{"id":40469,"date":"2016-10-05T23:45:46","date_gmt":"2016-10-06T04:45:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-abril-de-2001-santa-misa-crismal\/"},"modified":"2016-10-05T23:45:46","modified_gmt":"2016-10-06T04:45:46","slug":"12-de-abril-de-2001-santa-misa-crismal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-abril-de-2001-santa-misa-crismal\/","title":{"rendered":"12 de abril de 2001, Santa Misa crismal"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA CRISMAL EN LA BAS&Iacute;LICA DE SAN PEDRO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\" color=\"#000000\">HOMI&Iacute;LIA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i>Jueves Santo, 12 de abril de 2001<br \/>&nbsp;<\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&quot;<i>Spiritus Domini super me, eo quod unxerit Dominus me<\/i>&nbsp;&nbsp;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque el Se&ntilde;or me ha ungido&quot; (<i>Is<\/i> 61, 1).<\/p>\n<p> En estos vers&iacute;culos, tomados del libro de Isa&iacute;as, se halla contenido el tema central de la misa Crismal. Nuestra atenci&oacute;n se concentra en la <i>unci&oacute;n<\/i>, dado que dentro de poco bendeciremos el &oacute;leo de los catec&uacute;menos, el &oacute;leo de los enfermos y el crisma.<\/p>\n<p> Esta ma&ntilde;ana vivimos una fiesta singular &quot;con &oacute;leo de alegr&iacute;a&quot; (<i>Sal<\/i> 45, 8). Es fiesta del pueblo de Dios, el cual contempla hoy el misterio de la unci&oacute;n, que marca la vida de todo cristiano, desde el d&iacute;a de su bautismo.<\/p>\n<p> Es fiesta, de manera especial, de todos nosotros, amad&iacute;simos y venerados hermanos en el sacerdocio, ordenados presb&iacute;teros para el servicio del pueblo cristiano. Os doy gracias cordialmente por vuestra numerosa presencia en torno al altar de la Confesi&oacute;n de San Pedro. Represent&aacute;is al presbiterio romano y, en cierto sentido, al presbiterio de todo el mundo.<\/p>\n<p> Celebramos la misa Crismal en el umbral del Triduo pascual, centro y cumbre del A&ntilde;o lit&uacute;rgico. Este sugestivo rito recibe su luz, por decirlo as&iacute;, del Cen&aacute;culo, es decir, del misterio de Cristo sacerdote, que en la &uacute;ltima Cena se consagra a s&iacute; mismo, anticipando el sacrificio cruento del G&oacute;lgota. <i>De la Mesa eucar&iacute;stica desciende la unci&oacute;n sagrada<\/i>. El Esp&iacute;ritu divino difunde su m&iacute;stico perfume en toda la casa (cf. <i>Jn<\/i> 12, 3), es decir, en la Iglesia, y a los sacerdotes en especial los hace <i>part&iacute;cipes de la misma consagraci&oacute;n <\/i>de Jes&uacute;s (cf. <i>Oraci&oacute;n Colecta<\/i>).<\/p>\n<p> 2.&nbsp;&quot;<i>Misericordias Domini in aeternum cantabo<\/i>&nbsp;&nbsp;Cantar&eacute; eternamente las misericordias del Se&ntilde;or&quot; (estribillo del <i>Salmo responsorial<\/i>).<\/p>\n<p> &Iacute;ntimamente renovados por la experiencia jubilar, concluida hace poco, hemos entrado en el tercer milenio llevando en el coraz&oacute;n y en los labios las palabras del Salmo:&nbsp; &quot;Cantar&eacute; eternamente las misericordias del Se&ntilde;or&quot;. Todo bautizado est&aacute; llamado a alabar y dar testimonio del amor misericordioso de Dios <i>con una vida santa<\/i>, y lo mismo se puede decir de toda comunidad cristiana. &quot;Esta es la voluntad de Dios -escribe san Pablo-:&nbsp; vuestra santificaci&oacute;n&quot; (<i>1 Ts <\/i>4, 3). Y el concilio Vaticano II precisa:&nbsp; &quot;Todos los fieles, de cualquier estado o condici&oacute;n, est&aacute;n llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfecci&oacute;n de la caridad&quot; (<i>Lumen gentium<\/i>, 40).<\/p>\n<p> Esta verdad fundamental, que es preciso traducir en prioridades pastorales, nos ata&ntilde;e ante todo a nosotros, los obispos, y a vosotros, amad&iacute;simos sacerdotes. Antes que a nuestro &quot;obrar&quot;, interpela a nuestro &quot;ser&quot;. &quot;Sed santos -dice el Se&ntilde;or- porque yo soy santo&quot; (<i>Lv <\/i>19, 2); pero se podr&iacute;a a&ntilde;adir:&nbsp; <i>sed santos, para que el pueblo de Dios que os ha sido confiado sea santo<\/i>. Ciertamente, la santidad de la grey no deriva de la del pastor, pero no cabe duda de que la favorece, la estimula y la alimenta.<\/p>\n<p> En la <i>Carta<\/i> que, como todos los a&ntilde;os, he dirigido a los sacerdotes con ocasi&oacute;n del Jueves santo, he escrito:&nbsp; este &quot;d&iacute;a especial de nuestra vocaci&oacute;n, nos invita ante todo a reflexionar sobre nuestro &quot;ser&quot; y, en particular, sobre nuestro camino de santidad. De esto es de lo que surge despu&eacute;s tambi&eacute;n &nbsp;el &nbsp;impulso &nbsp;apost&oacute;lico&quot; (n. 6).<\/p>\n<p> Asimismo, quise destacar el hecho de que la vocaci&oacute;n sacerdotal es &quot;misterio de misericordia&quot; (<i>ib.<\/i>, 7). Como Pedro y Pablo, sabemos que somos indignos de un don tan grande. Por eso, ante Dios no cesamos de experimentar asombro y agradecimiento por la gratuidad con que nos ha escogido, por la confianza que deposita en nosotros y por el perd&oacute;n que nunca nos niega (cf.<i> ib.<\/i>, 6).<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Con este esp&iacute;ritu, amad&iacute;simos hermanos, renovaremos dentro de poco las <i>promesas sacerdotales<\/i>. Se trata de un rito que cobra su pleno valor y sentido precisamente como expresi&oacute;n del camino de santidad, al que el Se&ntilde;or nos ha llamado por la senda del sacerdocio. Es un camino que cada uno recorre de manera personal&iacute;sima, s&oacute;lo conocida por Dios, el cual escruta y penetra los corazones. Con todo, en la liturgia de hoy, la Iglesia nos brinda la consoladora oportunidad de unirnos y sostenernos unos a otros en el momento en que repetimos todos a una:&nbsp; &quot;S&iacute;, quiero&quot;. Esta solidaridad fraterna no puede por menos de transformarse en un compromiso concreto de llevar los unos la carga de los otros, en las circunstancias ordinarias de la vida y del ministerio. En efecto, aunque es verdad que nadie puede hacerse santo <i>en lugar<\/i> de otro, tambi&eacute;n es verdad que cada uno puede y debe llegar a serlo <i>con<\/i> y <i>para<\/i> los dem&aacute;s, siguiendo el ejemplo de Cristo.<\/p>\n<p> &iquest;Acaso la santidad personal no se alimenta de la <i>espiritualidad de comuni&oacute;n<\/i>, que debe preceder y acompa&ntilde;ar las iniciativas concretas de caridad? (cf. <i>Novo millennio ineunte, <\/i>43). Para educar en ella a los fieles, los pastores debemos dar un testimonio coherente. En este sentido, la misa Crismal tiene una elocuencia extraordinaria. En efecto, entre las celebraciones del A&ntilde;o lit&uacute;rgico, esta manifiesta mejor el v&iacute;nculo de comuni&oacute;n que existe entre el obispo y los presb&iacute;teros, y de los presb&iacute;teros entre s&iacute;:&nbsp; es un signo que el pueblo cristiano espera y aprecia con fe y afecto.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;&quot;<i>Vos autem sacerdotes Domini vocabimini, ministri Dei nostri, dicetur vobis<\/i>&nbsp;&nbsp;Vosotros ser&eacute;is llamados &quot;sacerdotes del Se&ntilde;or&quot;, &quot;ministros de nuestro Dios&quot; se os llamar&aacute;&quot; (<i>Is<\/i> 61, 6).<br \/> As&iacute; se dirige el profeta Isa&iacute;as a los israelitas, profetizando los tiempos mesi&aacute;nicos, cuando todos los miembros del pueblo de Dios recibir&iacute;an la dignidad sacerdotal, prof&eacute;tica y real por obra del Esp&iacute;ritu Santo. Todo ello se ha realizado en Cristo con la nueva Alianza. Jes&uacute;s transmite a sus disc&iacute;pulos la <i>unci&oacute;n<\/i> recibida del Padre, es decir, el &quot;bautismo en el Esp&iacute;ritu Santo&quot; que lo constituye Mes&iacute;as y Se&ntilde;or. Les comunica el mismo Esp&iacute;ritu; as&iacute; su misterio de salvaci&oacute;n extiende su eficacia hasta los confines de la tierra.<\/p>\n<p> Hoy, amad&iacute;simos hermanos en el sacerdocio, recordamos de buen grado la unci&oacute;n sacramental que hemos recibido y, al mismo tiempo, renovamos nuestro compromiso de <i>difundir siempre y por doquier el perfume de Cristo <\/i>(cf. oraci&oacute;n despu&eacute;s de la comuni&oacute;n).<\/p>\n<p> Nos sostenga la Madre de Cristo, Madre de los sacerdotes, a la que las letan&iacute;as se dirigen con el t&iacute;tulo de &quot;Vaso espiritual&quot;. Mar&iacute;a nos obtenga a nosotros, fr&aacute;giles vasijas de barro, la gracia de llenarnos de la unci&oacute;n divina. Nos ayude a no olvidar nunca que el Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or nos &quot;ha enviado para anunciar a los pueblos la buena nueva&quot;. D&oacute;ciles al Esp&iacute;ritu de Cristo, seremos ministros fieles de su Evangelio. Siempre. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA MISA CRISMAL EN LA BAS&Iacute;LICA DE SAN PEDRO HOMI&Iacute;LIA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Jueves Santo, 12 de abril de 2001&nbsp; &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Spiritus Domini super me, eo quod unxerit Dominus me&nbsp;&nbsp;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque el Se&ntilde;or me ha ungido&quot; (Is 61, 1). 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