{"id":40484,"date":"2016-10-05T23:46:07","date_gmt":"2016-10-06T04:46:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/v-jornada-mundial-de-la-vida-consagrada-homilia-de-juan-pablo-ii-2-de-febrero-de-2001\/"},"modified":"2016-10-05T23:46:07","modified_gmt":"2016-10-06T04:46:07","slug":"v-jornada-mundial-de-la-vida-consagrada-homilia-de-juan-pablo-ii-2-de-febrero-de-2001","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/v-jornada-mundial-de-la-vida-consagrada-homilia-de-juan-pablo-ii-2-de-febrero-de-2001\/","title":{"rendered":"V Jornada Mundial de la Vida Consagrada, Homil\u00eda de Juan Pablo II (2 de febrero de 2001)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\">FIESTA DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR<\/font><\/font><\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"center\"><i><b><font face=\"Times\" size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p>Viernes 2 de febrero de 2001<br \/>V Jornada de la vida consagrada<\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font><\/i><\/p>\n<p><i><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p class=\"MsoNormal\" align=\"left\"><b><\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&quot;Ven, Se&ntilde;or, a tu templo santo&quot; (Estribillo del <i>Salmo responsorial<\/i>).<\/p>\n<p> Con esta invocaci&oacute;n, que hemos cantado en el Salmo responsorial, la Iglesia, el d&iacute;a en que hace memoria de la Presentaci&oacute;n de Jes&uacute;s en el templo de Jerusal&eacute;n, expresa el deseo de poder acogerlo tambi&eacute;n en el presente de su historia. La Presentaci&oacute;n es una fiesta lit&uacute;rgica sugestiva, fijada desde la antig&uuml;edad cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s de la Navidad, seg&uacute;n la prescripci&oacute;n de la Ley jud&iacute;a acerca del nacimiento de todo primog&eacute;nito (cf. <i>Ex<\/i> 13, 2). Mar&iacute;a y Jos&eacute;, como muestra la narraci&oacute;n evang&eacute;lica, la cumplieron fielmente.<\/p>\n<p> Las tradiciones cristianas de Oriente y Occidente se han entrelazado, enriqueciendo la liturgia de esta fiesta con una procesi&oacute;n especial, en la que la luz de los cirios y de las candelas es s&iacute;mbolo de Cristo, Luz verdadera que vino para iluminar a su pueblo y a todas las gentes. De este modo, la fiesta de hoy se relaciona con la Navidad y con la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or. Pero, al mismo tiempo, se sit&uacute;a como un puente hacia la Pascua, evocando la profec&iacute;a del anciano Sime&oacute;n, que, en aquella circunstancia, anunci&oacute; el dram&aacute;tico destino del Mes&iacute;as y de su Madre.<\/p>\n<p> El evangelista ha recordado el hecho con detalles:&nbsp; dos personas ancianas, llenas de fe y de Esp&iacute;ritu Santo, Sime&oacute;n y Ana, acogen a Jes&uacute;s en el santuario de Jerusal&eacute;n. Personifican al &quot;resto de Israel&quot;, vigilante en la espera y dispuesto a ir al encuentro del Se&ntilde;or, como ya hab&iacute;an hecho los pastores en la noche de su nacimiento en Bel&eacute;n.<\/p>\n<p> 2.&nbsp;En la oraci&oacute;n colecta de esta liturgia hemos pedido la gracia de presentarnos tambi&eacute;n nosotros al Se&ntilde;or &quot;plenamente renovados en el esp&iacute;ritu&quot;, conforme al modelo de Jes&uacute;s, primog&eacute;nito entre muchos hermanos. De modo particular vosotros, <i>religiosos, religiosas y laicos consagrados<\/i>, est&aacute;is llamados a participar en este <i>misterio del Salvador<\/i>. Es misterio de <i>oblaci&oacute;n<\/i>, en el que se funden indisolublemente la gloria y la cruz, seg&uacute;n el car&aacute;cter pascual propio de la existencia cristiana. Es misterio de luz y de sufrimiento; <i>misterio mariano<\/i>, en el que a la Madre, bendecida juntamente con su Hijo, se le anuncia el martirio del alma.<\/p>\n<p> Podr&iacute;amos decir que hoy se celebra en toda la Iglesia <i>un singular &quot;ofertorio&quot;<\/i>, en el que los hombres y las mujeres consagrados renuevan espiritualmente su entrega. Al hacerlo, ayudan a las comunidades eclesiales a crecer en la dimensi&oacute;n oblativa que &iacute;ntimamente las constituye, las edifica y las impulsa por los caminos del mundo.<\/p>\n<p> Os saludo con gran afecto, amad&iacute;simos hermanos y hermanas pertenecientes a numerosas familias de vida consagrada, que alegr&aacute;is con vuestra presencia la bas&iacute;lica de San Pedro. Saludo, en particular, al se&ntilde;or cardenal Eduardo Mart&iacute;nez Somalo, prefecto de la Congregaci&oacute;n para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apost&oacute;lica, que preside esta celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica.<\/p>\n<p> 3.&nbsp;Celebramos esta fiesta con el coraz&oacute;n a&uacute;n rebosante de las emociones vividas en el tiempo jubilar reci&eacute;n terminado. Hemos reanudado el camino dej&aacute;ndonos guiar por las palabras de Cristo a Sim&oacute;n:&nbsp; <i>&quot;Duc in altum<\/i>, Rema mar adentro&quot; (<i>Lc<\/i> 5, 4). Amad&iacute;simos hermanos y hermanas consagrados, la Iglesia espera tambi&eacute;n vuestra contribuci&oacute;n para recorrer este nuevo trecho de camino seg&uacute;n las orientaciones que trac&eacute; en la carta apost&oacute;lica <i>Novo millennio ineunte<\/i>:&nbsp; <i>contemplar<\/i> el rostro de Cristo, <i>recomenzar <\/i>desde &eacute;l y <i>testimoniar <\/i>su amor<i>. <\/i>Est&aacute;is llamados a dar diariamente esta aportaci&oacute;n ante todo con <i>la fidelidad a vuestra vocaci&oacute;n<\/i> de personas consagradas totalmente a Cristo.<\/p>\n<p> Por tanto, vuestro primer compromiso debe estar en la l&iacute;nea de la <i>contemplaci&oacute;n<\/i>. Toda realidad de vida consagrada nace y se regenera a diario en la contemplaci&oacute;n incesante del rostro de Cristo. La Iglesia misma tiene como fuente de su actividad la confrontaci&oacute;n diaria con la inagotable belleza del rostro de Cristo, su Esposo.<\/p>\n<p> Si todo cristiano es un creyente que <i>contempla el rostro de Dios en Jesucristo<\/i>, vosotros lo sois de modo especial. Por eso es necesario que no os cans&eacute;is de meditar en la <i>sagrada Escritura<\/i> y, sobre todo, en los santos <i>Evangelios<\/i>, para que se impriman en vosotros los rasgos del Verbo encarnado.<\/p>\n<p> 4.<i>&nbsp;Recomenzar desde Cristo<\/i>, centro de todo proyecto personal y comunitario:&nbsp; he aqu&iacute; vuestro compromiso. Queridos hermanos, encontradlo y contempladlo de modo muy especial en la <i>Eucarist&iacute;a<\/i>, celebrada y adorada a diario, como fuente y culmen de la existencia y de la acci&oacute;n apost&oacute;lica.<\/p>\n<p> Y <i>caminad <\/i>con Cristo:&nbsp; esta es la senda de la perfecci&oacute;n evang&eacute;lica, la <i>santidad<\/i> a la que est&aacute; llamado todo bautizado. Precisamente la <i>santidad<\/i> es uno de los puntos esenciales, m&aacute;s a&uacute;n, el primero, del programa que deline&eacute; para el comienzo del nuevo milenio (cf. <i>Novo millennio ineunte<\/i>, 30-31).<\/p>\n<p> Acabamos de escuchar las palabras del anciano Sime&oacute;n:&nbsp; Cristo &quot;est&aacute; puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; ser&aacute; signo de contradicci&oacute;n:&nbsp; as&iacute; quedar&aacute; clara la actitud de muchos corazones&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 34). Como &eacute;l, y en la medida de su conformaci&oacute;n a &eacute;l, tambi&eacute;n la persona consagrada se convierte en <i>signo de contradicci&oacute;n<\/i>; es decir, llega a ser para los dem&aacute;s un est&iacute;mulo ben&eacute;fico para tomar posici&oacute;n con respecto a Jes&uacute;s, quien, gracias a la mediaci&oacute;n comprometedora del &quot;testigo&quot;, no es un simple personaje hist&oacute;rico o un ideal abstracto, sino una persona viva a la que hay que adherirse sin reservas.<\/p>\n<p> &iquest;No os parece un servicio indispensable que la Iglesia espera de vosotros en esta &eacute;poca marcada por profundos cambios sociales y culturales? S&oacute;lo si persever&aacute;is en el seguimiento fiel de Cristo, ser&eacute;is <i>testigos cre&iacute;bles de su amor<\/i>.<\/p>\n<p> 5.&nbsp;&quot;Luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel&quot; (<i>Lc<\/i> 2, 32). La vida consagrada est&aacute; llamada a reflejar de modo singular la luz de Cristo.<\/p>\n<p> Queridos hermanos y hermanas, al contemplaros pienso en la <i>multitud de hombres y mujeres<\/i> de todas las naciones, lenguas y culturas, consagrados a Cristo con los votos de pobreza, virginidad y obediencia. Este pensamiento me llena de consuelo, porque sois como una <i>&quot;levadura&quot; de esperanza para la humanidad<\/i>. Sois &quot;sal&quot; y &quot;luz&quot; para los hombres y las mujeres de hoy, que en vuestro testimonio pueden vislumbrar el reino de Dios y el estilo de las &quot;bienaventuranzas&quot; evang&eacute;licas.<\/p>\n<p> Como Sime&oacute;n y Ana, tomad a Jes&uacute;s de los brazos de su sant&iacute;sima Madre y, llenos de alegr&iacute;a por el don de vuestra vocaci&oacute;n, llevadlo a todos. Cristo es salvaci&oacute;n y esperanza para todo hombre. Anunciadlo con vuestra existencia entregada totalmente al reino de Dios y a la salvaci&oacute;n del mundo. Proclamadlo con la fidelidad incondicional que, tambi&eacute;n recientemente, ha llevado al martirio a algunos de vuestros hermanos y hermanas en diferentes partes del mundo.<\/p>\n<p> Sed luz y consuelo para toda persona que encontr&eacute;is. <i>Como velas encendidas<\/i>, arded de amor de Cristo. Consum&iacute;os por &eacute;l, difundiendo por doquier el Evangelio de su amor. Gracias a vuestro testimonio tambi&eacute;n los ojos de numerosos hombres y mujeres de nuestro tiempo podr&aacute;n ver la salvaci&oacute;n presentada por Dios &quot;ante todos los pueblos:&nbsp; luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel&quot;. Am&eacute;n.<\/p>\n<p>&nbsp; <\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FIESTA DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Viernes 2 de febrero de 2001V Jornada de la vida consagrada 1.&nbsp;&quot;Ven, Se&ntilde;or, a tu templo santo&quot; (Estribillo del Salmo responsorial). 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