{"id":40478,"date":"2016-10-05T23:45:58","date_gmt":"2016-10-06T04:45:58","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-febrero-de-2001-visita-a-la-parroquia-romana-de-la-natividad-de-maria\/"},"modified":"2016-10-05T23:45:58","modified_gmt":"2016-10-06T04:45:58","slug":"25-de-febrero-de-2001-visita-a-la-parroquia-romana-de-la-natividad-de-maria","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/25-de-febrero-de-2001-visita-a-la-parroquia-romana-de-la-natividad-de-maria\/","title":{"rendered":"25 de febrero de 2001, Visita a la parroquia romana de la natividad de Mar\u00eda"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\">V<\/font><\/font><font color=\"#663300\" size=\"3\">ISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE LA NATIVIDAD DE MAR&Iacute;A<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b> <font size=\"3\"> <\/p>\n<p>Domingo 25 de febrero de 2001<\/font><font face=\"Times\" size=\"3\"><\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font size=\"3\"> 1.&nbsp;<i>&quot;Abre, Se&ntilde;or, nuestro coraz&oacute;n, y comprenderemos las palabras de tu Hijo&quot;<\/i>.<\/p>\n<p> La invocaci&oacute;n del Aleluya nos introduce en el tema de este VIII domingo del tiempo ordinario. Jes&uacute;s es el verdadero Maestro que comunica a los hombres las verdades de la salvaci&oacute;n. Quienes lo escuchan son invitados a &quot;comprender&quot;, es decir, a acoger en el coraz&oacute;n sus palabras y a traducirlas en opciones concretas de vida.<\/p>\n<p> Jes&uacute;s no s&oacute;lo transmite una doctrina que viene de Dios; sobre todo es el modelo al que debemos conformarnos; no nos ha dejado simplemente una colecci&oacute;n de ense&ntilde;anzas para aprender; nos ha indicado sobre todo un camino por recorrer, present&aacute;ndose &eacute;l mismo como ejemplo que hay que imitar.<\/p>\n<p> Por tanto, abr&aacute;mosle nuestro coraz&oacute;n:&nbsp; as&iacute; entraremos en el misterio de su amor, que ilumina toda la existencia.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;<i>&quot;Un disc&iacute;pulo no es m&aacute;s que su maestro, si bien, cuando termine su aprendizaje, ser&aacute; como su maestro&quot;<\/i> (<i>Lc<\/i>&nbsp;6, 40).<\/p>\n<p> En el seguimiento de Cristo, nuestro divino Maestro, aprendemos que para ser sus disc&iacute;pulos es preciso seguirlo especialmente con la capacidad de amar, tal como &eacute;l mismo la describe en el texto del evangelio seg&uacute;n san Lucas que estamos leyendo en estos domingos. El n&uacute;cleo de su mensaje es precisamente el amor, m&aacute;s a&uacute;n, el amor a los enemigos, que &nbsp;no &nbsp;busca &nbsp;venganza y ofrece el perd&oacute;n; es &nbsp;la &nbsp;misericordia y la disponibilidad &nbsp;a amar siempre, incluso a costa de la vida, al estilo de Dios (cf.<i> Lc<\/i>&nbsp;6, 27-38).<\/p>\n<p> Esta es la ense&ntilde;anza que hay que acoger y transmitir fielmente. Esta es la &uacute;nica escuela que forma a los aut&eacute;nticos misioneros del Evangelio, llamados a ser gu&iacute;as sabios y seguros para sus hermanos (cf. <i>Lc<\/i> 6, 39).<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Con estos sentimientos os saludo, amad&iacute;simos hermanos y hermanas de la <i>parroquia de la Natividad de Mar&iacute;a en la v&iacute;a de Bravetta<\/i>.<\/p>\n<p> Me alegra estar entre vosotros hoy, prosiguiendo mis visitas pastorales a las parroquias romanas. Doy gracias con alegr&iacute;a a quienes, al inicio de la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, me han dado la bienvenida, interpretando vuestros sentimientos.<\/p>\n<p> De modo especial, quisiera saludar al cardenal vicario, al obispo auxiliar del sector, monse&ntilde;or Vincenzo Apicella, a vuestro querido p&aacute;rroco, don Lorenzo Rossi, y a los Can&oacute;nigos Regulares de la Inmaculada Concepci&oacute;n, que colaboran con &eacute;l en la atenci&oacute;n pastoral de la parroquia.<br \/> Saludo, asimismo, a los Hijos de la Inmaculada Concepci&oacute;n, que durante mucho tiempo han prestado la iglesia del instituto Padre Luigi Monti para la celebraci&oacute;n dominical de la misa de los muchachos y de los j&oacute;venes con sus familias.<\/p>\n<p> Tambi&eacute;n saludo y doy las gracias a las religiosas de Nuestra Se&ntilde;ora de la Compasi&oacute;n y a las Hijas de San Jos&eacute;, presentes en el barrio, y que, cuando a&uacute;n no exist&iacute;a la iglesia ni ning&uacute;n otro local disponible, ofrecieron sus instalaciones a la comunidad parroquial. Les agradezco sinceramente este servicio prestado generosamente a la parroquia y las animo a proseguir su apreciada colaboraci&oacute;n en las actividades pastorales. Al abrazar con afecto a cada uno de los presentes, deseo extender mi cordial saludo a todos los habitantes del barrio.<\/p>\n<p> S&eacute; que hab&eacute;is debido esperar hasta el a&ntilde;o pasado la construcci&oacute;n de la nueva iglesia en la que hoy, con &iacute;ntima satisfacci&oacute;n, celebramos la Eucarist&iacute;a.<\/p>\n<p> Demos gracias a Dios por esta obra que ha costado muchos esfuerzos y que, con el apoyo del Vicariato, hab&eacute;is logrado realizar finalmente. Haced que este templo sea signo visible de unidad y comuni&oacute;n, superando la fragmentaci&oacute;n de las celebraciones lit&uacute;rgicas y de los lugares de catequesis que hab&eacute;is tenido que soportar durante mucho tiempo. Caminando en concordia y unidad, escribir&eacute;is una hermosa p&aacute;gina de vida espiritual y pastoral de vuestra comunidad parroquial.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Precisamente para ayudaros en este itinerario, permitidme que os entregue simb&oacute;licamente el Mensaje que dirig&iacute; la semana pasada a la di&oacute;cesis de Roma, al t&eacute;rmino del jubileo y con vistas a la gran Asamblea diocesana del pr&oacute;ximo mes de junio. Hacedlo objeto de atenta reflexi&oacute;n y traducid sus indicaciones en opciones apost&oacute;licas concretas. El tiempo cuaresmal, que empezar&aacute; dentro de algunos d&iacute;as, constituye una ocasi&oacute;n oportuna para esta revisi&oacute;n de vida.<\/p>\n<p> Preguntaos individualmente y como comunidad:&nbsp; &iquest;qu&eacute; aportaci&oacute;n puedo dar al crecimiento de la comuni&oacute;n plena en la Iglesia? &iquest;C&oacute;mo puedo brindar mi contribuci&oacute;n espec&iacute;fica, para que sea cada vez m&aacute;s casa y escuela de comuni&oacute;n? Es preciso caminar unidos para testimoniar juntos el Evangelio. Esta es la consigna que os dejo, queridos hermanos y hermanas de la parroquia de la Natividad de Mar&iacute;a.<\/p>\n<p> Muchas son las urgencias apost&oacute;licas en vuestro barrio que, como otros, ha sufrido profundas transformaciones en pocos a&ntilde;os. Desde hace tiempo hab&eacute;is emprendido felizmente hermosas iniciativas en favor de los ni&ntilde;os y de los j&oacute;venes, de los novios, de las familias, de los pobres y de los ancianos. Avanzad por este camino, privilegiando en primer lugar el cuidado de las familias, que a menudo no son capaces de asegurar una adecuada formaci&oacute;n cristiana a sus hijos. Hay ni&ntilde;os y adolescentes que necesitan que alguien les ayude a crecer en la fe; y cristianos que esperan gu&iacute;as capaces de sostenerlos en el testimonio evang&eacute;lico, orient&aacute;ndolos en los diversos &aacute;mbitos de estudio, de actividad y de servicio.<\/p>\n<p> Pienso especialmente en vosotros, queridos j&oacute;venes, a quienes, en el &aacute;mbito de la &quot;misi&oacute;n permanente&quot; que realiza nuestra di&oacute;cesis, se ha confiado la tarea de ser los primeros evangelizadores de vuestros coet&aacute;neos. Que cada uno asuma responsablemente su papel en la comunidad parroquial.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;<i>&quot;&iquest;Por qu&eacute; te fijas en la mota que tiene tu &nbsp;hermano &nbsp;en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo?&quot;<\/i> (<i>Lc<\/i>&nbsp;6, 41).<\/p>\n<p> Con estas palabras Jes&uacute;s nos da una indicaci&oacute;n &uacute;til, que podr&iacute;amos llamar &quot;pastoral&quot;. Por desgracia, a menudo sentimos la tentaci&oacute;n de condenar los defectos y los pecados de los dem&aacute;s, sin lograr ver los nuestros con la misma lucidez. &iquest;C&oacute;mo darnos cuenta si nuestro propio ojo est&aacute; libre o cubierto con una viga? Jes&uacute;s responde:&nbsp; &quot;Cada &aacute;rbol se conoce por su fruto&quot; (<i>Lc<\/i> 6, 44).<br \/> Este sano discernimiento es don del Se&ntilde;or, y hay que implorarlo con oraci&oacute;n incesante. Al mismo tiempo, es conquista personal que exige humildad y paciencia, capacidad de escucha y esfuerzo por comprender a los dem&aacute;s.<\/p>\n<p> Estas caracter&iacute;sticas deben darse en todo verdadero disc&iacute;pulo y requieren empe&ntilde;o y esp&iacute;ritu de sacrificio. Cuando nos resulte arduo seguir al Se&ntilde;or por este camino, recurramos al apoyo y a la intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a.<\/p>\n<p> En la fachada de vuestra iglesia hay un arco empotrado en el cuerpo del edificio. Recuerda a la Virgen, Aurora de la salvaci&oacute;n, siempre dispuesta a abrazar a sus hijos y a introducirlos en el templo para &nbsp;que &nbsp;se encuentren con Cristo.<\/p>\n<p> Ella, la Virgen del silencio y de la escucha, nos ayude a ser testigos y heraldos valientes del Evangelio; nos ense&ntilde;e a mirar a los dem&aacute;s con ojos llenos de comprensi&oacute;n y bondad; y nos obtenga el don de una sabia prudencia pastoral.<\/p>\n<p> Y t&uacute;, Se&ntilde;or, &aacute;brenos el coraz&oacute;n; as&iacute; comprenderemos tus palabras de salvaci&oacute;n. Am&eacute;n. <\/font> <\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE LA NATIVIDAD DE MAR&Iacute;A HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 25 de febrero de 2001 &nbsp; 1.&nbsp;&quot;Abre, Se&ntilde;or, nuestro coraz&oacute;n, y comprenderemos las palabras de tu Hijo&quot;. La invocaci&oacute;n del Aleluya nos introduce en el tema de este VIII domingo del tiempo ordinario. 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