANONIZACI&Oacute;N &#8211; SOLEMNIDAD DE LA SANT&Iacute;SIMA TRINIDAD HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 10 de junio de 2001 1.&nbsp;&quot;Bendito sea Dios Padre, y su Hijo Unig&eacute;nito, y el Esp&iacute;ritu Santo, porque grande es su amor por &nbsp;nosotros&quot; &nbsp;(Ant&iacute;fona de entrada). 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