{"id":40487,"date":"2016-10-05T23:46:11","date_gmt":"2016-10-06T04:46:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2001-cierre-de-la-puerta-santa\/"},"modified":"2016-10-05T23:46:11","modified_gmt":"2016-10-06T04:46:11","slug":"6-de-enero-de-2001-cierre-de-la-puerta-santa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-enero-de-2001-cierre-de-la-puerta-santa\/","title":{"rendered":"6 de enero de 2001, Cierre de la Puerta Santa"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">CLAUSURA DE LA PUERTA SANTA<\/font><\/b><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><i><font face=\"Times\" size=\"4\"><b>Homil&iacute;a del Santo Padre<\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><i> Solemnidad de la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or, S&aacute;bado, 6 de enero de 2001<\/i><\/p>\n<p><i>\u201c&iexcl;Te adorar&aacute;n, Se&ntilde;or, todos los pueblos de la tierra!<\/i>\u201d. Esta aclamaci&oacute;n, repetida ahora en el Salmo responsorial, expresa muy bien el significado de la Solemnidad de la Epifan&iacute;a que hoy celebramos. Al mismo tiempo ilumina tambi&eacute;n este rito de clausura de la Puerta Santa.<\/p>\n<p>\u201cTe adorar&aacute;n, Se&ntilde;or&#8230;\u201d: se trata de una visi&oacute;n que nos habla de futuro y nos hace mirar a lo lejos. Evoca la antigua profec&iacute;a mesi&aacute;nica, que se realizar&aacute; plenamente cuando Cristo el Se&ntilde;or volver&aacute; glorioso al final de la historia. En efecto, ha tenido ya una primera realizaci&oacute;n hist&oacute;rica y al mismo tiempo prof&eacute;tica cuando los Magos llegaron a Bel&eacute;n trayendo sus dones. Fue el inicio de la manifestaci&oacute;n de Cristo \u2013 o sea su \u201cepifan&iacute;a\u201d- a los representantes de los pueblos del mundo. <\/p>\n<p>Es una profec&iacute;a que se va realizando gradualmente a lo largo del tiempo, a medida que el anuncio del Evangelio se extiende en los corazones de los hombres y hunde sus ra&iacute;ces en todas las regiones de la tierra. &iquest;No ha sido, tal vez, el Gran Jubileo una especie de \u201cepifan&iacute;a\u201d? Viniendo aqu&iacute; a Roma o tambi&eacute;n peregrinando a tantas Iglesias jubilares en otros lugares, innumerables personas se han puesto de alguna manera sobre las huellas de los Magos a la b&uacute;squeda de Cristo. La Puerta Santa no es m&aacute;s que el s&iacute;mbolo de este encuentro con &Eacute;l. Cristo es la verdadera \u201cPuerta Santa\u201d que nos abre el acceso a la casa del Padre y nos introduce en la intimidad de la vida divina.<\/p>\n<p><i>\u201c&iexcl;Te adorar&aacute;n, Se&ntilde;or, todos los pueblos de la tierra!<\/i>\u201d. Sobre todo aqu&iacute;, en el centro de la catolicidad, el aflujo imponente de peregrinos provenientes de todos los continentes ha ofrecido este a&ntilde;o una imagen elocuente del camino de los pueblos hacia Cristo. Han sido personas de las m&aacute;s diversas categor&iacute;as, venidas con el deseo de contemplar el rostro de Cristo y de obtener su misericordia.<\/p>\n<p>\u201c<i>Cristo ayer y hoy\/Principio y Fin\/Alfa y Omega.\/Suyo es el tiempo y la eternidad.\/ A &Eacute;l la gloria y el poder\/ por todos los siglos de los siglos<\/i>\u201d (<i>Liturgia de la Vigilia Pascual<\/i>). S&iacute;, este es el himno con el cual el Jubileo, en el sugestivo horizonte del paso hacia el tercer milenio, ha querido ensalzar a Cristo, Se&ntilde;or de la historia, a los dos mil a&ntilde;os de su nacimiento. Hoy se concluye oficialmente este a&ntilde;o extraordinario, pero quedan los dones espirituales que en &eacute;l se han prodigado; contin&uacute;a aquel gran \u201ca&ntilde;o de gracia\u201d que Cristo inaugur&oacute; en la sinagoga de Nazaret (cf <i>Lc <\/i>4,18-19) y que durar&aacute; hasta el fin de los tiempos.<\/p>\n<p>Mientras hoy, con la Puerta Santa, se cierra un \u201cs&iacute;mbolo\u201d de Cristo, queda m&aacute;s que nunca abierto el coraz&oacute;n de Cristo. &Eacute;l sigue diciendo a la humanidad necesitada de esperanza y de sentido: \u201cVenid a m&iacute; todos los que est&aacute;is fatigados y sobrecargados, y yo os dar&eacute; descanso\u201d (<i>Mt <\/i>11,28). M&aacute;s all&aacute; de las numerosas celebraciones e iniciativas que lo han distinguido, la gran herencia que nos deja el Jubileo es la experiencia viva y consoladora del \u201cencuentro con Cristo\u201d.<\/p>\n<p>Hoy deseamos hacernos portavoces de la acci&oacute;n de gracias y alabanza de toda la Iglesia. Por ello, al t&eacute;rmino de esta celebraci&oacute;n, cantaremos un solemne <i>Te Deum<\/i> de agradecimiento. El Se&ntilde;or ha hecho maravillas por nosotros, nos ha colmado de misericordia. Hoy debemos hacer nuestro el sentimiento de alegr&iacute;a experimentado por los Magos en su camino hacia Cristo: \u201c<i>Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegr&iacute;a<\/i>\u201d. Sobre todo, debemos imitarlos mientras presentan a los pies del Ni&ntilde;o no solo sus dones, sino su vida.<\/p>\n<p>En este A&ntilde;o jubilar, la Iglesia ha intentado desempe&ntilde;ar a&uacute;n con mayor inter&eacute;s, para sus hijos y para la humanidad, la funci&oacute;n de la estrella que orient&oacute; los pasos de los Magos. La Iglesia no vive para s&iacute; misma, sino para Cristo. Intenta ser la \u201cestrella\u201d que sirva como punto de referencia para ayudar a encontrar el camino que conduce a &Eacute;l.<\/p>\n<p>En la teolog&iacute;a patr&iacute;stica se hablaba de la Iglesia como \u201c<i>mysterium lunae<\/i>\u201d para subrayar que ella, como la luna, no brilla con luz propia, sino que refleja a Cristo, su Sol. Me es grato recordar que, justamente con este pensamiento, comienza la Constituci&oacute;n dogm&aacute;tica sobre la Iglesia del Concilio Vaticano II: \u201c&iexcl;Cristo es la luz de los pueblos!\u201d, \u201c<i>lumen gentium<\/i>\u201d! Los Padres conciliares continuaban expresando sus ardientes deseos de \u201ciluminar a todos los hombres con la luz de Cristo que resplandece sobre el rostro de la Iglesia\u201d (n. 1).<\/p>\n<p><i>Mysterium lunae<\/i>: el Gran Jubileo ha hecho vivir a la Iglesia una experiencia intensa de esta vocaci&oacute;n suya. Es Cristo quien la ha indicado en este a&ntilde;o de gracia, haciendo resonar una vez m&aacute;s a&uacute;n las palabras de Pedro: \u201cSe&ntilde;or &iquest;a d&oacute;nde vamos a ir? T&uacute; tienes palabras de vida eterna\u201d (<i>Jn<\/i> 6,68).<\/p>\n<p><i>\u201c&iexcl;Te adorar&aacute;n, Se&ntilde;or, todos los pueblos de la tierra!<\/i>\u201d. Esta universalidad de la llamada de los pueblos a Cristo se ha manifestado este a&ntilde;o de modo m&aacute;s llamativo. Personas de todos los continentes y de todas las lenguas se han dado cita en esta Plaza. Tantas voces se han elevado aqu&iacute; con cantos, como sinfon&iacute;a de alabanza y anuncio de fraternidad.<\/p>\n<p>Ciertamente no podr&iacute;a recordar en este momento los diversos encuentros que hemos vivido. Me vienen a la mente los ni&ntilde;os, que han inaugurado el Jubileo con su irresistible regocijo, y los j&oacute;venes, que han conquistado Roma con su entusiasmo y la seriedad de su testimonio. Pienso en las familias, que han propuesto un mensaje de fidelidad y de comuni&oacute;n, tan necesario en nuestro mundo, y en los ancianos, los enfermos y los discapacitados, que han sabido ofrecer un elocuente testimonio de esperanza cristiana. Tengo presente el Jubileo de aquellos que, en el mundo de la cultura y de la ciencia, se dedican cotidianamente a la b&uacute;squeda de la verdad.<\/p>\n<p>La peregrinaci&oacute;n que los Magos realizaron hace dos mil a&ntilde;os desde Oriente hasta Bel&eacute;n en b&uacute;squeda de Cristo reci&eacute;n nacido, ha sido repetida este a&ntilde;o por millones y millones de disc&iacute;pulos de Cristo, que han llegado aqu&iacute; no con \u201coro, incienso y mirra\u201d, sino trayendo el propio coraz&oacute;n lleno de fe y necesitado de misericordia.<\/p>\n<p>Por ello hoy goza la Iglesia, vibrando con la llamada de Isa&iacute;as: \u201c<i>Arriba, resplandece, que ha llegado tu luz&#8230;Caminar&aacute;n las naciones a tu luz<\/i>\u201d (<i>Is<\/i> 60, 1.3). En este sentimiento de alegr&iacute;a no hay ning&uacute;n vano triunfalismo. &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;amos caer en esta tentaci&oacute;n, precisamente al final de un a&ntilde;o tan intensamente penitencial? El Gran Jubileo nos ha ofrecido una ocasi&oacute;n providencial para llevar a cabo la \u201cpurificaci&oacute;n de la memoria\u201d, pidiendo perd&oacute;n a Dios por las infidelidades llevadas a cabo en estos dos mil a&ntilde;os por los hijos de la Iglesia.<\/p>\n<p>Delante de Cristo crucificado, hemos recordado que, de frente a la gracia sobreabundante que hace a la Iglesia \u201csanta\u201d, nosotros, sus hijos, estamos marcados profundamente por el pecado y empa&ntilde;amos el rostro de la Esposa de Cristo: as&iacute; pues ninguna autoexaltaci&oacute;n, sino plena conciencia de nuestros propios l&iacute;mites y de nuestras debilidades. No obstante, no podemos dejar de vibrar de alegr&iacute;a, de esa alegr&iacute;a interior a la que nos invita el profeta, rica de gratitud y alabanza, porque est&aacute; fundada en la conciencia de las gracias recibidas y en la certeza del amor perenne de Cristo.<\/p>\n<p>6. Ahora es el momento de mirar hacia delante; el relato de los Magos puede, en cierto sentido, indicarnos un camino espiritual. Ante todo ellos nos dicen que, cuando se encuentra a Cristo, es necesario saber detenerse y vivir profundamente la alegr&iacute;a de la intimidad con &Eacute;l. \u201cEntraron en la casa, vieron al ni&ntilde;o con Mar&iacute;a su Madre y, postr&aacute;ndose, lo adoraron\u201d: sus vidas hab&iacute;an sido entregadas ya para siempre a aquella Criatura por la cual hab&iacute;an afrontado las asperezas del viaje y las insidias de los hombres. El cristianismo nace, y se regenera continuamente, a partir de esta contemplaci&oacute;n de la gloria de Dios que resplandece en el rostro de Cristo.<\/p>\n<p>Un rostro para contemplar, casi vislumbrando en sus ojos los \u201crasgos\u201d del Padre y dej&aacute;ndose envolver por el amor del Esp&iacute;ritu. La gran peregrinaci&oacute;n jubilar nos ha recordado esta dimensi&oacute;n trinitaria fundamental de la vida cristiana: en Cristo encontramos tambi&eacute;n al Padre y al Esp&iacute;ritu. La Trinidad es el origen y el culmen. Todo parte de la Trinidad, todo vuelve a la Trinidad.<\/p>\n<p>Y, no obstante, como sucedi&oacute; a los Magos, esta inmersi&oacute;n en la contemplaci&oacute;n del misterio no impide caminar, antes bien obliga a reemprender un nuevo tramo de camino, en el cual nos convertimos en anunciadores y testigos. \u201c<i>Volvieron a su pa&iacute;s por otro camino<\/i>\u201d. Los Magos fueron en cierta manera los primeros misioneros. El encuentro con Cristo no los bloque&oacute; en Bel&eacute;n, sino que les impulso nuevamente a recorrer los caminos del mundo. Es necesario volver a comenzar desde Cristo, y por tanto, desde la Trinidad.<\/p>\n<p>Esto es precisamente, queridos hermanos y hermanas, lo que se nos pide como fruto del Jubileo que hoy se concluye.<\/p>\n<p>En funci&oacute;n de este compromiso que nos espera, firmar&eacute; dentro de poco la Carta Apost&oacute;lica \u201c<i>Novo millennio ineunte<\/i>\u201d, en la cual propongo algunas l&iacute;neas de reflexi&oacute;n que pueden ayudar a toda la comunidad cristiana a \u201creemprender\u201d el camino con renovado impulso tras el compromiso jubilar. Ciertamente, no se trata de organizar otras iniciativas de grandes proporciones a corto plazo. Volvemos a las tareas ordinarias, pero esto no significa en modo alguno un descanso. Es necesario sacar de la experiencia jubilar las ense&ntilde;anzas &uacute;tiles para dar al nuevo compromiso una inspiraci&oacute;n y un orientaci&oacute;n eficaz.<\/p>\n<p>Entrego estas l&iacute;neas de reflexi&oacute;n a las Iglesias particulares, casi como la herencia del Gran Jubileo, para que lo valoren a la luz de sus programaciones pastorales. Hay una urgente necesidad de aprovechar el impulso de la contemplaci&oacute;n de Cristo que la experiencia de este a&ntilde;o nos ha dado. En el rostro humano del Hijo de Mar&iacute;a reconocemos al Verbo hecho carne, en la plenitud de su divinidad y de su humanidad. Los m&aacute;s insignes artistas \u2013en Oriente y Occidente- se han confrontado con el misterio de este Rostro. Pero el verdadero Rostro es, sobre todo, el que el Esp&iacute;ritu, divino \u201cicon&oacute;grafo\u201d, imprime en los corazones de los que lo contemplan y lo aman. Es necesario \u201crecomenzar desde Cristo\u201d, con el impulso de Pentecost&eacute;s, con entusiasmo renovado. Recomenzar desde &Eacute;l ante todo en el compromiso cotidiano por la santidad, poni&eacute;ndonos en actitud de oraci&oacute;n y de escucha de su palabra. Recomenzar tambi&eacute;n desde &Eacute;l para testimoniar el Amor mediante la pr&aacute;ctica de una vida cristiana marcada por la comuni&oacute;n, por la caridad, por el testimonio en el mundo. Este es el programa que entrego en la presente Carta Apost&oacute;lica. Se podr&iacute;a reducir a una sola palabra: \u201c&iexcl;Jesucristo!\u201d.<\/p>\n<p>Al inicio de mi Pontificado, y tantas veces despu&eacute;s, he gritado a los hijos de la Iglesia y al mundo: \u201cAbrid, abrid de par en par las puertas a Cristo\u201d. Deseo hacerlo una vez m&aacute;s, al final de este Jubileo y comienzo de este nuevo milenio.<\/p>\n<p><i>\u201c&iexcl;Te adorar&aacute;n, Se&ntilde;or, todos los pueblos de la tierra<\/i>!\u201d. Esta profec&iacute;a se realiza ya en la Jerusal&eacute;n celeste, donde todos los justos del mundo, y especialmente tantos Testigos de la fe, est&aacute;n recogidos misteriosamente en aquella santa ciudad en la cual ya no luce el sol, porque su sol es el Cordero. All&aacute; arriba, los &aacute;ngeles y los santos unen sus voces para cantar la alabanza de Dios. <\/p>\n<p>La Iglesia peregrina en la tierra, a trav&eacute;s de su liturgia, del anuncio del Evangelio, de su testimonio, se hace eco cada d&iacute;a de este canto celeste. Quiera el Se&ntilde;or que, en el nuevo milenio, crezca cada vez m&aacute;s en la santidad, para ser en la historia verdadera \u201cepifan&iacute;a\u201d del rostro misericordioso y glorioso de Cristo el Se&ntilde;or. &iexcl;As&iacute; sea!<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p> <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CLAUSURA DE LA PUERTA SANTA Homil&iacute;a del Santo Padre Solemnidad de la Epifan&iacute;a del Se&ntilde;or, S&aacute;bado, 6 de enero de 2001 \u201c&iexcl;Te adorar&aacute;n, Se&ntilde;or, todos los pueblos de la tierra!\u201d. Esta aclamaci&oacute;n, repetida ahora en el Salmo responsorial, expresa muy bien el significado de la Solemnidad de la Epifan&iacute;a que hoy celebramos. 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