{"id":40475,"date":"2016-10-05T23:45:54","date_gmt":"2016-10-06T04:45:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-marzo-de-2001-beatificacion-de-los-siervos-de-dios-jose-aparicio-sanz-y-232-companeros-martires-en-espana\/"},"modified":"2016-10-05T23:45:54","modified_gmt":"2016-10-06T04:45:54","slug":"11-de-marzo-de-2001-beatificacion-de-los-siervos-de-dios-jose-aparicio-sanz-y-232-companeros-martires-en-espana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/11-de-marzo-de-2001-beatificacion-de-los-siervos-de-dios-jose-aparicio-sanz-y-232-companeros-martires-en-espana\/","title":{"rendered":"11 de marzo de 2001, Beatificaci\u00f3n de los Siervos de Dios\u00a0Jos\u00e9 Aparicio Sanz y 232 compa\u00f1eros m\u00e1rtires en Espa\u00f1a"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">BEATIFICACI&Oacute;N DE LOS SIERVOS DE DIOS <br \/>JOS&Eacute; APARICIO SANZ Y 232 COMPA&Ntilde;EROS M&Aacute;RTIRES EN ESPA&Ntilde;A<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><font size=\"3\"><\/p>\n<p> Domingo 11 de marzo de 2001<\/font><font face=\"Times\" size=\"3\"><\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Amados hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. &quot;<i>El Se&ntilde;or Jesucristo transformar&aacute; nuestra condici&oacute;n humilde, seg&uacute;n el modelo de su condici&oacute;n gloriosa<\/i>&quot; (<i>Flp<\/i> 3,21). Estas palabras de San Pablo que hemos escuchado en la segunda lectura de la liturgia de hoy, nos recuerdan que nuestra verdadera patria est&aacute; en el cielo y que Jes&uacute;s transfigurar&aacute; nuestro cuerpo mortal en un cuerpo glorioso como el suyo. El Ap&oacute;stol comenta as&iacute; el misterio de la Transfiguraci&oacute;n del Se&ntilde;or que la Iglesia proclama en este segundo domingo de Cuaresma. En efecto, Jes&uacute;s quiso dar un signo y una profec&iacute;a de su Resurrecci&oacute;n gloriosa, en la cual nosotros estamos llamados tambi&eacute;n a participar. Lo que se ha realizado en Jes&uacute;s, nuestra Cabeza, tiene que completarse tambi&eacute;n en nosotros, que somos su Cuerpo.<\/p>\n<p align=\"left\">&Eacute;ste es un gran misterio para la vida de la Iglesia, pues no se ha de pensar que la transfiguraci&oacute;n se producir&aacute; s&oacute;lo en el m&aacute;s all&aacute;, despu&eacute;s de la muerte. La vida de los santos y el testimonio de los m&aacute;rtires nos ense&ntilde;an que, si la transfiguraci&oacute;n del cuerpo ocurrir&aacute; al final de los tiempos con la resurrecci&oacute;n de la carne, la del coraz&oacute;n tiene lugar ya ahora en esta tierra, con la ayuda de la gracia.<\/p>\n<p align=\"left\">Podemos preguntarnos: &iquest;C&oacute;mo son los hombres y mujeres &quot;transfigurados&quot;? La respuesta es muy hermosa: Son los que siguen a Cristo en su vida y en su muerte, se inspiran en &Eacute;l y se dejan inundar por la gracia que &Eacute;l nos da; son aqu&eacute;llos cuyo alimento es cumplir la voluntad del Padre; los que se dejan llevar por el Esp&iacute;ritu; los que nada anteponen al Reino de Cristo; los que aman a los dem&aacute;s hasta derramar su sangre por ellos; los que est&aacute;n dispuestos a darlo todo sin exigir nada a cambio; los que -en pocas palabras- viven amando y mueren perdonando.<\/p>\n<p align=\"left\">2. As&iacute; vivieron y murieron Jos&eacute; Aparicio Sanz y sus doscientos treinta y dos compa&ntilde;eros, asesinados durante la terrible persecuci&oacute;n religiosa que azot&oacute; Espa&ntilde;a en los a&ntilde;os treinta del siglo pasado. Eran hombres y mujeres de todas las edades y condiciones: sacerdotes diocesanos, religiosos, religiosas, padres y madres de familia, j&oacute;venes laicos. Fueron asesinados por ser cristianos, por su fe en Cristo, por ser miembros activos de la Iglesia. Todos ellos, seg&uacute;n consta en los procesos can&oacute;nicos para su declaraci&oacute;n como m&aacute;rtires, antes de morir perdonaron de coraz&oacute;n a sus verdugos.<\/p>\n<p align=\"left\">La lista de los que hoy suben a la gloria de los altares por haber confesado su fe y dado su vida por ella es numerosa. Hay treinta y ocho sacerdotes de la Archidi&oacute;cesis de Valencia, junto con un numeroso grupo de hombres y mujeres de la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica tambi&eacute;n de Valencia; dieciocho dominicos y dos sacerdotes de la Archidi&oacute;cesis de Zaragoza; cuatro Frailes Menores Franciscanos y seis Frailes Menores Franciscanos Conventuales; trece Frailes Menores Capuchinos, con cuatro Religiosas Capuchinas y una Agustina Descalza; once Jesuitas con un joven laico; treinta y dos Salesianos y dos Hijas de Mar&iacute;a Auxiliadora; diecinueve Terciarios Capuchinos con una cooperadora laica; un sacerdote dehoniano; el Capell&aacute;n de Colegio La Salle de la Bonanova, de Barcelona, con cinco Hermanos de las Escuelas Cristianas; veinticuatro Carmelitas de la Caridad; una Religiosa Servita; seis Religiosas Escolapias con dos cooperadoras laicas provenientes &eacute;stas &uacute;ltimas del Uruguay y primeras beatas de ese Pa&iacute;s latinoamericano; dos Hermanitas de los Ancianos Desamparados; tres Terciarias Capuchinas de Nuestra Se&ntilde;ora de los Dolores; una Misionera Claretiana; y, en fin, el joven Francisco Castell&oacute; i Aleu, de la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica de Lleida.<\/p>\n<p align=\"left\">Los testimonios que nos han llegado hablan de personas honestas y ejemplares, cuyo martirio sell&oacute; unas vidas entretejidas por el trabajo, la oraci&oacute;n y el compromiso religioso en sus familias, parroquias y congregaciones religiosas. Muchos de ellos gozaban ya en vida de fama de santidad entre sus paisanos. Se puede decir que su conducta ejemplar fue como una preparaci&oacute;n para esa confesi&oacute;n suprema de la fe que es el martirio.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;C&oacute;mo no conmovernos profundamente al escuchar los relatos de su martirio? La anciana Mar&iacute;a Teresa Ferragud fue arrestada a los ochenta y tres a&ntilde;os de edad junto con sus cuatro hijas religiosas contemplativas. El 25 de octubre de 1936, fiesta de Cristo Rey, pidi&oacute; acompa&ntilde;ar a sus hijas al martirio y ser ejecutada en &uacute;ltimo lugar para poder as&iacute; alentarlas a morir por la fe. Su muerte impresion&oacute; tanto a sus verdugos que exclamaron: &quot;Esta es una verdadera santa&quot;. No menos edificante fue el testimonio de los dem&aacute;s m&aacute;rtires, como el joven Francisco Alacreu, de veintid&oacute;s a&ntilde;os, qu&iacute;mico de profesi&oacute;n y miembro de la Acci&oacute;n Cat&oacute;lica, que consciente de la gravedad del momento no quiso esconderse, sino ofrecer su juventud en sacrificio de amor a Dios y a los hermanos, dej&aacute;ndonos tres cartas, ejemplo de fortaleza, generosidad, serenidad y alegr&iacute;a, escritas instantes antes de morir, a sus hermanas, a su director espiritual y a quien fuera su novia. O tambi&eacute;n el neosacerdote Germ&aacute;n Gozalbo, de veintitr&eacute;s a&ntilde;os, que fue fusilado s&oacute;lo dos meses despu&eacute;s de haber celebrado su Primera Misa, despu&eacute;s de sufrir un sinf&iacute;n de humillaciones y malos tratos.<\/p>\n<p align=\"left\">3. &iexcl;Cu&aacute;ntos ejemplos de serenidad y esperanza cristiana! Todos estos nuevos Beatos y muchos otros m&aacute;rtires an&oacute;nimos pagaron con su sangre el odio a la fe y a la Iglesia desatado con la persecuci&oacute;n religiosa y el estallido de la guerra civil, esa gran tragedia vivida en Espa&ntilde;a durante el siglo XX. En aquellos a&ntilde;os terribles muchos sacerdotes, religiosos y laicos fueron asesinados sencillamente por ser miembros activos de la Iglesia. Los nuevos beatos que hoy suben a los altares no estuvieron implicados en luchas pol&iacute;ticas o ideol&oacute;gicas, ni quisieron entrar en ellas. Bien lo sab&eacute;is muchos de vosotros que sois familiares suyos y hoy particip&aacute;is con gran alegr&iacute;a en esta beatificaci&oacute;n. Ellos murieron &uacute;nicamente por motivos religiosos. Ahora, con esta solemne proclamaci&oacute;n de martirio, la Iglesia quiere reconocer en aquellos hombres y mujeres un ejemplo de valent&iacute;a y constancia en la fe, auxiliados por la gracia de Dios. Son para nosotros modelo de coherencia con la verdad profesada, a la vez que honran al noble pueblo espa&ntilde;ol y a la Iglesia.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Que su recuerdo bendito aleje para siempre del suelo espa&ntilde;ol cualquier forma de violencia, odio y resentimiento! Que todos, y especialmente los j&oacute;venes, puedan experimentar la bendici&oacute;n de la paz en libertad: &iexcl;Paz siempre, paz con todos y para todos!<\/p>\n<p align=\"left\">4. Queridos hermanos, en diversas ocasiones he recordado la necesidad de custodiar la memoria de los m&aacute;rtires. Su testimonio no debe ser olvidado. Ellos son la prueba m&aacute;s elocuente de la verdad de la fe, que sabe dar un rostro humano incluso a la muerte m&aacute;s violenta y manifiesta su belleza aun en medio de atroces padecimientos. Es preciso que las Iglesias particulares hagan todo lo posible por no perder el recuerdo de quienes han sufrido el martirio.<\/p>\n<p align=\"left\">Al inicio del tercer milenio, la Iglesia que camina en Espa&ntilde;a est&aacute; llamada a vivir una nueva primavera de cristianismo, pues ha sido ba&ntilde;ada y fecundada con la sangre de tantos m&aacute;rtires. <i>Sanguis martyrum, semen christianorum!<\/i> &iexcl;La sangre de los m&aacute;rtires es semilla de nuevos cristianos! (Tertuliano, <i>Apol<\/i>., 50,13: CCL 1,171). Esta expresi&oacute;n, acu&ntilde;ada durante las persecuciones de los primeros siglos, debe hoy llenar de esperanza vuestras iniciativas apost&oacute;licas y esfuerzos pastorales en la tarea, no siempre f&aacute;cil, de la nueva evangelizaci&oacute;n. Cont&aacute;is para ello con la ayuda inigualable de vuestros m&aacute;rtires. Acordaos de su valor, &quot;<i>fijaos en el desenlace de su vida e imitad su fe. Jesucristo es el mismo ayer y hoy y siempre<\/i>&quot; (<i>Hb<\/i> 13,7-8).<\/p>\n<p align=\"left\">5. Deseo confiar a la intercesi&oacute;n de los nuevos beatos una intenci&oacute;n que llev&aacute;is profundamente arraigada en vuestros corazones: el fin del terrorismo en Espa&ntilde;a. Desde hace varias d&eacute;cadas est&aacute;is siendo probados por una serie horrenda de violencias y asesinatos que han causado numerosas v&iacute;ctimas y grandes sufrimientos. En la ra&iacute;z de tan lamentables sucesos hay una l&oacute;gica perversa que es preciso denunciar. El terrorismo nace del odio y a su vez lo alimenta, es radicalmente injusto e acrecienta las situaciones de injusticia, pues ofende gravemente a Dios y a la dignidad y los derechos de las personas. &iexcl;Con el terror, el hombre siempre sale perdiendo! Ning&uacute;n motivo, ninguna causa o ideolog&iacute;a pueden justificarlo. S&oacute;lo la paz construye los pueblos. El terror es enemigo de la humanidad.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Amados en el Se&ntilde;or, tambi&eacute;n a nosotros la voz del Padre nos ha dicho hoy en el Evangelio: &quot;<i>Este es mi Hijo, el escogido; escuchadle<\/i>&quot; (<i>Lc<\/i> 9,35). Escuchar a Jes&uacute;s es seguirlo e imitarlo. La cruz ocupa un lugar muy especial en este camino. Entre la cruz y nuestra transfiguraci&oacute;n hay una relaci&oacute;n directa. Hacernos semejantes a Cristo en la muerte es la v&iacute;a que conduce a la resurrecci&oacute;n de los muertos, es decir, a nuestra transformaci&oacute;n en &Eacute;l (cf. <i>Flp<\/i> 3,10-11). Ahora, al celebrar la Eucarist&iacute;a, Jes&uacute;s nos da su cuerpo y su sangre, para que en cierto modo podamos pregustar aqu&iacute; en la tierra la situaci&oacute;n final, cuando nuestros cuerpos mortales sean transfigurados a imagen del cuerpo glorioso de Cristo.<\/p>\n<p align=\"left\">Que Mar&iacute;a, Reina de los m&aacute;rtires, nos ayude a escuchar e imitar a su Hijo. A Ella, que acompa&ntilde;&oacute; a su divino Hijo durante su existencia terrena y permaneci&oacute; fiel a los pies de la Cruz, le pedimos que nos ense&ntilde;e a ser fieles a Cristo en todo momento, sin decaer ante las dificultades; nos conceda la misma fuerza con que los m&aacute;rtires confesaron su fe. Al invocarla como Madre, imploro sobre todos los aqu&iacute; presentes, as&iacute; como sobre vuestras familias los dones de la paz, la alegr&iacute;a y la esperanza firme.<\/p>\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>BEATIFICACI&Oacute;N DE LOS SIERVOS DE DIOS JOS&Eacute; APARICIO SANZ Y 232 COMPA&Ntilde;EROS M&Aacute;RTIRES EN ESPA&Ntilde;A HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 11 de marzo de 2001 &nbsp; Amados hermanos y hermanas: 1. &quot;El Se&ntilde;or Jesucristo transformar&aacute; nuestra condici&oacute;n humilde, seg&uacute;n el modelo de su condici&oacute;n gloriosa&quot; (Flp 3,21). 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