{"id":40473,"date":"2016-10-05T23:45:51","date_gmt":"2016-10-06T04:45:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-marzo-de-2001-inauguracion-del-colegio-pontificio-coreano\/"},"modified":"2016-10-05T23:45:51","modified_gmt":"2016-10-06T04:45:51","slug":"23-de-marzo-de-2001-inauguracion-del-colegio-pontificio-coreano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-marzo-de-2001-inauguracion-del-colegio-pontificio-coreano\/","title":{"rendered":"23 de marzo de 2001, Inauguraci\u00f3n del Colegio pontificio coreano"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">INAUGURACI&Oacute;N DEL PONTIFICIO COLEGIO COREANO EN ROMA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL PAPA JUAN PABLO II<\/font><\/b>&nbsp;<\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i>Viernes 23 de marzo de 2001<\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><span style=\"font-size:12.0pt;font-family:&quot;Times New Roman&quot;;mso-fareast-font-family:\n&quot;Times New Roman&quot;;mso-ansi-language:IT;mso-fareast-language:IT;mso-bidi-language:\nAR-SA\">1.&nbsp;<i>&quot;Como un pastor vela por su reba&ntilde;o, (&#8230;) as&iacute; &nbsp;velar&eacute; &nbsp;yo &nbsp;por &nbsp;mis ovejas. (&#8230;) Las sacar&eacute; de en medio de los pueblos, las reunir&eacute; de los pa&iacute;ses<\/i>&quot; (<i>Ez<\/i> 34, 12-13).<\/p>\n<p> Las palabras del profeta Ezequiel que acabamos de escuchar testimonian la constante solicitud de Dios por sus fieles que, a lo largo de la historia, no se cansa de reunir de &quot;toda raza, lengua, pueblo y naci&oacute;n&quot; (<i>Ap<\/i> 5, 9). Los congrega para hacer de ellos &quot;un reino de sacerdotes&quot; para &eacute;l (<i>Ap<\/i> 5, 10), cumpliendo su misericordioso designio salv&iacute;fico.<\/p>\n<p> Esto es lo que Dios ha realizado tambi&eacute;n con el amado pueblo de Corea, y esta celebraci&oacute;n nos brinda una nueva ocasi&oacute;n para darle las gracias. Precisamente este a&ntilde;o se celebra el bicentenario de la gran persecuci&oacute;n de 1801, que caus&oacute; la muerte de m&aacute;s de trescientos cristianos en vuestra patria. Gracias a la valent&iacute;a de esos testigos de la fe y de otros que han seguido su ejemplo, la semilla evang&eacute;lica, semilla de esperanza, no ha muerto, a pesar de las sucesivas oleadas de persecuci&oacute;n. M&aacute;s a&uacute;n, ha ido desarroll&aacute;ndose progresivamente, dando consistencia a un crecimiento sorprendente de la Iglesia en vuestro pa&iacute;s. En verdad, esta tarde podemos repetir con raz&oacute;n que Dios ha velado por su pueblo fiel.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;<i>&quot;Padre santo, cuida en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno como nosotros&quot;<\/i> (<i>Jn<\/i> 17, 11).<\/p>\n<p> En nuestra asamblea han resonado, llenas de consolaci&oacute;n, estas palabras de Jes&uacute;s, que nos remiten al Cen&aacute;culo, a la dram&aacute;tica v&iacute;spera de su muerte en la cruz. Son palabras que en el decurso de los tiempos han seguido proclam&aacute;ndose en la Iglesia; palabras que han sostenido a innumerables m&aacute;rtires y confesores de la fe en los momentos de dificultad y de prueba.<\/p>\n<p> Pienso esta tarde en los santos de la amada Corea y, entre ellos, en san Andr&eacute;s Kim Taegon, a quien hab&eacute;is elegido como patrono. Podemos imaginar que medit&oacute; a menudo en esas palabras del divino Maestro. En la hora decisiva, animado por la invocaci&oacute;n del Se&ntilde;or, no dud&oacute; en <i>perderlo<\/i> todo por &eacute;l (cf. <i>Flp<\/i> 3, 8). Fue fiel hasta la muerte. Se cuenta que, mientras esperaba que lo ajusticiaran, alentaba a sus hermanos en la fe con palabras que evocan de modo impresionante la oraci&oacute;n que Jes&uacute;s dirigi&oacute; al Padre por sus disc&iacute;pulos:&nbsp; &quot;Que no os espanten las calamidades -suplicaba-; no os desanim&eacute;is y no renunci&eacute;is a servir a Dios; por el contrario, siguiendo los pasos de los santos, promoved la gloria de su Iglesia y mostraos como verdaderos soldados y s&uacute;bditos de Dios. Aunque se&aacute;is muchos, tened un solo coraz&oacute;n; recordad siempre la caridad; sosteneos y ayudaos los unos a los otros, y esperad el momento en que Dios tenga piedad de vosotros&quot;.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;&quot;Tened un solo coraz&oacute;n&quot;. San Andr&eacute;s Kim Taegon exhortaba a los creyentes a sacar de la caridad divina la fuerza para permanecer unidos y oponerse al mal. Como la comunidad primitiva, en la que todos ten&iacute;an &quot;un solo coraz&oacute;n y una sola alma&quot; (<i>Hch<\/i> 4, 32), tambi&eacute;n la Iglesia coreana deb&iacute;a encontrar el secreto de su cohesi&oacute;n y de su crecimiento en la adhesi&oacute;n a la ense&ntilde;anza de los &nbsp;Sucesores &nbsp;de &nbsp;los Ap&oacute;stoles, en la oraci&oacute;n y en la fracci&oacute;n del pan (cf. <i>Hch<\/i> 2, 42).<\/p>\n<p> Estoy seguro de que esta misma unidad de prop&oacute;sitos y el mismo esp&iacute;ritu de caridad ser&aacute;n el alma del Pontificio Colegio Coreano, que inauguramos con esta celebraci&oacute;n. Con este deseo, queridos hermanos y hermanas, os saludo cordialmente. Saludo en particular al se&ntilde;or cardenal Stephen Kim Sou-hwan y a los obispos presentes, y expreso mi agradecimiento en especial a monse&ntilde;or Michael Pak Jeong-il, que se ha hecho int&eacute;rprete de vuestros sentimientos comunes. Saludo tambi&eacute;n al rector del colegio, a los sacerdotes estudiantes, a las autoridades presentes, a las religiosas colaboradoras y a los dem&aacute;s hu&eacute;spedes.<\/p>\n<p> Quisiera recordar asimismo a toda la comunidad cristiana de vuestro pa&iacute;s, tan querida para m&iacute;, a los obispos y a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas, a los laicos, a las familias y a los j&oacute;venes. A todos y a cada uno encomiendo a la intercesi&oacute;n de san Andr&eacute;s Kim Taegon, para que el amor a Dios y al pr&oacute;jimo siga impregnando el alma y la historia del pueblo coreano.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;En esta casa, deseada ardientemente por los obispos de Corea, vivir&aacute;n seminaristas y sacerdotes cuya estancia en Roma tendr&aacute; como fin una intensa y espec&iacute;fica preparaci&oacute;n para el ministerio presbiteral. Adem&aacute;s de frecuentar cursos acad&eacute;micos en las universidades pontificias de Roma, tomar&aacute;n cada vez mayor conciencia de su misi&oacute;n de testigos de la verdad, ap&oacute;stoles del amor de Cristo, heraldos infatigables del Evangelio y pastores celosos del pueblo cristiano.<\/p>\n<p> Toda la formaci&oacute;n teol&oacute;gica y pastoral se orientar&aacute; a lograr que cada presb&iacute;tero sea <i>Cristo para los dem&aacute;s<\/i>, un signo convincente de su amor y de su acci&oacute;n salv&iacute;fica. Pero el secreto de este servicio apost&oacute;lico lo aprender&aacute;n en el contacto &iacute;ntimo con el Se&ntilde;or. Por tanto, su primera preocupaci&oacute;n deber&aacute; ser establecer una continua familiaridad con Jes&uacute;s en la Eucarist&iacute;a y pedir confiadamente en la oraci&oacute;n su gracia y la luz de su palabra.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;<i>&quot;Yo les he dado tu palabra. (&#8230;) Santif&iacute;calos en la verdad:&nbsp; tu palabra es verdad&quot;<\/i> (<i>Jn<\/i> 17, 14.&nbsp;17).<\/p>\n<p> Meditando a menudo en el discurso de Jes&uacute;s en el Cen&aacute;culo, del que est&aacute;n tomadas esas palabras, los hu&eacute;spedes de este colegio lograr&aacute;n comprender mejor la misi&oacute;n a la que est&aacute; llamado el sacerdote. Oir&aacute;n en su coraz&oacute;n el eco de la voz del Maestro, que les dice:&nbsp; &quot;No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he o&iacute;do a mi Padre os lo he dado a conocer&quot; (<i>Jn<\/i> 15, 15). Fortalecidos por la constante comuni&oacute;n con &eacute;l, podr&aacute;n proclamar con gran confianza:&nbsp; &quot;El Se&ntilde;or es mi pastor, nada me falta&quot; (<i>Sal<\/i> 23, 1).<\/p>\n<p> &iexcl;Quiera Dios que en este colegio se respire a diario el clima del Cen&aacute;culo! Clima indispensable &quot;para engendrar -como dice san Carlos Borromeo- a Cristo en nosotros y en los dem&aacute;s&quot; (<i>Acta Ecclesiae Mediolanensis<\/i>, Mil&aacute;n 1559, n.&nbsp;1178).<\/p>\n<p> Los santos patronos de Corea, y especialmente san Andr&eacute;s Kim Taegon, velen sobre cuantos viven aqu&iacute;. Los proteja sobre todo la Virgen Inmaculada, Madre del Redentor y Estrella de la evangelizaci&oacute;n.<\/span> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>INAUGURACI&Oacute;N DEL PONTIFICIO COLEGIO COREANO EN ROMA HOMIL&Iacute;A DEL PAPA JUAN PABLO II&nbsp; Viernes 23 de marzo de 2001 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Como un pastor vela por su reba&ntilde;o, (&#8230;) as&iacute; &nbsp;velar&eacute; &nbsp;yo &nbsp;por &nbsp;mis ovejas. (&#8230;) Las sacar&eacute; de en medio de los pueblos, las reunir&eacute; de los pa&iacute;ses&quot; (Ez 34, 12-13). 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