{"id":40457,"date":"2016-10-05T23:45:28","date_gmt":"2016-10-06T04:45:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-junio-de-2001-solemnidad-de-pentecostes\/"},"modified":"2016-10-05T23:45:28","modified_gmt":"2016-10-06T04:45:28","slug":"3-de-junio-de-2001-solemnidad-de-pentecostes","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/3-de-junio-de-2001-solemnidad-de-pentecostes\/","title":{"rendered":"3 de junio de 2001: Solemnidad de Pentecost\u00e9s"},"content":{"rendered":"<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE PENTECOST&Eacute;S <br \/>Y TRASLADO DE LA URNA <br \/>CON EL CUERPO DEL BEATO JUAN XXIII<br \/><\/font><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE<\/font><\/b><\/p>\n<p>Domingo 3 de junio de 2001 <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"left\"><b><\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;Se llenaron todos de Esp&iacute;ritu Santo&quot;<\/i> (<i>Hch<\/i> 2, 4).<\/p>\n<p> As&iacute; sucedi&oacute; en Jerusal&eacute;n, en <i>Pentecost&eacute;s<\/i>. Hoy, congregados en esta plaza, centro del mundo cat&oacute;lico, revivimos el clima de aquel d&iacute;a. En nuestro tiempo, al igual que en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n, la Iglesia est&aacute; impulsada por un &quot;viento impetuoso&quot;. Experimenta el soplo divino del Esp&iacute;ritu, que la abre a la evangelizaci&oacute;n del mundo.<\/p>\n<p> Por una feliz coincidencia, en esta solemnidad tenemos la alegr&iacute;a de acoger, junto al altar, <i>los venerados restos mortales del beato Juan XXIII<\/i>, que Dios model&oacute; con su Esp&iacute;ritu, haciendo de &eacute;l un admirable testigo de su amor. Este venerado predecesor m&iacute;o falleci&oacute; hace treinta y ocho a&ntilde;os, <i>el 3 de junio de 1963<\/i>, precisamente mientras en la plaza de San Pedro oraba una gran multitud de fieles, reunidos espiritualmente en torno a su cabecera. A aquella plegaria se une esta celebraci&oacute;n, y, a la vez que conmemoramos la muerte de este beato Pont&iacute;fice, alabamos a Dios que lo dio a la Iglesia y al mundo.<\/p>\n<p> Como sacerdote, como obispo y como Papa, el beato Angelo Roncalli fue docil&iacute;simo a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu, que lo gui&oacute; por el camino de la santidad. Por eso, en la comuni&oacute;n viva de los santos queremos celebrar la solemnidad de Pentecost&eacute;s en singular sinton&iacute;a con &eacute;l, recordando algunas de sus profundas reflexiones.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;La luz del Esp&iacute;ritu Santo irrumpe desde las primeras palabras del libro de los Hechos de los Ap&oacute;stoles. (&#8230;) El viento impetuoso del Esp&iacute;ritu divino precede y acompa&ntilde;a a los evangelizadores, penetrando en el alma de quienes los escuchan y extendiendo la Iglesia cat&oacute;lica hasta los confines de la tierra, transcurriendo a trav&eacute;s de todos los siglos de la historia&quot; (<i>Discursos, mensajes y coloquios de Su Santidad Juan XXIII<\/i>, II, p. 398).<\/p>\n<p> Con estas palabras, pronunciadas en Pentecost&eacute;s de 1960, el Papa Juan XXIII nos ayuda a captar el incontenible impulso misionero propio del misterio que celebramos en esta solemnidad. La Iglesia <i>nace misionera<\/i>, porque nace <i>del Padre<\/i>, que envi&oacute; a Cristo al mundo; nace <i>del Hijo<\/i> que, muerto y resucitado, envi&oacute; a los Ap&oacute;stoles a todas las naciones; y nace <i>del Esp&iacute;ritu Santo<\/i>, que infunde en ellos la luz y la fuerza necesarias para cumplir esa misi&oacute;n.<\/p>\n<p> Tambi&eacute;n en su dimensi&oacute;n misionera originaria la Iglesia es imagen de la sant&iacute;sima Trinidad:&nbsp; refleja en la historia la sobreabundante fecundidad propia de Dios, manantial subsistente de amor que engendra vida y comuni&oacute;n. Con su presencia y su acci&oacute;n en el mundo, la Iglesia propaga entre los hombres este misterioso dinamismo, difundiendo el reino de Dios, que es &quot;justicia, paz y gozo en el Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>Rm<\/i> 14, 17).<\/p>\n<p> 3.&nbsp;El <i>concilio Vaticano II<\/i>, que el Papa Juan XXIII anunci&oacute;, convoc&oacute; e inaugur&oacute;, fue consciente de esta vocaci&oacute;n de la Iglesia.<\/p>\n<p> Se puede afirmar que el <i>Esp&iacute;ritu Santo<\/i> fue el <i>protagonista<\/i> del Concilio, desde que el Papa lo convoc&oacute;, declarando que hab&iacute;a acogido como venida de lo alto una voz &iacute;ntima que escuch&oacute; en su coraz&oacute;n (cf. constituci&oacute;n apost&oacute;lica <i>Humanae salutis<\/i>, 25 de diciembre de 1961, n. 6). Aquella &quot;brisa ligera&quot; se convirti&oacute; en un &quot;viento impetuoso&quot;, y el acontecimiento conciliar tom&oacute; la forma de un nuevo Pentecost&eacute;s. &quot;Con la doctrina y el esp&iacute;ritu de Pentecost&eacute;s -afirm&oacute; el Papa Juan XXIII- es como el gran acontecimiento del Concilio ecum&eacute;nico cobra vida y vigor&quot; (<i>Discursos, mensajes y coloquios<\/i>, p. 398).<\/p>\n<p> Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, si hoy recordamos ese tiempo singular de la Iglesia es porque <i>el gran jubileo del a&ntilde;o 2000 se situ&oacute; en continuidad con el concilio Vaticano II, <\/i>recogiendo numerosos aspectos tanto de doctrina como de m&eacute;todo. Y el reciente <i>consistorio extraordinario<\/i> ha reafirmado su actualidad y su riqueza para las nuevas generaciones cristianas. Todo esto constituye para nosotros un nuevo motivo de gratitud con respecto al beato Papa Juan XXIII.<br \/> 4.&nbsp;En el marco de esta celebraci&oacute;n, que a Pentecost&eacute;s a&ntilde;ade un acto solemne de veneraci&oacute;n, quisiera subrayar de modo particular que el don m&aacute;s valioso que el Papa Juan XXIII ha dejado al pueblo de Dios es &eacute;l mismo, es decir, <i>su testimonio de santidad<\/i>.<\/p>\n<p> Tambi&eacute;n puede aplicarse a su persona lo que &eacute;l mismo afirm&oacute; de los santos, a saber, que cada uno de ellos &quot;es una obra maestra de la gracia del Esp&iacute;ritu Santo&quot; (<i>ib.<\/i>, p. 400). Y al pensar en los m&aacute;rtires y en los Pont&iacute;fices enterrados en San Pedro, a&ntilde;ad&iacute;a palabras que conmueven al volver a escucharlas hoy:&nbsp; &quot;A veces las reliquias de sus cuerpos se reducen a poco, pero siempre palpita aqu&iacute; su recuerdo y su oraci&oacute;n&quot;. Y exclamaba:&nbsp; &quot;&iexcl;Oh, los santos, los santos del Se&ntilde;or, que por doquier nos alegran, nos animan y nos bendicen!&quot; (<i>ib.<\/i>, p. 401).<\/p>\n<p> Estas&nbsp;expresiones&nbsp;del&nbsp;Papa&nbsp;Juan&nbsp;XXIII, avaladas por el ejemplo luminoso de su vida, muestran muy bien la importancia de la elecci&oacute;n de la <i>santidad como camino privilegiado de la Iglesia<\/i> al comienzo del nuevo milenio (cf. <i>Novo millennio ineunte<\/i>, 30-31). En efecto, la generosa voluntad de colaborar con el Esp&iacute;ritu en la santificaci&oacute;n propia y en la de los hermanos es condici&oacute;n previa e indispensable para la nueva evangelizaci&oacute;n.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;La evangelizaci&oacute;n requiere la santidad y esta, a su vez, necesita la <i>savia de la vida espiritual<\/i>:&nbsp; la oraci&oacute;n y la uni&oacute;n &iacute;ntima con Dios mediante la Palabra y los sacramentos; en suma, necesita <i>la vida <\/i>&nbsp;personal &nbsp;y &nbsp;profunda<i> &nbsp;en &nbsp;el Esp&iacute;ritu<\/i>.<\/p>\n<p> A este prop&oacute;sito, &iexcl;c&oacute;mo no recordar tambi&eacute;n la rica herencia espiritual que nos dej&oacute; el beato Juan XXIII en su <i>Diario del alma<\/i>! En sus p&aacute;ginas se puede admirar de cerca el esfuerzo diario con que &eacute;l, ya desde los a&ntilde;os del seminario, <i>quiso corresponder plenamente a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo<\/i>. Se dej&oacute; modelar por el Esp&iacute;ritu d&iacute;a a d&iacute;a, tratando con paciente tenacidad de conformarse cada vez m&aacute;s a su voluntad. Aqu&iacute; reside el secreto de la bondad con que conquist&oacute; al pueblo de Dios y a tantos hombres de buena voluntad.<\/p>\n<p> 6.&nbsp;Encomend&aacute;ndonos a su intercesi&oacute;n, queremos pedir hoy al Se&ntilde;or que <i>la gracia del gran jubileo se irradie sobre el nuevo milenio mediante el testimonio de santidad de los cristianos<\/i>. Profesamos con confianza que esto es posible. Es posible por la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Par&aacute;clito que, seg&uacute;n la promesa de Cristo, permanece siempre con nosotros.<\/p>\n<p> Animados por una firme esperanza, digamos con las palabras del beato Juan&nbsp;XXIII:&nbsp; &quot;Oh, Esp&iacute;ritu Santo Par&aacute;clito, (&#8230;) haz fuerte y continua la oraci&oacute;n que elevamos en nombre del mundo entero; apresura para cada uno de nosotros el tiempo de una profunda vida interior; impulsa nuestro apostolado, que quiere llegar a todos los hombres y a todos los pueblos. (&#8230;) Mortifica nuestra presunci&oacute;n natural, y ll&eacute;vanos a las regiones de la santa humildad, del verdadero temor de Dios y de la generosa valent&iacute;a. Que ning&uacute;n v&iacute;nculo terreno nos impida cumplir nuestra vocaci&oacute;n; que ning&uacute;n inter&eacute;s, por nuestra indolencia, disminuya las exigencias de la justicia; y que ning&uacute;n c&aacute;lculo reduzca los espacios inmensos de la caridad en las estrecheces de los peque&ntilde;os ego&iacute;smos. Que en nosotros todo sea grande:&nbsp; la b&uacute;squeda y el culto de la verdad; la disposici&oacute;n al sacrificio hasta la cruz y la muerte; y, por &uacute;ltimo, que todo corresponda a la extrema oraci&oacute;n del Hijo al Padre celestial; y a la efusi&oacute;n que de ti, oh Esp&iacute;ritu Santo de amor, el Padre y el Hijo quisieron hacer sobre la Iglesia y sobre sus instituciones, sobre cada alma y sobre los pueblos&quot; (<i>Discursos, mensajes y coloquios<\/i>, IV, p. 350).<\/p>\n<p> <i>Veni, Sancte Spiritus, veni! Amen.<\/i><\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA EN LA SOLEMNIDAD DE PENTECOST&Eacute;S Y TRASLADO DE LA URNA CON EL CUERPO DEL BEATO JUAN XXIII HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE Domingo 3 de junio de 2001 1.&nbsp;&quot;Se llenaron todos de Esp&iacute;ritu Santo&quot; (Hch 2, 4). As&iacute; sucedi&oacute; en Jerusal&eacute;n, en Pentecost&eacute;s. 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