{"id":40464,"date":"2016-10-05T23:45:37","date_gmt":"2016-10-06T04:45:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-a-grecia-siria-y-malta-santa-misa-palacio-de-deportes-del-centro-olimpico-de-atenas-5-de-mayo-de-2001\/"},"modified":"2016-10-05T23:45:37","modified_gmt":"2016-10-06T04:45:37","slug":"peregrinacion-jubilar-a-grecia-siria-y-malta-santa-misa-palacio-de-deportes-del-centro-olimpico-de-atenas-5-de-mayo-de-2001","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/peregrinacion-jubilar-a-grecia-siria-y-malta-santa-misa-palacio-de-deportes-del-centro-olimpico-de-atenas-5-de-mayo-de-2001\/","title":{"rendered":"Peregrinaci\u00f3n jubilar a Grecia, Siria y Malta: Santa Misa &#8211; Palacio de deportes del Centro Ol\u00edmpico de Atenas (5 de mayo de 2001)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA CELEBRADA EN EL PALACIO DE DEPORTES DE ATENAS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>S&aacute;bado 5 de mayo de 2001<\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas:&nbsp;<\/i><\/p>\n<p> 1.&nbsp;<i>&quot;Lo que ador&aacute;is sin conocer, eso os vengo yo a anunciar&quot;<\/i> (<i>Hch<\/i> 17, 23).<\/p>\n<p> Estas palabras que san Pablo pronunci&oacute; en el Are&oacute;pago de Atenas y que se hallan recogidas en los Hechos de los Ap&oacute;stoles, constituyen uno de los primeros anuncios de la fe cristiana en Europa. &quot;Teniendo en cuenta el papel de Grecia en la formaci&oacute;n de la cultura antigua, se comprende por qu&eacute; aquel discurso puede ser considerado en cierto modo como el s&iacute;mbolo mismo del encuentro del Evangelio con la cultura humana&quot; (<i>Carta sobre la peregrinaci&oacute;n a los lugares vinculados a la historia de la salvaci&oacute;n<\/i>, 9).<\/p>\n<p> &quot;A los santificados en Cristo Jes&uacute;s, llamados a ser santos, con cuantos en cualquier lugar invocan el nombre de Jesucristo, Se&ntilde;or nuestro, (&#8230;) gracia a vosotros y paz de parte de Dios, Padre nuestro, y del Se&ntilde;or Jesucristo&quot; (<i>1 Co<\/i> 1, 2-3). Con estas palabras del Ap&oacute;stol a la comunidad de Corinto, os saludo con afecto a todos vosotros, obispos, sacerdotes y laicos cat&oacute;licos que viv&iacute;s en Grecia.<br \/>Agradezco ante todo a monse&ntilde;or F&oacute;scolos, arzobispo de los cat&oacute;licos de Atenas y presidente de la Conferencia episcopal de Grecia, su acogida y sus palabras cordiales. Saludo tambi&eacute;n a todos los cardenales, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas presentes en esta celebraci&oacute;n. Reunidos esta ma&ntilde;ana para la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, pediremos al ap&oacute;stol san Pablo que nos conceda su celo en la fe y en el anuncio del Evangelio a todas las naciones, as&iacute; como su solicitud por la unidad de la Iglesia. Me alegra la presencia en esta divina liturgia de fieles de otras confesiones cristianas, que testimonian as&iacute; su atenci&oacute;n a la vida de la comunidad cat&oacute;lica y su fraternidad com&uacute;n en Cristo.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;San Pablo recuerda claramente que no podemos encerrar a Dios en nuestros modos de ver y actuar totalmente humanos. Si queremos acoger al Se&ntilde;or, estamos llamados a la conversi&oacute;n. Este es el camino que se nos propone, un camino que nos hace seguir a Cristo para vivir como &eacute;l, hijos en el Hijo. Podemos considerar nuestra experiencia personal y la de la Iglesia como una experiencia pascual; debemos purificarnos para cumplir plenamente la voluntad divina, aceptando que Dios, con su gracia, transforme nuestro ser y nuestra existencia, como aconteci&oacute; con san Pablo que, de perseguidor, se hizo misionero (cf. <i>Ga<\/i> 1, 11-24). As&iacute; pasamos por la prueba del Viernes santo, con sus sufrimientos, con las noches de la fe, con las incomprensiones mutuas. Pero vivimos tambi&eacute;n momentos de luz, como el alba de Pascua, en los que el Resucitado nos comunica su alegr&iacute;a y nos lleva a la verdad completa. Considerando de este modo nuestra historia personal y la historia de la Iglesia, no podemos por menos de perseverar en la esperanza, con la seguridad de que el Se&ntilde;or de la historia nos conduce por sendas que s&oacute;lo &eacute;l conoce. Pidamos al Esp&iacute;ritu Santo que nos impulse a ser, con nuestras palabras y nuestras obras, testigos de la buena nueva y de la caridad de Dios. Dado que el Esp&iacute;ritu suscita el celo misionero en su Iglesia, es &eacute;l quien llama y env&iacute;a, y el verdadero ap&oacute;stol es ante todo un hombre &quot;que escucha&quot;, un servidor abierto a la acci&oacute;n de Dios.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Evocar en Atenas la vida y la actividad de san Pablo significa ser invitados a anunciar el Evangelio hasta los confines de la tierra, proponiendo a nuestros contempor&aacute;neos la salvaci&oacute;n realizada por Cristo y mostr&aacute;ndoles los caminos de santidad y de vida moral recta que constituyen las respuestas a la llamada del Se&ntilde;or. El Evangelio es una buena nueva universal, que todos los pueblos pueden comprender.<\/p>\n<p> San Pablo, al dirigirse a los atenienses, no quiere esconder nada de la fe que hab&iacute;a recibido. Como todo ap&oacute;stol, debe custodiar fielmente el dep&oacute;sito (cf.<i>&nbsp;2 Tm<\/i> 1, 14). Si toma como punto de partida las referencias habituales de sus oyentes y sus modos de pensar, es para ayudarles a comprender mejor el Evangelio que va a anunciarles. San Pablo se apoya en el conocimiento natural de Dios y en el profundo deseo espiritual que sus interlocutores pueden tener para prepararlos a acoger la revelaci&oacute;n del Dios &uacute;nico y verdadero.<\/p>\n<p> Si pudo citar ante los atenienses a autores de la antig&uuml;edad cl&aacute;sica es porque, en cierto sentido, su cultura personal se hab&iacute;a forjado en el helenismo. As&iacute;, se sirvi&oacute; de ella para anunciar el Evangelio con palabras que pudieran impresionar a sus interlocutores (cf. <i>Hch<\/i> 17, 17). &iexcl;Qu&eacute; lecci&oacute;n! Para anunciar la buena nueva a los hombres de este tiempo, la Iglesia debe estar atenta a los diversos aspectos de sus culturas y a sus medios de comunicaci&oacute;n, sin que ello la lleve a alterar su mensaje o a reducir su sentido y su alcance. &quot;El cristianismo del tercer milenio debe responder cada vez mejor a esta <i>exigencia de inculturaci&oacute;n<\/i>&quot; (<i>Novo millennio ineunte<\/i>, 40). El discurso magistral de san Pablo invita a los disc&iacute;pulos de Cristo a entablar un di&aacute;logo realmente misionero con sus contempor&aacute;neos, respetando lo que son, pero tambi&eacute;n present&aacute;ndoles de forma clara y fuerte el Evangelio, as&iacute; como sus implicaciones y sus exigencias en la vida de las personas.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Hermanos y hermanas, vuestro pa&iacute;s cuenta con una larga tradici&oacute;n de sabidur&iacute;a y humanismo. Desde los or&iacute;genes del cristianismo, los fil&oacute;sofos se dedicaron &nbsp;a &quot;mostrar &nbsp;el v&iacute;nculo entre la raz&oacute;n y la religi&oacute;n. (&#8230;) Se inici&oacute; as&iacute; un camino que, abandonando las tradiciones antiguas particulares, se abr&iacute;a a un proceso m&aacute;s conforme a las exigencias de la raz&oacute;n universal&quot; (<i>Fides et ratio<\/i>, 36). Esta labor de los fil&oacute;sofos y de los primeros apologistas cristianos permite entablar, siguiendo el modelo de san Pablo y de su discurso de Atenas, un di&aacute;logo fecundo entre la fe cristiana y la filosof&iacute;a.<\/p>\n<p> A ejemplo de san Pablo y de las primeras comunidades, urge aprovechar las ocasiones de di&aacute;logo con nuestros contempor&aacute;neos, sobre todo en los lugares donde est&aacute; en juego el futuro del hombre y de la humanidad, para que las decisiones que se tomen no se gu&iacute;en &uacute;nicamente por intereses pol&iacute;ticos y econ&oacute;micos que no tienen en cuenta la dignidad de las personas y las exigencias que de ella derivan, sino para que haya aquel suplemento de alma que recuerda el lugar insigne y la dignidad del hombre. Los are&oacute;pagos donde los cristianos de hoy deben dar testimonio son numerosos (cf. <i>Redemptoris missio<\/i>, 37). Os exhorto a estar presentes en el mundo; como el profeta Isa&iacute;as, los cristianos est&aacute;n puestos como centinelas encima de la muralla (cf. <i>Is<\/i> 21, 11-12), para discernir los desaf&iacute;os humanos de las situaciones presentes, para percibir en la sociedad los g&eacute;rmenes de esperanza y para mostrar al mundo la luz de la Pascua, que ilumina con un nuevo d&iacute;a todas las realidades humanas.<\/p>\n<p> San Cirilo y san Metodio, los dos hermanos de Sal&oacute;nica, escucharon la llamada del Resucitado:&nbsp; &quot;Id por todo el mundo y proclamad la buena nueva a toda la creaci&oacute;n&quot; (<i>Mc <\/i>16, 15). Fueron al encuentro de los pueblos eslavos y les anunciaron el Evangelio en su propia lengua. &quot;No s&oacute;lo desarrollaron su misi&oacute;n respetando plenamente la cultura existente entre los pueblos eslavos, sino que, junto con la religi&oacute;n, la promovieron y acrecentaron de forma eminente e incesante&quot; (<i>Slavorum apostoli<\/i>, 26). Que su ejemplo y su oraci&oacute;n nos ayuden a responder cada vez mejor a la exigencia de inculturaci&oacute;n y a alegrarnos de la belleza de este rostro multiforme de la Iglesia de Cristo.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;San Pablo, en su experiencia personal de creyente y en su ministerio de ap&oacute;stol, comprendi&oacute; que el &uacute;nico camino de salvaci&oacute;n es Cristo, el cual, por gracia, reconcilia a los hombres entre s&iacute; y con Dios. &quot;Porque &eacute;l es nuestra paz:&nbsp; el que de los dos pueblos hizo uno, derribando el muro que los separaba, la enemistad&quot; (<i>Ef <\/i>2, 14). El Ap&oacute;stol se hizo luego defensor de la unidad, en el seno de las comunidades y tambi&eacute;n entre ellas, pues ard&iacute;a en &eacute;l &quot;la solicitud por todas las Iglesias&quot; (<i>2 Co<\/i> 11, 28).<\/p>\n<p> El celo por la unidad de la Iglesia debe arder tambi&eacute;n en todos los disc&iacute;pulos de Cristo. Por desgracia, &quot;la triste herencia del pasado nos afecta todav&iacute;a al cruzar el umbral del nuevo milenio. (&#8230;) Queda a&uacute;n mucho camino por recorrer&quot; (<i>Novo millennio ineunte<\/i>, 48). Sin embargo, eso no debe desalentarnos. Nuestro amor al Se&ntilde;or nos impulsa a comprometernos cada vez m&aacute;s en favor de la unidad. Para dar nuevos pasos en ese sentido es importante &quot;recomenzar desde Cristo&quot; (<i>ib.<\/i>, 29).<\/p>\n<p> &quot;La confianza de poder alcanzar, incluso en la historia, la comuni&oacute;n plena y visible de todos los cristianos se apoya en la oraci&oacute;n de Jes&uacute;s, no en nuestras capacidades. (&#8230;) El recuerdo del tiempo en que la Iglesia respiraba con &quot;dos pulmones&quot; ha de impulsar a los cristianos de Oriente y Occidente a caminar juntos, en la unidad de la fe y en el respeto de las leg&iacute;timas diferencias, acogi&eacute;ndose y apoy&aacute;ndose mutuamente como miembros del &uacute;nico Cuerpo de Cristo&quot; (<i>ib.<\/i>, 48).<\/p>\n<p> La Virgen Mar&iacute;a acompa&ntilde;&oacute; con su oraci&oacute;n y su presencia materna la vida y la misi&oacute;n de la primera comunidad cristiana, en torno a los Ap&oacute;stoles (cf. <i>Hch<\/i> 1, 14). Recibi&oacute; con ellos al Esp&iacute;ritu de Pentecost&eacute;s. Que ella vele sobre el camino que debemos recorrer ahora, para avanzar hacia la unidad plena con nuestros hermanos de Oriente y para cumplir todos, con disponibilidad y entusiasmo, la misi&oacute;n que Cristo Jes&uacute;s encomend&oacute; a su Iglesia. Que la Virgen Mar&iacute;a, tan venerada en vuestro pa&iacute;s y especialmente en los santuarios de las islas, como Virgen de la Anunciaci&oacute;n en la isla de Tinos, y con la advocaci&oacute;n de Nuestra Se&ntilde;ora de la Misericordia en Faneromeni, en la isla de Syros, nos lleve siempre a su Hijo Jes&uacute;s (cf. <i>Jn <\/i>2, 5). &Eacute;l es el Cristo, el Hijo de Dios, &quot;la luz verdadera que ilumina a todo hombre, que viene a este mundo&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 9).<\/p>\n<p> Con la fuerza de la esperanza que nos infunde Cristo y sostenidos por la oraci&oacute;n fraterna de todos los que nos han precedido en la fe, continuemos nuestra peregrinaci&oacute;n terrena como verdaderos mensajeros de la buena nueva, con la alegr&iacute;a de la alabanza pascual que habita en nuestro coraz&oacute;n y deseosos de compartirla con todos:&nbsp;<\/p>\n<p> &quot;Alabad al Se&ntilde;or todas las naciones; aclamadlo, todos los pueblos:&nbsp; firme es su misericordia con nosotros, su fidelidad dura por siempre&quot; (<i>Sal<\/i> 116).&nbsp;Am&eacute;n.<\/p>\n<p> La paz sea con vosotros. &iexcl;Dios bendiga a Grecia! <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA CELEBRADA EN EL PALACIO DE DEPORTES DE ATENAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II S&aacute;bado 5 de mayo de 2001 Queridos hermanos y hermanas:&nbsp; 1.&nbsp;&quot;Lo que ador&aacute;is sin conocer, eso os vengo yo a anunciar&quot; (Hch 17, 23). 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