{"id":40480,"date":"2016-10-05T23:46:01","date_gmt":"2016-10-06T04:46:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-febrero-de-2001-consistorio-ordinario-publico-para-la-creacion-de-cuarenta-y-cuatro-nuevos-cardenales\/"},"modified":"2016-10-05T23:46:01","modified_gmt":"2016-10-06T04:46:01","slug":"21-de-febrero-de-2001-consistorio-ordinario-publico-para-la-creacion-de-cuarenta-y-cuatro-nuevos-cardenales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/21-de-febrero-de-2001-consistorio-ordinario-publico-para-la-creacion-de-cuarenta-y-cuatro-nuevos-cardenales\/","title":{"rendered":"21 de febrero de 2001, Consistorio ordinario p\u00fablico para la creaci\u00f3n de cuarenta y cuatro nuevos Cardenales"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\">CONSISTORIO ORDINARIO P&Uacute;BLICO<br \/> PARA LA CREACI&Oacute;N DE NUEVOS CARDENALES<br \/> <\/font><\/font><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p> Mi&eacute;rcoles 21 de febrero de 2001<\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"left\"><b><\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"left\">1.<i>&nbsp;&quot;El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, ser&aacute; vuestro servidor&quot;<\/i> (<i>Mc<\/i> 10, 43).<\/p>\n<p> Hemos escuchado una vez m&aacute;s estas desconcertantes palabras de Cristo. Hoy, en esta plaza, resuenan particularmente para vosotros, venerados y queridos hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, a los que he tenido la alegr&iacute;a de incluir entre los miembros del Colegio cardenalicio. Con profundo afecto os dirijo mi cordial saludo, que extiendo a las numerosas personas que os acompa&ntilde;an. Expreso mi gratitud de manera especial al querido cardenal Giovanni Battista Re por las amables palabras que me ha dirigido, interpretando con vigor los sentimientos de todos vosotros.<\/p>\n<p> Saludo fraternalmente a todos los dem&aacute;s cardenales presentes, as&iacute; como a los arzobispos y obispos que est&aacute;n aqu&iacute; con nosotros. Saludo tambi&eacute;n a las delegaciones oficiales, que han venido de varios pa&iacute;ses para festejar a sus cardenales:&nbsp; a trav&eacute;s de ellas env&iacute;o mi afectuoso saludo a las autoridades y a las queridas poblaciones que representan.<\/p>\n<p> Me alegra que en el consistorio est&eacute;n presentes delegados fraternos de algunas Iglesias y comunidades eclesiales. Les dirijo un cordial saludo, con la certeza de que tambi&eacute;n este gesto delicado de su parte contribuir&aacute; a favorecer el entendimiento rec&iacute;proco cada vez mayor y el progreso hacia la comuni&oacute;n plena.<\/p>\n<p> Hoy es una gran fiesta para la Iglesia universal, que se enriquece con cuarenta y cuatro nuevos cardenales. Y tambi&eacute;n es una gran fiesta para la ciudad de Roma, sede del Pr&iacute;ncipe de los Ap&oacute;stoles y de su Sucesor, no s&oacute;lo porque instaura una relaci&oacute;n especial con cada uno de los nuevos purpurados, sino tambi&eacute;n porque la llegada de tantas personas de todas las partes del mundo le brinda la posibilidad de revivir un momento de gozosa acogida. En efecto, esta reuni&oacute;n solemne trae a la mente los numerosos eventos que han marcado el gran jubileo, concluido hace poco m&aacute;s de un mes. Con ese mismo entusiasmo, esta ma&ntilde;ana la Roma &quot;cat&oacute;lica&quot; estrecha a los nuevos cardenales en un cordial abrazo, convencida de que se est&aacute; escribiendo otra p&aacute;gina significativa de su historia bimilenaria.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;<i>&quot;El Hijo&nbsp;del hombre no&nbsp;ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos&quot;<\/i> (<i>Mc<\/i> 10, 45).<\/p>\n<p> Estas palabras del evangelista san Marcos nos ayudan a comprender mejor el sentido profundo de un acontecimiento como el consistorio que estamos celebrando. La Iglesia no se apoya en c&aacute;lculos y fuerzas humanas, sino en Jes&uacute;s crucificado y en el coherente testimonio que han dado de &eacute;l los ap&oacute;stoles, los m&aacute;rtires y los confesores de la fe. Es un testimonio que puede exigir incluso el hero&iacute;smo de la entrega total a Dios y a los hermanos. Cada cristiano sabe que est&aacute; llamado a una fidelidad sin componendas, que puede requerir incluso el sacrificio supremo. Y esto lo sab&eacute;is especialmente vosotros, venerados hermanos, elegidos para la dignidad cardenalicia. Os compromet&eacute;is a seguir fielmente a Cristo, el M&aacute;rtir por excelencia y el Testigo fiel.<\/p>\n<p> Vuestro servicio a la Iglesia se manifiesta prestando al Sucesor de Pedro vuestra asistencia y colaboraci&oacute;n para aligerar el trabajo que implica su ministerio, que se extiende hasta los confines de la tierra. Juntamente con &eacute;l deb&eacute;is ser defensores valientes de la verdad y custodios del patrimonio de fe y de costumbres que tiene su origen en el Evangelio. As&iacute; ser&eacute;is gu&iacute;as seguros para todos y, en primer lugar, para los presb&iacute;teros, las personas consagradas y los laicos comprometidos.<\/p>\n<p> El Papa cuenta con vuestra ayuda al servicio de la comunidad cristiana, que se introduce con confianza en el tercer milenio. Como aut&eacute;nticos pastores, sabr&eacute;is ser centinelas vigilantes en defensa de la grey encomendada a vosotros por el &quot;Pastor supremo&quot;, que os tiene preparada &quot;la corona de gloria que no se marchita&quot; (<i>1 P<\/i> 5, 4).<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Un v&iacute;nculo especial&iacute;simo os une desde hoy al Sucesor de Pedro, que por voluntad de Cristo -como se ha recordado oportunamente- es &quot;el principio y fundamento perpetuo y visible de unidad, tanto de los obispos como de la muchedumbre de fieles&quot; (<i>Lumen gentium<\/i>, 23). Este v&iacute;nculo os hace, con un nuevo t&iacute;tulo, signos elocuentes de comuni&oacute;n. Si sois promotores de comuni&oacute;n, se beneficiar&aacute; la Iglesia entera. San Pedro Damiani, cuya memoria lit&uacute;rgica se celebra hoy, afirma:&nbsp; &quot;La unidad hace que muchas partes constituyan un solo todo, que converjan las diversas voluntades de los hombres en la uni&oacute;n de la caridad y de la armon&iacute;a del esp&iacute;ritu&quot; (<i>Opusc<\/i>. XIII, 24).<br \/> &quot;Muchas partes&quot; de la Iglesia encuentran expresi&oacute;n en vosotros, que hab&eacute;is madurado vuestras experiencias en diferentes continentes y en diversos servicios al pueblo de Dios. Es esencial que las &quot;partes&quot; que represent&aacute;is est&eacute;n reunidas en &quot;un solo todo&quot; mediante la caridad, que es el v&iacute;nculo de perfecci&oacute;n. S&oacute;lo as&iacute; podr&aacute; hacerse realidad la oraci&oacute;n de Cristo:&nbsp; &quot;Como t&uacute;, Padre, en m&iacute; y yo en ti, que ellos tambi&eacute;n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t&uacute; me has enviado&quot; (<i>Jn <\/i>17, 21).<\/p>\n<p> Desde el concilio Vaticano II hasta hoy se ha hecho mucho para ensanchar los espacios de la responsabilidad de cada uno al servicio de la comuni&oacute;n eclesial. No cabe duda de que, con la gracia de Dios, se podr&aacute; realizar a&uacute;n mucho m&aacute;s. Hoy vosotros sois proclamados y constituidos cardenales para que os compromet&aacute;is, en lo que de vosotros dependa, a hacer que la espiritualidad de la comuni&oacute;n crezca en la Iglesia. En efecto, s&oacute;lo esa espiritualidad puede dar &quot;un alma a la estructura institucional, con una llamada a la confianza y a la apertura que responde plenamente a la dignidad y responsabilidad de cada miembro del pueblo de Dios&quot; (<i>Novo millennio ineunte<\/i>, 45).<\/p>\n<p> 4.&nbsp;Venerados hermanos, sois los primeros cardenales creados en el nuevo milenio. Despu&eacute;s de haber tomado en abundancia de las fuentes de la misericordia divina durante el A&ntilde;o santo, la m&iacute;stica nave de la Iglesia se apresta a &quot;bogar mar adentro&quot; de nuevo para llevar al mundo el mensaje de la salvaci&oacute;n. Juntos queremos desplegar las velas al viento del Esp&iacute;ritu, escudri&ntilde;ando los signos de los tiempos e interpret&aacute;ndolos a la luz del Evangelio, para responder &quot;a los perennes interrogantes de los hombres sobre el sentido de la vida presente y futura y sobre la relaci&oacute;n mutua entre ambas&quot; (<i>Gaudium et spes<\/i>, 4).<\/p>\n<p> El mundo se hace cada vez m&aacute;s complejo y mudable, y la viva conciencia de las discrepancias existentes produce o aumenta las contradicciones y los desequilibrios (cf. <i>ib.<\/i>, 8). Las enormes potencialidades del progreso cient&iacute;fico y t&eacute;cnico, as&iacute; como el fen&oacute;meno de la globalizaci&oacute;n, que se extiende continuamente a campos nuevos, nos exigen estar abiertos al di&aacute;logo con toda persona y con toda instancia social, a fin de dar a cada uno raz&oacute;n de la esperanza que llevamos en el coraz&oacute;n (cf. <i>1 P<\/i> 3, 15).<\/p>\n<p> Sin embargo, venerados hermanos, sabemos que, para poder afrontar adecuadamente las nuevas tareas es necesario cultivar una comuni&oacute;n cada vez m&aacute;s &iacute;ntima con el Se&ntilde;or. El mismo color p&uacute;rpura de las vestiduras que llev&aacute;is os recuerda esta urgencia. &iquest;No es ese color un s&iacute;mbolo del amor apasionado a Cristo? Ese rojo encendido, &iquest;no indica el fuego ardiente del amor a la Iglesia que debe alimentar en vosotros la disponibilidad, si es necesario, incluso a dar el supremo testimonio de la sangre? &quot;<i>Usque ad effusionem sanguinis<\/i>&quot;, reza la antigua f&oacute;rmula. Al contemplaros, el pueblo de Dios debe poder encontrar un punto de referencia &nbsp;concreto y luminoso que lo &nbsp;estimule a ser verdaderamente luz del mundo y sal de la tierra (cf.<i>&nbsp;Mt <\/i>5, 13).<\/p>\n<p> 5.&nbsp;Proced&eacute;is de veintisiete pa&iacute;ses de cuatro continentes y habl&aacute;is lenguas diversas. &iquest;No es este tambi&eacute;n un signo de la capacidad que tiene la Iglesia, extendida ya por todos los rincones del planeta, de comprender pueblos con tradiciones y lenguajes diferentes para llevar a todos el anuncio de Cristo? En &eacute;l, y s&oacute;lo en &eacute;l, es posible encontrar salvaci&oacute;n. He aqu&iacute; la verdad que queremos reafirmar hoy juntos. Cristo camina con nosotros y gu&iacute;a nuestros pasos.<\/p>\n<p> A doscientos a&ntilde;os del nacimiento del cardenal Newman, me parece volver a escuchar las palabras con las que acept&oacute; de mi predecesor, el Papa Le&oacute;n XIII, la sagrada p&uacute;rpura:&nbsp; &quot;La Iglesia -dijo- no debe hacer m&aacute;s que proseguir su misi&oacute;n, con confianza y en paz; permanecer firme y tranquila, y esperar la salvaci&oacute;n de Dios. <i>Mansueti hereditabunt terram, et delectabuntur in multitudine pacis<\/i>&quot; (<i>Sal<\/i> 37, 11). Que estas palabras de ese gran hombre de Iglesia nos estimulen a todos a amar cada vez m&aacute;s nuestro ministerio pastoral.<\/p>\n<p> Venerados hermanos, en torno a vosotros se encuentran reunidos, para compartir este momento de alegr&iacute;a, vuestros familiares y amigos, as&iacute; como muchos de los fieles encomendados a vuestra solicitud pastoral. Juntamente con todo el pueblo cristiano, espiritualmente presente, dirigen al Se&ntilde;or fervientes s&uacute;plicas por vuestro nuevo servicio a la Sede apost&oacute;lica y a la Iglesia universal.<\/p>\n<p> Sobre vosotros extiende su manto materno Mar&iacute;a que, acogiendo la invitaci&oacute;n del mensajero divino, supo responder prontamente:&nbsp; &quot;H&aacute;gase en m&iacute; seg&uacute;n tu palabra&quot; (<i>Lc <\/i>1, 38). Interceden por vosotros los ap&oacute;stoles san Pedro y san Pablo, as&iacute; como vuestros santos protectores. Os acompa&ntilde;a tambi&eacute;n mi recuerdo fraterno en la oraci&oacute;n y mi bendici&oacute;n.<\/p>\n<p class=\"MsoNormal\">&nbsp; <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CONSISTORIO ORDINARIO P&Uacute;BLICO PARA LA CREACI&Oacute;N DE NUEVOS CARDENALES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Mi&eacute;rcoles 21 de febrero de 2001 1.&nbsp;&quot;El que quiera llegar a ser grande entre vosotros, ser&aacute; vuestro servidor&quot; (Mc 10, 43). Hemos escuchado una vez m&aacute;s estas desconcertantes palabras de Cristo. 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