{"id":40479,"date":"2016-10-05T23:46:00","date_gmt":"2016-10-06T04:46:00","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-febrero-de-2001-fiesta-de-la-catedra-de-san-pedro-concelebracion-de-la-misa-con-los-nuevos-cardenales\/"},"modified":"2016-10-05T23:46:00","modified_gmt":"2016-10-06T04:46:00","slug":"22-de-febrero-de-2001-fiesta-de-la-catedra-de-san-pedro-concelebracion-de-la-misa-con-los-nuevos-cardenales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-febrero-de-2001-fiesta-de-la-catedra-de-san-pedro-concelebracion-de-la-misa-con-los-nuevos-cardenales\/","title":{"rendered":"22 de febrero de 2001, Fiesta de la C\u00e1tedra de San Pedro &#8211; Concelebraci\u00f3n de la Misa con los nuevos Cardenales"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA CON LOS NUEVOS CARDENALES<\/font><\/font><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p> &nbsp;Jueves 22 de febrero de 2001<br \/> Fiesta de la C&aacute;tedra de San Pedro <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"left\"><i><\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p><i> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\"><span style=\"font-size:12.0pt;font-family:&quot;Times New Roman&quot;;mso-fareast-font-family:\n&quot;Times New Roman&quot;;mso-bidi-font-family:&quot;Times New Roman&quot;;mso-ansi-language:\nEN-US;mso-fareast-language:EN-US;mso-bidi-language:AR-SA\">1.&nbsp;<i>&laquo;&quot;Y vosotros, &iquest;qui&eacute;n dec&iacute;s que soy yo?&quot;. Sim&oacute;n &nbsp;Pedro &nbsp;contest&oacute;:&nbsp; &quot;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&quot;&raquo;<\/i> (<i>Mt<\/i> 16, 15-16).<\/p>\n<p> Este di&aacute;logo entre Cristo y sus disc&iacute;pulos, que acabamos de escuchar, es siempre actual en la vida de la Iglesia y del cristiano. En todas las horas de la historia, especialmente en las m&aacute;s decisivas, Jes&uacute;s interpela a los suyos y, despu&eacute;s de preguntarles sobre lo que piensa de &eacute;l &quot;la gente&quot;, limita el campo y les pregunta:&nbsp; &quot;Y vosotros, &iquest;qui&eacute;n dec&iacute;s que soy yo?&quot;.<\/p>\n<p> Esta pregunta la hemos escuchado, en el fondo, durante todo el gran jubileo del a&ntilde;o 2000. Y cada d&iacute;a la Iglesia ha respondido incesantemente con una profesi&oacute;n com&uacute;n de fe:&nbsp; &quot;T&uacute; eres el Cristo, el Salvador del mundo, ayer, hoy y siempre&quot;. Una respuesta universal, en la que, a la voz del Sucesor de Pedro se han unido las de los pastores y los fieles de todo el pueblo de Dios.<\/p>\n<p> 2.<i>&nbsp;Una &uacute;nica confesi&oacute;n de fe:&nbsp; &iexcl;t&uacute; eres el Cristo!<\/i> Esta confesi&oacute;n de fe es el gran don &nbsp;que &nbsp;la Iglesia ofrece al mundo al inicio del tercer milenio, mientras se aventura en el &quot;inmenso oc&eacute;ano&quot; que se abre ante ella (cf. <i>Novo millennio ineunte<\/i>, 58). La fiesta de hoy pone en primer plano <i>el papel de Pedro y de sus Sucesores<\/i> al guiar la barca de la Iglesia en este &quot;oc&eacute;ano&quot;. Por consiguiente, es sumamente significativo que en esta celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica est&eacute; junto al Papa el Colegio cardenalicio con los nuevos cardenales, creados ayer en el primer consistorio despu&eacute;s del gran jubileo.&nbsp; Queremos dar todos juntos gracias a Dios por haber fundado su Iglesia sobre la roca de Pedro. Como sugiere la oraci&oacute;n &quot;colecta&quot;, deseamos orar intensamente para que &quot;entre los peligros del mundo&quot;, la Iglesia no se turbe, sino que avance con valent&iacute;a y confianza.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Sin embargo, permitidme ante todo expresar mi alegr&iacute;a y gratitud al Se&ntilde;or precisamente por vosotros, amad&iacute;simos y venerados hermanos, que acab&aacute;is de entrar a formar parte del Colegio cardenalicio. A cada uno le renuevo mi m&aacute;s cordial saludo, que extiendo a vuestros familiares y a los fieles aqu&iacute; reunidos, as&iacute; como a las comunidades de las que proced&eacute;is y que hoy se unen espiritualmente a nuestra celebraci&oacute;n.<\/p>\n<p> Considero providencial celebrar con vosotros y con todo el Colegio la fiesta de la C&aacute;tedra de San Pedro, porque se trata de un singular y elocuente <i>signo de unidad<\/i>, con el que juntos comenzamos el per&iacute;odo posjubilar. Un signo que es, al mismo tiempo, invitaci&oacute;n a profundizar la reflexi&oacute;n sobre el ministerio petrino, al que se refiere de forma particular vuestra funci&oacute;n de cardenales.<\/p>\n<p> 4.&nbsp;<i>&quot;T&uacute; eres Pedro y sobre esta piedra edificar&eacute; mi Iglesia&quot; <\/i>(<i>Mt<\/i> 16, 18).<\/p>\n<p> En el &quot;hoy&quot; de la liturgia, el Se&ntilde;or Jes&uacute;s dirige tambi&eacute;n al Sucesor de Pedro esas palabras, que se convierten para &eacute;l en el compromiso de confirmar a sus hermanos (cf. <i>Lc<\/i> 22, 32). Con gran consuelo y con vivo afecto os llamo a vosotros, venerados hermanos cardenales, a uniros a la Sede de Pedro en el peculiar <i>ministerio de unidad<\/i> que se le ha encomendado.<\/p>\n<p> &quot;Como Obispo de Roma soy consciente -lo afirm&eacute; en la enc&iacute;clica <i>Ut unum sint<\/i> sobre el compromiso ecum&eacute;nico-, de que la comuni&oacute;n plena y visible de todas las comunidades, en las que, gracias a la fidelidad de Dios, habita su Esp&iacute;ritu, es el deseo ardiente de Cristo&quot; (n.&nbsp;95). Para esa finalidad primaria <i>los cardenales<\/i>, sea como Colegio sea de forma individual, <i>pueden y deben brindar su valiosa contribuci&oacute;n<\/i>, pues son los primeros colaboradores del ministerio de unidad del Romano Pont&iacute;fice. La p&uacute;rpura con que est&aacute;n revestidos recuerda la sangre de los m&aacute;rtires, especialmente la de san Pedro y san Pablo, sobre cuyo supremo testimonio se funda la vocaci&oacute;n y la misi&oacute;n universal de la Iglesia de Roma y de su Pastor.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;&iexcl;C&oacute;mo no recordar que el ministerio de Pedro, principio visible de unidad, constituye una dificultad para las dem&aacute;s Iglesias y comunidades eclesiales! (cf. <i>Ut unum sint<\/i>, 88). Sin embargo, &iexcl;c&oacute;mo no recordar, al mismo tiempo, el dato hist&oacute;rico del primer milenio, cuando la funci&oacute;n primacial del Obispo de Roma fue ejercida sin encontrar resistencias en la Iglesia tanto de Occidente como de Oriente! Hoy quisiera orar al Se&ntilde;or de modo particular, junto con vosotros, para que en el nuevo milenio, en el que ya nos encontramos, se supere pronto esta situaci&oacute;n y se vuelva a la comuni&oacute;n plena. El Esp&iacute;ritu Santo d&eacute; a todos los creyentes la luz y la fuerza necesarias para realizar el ardiente anhelo del Se&ntilde;or. A vosotros os pido que me asist&aacute;is y colabor&eacute;is conmigo de todos los modos posibles en esta comprometedora misi&oacute;n.<\/p>\n<p> Venerados hermanos cardenales, <i>el anillo<\/i> que llev&aacute;is y que dentro de poco voy a entregar a los nuevos miembros del Colegio, pone de relieve precisamente el v&iacute;nculo especial que os une a esta Sede apost&oacute;lica. En el &quot;inmenso oc&eacute;ano&quot; que se abre ante la nave de la Iglesia, cuento con vosotros para orientar su camino en la verdad y en el amor, a fin de que, superando las tempestades del mundo, resulte cada vez m&aacute;s eficazmente signo e instrumento de unidad para todo el g&eacute;nero humano (cf. <i>Lumen gentium<\/i>, 1).<\/p>\n<p> 6.&nbsp;&quot;As&iacute; dice el Se&ntilde;or:&nbsp; Yo mismo buscar&eacute; a mis ovejas y cuidar&eacute; de ellas&quot; (<i>Ez<\/i>&nbsp;34, 11).<br \/> En la fiesta de la C&aacute;tedra de San Pedro, la liturgia nos vuelve a proponer el c&eacute;lebre or&aacute;culo del profeta Ezequiel, en el que Dios se revela como el Pastor de su pueblo. En efecto, la <i>c&aacute;tedra<\/i> es inseparable del <i>b&aacute;culo pastoral<\/i>, porque Cristo, <i>Maestro y Se&ntilde;or<\/i>, vino a nosotros como <i>el buen Pastor<\/i> (cf. <i>Jn<\/i> 10, 1-18). As&iacute; lo conoci&oacute; Sim&oacute;n, el pescador de Cafarna&uacute;m:&nbsp; experiment&oacute; su amor tierno y misericordioso, y qued&oacute; conquistado por &eacute;l. Su vocaci&oacute;n y su misi&oacute;n de ap&oacute;stol, resumidas en el nuevo nombre, Pedro, que recibi&oacute; del Maestro, se basan totalmente en su relaci&oacute;n con &eacute;l, desde el primer encuentro, al que lo llam&oacute; su hermano Andr&eacute;s (cf. <i>Jn<\/i> 1, 40-42), hasta el &uacute;ltimo, en la ribera del lago, cuando el Resucitado le encarg&oacute; que apacentara a su reba&ntilde;o (cf. <i>Jn<\/i> 21, 15-19). En medio, el largo camino del seguimiento, en el que el Maestro divino llev&oacute; a Sim&oacute;n a una profunda conversi&oacute;n, que experiment&oacute; horas dram&aacute;ticas en el momento de la pasi&oacute;n, pero que desemboc&oacute; luego en la alegr&iacute;a luminosa de la Pascua.<\/p>\n<p> En virtud de esta <i>experiencia transformadora del buen Pastor<\/i>, Pedro, escribiendo a las Iglesias de Asia menor, se define a s&iacute; mismo &quot;testigo de los sufrimientos de Cristo y part&iacute;cipe de la gloria que va a manifestarse&quot; (<i>1 P<\/i> 5, 1). Exhorta a &quot;los presb&iacute;teros&quot; a apacentar el reba&ntilde;o de Dios, siendo sus modelos (cf. <i>1 P<\/i> 5, 2-3). Esta exhortaci&oacute;n se dirige hoy de modo especial a vosotros, amad&iacute;simos hermanos, a quienes el buen Pastor ha querido asociar del modo m&aacute;s eminente al ministerio del Sucesor de Pedro. Sed fieles a vuestra misi&oacute;n, dispuestos a dar la vida por el Evangelio. Esto os pide el Se&ntilde;or y esto espera de vosotros el pueblo cristiano, que hoy os acompa&ntilde;a con alegr&iacute;a y afecto.<\/p>\n<p> 7.&nbsp;&quot;Yo he orado por ti, para que tu fe no desfallezca&quot; (<i>Lc<\/i> 22, 32). Lo dijo el Se&ntilde;or a Sim&oacute;n Pedro durante la &uacute;ltima Cena. Estas palabras de Jes&uacute;s, fundamentales para Pedro y para sus Sucesores, difunden luz y consuelo tambi&eacute;n sobre quienes colaboran m&aacute;s de cerca en su ministerio. Hoy, a cada uno de vosotros, venerados hermanos cardenales, Cristo os repite:&nbsp; &quot;Yo he orado por ti&quot;, para que tu fe no desfallezca en las situaciones en que pueda ponerse m&aacute;s a prueba tu fidelidad a Cristo, a la Iglesia y al Papa.<\/p>\n<p> Esta oraci&oacute;n, que brota incesantemente del coraz&oacute;n del buen Pastor, sea siempre, amad&iacute;simos hermanos, vuestra fuerza. No dud&eacute;is de que, como sucedi&oacute; con Cristo y con san Pedro, as&iacute; acontecer&aacute; tambi&eacute;n con vosotros:&nbsp; vuestro testimonio m&aacute;s eficaz ser&aacute; siempre el marcado por la cruz. <i>La cruz es la c&aacute;tedra de Dios en el mundo.<\/i> En ella Cristo dio a la humanidad la lecci&oacute;n m&aacute;s importante, la de amarnos los unos a los otros como &eacute;l nos am&oacute; (cf. <i>Jn<\/i> 13, 34):&nbsp; hasta el don supremo de s&iacute;.<\/p>\n<p> Al pie de la cruz est&aacute; siempre la Madre de Cristo y de los disc&iacute;pulos, Mar&iacute;a sant&iacute;sima. A ella el Se&ntilde;or nos encomend&oacute; cuando dijo:&nbsp; &quot;Mujer, he ah&iacute; a tu hijo&quot; (<i>Jn<\/i> 19, 26). La Virgen sant&iacute;sima, Madre de la Iglesia, como protegi&oacute; de modo especial a Pedro y a los Ap&oacute;stoles, seguramente proteger&aacute; al Sucesor de Pedro y a sus colaboradores. Esta consoladora certeza os aliente a no temer las pruebas y las dificultades. M&aacute;s a&uacute;n, con la seguridad de la protecci&oacute;n constante de Dios, cumplamos juntos el mandato de Cristo, que con vigor invita a Pedro, y con &eacute;l a la Iglesia, a remar mar adentro:&nbsp; &quot;<i>Duc in altum<\/i>&quot; (<i>Lc<\/i> 5, 4). S&iacute;, amad&iacute;simos hermanos, rememos mar adentro, echemos las redes para la pesca y &quot;avancemos con esperanza&quot; (<i>Novo millennio ineunte<\/i>, 58).<\/p>\n<p> Cristo, el Hijo de Dios vivo, es el mismo ayer, hoy y siempre. Am&eacute;n.<\/span> <\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA CON LOS NUEVOS CARDENALES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II &nbsp;Jueves 22 de febrero de 2001 Fiesta de la C&aacute;tedra de San Pedro 1.&nbsp;&laquo;&quot;Y vosotros, &iquest;qui&eacute;n dec&iacute;s que soy yo?&quot;. 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