{"id":40461,"date":"2016-10-05T23:45:33","date_gmt":"2016-10-06T04:45:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-mayo-de-2001-ordenacion-sacerdotal-de-34-diaconos-de-la-diocesis-de-roma\/"},"modified":"2016-10-05T23:45:33","modified_gmt":"2016-10-06T04:45:33","slug":"13-de-mayo-de-2001-ordenacion-sacerdotal-de-34-diaconos-de-la-diocesis-de-roma","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-mayo-de-2001-ordenacion-sacerdotal-de-34-diaconos-de-la-diocesis-de-roma\/","title":{"rendered":"13 de mayo de 2001, Ordenaci\u00f3n sacerdotal de 34 di\u00e1conos de la di\u00f3cesis de Roma"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE ORDENACI&Oacute;N DE 34 DI&Aacute;CONOS DE LA DI&Oacute;CESIS DE ROMA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>Domingo 13 de mayo de 2001<\/i><\/p>\n<p align=\"left\"><b><\/b><\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;<i>&quot;La se&ntilde;al por la que conocer&aacute;n que sois disc&iacute;pulos m&iacute;os, ser&aacute; que os am&aacute;is unos a otros&quot;<\/i> (<i>Jn<\/i> 13, 35).<\/p>\n<p> El evangelio de este V domingo del tiempo de Pascua nos lleva a la <i>intimidad del Cen&aacute;culo<\/i>. All&iacute; Cristo, durante la &uacute;ltima Cena, instituy&oacute; el sacramento de la Eucarist&iacute;a y el sacerdocio de la nueva Alianza, y dej&oacute; a los suyos el &quot;mandamiento nuevo&quot; del amor. Hoy revivimos el intenso clima espiritual de aquella hora extraordinaria. Las palabras del Se&ntilde;or a sus disc&iacute;pulos se dirigen de modo particular a vosotros, amad&iacute;simos candidatos al presbiterado, invitados a recibir esta ma&ntilde;ana su testamento de amor y servicio.<\/p>\n<p> Todos los presentes os abrazamos con afecto. Os acompa&ntilde;an en especial vuestros familiares y amigos, a los que dirijo mi saludo m&aacute;s cordial. En torno a vosotros se ha reunido espiritualmente toda la comunidad diocesana de Roma, en la que hab&eacute;is realizado vuestro itinerario formativo. Os apoyan en este paso decisivo los rectores, los profesores y vuestros formadores del Pontificio Seminario Romano mayor, del Almo Colegio Capr&aacute;nica, del seminario &quot;Redemptoris Mater&quot;, del seminario de los Oblatos Hijos de la Virgen del Amor Divino, del instituto de los Misioneros Identes y del instituto de los Hijos de Santa Ana.<\/p>\n<p> Con especial agradecimiento saludo a quienes se han ocupado de vuestra formaci&oacute;n. El cardenal vicario, al comienzo de la celebraci&oacute;n, se ha hecho int&eacute;rprete de sus sentimientos. Por medio de &eacute;l, al que doy las gracias de coraz&oacute;n, quisiera expresar mi gratitud a cuantos en la di&oacute;cesis trabajan activamente en el campo vocacional.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;Ahora es glorificado el Hijo del hombre y Dios es glorificado en &eacute;l&quot; (<i>Jn<\/i>&nbsp;13, 31).<br \/> Mientras la liturgia nos exhorta a permanecer en el Cen&aacute;culo en contemplaci&oacute;n interior, volvemos a escuchar al evangelista san Juan que, siempre atento a las resonancias del coraz&oacute;n de Cristo, recoge las palabras que pronunci&oacute; tras la partida de Judas Iscariote. Jes&uacute;s habla <i>de su gloria<\/i>, la gloria que el Padre y el Hijo se rinden rec&iacute;procamente en el misterio pascual.<\/p>\n<p> Amad&iacute;simos di&aacute;conos, hoy Cristo os invita a entrar en esta gloria y a no buscar ya ninguna otra gloria fuera de esta. Tambi&eacute;n para vosotros <i>esta es una &quot;hora&quot; decisiva<\/i>. En efecto, la ordenaci&oacute;n es el momento en que Cristo, mediante la consagraci&oacute;n en el Esp&iacute;ritu Santo, os asocia de modo singular a su sacerdocio para la salvaci&oacute;n del mundo. Cada uno de vosotros es constituido para dar gloria a Dios <i>in persona Christi capitis<\/i>. Como Cristo y unidos a &eacute;l, <i>glorificar&eacute;is a Dios y ser&eacute;is glorificados por &eacute;l<\/i>, ofreci&eacute;ndoos vosotros mismos para la salvaci&oacute;n del mundo (cf. <i>Jn<\/i> 6, 51), amando hasta el fin a las personas que el Padre os encomiende (cf. <i>Jn<\/i> 13, 1) y lav&aacute;ndoos los pies los unos a los otros (cf.<i>&nbsp;Jn<\/i> 13, 14).<\/p>\n<p> El Se&ntilde;or os entrega de modo nuevo <i>su mandamiento<\/i>:&nbsp; &quot;Amaos unos a otros como yo os he amado&quot; (<i>Jn<\/i> 13, 34). Ese mandamiento constituye para vosotros <i>un don y un compromiso<\/i>:&nbsp; don del yugo suave y ligero de Cristo (cf. <i>Mt<\/i> 11, 30); compromiso de ser siempre los primeros en llevar este yugo, convirti&eacute;ndoos con humildad en modelos para la grey (cf. <i>1 Pt<\/i> 5, 3) que el buen Pastor os encomiende. Deb&eacute;is recurrir constantemente a su ayuda e inspiraros siempre en su ejemplo.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Hoy, al pensar una vez m&aacute;s en la rica experiencia del A&ntilde;o jubilar, quisiera entregaros de nuevo simb&oacute;licamente la carta apost&oacute;lica <i>Novo millennio ineunte<\/i>, que traza las l&iacute;neas del camino de la Iglesia en esta nueva etapa de la historia. A vosotros corresponde guiar, con una entrega generosa, los pasos del pueblo cristiano, teniendo en cuenta especialmente dos grandes &aacute;mbitos de compromiso pastoral:&nbsp; &quot;Recomenzar desde Cristo&quot; (nn. 29-41) y ser &quot;testigos del amor&quot; (nn. 42-57). En este segundo &aacute;mbito, que se caracteriza por la comuni&oacute;n y la caridad, es determinante &quot;la capacidad de la comunidad cristiana para acoger todos los dones del Esp&iacute;ritu&quot;, estimulando &quot;a todos los bautizados y confirmados a tomar conciencia de su responsabilidad activa en la vida eclesial&quot; (n. 46).<\/p>\n<p> Esta es, en su sentido m&aacute;s amplio y fundamental, la <i>pastoral vocacional<\/i> que es necesario y urgente poner en pr&aacute;ctica de modo amplio y capilar. Se trata de suscitar y cultivar cada vez m&aacute;s una &quot;mentalidad vocacional&quot;, que se traduzca en un estilo personal y comunitario, basado en la escucha, en el discernimiento y en la respuesta generosa a Dios que llama. Amad&iacute;simos candidatos al presbiterado, vuestra vocaci&oacute;n es tambi&eacute;n fruto de la oraci&oacute;n &nbsp;de &nbsp;la &nbsp;Iglesia, as&iacute; como del trabajo asiduo y paciente de numerosos obreros de &nbsp;la &nbsp;mies &nbsp;del Se&ntilde;or, que han arado, sembrado y cultivado el terreno tambi&eacute;n para vosotros. Vuestra perseverancia est&aacute; vinculada a esta solidaridad espiritual, que no debe faltar jam&aacute;s en la Iglesia. Por eso, quisiera dar las gracias aqu&iacute; a todos los que, en silencio y con un recuerdo diario, ofrecen su oraci&oacute;n y su sufrimiento por los sacerdotes y por las vocaciones.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Pablo y Bernab&eacute; &quot;volvieron a Listra, a Iconio y a Antioqu&iacute;a, animando a los disc&iacute;pulos y exhort&aacute;ndolos a perseverar en la fe, dici&eacute;ndoles que hay que pasar por muchas tribulaciones para entrar en&nbsp;el reino de Dios&quot; (<i>Hch<\/i> 14,&nbsp;21-22). Con pocos rasgos se describe la vida de la comunidad cristiana, llamada a &quot;perseverar en la fe&quot; ante las pruebas y las numerosas tribulaciones, necesarias &quot;para entrar en el reino de Dios&quot;.<\/p>\n<p> Queridos ordenandos, conscientes de vuestra misi&oacute;n, tended a la santidad y difundid el amor. Ante todo, <i>enamoraos de la Iglesia<\/i>, de la Iglesia terrena y de la Iglesia celestial, contempl&aacute;ndola con fe y amor, a pesar de las manchas y arrugas que puedan desfigurar su rostro humano. Ved en ella &quot;la ciudad santa, la nueva Jerusal&eacute;n&quot; que, como narra el Ap&oacute;stol en el libro del Apocalipsis, &quot;desciende del cielo, enviada por Dios, arreglada como una novia que se adorna para su esposo&quot; (<i>Hch<\/i> 21, 2).<\/p>\n<p> Los Hechos de los Ap&oacute;stoles subrayan el v&iacute;nculo de los misioneros con la comunidad. <i>La comunidad es el ambiente vital del que salen y al que vuelven<\/i>:&nbsp; de ella reciben, por decirlo as&iacute;, el impulso, y a ella le comunican la experiencia realizada, reconociendo los signos de la acci&oacute;n de Dios en la misi&oacute;n. El sacerdote no es un hombre de iniciativas individuales; es el ministro del Evangelio en nombre de la Iglesia. Toda su labor apost&oacute;lica parte de la Iglesia y vuelve a la Iglesia.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Queridos ordenandos, quiera Dios que nunca os falte el <i>apoyo de la oraci&oacute;n de la comunidad<\/i>. Pablo y Bernab&eacute; &quot;hab&iacute;an sido encomendados a la gracia de Dios para la obra que hab&iacute;an realizado&quot; (<i>Hch<\/i> 14, 26). Tambi&eacute;n vosotros, queridos hermanos, hoy sois &quot;encomendados a la gracia del Se&ntilde;or&quot; para la misi&oacute;n que deb&eacute;is cumplir en la Iglesia:&nbsp; ser ministros de Cristo sacerdote y pastor en medio de su pueblo. La comunidad que est&aacute; en Roma ora por vosotros. Interceden por vosotros los ap&oacute;stoles san Pedro y san Pablo. Intercede la Virgen Mar&iacute;a, <i>Salus populi romani<\/i> y Madre de los sacerdotes.<\/p>\n<p> Sostenidos y animados por esta comuni&oacute;n de profunda oraci&oacute;n, partid. Remad con valent&iacute;a mar adentro, con vuestras velas desplegadas por el viento del Esp&iacute;ritu Santo. As&iacute; ser&eacute;is felices por todo lo que el Se&ntilde;or realice por medio de vosotros (cf. <i>Hch<\/i> 14, 27) y experimentar&eacute;is, aun en medio de pruebas y dificultades, la grandeza y la alegr&iacute;a de vuestra misi&oacute;n. As&iacute; sea.<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE ORDENACI&Oacute;N DE 34 DI&Aacute;CONOS DE LA DI&Oacute;CESIS DE ROMA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 13 de mayo de 2001 1.&nbsp;&quot;La se&ntilde;al por la que conocer&aacute;n que sois disc&iacute;pulos m&iacute;os, ser&aacute; que os am&aacute;is unos a otros&quot; (Jn 13, 35). 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